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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 8 de mayo de 2026

Nos odian / por Carlos Esteban


'..Quienes deciden sobre nuestra vida en todo Occidente actúan como si nos aborrecieran con tanta precisión que no cabe otra que concluir que lo hacen. Pero también en esto Sánchez quiere ser el número uno e ir más lejos que nadie en la destrucción de su pueblo..'

Nos odian

Carlos Esteban
No sé si como filósofo valdrá su sal Ortega y Gasset, pero como profeta era un fenómeno: fue decir aquello de que «España es el problema y Europa la solución» y estallar en el Viejo Continente una carnicería bélica sin precedentes. La solución, se ve, tenía problemas.

Pero en esto de los aforismos pasa a veces como con el periodismo de análisis, que da exactamente igual si uno acierta o hace un espantoso ridículo en sus proyecciones, que lo importante va a ser siempre de qué lado de la política cae la crónica. Es de las pocas profesiones donde se puede lograr un prestigio indiscutido sin haber dado ni una, que siempre sale más a cuenta equivocarse con los que importan que acertar solo.

Europa era la Shangri-La del tardofranquismo, una tierra soñada de escandinavas esculturales y alemanes que sabían hacer cosas, como los catalanes de Rajoy. Y ese amor adolescente, si se ha entibiado con los años, no ha desaparecido en absoluto. Seguimos siendo, con Polonia, el país más europeísta de la UE.

Y ahora, al fin, nuestra obsesión por equipararnos a los grandes del club europeo se ha visto satisfecha. Y no porque, como quiere Sánchez, seamos su locomotora económica, sino porque hemos conseguido que en nuestras calles se apuñale tanto como en las de París o Londres.

Nos pasa como a esos que sólo logran parecerse a los que admiran en lo malo. Hace nada, unos pocos años, podíamos respirar aliviados pensando que nos habíamos librado de lo peor de la invasión del Tercer Mundo que asolaba al continente. Comparados con la anegada Francia, la Gran Bretaña conquistada y la Alemania sometida al aluvión multicultural, lo nuestro tenía un pasar.

Y, sobre todo, teníamos tiempo, por no hablar de la ventaja que tiene para cualquier persona con dos dedos de frente disponer en nuestros vecinos, en vivo y en directo, de una confirmación empírica del trágico error de abrir las fronteras de par en par.

Pedro ya se ha ocupado de cerrar esa brecha. ¿Qué era eso de que España fuera por detrás de sus vecinos en apuñalamientos por habitante, que no nos forzase la necesidad y nuestra debilidad a imponer menús halal en los colegios?

Llegamos como los malos estudiantes, que tienen que darse la panzada a última hora en vísperas del examen y hacer en unas horas el trabajo de meses. De ahí que Sánchez recurriera al tremendismo español y, aunque tarde, batir todos los récords en regularización de extranjeros ilegales.

Es ya un lugar común que los que mandan nos odian. Quienes deciden sobre nuestra vida en todo Occidente actúan como si nos aborrecieran con tanta precisión que no cabe otra que concluir que lo hacen. Pero también en esto Sánchez quiere ser el número uno e ir más lejos que nadie en la destrucción de su pueblo.

Su última ocurrencia es de un refinado sadismo. El Gobierno de España, a través del Ministerio de Sanidad de Mónica García, ha decidido imponer que las Islas Canarias acojan el crucero MV Hondius, en el que se ha detectado un brote de hantavirus que ya ha dejado tres muertos.

Si tiene que haber una peste, que España sea el primer país europeo en vivirla, faltaría más.

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