Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Domingo, 3 de mayo de 2026. Cuarta novillada de la temporada. Tercer festejo y último de la Feria de la Comunidad. Novillos con movilidad de Couto de Fornilhos (procedencia Atanasio Fernández). Bien presentados. Nobles. Mansos. Todos se dolieron en banderillas. Dieron juego. El primero encastado. El segundo y tercero con el cabeceo característico de este encaste. El cuarto, flojo y más parado al acusar la primera vara. El quinto flojo y soso. El sexto con trapío, algo flojo, con embestida para el triunfo. Un cuarto de entrada. Tarde primaveral fresca.
Seis novillos de Couto de Fornilhos
Suerte de varas: volvemos a poner un ejemplo sobre la situación de la suerte, la llevada a cabo al encastado primero por el picador Iván García Marugán. Las dos varas caen detrás de la cruz, la primera caída, el novillo no estaba puesto en suerte. En la primera vara el novillo pelea y empuja, se le pica con metisaca y se repucha; en la segunda se le barrena, el astado pelea sin fijeza, se le tapa la salida, en tablas se sale de la suerte pero vuelve para derribar, puede que por la impericia del piquero.
Terna: Mario Arruza, de Mota del Cuervo (Cuenca); de azul noche y oro, con cabos blancos; de veinte años; veintitrés paseíllos en 2025; silencio tras aviso y silencio. Cristian González, de Guijuelo (Salamanca); de azul noche y oro, con cabos blancos; veintidós años; veinticuatro festejos en 2025; vuelta al ruedo por su cuenta tras un aviso y saludos. Juan Alberto Torrijos, de Linares (Jaén); de rosa y oro, con cabos blancos; veintiún años; nueve paseíllos en 2025; vuelta al ruedo por su cuenta y silencio. Mario Arruza y Cristian González debutaban en Las Ventas.
PEPE CAMPOS
Ayer hubo novillos que se movieron y que pudieron permitir el triunfo de los novilleros (dos de ellos noveles en la plaza de Madrid). Pero los novilleros no supieron encauzar las embestidas de sus oponentes. En la actualidad existen muchos novilleros (algo que es bueno), algunos muy toreados, si bien no están lo suficiente preparados para dar el salto al escalafón superior. No se sabe cuál es el origen de tamaño problema, si la poca decisión de la juventud que hoy habita el mundo europeo (aunque debemos destacar que en los tendidos había muchos jóvenes, que asisten, repiten y se van aficionando) o bien la labor de las escuelas taurinas, porque los tres novilleros (según el programa han estado ligados a alguna escuela de tauromaquia). ¿Qué les dirán allí? Todo se convierte en un misterio que no se desentraña viendo lo que hacen los aspirantes a matadores de toros en sus compromisos mayores (y Las Ventas, es un compromiso superior que no hay que dejar pasar en vano).
Hoy ya no hay capeas (o prácticamente han desparecido) porque la sociedad se asusta ante cualquier atisbo de aspereza, de rudeza, en la vida de los pueblos y de las gentes. Por esa razón sólo quedan —para aprender el oficio— las escuelas de tauromaquia, que obtienen resultados muy desiguales. Es un debate interesante, el hecho de la valía de los futuros matadores de toros, si los que regentan las diferentes escuelas mostraran (explicaran) a los aficionados la realidad, los problemas y las posibles soluciones. Ahí dejamos el estado de la cuestión en este singular mundo educativo de la fiesta de toros hoy.
Los tres novilleros de ayer, poco dijeron. Y hay que señalarlo, no esconderlo. Mario Arruza, ya talludito, en su primer novillo nada mostró con el capote. Con la muleta, inicio su labor con un tímido tanteo. Después, se le fue un novillo que se movía y que se prestaba a la fiesta; ahora bien, necesitaba de un dominio real con la franela, con su manejo, que no llegó. Toreó del tendido nueve al siete. Algún pase suelto le salió decente; pero al no ahormar en ninguna ocasión el novillo se le fue, y con ello una estupenda oportunidad para enseñar su mundo. Mató en la suerte contraria de estocada caída, desprendida, tendida y perdiendo la muleta. En el cuarto novillo de la tarde, más parado (acusó la primera vara) pero más noble, dio verónicas sin celo, y en la muleta, en los medios del tendido ocho, se entretuvo en una labor anodina, despegada e insulsa. Mató en la suerte contraria, de un pinchazo y de una estocada tendida.
Cristian González, al segundo novillo le recibió con verónicas y ya se veía que el animal metía la cara. El picador no lo masacró (José Ney Zambrano). La faena de muleta comenzó con pases de tanteo, estuvo despegado, sin domeñar las embestidas ni en redondo, ni al natural. Terminó con bernadinas por un solo pitón, el izquierdo. Lo mató en la suerte natural de estocada desprendida y atravesada. En el quinto, volvió a la tesitura de torear muy despegado, con enganchones, sacó algún pase pero sin llegar a ningún puerto. Mató de estocada en la suerte contraria, introducida con habilidad, pelín caída.
Juan Alberto Torrijos, no era nuevo. Comenzó con verónicas a pies juntos sin llevar toreado al astado, sino acompañando la embestida. Con la muleta, en el tendido siete, se mostró rápido, excesivamente despegado (característica de este novillero si recordamos su actuación del curso pasado); superficial, con falta de dominio. Los ayudados finales salieron muy enganchados. Mató en la suerte natural de estocada. En el último novillo de embestida noble y dulce, Torrijos renovó las prisas, el uso del pico y las cercanías para ahogar al animal. Mató de pinchazo en la suerte contraria, y con el novillo mirando a tablas le dio una estocada resolutiva.



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