Ay Madrid
Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro/Madrid, 22 V 2026
¿Ya no es necesario estoquear los toros para seducir a Las Ventas? Pues no otra cosa se puede colegir después de lo sucedido con el bravísimo y noble cuarto de la tarde, “Cantaor” número 79, negro, bien cinqueño, de 572 kilos, astifino. Que sacó la cara por la divisa en una corrida marcada por la carencia de fuerza. De los seis toros de Victoriano del Río, fue el único y se robó el show llevando tras de sí a su lidiador, no suficientemente agradecido beneficiario de sus excelencias, quien le negó la muerte heroica que mereció. Un pinchazo descolocado le sirvió de argumento para eternizarse con una solfa de crucetazos desatinados, que convirtieron la cerviz del indefenso gran toro en un gazpacho mientras la cuadrilla lo acorralaba a capote y sonaban dos avisos, casi el tercero, que a ojo, pudo ser perdonado por su señoría don José Luis González González. Alguno que otro pito terciaba por el maltrato al protagonista de la tarde y de la feria, que anoten los jurados. Y hay que ver con la saña que trataron a los novilleros, el martes pasado sin que ninguno llegara ni de lejos a estos extremos.
Todos estaban obnubilados por lo que había hecho Sebastián Castella con la muleta. Pues con el capote anduvo poco menos que tristón y soso. El bravo se arrancó codicioso, de largo y pronto al caballo con tal ímpetu que la vara de Barroso no pudo pararlo y terminó bajo la panza del equino. A José Chacón lo exigió en dos pares de ovación que saludó montera en mano, su compañero Zayas, invitado se negó a compartir el homenaje. Todo lo que tocaba el toro lo convertía en emoción.
Entonces Castella pareció darse cuenta con lo que le había deparado su suerte, cogió la montera, se fue a los medios y lo brindó al juez supremo, el pueblo. Estacado, vertical en la boca de riego esperó impertérrito, sin mirarlo, cabeza gacha, como rezando el galope furioso desde las tablas y lo pasó tres veces por la espalda, dos por el pecho, un derechazo, una trinchera, tres naturales, un forzado y uno de la firma, todo ligado, como en un solo pase, todo en un palmo de terreno, todo vertiginoso. Y la plaza con todo y su “No hay billetes” en la tórrida tarde, que se había sumido en la primera mitad de la corrida en un sopor de siesta tropical, estalló de una. Ya el toro y el público eran del francés.
La faena se fue impulsada por la formidable y rítmica embestida del victoriano, la explotó el mago de Beziers acompañándola con la muleta desde el hilo del pitón, secuencialmente, uno tras otro y tras otro alarde de nobleza y bravura, ganando indulgencia con camándula ajena.
Las ovaciones de la parroquia embelesada con la movilidad circular de la película, atribuyó todos los méritos al trapo. Cuando al final, sucedió lo que sucedió con la no suerte suprema. Todos lamentaron como si se hubiese quemado la Mona Lisa. Solo vinieron a acordarse del toro cuando cansados de aplaudir al no estoqueador, y estaban por llevarse los gloriosos restos del fiero, alzaron la voz y los brazos para pedirle la vuelta al ruedo, concedida en buena hora.
Ya iba camino del destazadero, cuando el torero se acordó y corrió montera en mano tras el tiro de arrastre, para expresar públicamente sus agradecimientos, Lo alcanzó en los medios y le estampo un beso en la testuz que casi hace llorar a más de uno.
Al agradecido también le hicieron dar una vuelta con prendas y vítores, en la cual solo distinguí a “El Rosco” mariscal del 7 braceando sombrero en mano para que pasara rápido. Los demás felices con el espectáculo, que no el rito del sacrificio ceremonial del rey de la fiesta.
Vamos Madrid, que bula estás lanzando al mundo… y por televisión.
Emilio de Justo, se sobrepuso a los problemas del bravucón segundo y le bordó cuatro cortas tandas de mérito. Tres derechas y una izquierda. No más. Le mató tras pinchazo y aviso con media espada pasada y lo sacaron a saludar. A él si con algunas protestas. Pocas.
Tomás Rufo, pasó por la tarde sin romperla ni mancharla, y en un silencio piadoso.
- FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Viernes 22 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 13ª de San Isidro. Sol 30ºC. Lleno de “No hay billetes” .
Seis toros, Victoriano del Río, 579 kilos flojos y defensivos, excepto el 4º, serios al cual se le dio la vuelta al ruedo.
Sebastián Castella, silencio y vuelta tras dos avisos.
Emilio de Justo, saludo tras aviso y silencio tras dos avisos.
Tomás Rufo, silencio y silencio tras aviso.
Incidencias: Saldó José Cahcón tras parear al 4º.

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