
Diego Urdiales con “Mapaná” el 4°. Foto: Las Ventas
Con dos faenas exquisitas y dos buenas estocadas el riojano abre la Puerta grande. Oreja para Roca Rey. Silenciado el confirmante Bruno Aloi. Encierro noble y manso...
El mejor Urdiales
Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 28 V 2026
Arrecia el calor. Hoy 32ºC, mañana quizá 34. Faltando cinco minutos llegó a la barrera del 9, S.M. Felipe VI (aplausos, fotógrafos), himno de España. Los tres primeros brindis fueron para él, con discursos de diferente duración.
Y comenzó la tarde de Urdiales. Porque toda fue suya. Los dóciles toros de su lote, el público fervoroso y su disposición que le permitió desplegar esa tauromaquia clásica y estética que lo ha convertido en torero de culto, pero que dispensa con la poca frecuencia de las joyas raras. Hoy se desató, paro y ligó como pocas veces, Daba gusto. Su sensibilidad para las distancias, las alturas y los tiempos. La medida, la sobriedad, la planta firme y la naturalidad. Bueno, caben más adjetivos, pero a estas alturas de las casi tres décadas de su alternativa, ya está dicho todo. Para que abundar. Madrid lo disfrutó, con cartel de “No hay billetes” y todo. Cómo coreaban cada suerte, profunda y roncamente, como un rezo.
Le cedió el primer toro al confirmante y recibió al segundo, “Bullanguero” con seis y media verónicas, que le debieron parecer pocas, pues en el quite a la buena primera vara de Iturralde, se prodigó con otras seis de más lentitud. Roca Rey interviene con tres chicuelinas, dos tafalleras y una media, lucidas. Sus banderilleros cumplen con decoro, y Diego, tras el brindis más largo a su majestad, genuflexo mete al juanpedro al baile, con cuatro por bajo, una trinchera, cinco derechas, el cambio de mano y el de pecho. Todo en uno, que fue un aclamado inicio de faena. El toro iba y venía fijo en el trapo y así siguió hasta la muerte. Por un pitón y por el otro llegando al culmen de la obra en los cuatro naturales carteleros y el forzado que la promediaron. Sin dislates, terminó por ayudados bajos y un estocadón fulminante que despejó cualquier duda, si cabía, sobre el premio.
La cosa fue a más con el cuarto, “Mapaná”, que no fue tan temible como su nombre indicaba. Un pastueño, de la estirpe del “toro artista” rótulo que el siete ya parece haber asimilado plenamente. Las verónicas en el quite a la vara de Manuel Quinta, quizá sean las más bellas de la feria. Brindó a la plaza y de allí para allá todo fueron amores. Una faena redonda por las dos manos en que se conjuraron toro y torero sin necesidad de autoritarismos. Al son mutuo, y bajo los ¡bieeeen¡ del público que parecían letanías, fueron hasta el encuentro final de toreros ayudados por bajo, rodilla en tierra una espada total, algo delantera y tarda que no fue óbice para que su señoría, don José Luis González González apremiado por una petición tempestuosa le abriera la Puerta grande. Justo.
Roca Rey, estuvo a medio tono en una faena correcta con el soso tercero, que pagaba con su estulticia cualquier arrebato emocional. Una espada delantera puso fin a la brega y la gente se ocupó de otra cosa. Con el quinto, “Secuestrador” surgió el Roca más combativo. Templados delantales y verónicas de saludo y quite, y tras brindarlo al público, dos rodillas en tierra, para cinco por alto, dos por la espalda, de susto, un cambiado y uno de pecho. Jaleo, ni los que se tiene jurada aquí desentonaron. Cruzado, pudiente, muleta delantera, trazó bajo, firme en redondo y círculo llevó las embestidas del “artista”. Largamente, sombrándose, matizando, en los terrenos. Al final pinchó arriba, y sin solución de continuidad rodó al toro con un estocadón como un rayo. Usía esperó hasta que la ensordecedora petición no le dejó salida y sacó el pañuelo. La vuelta fue con muchas prendas. No hay tal que Madrid no lo quiere. Los que no lo quieren son los que sabemos, unos pocos. Al terminar levantó la montera y los saludo respetuosamente, la mayoría del sector aplaudía. Para qué fue eso, la ira se desato hasta gritarle fuera, fuera. Eso ya es una cosa personal, extra taurina totalmente.
Bruno Aloi, confirmó en silencio con dos sosos, los más de la corrida de Juan Pedro que se debatió entre la nobleza y la mansedumbre a secas, A él le tocaron dos de los últimos. Apenas puedo dar fe de su compromiso y elegancia innata. Corrida de casi tres horas.
- FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Jueves 28 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. Corrida de la Prensa, 19ª de San Isidro. Sol 34ºC. Lleno de “No hay billetes”. Seis toros, de Juan Pedro Domecq, cinqueños, 549 kilos promedio, nobles y mansos.
Diego Urdiales, oreja tras aviso y oreja.
Roca Rey, silencio tras aviso y oreja,
Bruno Aloi, silencio y silencio.
Incidencias: Saludo Pablo Gallego tras parear al 6º. Al final del festejo, Diego Urdiales salió a hombros por la puerta grande,
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