la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema
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sábado, 6 de agosto de 2011

Atraco con foto / Por Antonio Burgos


Atraco con foto


—Yo no soy aficionado a los toros, Curro, pero verás cuando a mi abuelo, que iba siempre a verte, le enseñe que me he hecho una foto contigo-

Antonio Burgos

El recuadro /Agosto / 2011
PIENSEN en una tarde de corrida de Feria interesante de verdad, con cartel de «no hay billetes», los alrededores de la plaza animadísimos, hasta la corcha el Bar Taquilla y overbúquin de gente de Madrid delante de Puerta Grande en la calle Antonia Díaz. Piensen que en ese cartel están tres grandes figuras del escalafón. El más famoso de la terna llega en el cochecuadrilla a la calle Iris y, capote de paseo al brazo, echa pie a tierra y se dispone a recorrerla, camino de la puerta de la Contaduría. Ya le digo, la calle Iris, de bote en bote para ver entrar a los toreros. Y la pregunta que les hago es la siguiente:

¿Cuánto tarda un torero en tarde de máxima expectación en recorrer la calle Iris, desde el coche de cuadrillas a la puerta de la Contaduría?
Pues depende. Depende de la cantidad de tíos de la cámara, de la dichosa cámara, de la puñetera cámara, que haya en la calle Iris. El tío de la cámara se va a las 5 de la tarde y no sale de allí como no sea llevándose la foto de su Vane o su Yeni con el torero de fama. Y el caso es que en la calle Iris hay siete mil tíos de la cámara, dispuestos a retratar a su parienta o a su niña con el torero que llega, y que tiene que hacer más paradas que el autobús de la línea 6 para dejarse retratar por los atracadores de foto.

España, Sevilla y la Humanidad están llenas de peligrosísimos tíos de la cámara. ¿Cuántos atracos con foto le han dado a Zoido desde el comienzo de la campaña electoral a la fecha?
—Juan Ignacio, ¿te importa hacerte una foto con nosotros?

¿Cuántas fotos tiene que hacerse la Duquesa de Alba con la afición en cuanto sale de su Casa de las Dueñas? Y además el tío de la cámara, siempre, con el tú por delante, no conoce el usted:
—Cayetana, ¿te importa que nos hagamos una foto contigo?

A los políticos, que antes se dedicaban a besuquear niños para hacerse simpáticos, les basta ahora con dejarse retratar por el pesado del tío de la camarita dichosa. Ya la gente no pide autógrafos: el tío de la camarita dichosa quiere a toda costa hacerse una foto con el famoso. Que no puede salir a la calle. Soy testigo del calvario que le hacen pasar a Curro Romero por Sevilla, todos queriendo hacerse una foto con él, y siempre la gente de fuera, el turismo interior y las excursiones del Inserso, que los de aquí le guardan el faraónico respeto de la distancia:

—Curro, ¿te importa hacerte una foto con nosotros?
Y allá que va el pobre Curro, con cara de resignación y con el pasito lento con el que hacía majestuosamente el paseíllo, a ponerse para la foto con los de Segovia o los de Palencia, como si fuera el caballito de la Feria. Y cuando se la ha tenido que hacer, encima, la inconveniencia:
—Yo no soy aficionado a los toros, Curro, pero verás cuando a mi abuelo, que iba siempre a verte, le enseñe que me he hecho una foto contigo.

Y mucho peor que el tío de la cámara, los que hacen la foto con el teléfono móvil. Las fotos de los móviles las sufrimos hasta los que no somos famosos. Estás tan tranquilo tomando café en un sitio bonito de Sevilla y llegan los turistas. Se agrupan, ponen cara de posteridad, cara de salir en la foto, y te dicen, entregándote el teléfono móvil:
—¿Le importaría hacernos una foto? No tiene más que apretar aquí en este botón...
Y somos tan imbéciles que se la hacemos y encima les decimos:
—Esperen, que voy a hacer otra por si no ha salido bien.

domingo, 17 de julio de 2011

Olvidados 18 de julio / Por Antonio Burgos

 Olvidados 18 de julio 


-Lo que se inaugurabael 18 de Julio erael verano, paga extraordinaria en mano-

Antonio Burgos

ABC.-Día 17/07/2011

MAÑANA, LXXV aniversario del 18 de Julio de 1936. Ojú. Que Clío, esa musa de la Historia con nombre de Renault, nos coja confesados. Me temo lo que nos espera: manipulación y exhumación de todos los odios que creíamos definitivamente enterrados, olvidados y perdonados con la concordia de la Constitución, hasta que vino este malvado e insensato nieto de su abuelo a desenterrarlos con la Memoria Histórica, como si en aquella guerra cainita no hubiera habido ningún otro asesinado. Me sorprende que nadie haya recordado que se ha cumplido también el LXXV aniversario del asesinato del diputado don José Calvo Sotelo por la Guardia de Asalto, que lo secuestró en su casa. Aquella aberración del orden constitucional fue como si ahora la Policía Nacional fuera de madrugada a detener sin orden judicial a Rajoy, lo sacara medio en pijama y se lo llevara en una coche zeta, en cuyo interior le descerrajasen cuatro tiros, arrojando luego su cadáver en el Cementerio del Este. De Calvo Sotelo no se ha acordado nadie en su cabo de tres cuartos de siglo, pero verá usted hoy mismo y sobre todo mañana lunes, aniversario de la leña marismeña, la que les espera a Franco, a Queipo y a Mola, ¡ahora sí que les van a ganar la guerra!

Pero tranquilos, yordis, que mis olvidados 18 de Julio no son de terror, muerte y sangre. Quiero evocar no este LXXV aniversario del Alzamiento, sino por ejemplo el XXV. Lo que era, por ejemplo, el 18 de Julio en 1961. Miren ustedes: a aquellas alturas del olvido de las fatiguitas, en los felices 60 del desarrollismo, el 18 de Julio no era ya una fecha de exaltación de camisas azules y uniformes caquis, ni de desfiles, inauguración de pantanos y pisos sindicales, y marchas militares por la radio. Lo que se inauguraba el 18 de Julio era el verano, paga extraordinaria en mano. El 18 de Julio era ya sólo el día de la paga. De la paga extra de verano en la España de las quince pagas. Que no era tan negra como nos la quieren pintar. La gente pasaba sus dificultades, pero amaba, soñaba, reía, pagaba letras, se compraba un pisito, se casaba, tenía hijos, ilusiones y esperanzas. Ya media España tenía un Seiscientos y alquilaba por quince días un apartamento en Benidorm o en Chipiona. Ya era la España de la televisión, la nevera, la lavadora, los yeyés, los pantalones de campana, los modernos, ¡entonces sí que había modernos y modernidad, y no ahora!

En aquellos 18 de Julio nadie pensaba ya en el Cuartel de la Montaña, ni maldecía el micrófono de Queipo, ni se acordaba de La Pasionaria. Eso ha sido lo desenterrado ahora, todo lo felizmente olvidado, cuando el malvado nieto de su abuelito ha venido a reabrir heridas cicatrizadas. En aquellos 18 de Julio de paga de verano y 600 que evoco, en lo que se pensaba era en echar el día de piscina en el Parque Sindical, en la terreza del cervezón y los platos de gambas. Sí, he dicho gambas: la gente se hartaba de gambas y de cerveza el 18 de Julio, con la paga extraordinaria. Cuando llega el 18 de Julio yo me acuerdo de El Chupa, el genial telefonista de ABC de Sevilla, bético a rabiar, gracioso, divertido, que se mentaba a sí mismo por su mote. El Chupa, cada 18 de Julio, enseñándome el sobre de la paga extraordinaria, me decía al despedirme de madrugada, tras el cierre del periódico:

—¿Usted no ve las gambas que hay en la terraza del Baturones, no? ¡Pues las mejores gambas de Sevilla se las va a comer mañana El Chupa con su familia!

Verá usted cómo de estos otros olvidados y más que verdaderos 18 de Julio de la paga extraordinaria del Chupa nadie se acuerda.

domingo, 3 de julio de 2011

EL EFECTO ZAPATERO: Son unos águilas / Por Antonio Burgos

Águila ibérica llevándose lo que hay....

Son unos águilas

¿Cuántos empresarios tiesos podían remontar el vuelo con lo que la Junta derrocha en proteger al águila imperial?

Antonio Burgos  
ABC.-Día 02/07/2011 -
Para que luego digan que aquí no hay emprendedores, ni innovadores, y que estamos cortitos en I+D+I. Habían oído hablar de la gallina de los huevos de oro, ¿no? Pues la gallina de los huevos de oro vale menos que la deuda griega al lado de algo mejor que han inventado unos tíos que trincaban la tela marinera de la Junta de Andalucía: el águila de los huevos de oro. Es más maravilloso que la Asociación de Huevos Mejores S.A., una granja avícola por todo lo alto que se montó aquí cuando los planes de desarrollo de López Rodó, y que sirvió de cachondeo, porque llamabas y un señor telefonista te respondía, muy serio:

—Asociación de Huevos Mejores, dígame...
—Pues te digo que mis huevos son todavía mejores que los tuyos.

Pum, y colgaba el bromista. Hasta que tuvieron que olvidarse del nombre de la sociedad y usar su acrónimo, Asumesa, para evitar el pitorreo. Avícola que no producía ni mucho menos el milagro de los huevos de oro del águila imperial. Esos sí que son huevos mejores. En el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas de la Junta, unos tíos llevaban desde 2002 estafando al programa de cría del águila imperial en cautividad, subvencionadísimo. Desde 2002 han trincado casi un millón de euros al año por presentar como huevos de águila imperial en cautividad o como polluelos nacidos entre rejas a los que cogían bravíos y salvajes en el campo. ¿Es esto innovación de los emprendedores o no es innovación? Vamos, esto es como si yo disfrazo de monteses a mis gatos Remo, Rómulo y Romano y atrinco tres subvenciones como tres soles por la conservación del lince ibérico.

Hablando del lince: en un cónclave de Economía, el empresario Eustasio Cobreros, presidente de la Fundación San Telmo, ha dicho: «A los empresarios nos deberían cuidar como al lince ibérico». Es muy sencillo, Eustasio: ¿tú has probado dejarte las orejas, y los bigotes, y el rabo (con perdón), y tatuarte la piel así como atigrada, y dedicarte a comer conejos crudos, pero conejos propiamente dichos, conejos del campo, no seas mal pensado? Es que como te vea así la Consejería de Medio Ambiente, seguro que da subvenciones hasta en el cielo de la boca. O prueba ir de águila imperial, con tal de que no sea en la cautividad del escudo de la bandera rojigualda, que entonces no te darán la del águila, sino la del tigre.

A mí del fraude del águila imperial de los huevos de oro no me preocupan los tíos que trincaban la tela cobrando la subvención por cautividad de las nacidas en campo libre. Total, eso es un ERE Imperial, como el rioja de CVNE o el fino jerezano de Paternina. Lo que me indigna es que con 5 millones de parados, un déficit de caballo y una deuda grecoportuguesa, derrochen millones de euros en la recuperación de especies amenazadas. Chorrea sangre que exista toda una Red Andaluza de Centros de Recuperación de Especies Amenazadas. ¿Cuánto costará eso al año? El parado, por lo visto, es una especie que no está en absoluto amenazada. El empresario arruinado es una especie en absoluto amenazada. ¿Cuántos parados hay por cada lince subvencionado y cuántos empresarios por cada águila imperial protegida económicamente? ¿Y cuántos parados podían vivir con lo que la Junta se gasta al año en linces y cuántos empresarios tiesos podían remontar el vuelo con lo que la Junta derrocha en proteger al águila imperial? Con razón Eustasio Cobreros, de mayor, quiere ser lince. ¡Toma, y yo quiero ser águila! Como ellos, que son unos águilas.

viernes, 10 de junio de 2011

La oración del torero / Por Antonio Burgos

Diego, junto a su cuadrilla, y mozo de espadas, ante
la Piedad del Baratillo. Foto. Martin Cartaya.
 Archivo de Perez@larcon

Ha sido el escritor Antonio Burgos el que ha escrito sobre un acontecimiento que ya tuvo su noticia o momento en este modesto blog, cuando Diego Silveti debutase como novillero en el año 2010 en Sevilla.
Ese dia, un 19 de junio de 2010, Diego tuvo su encuentro particular con la Piedad del Baratillo, y ese momento lo captó la foto de Martin Cartaya, que tengo el honor de tener una copia, gracias al regalo del Sr. Tabernero - al que cita Burgos, -, D.
Rogelio Gómez, un amigo y mejor persona, y que fué el artifice del que el novillero "debutase" en el Baratillo el año pasado, y que ha vuelto a repetir dicha puesta en escena.
Esta foto que acompaña a este "post", da fé del encuentro de 2010, que ilustra este emotivo artículo, y que motiva que Diego Silveti, haya estado por tercera vez en la Capilla más torera de Sevilla. Yo junto con algunos amigos, tuve el privilegio de ser testigo de excepción de ese primer encuentro....en la oración del torero.

La oración del torero

Antonio Burgos

ABC / Sevilla
Por algún callejón, por Pavía, por Galera, por Valdés Leal, El Arenal debe de guardar su caja de los prodigios. Por algún lado tiene que estar esa cajita prodigiosa, como un costurero de madera con cerradurita, llavecita y un espejo por dentro, de los que vendía Conde en su mercería de las peponas colgadas sobre el mostrador, como premios de una tómbola imposible de carretes de la dalia y blancos alfileres de novia. O estará en la esquina de Arfe donde vino a parar el bacalao de la Cuesta del tal nombre, tapando el olor a esparto de la alpargatería de Navarrito, frente por frente a la Tienda del Reloj, no marques las horas, porque mirando al mar que le daba nombre a la calle García de Vinuesa soñé el domingo que mi barrio debe guardar por algún sitio su secreto de obrar prodigios. Obró un día, por ejemplo, gracias a un tabernero de esta collación del Sagrario, el prodigio de que no se secaran las Lágrimas de San Pedro por las cuatro caras de la Giralda y volvieran a sonar los clarines a lo divino que anuncian la salida del toro del verano.

El domingo, en un jardín cerrado para pocos, se obró uno de esos prodigios. Fue en la capilla del Baratillo, con su espadaña que remata el hierro forjado de la cruz del carnero de la epidemia de peste de 1649. Si la capillita de la Pura y Limpia son cien gramos de Catedral bien despachados en un papelón del puesto de calentitos de Ángela, El Baratillo es cuarto y mitad de Capilla Real, y más tras su amorosa restauración, que parece que acaba de pagar su construcción el maestro Josep Delgado Illo, el que donó el San José que ahora contempla, en la tarde de novillada, este prodigio torero del Arenal.

Dentro de la capilla del Baratillo hay una inmensa multitud. Estamos lo menos ocho o diez personas. Fuera, se oye el despertar de la siesta de un barrio que se va a la novillada. El tabernero que obró el milagro lacrimal de San Pedro nos ha convocado a este paraíso íntimo de los prodigios del barrio. Vamos a poder ver una obra de Joaquín Turina. Sí, el Arenal hace milagros. Aquí hasta se pueden ver los poemas sinfónicos que escriben los músicos de Sevilla. Hace muchos años, cuando un mexicano venía por la calle Adriano para torear en Sevilla, entró a rezarle a esa Piedad con la que el Arenal mandó a Miguel Ángel a los albañiles. Como los toreros de grabado de «La Lidia» que se paraban a rezarle al Cristo del Baratillo en la esquina de la Acera del Negro, aquel mexicano, David Silveti, entró a rezarle a La Piedad. De aquello hay una foto de Martín Cartaya. Y aquí está ahora la misma cámara fedataria, que vuelve a levantar acta de sevillanía. Suena la puerta que se abre como si fuera a salir la cruz de guía y con paso silencioso de zapatillas entra el novillero Diego Silveti, el hijo del Rey David, el bisnieto del Tigre de Guanajuato, al que esperan dos novillos que están ya encerrados ahí al lado, tras este altar. Entra el novillero, de verde y oro, como de la Esperanza de Triana el Viernes por la mañana, y se arrodilla a rezar. Detrás, abierto el compás, al brazo del capote de paseo, los tres banderilleros. Oración de oro, plata y azabache. Dura la escena la eternidad de un segundo. Se santiguan otra vez y salen, bajo los vencejos toreros que cruzan la tarde. El único sonido. Porque gracias a los prodigios del Arenal, en El Baratillo, con estos ojos que en este barrio vieron la luz primera, yo he podido contemplar «La oración del torero» de Joaquín Turina hecha pintura en la fugacidad del tiempo.

domingo, 5 de junio de 2011

Nihil Obstat Progre / Por Antonio Burgos

El Jefe del Estado español Francisco Franco 
aclamado en la plaza de toros de Barcelona
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"...Durante la dictadura, decía, según esta otra dictadura de lo históricamente correcto no había escuelas públicas gratuitas, ni seguros sociales, ni hospitales de la Seguridad Social, ni paga de Navidad, ni convenios colectivos, ni pensiones, no había de nada..."

Nihil Obstat Progre

Pero, hombre, don Gonzalo Anes: ¿cómo no ha pedido el Nihil Obstat y el Imprimátur de la Inquisición de la Progresía?

Por Antonio Burgos
ABC
NO me gustaría compartir la perplejidad que a esta hora sentirá mi admirado don Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia. Tras la publicación de los monumentales 25 primeros tomos del «Diccionario Biográfico Español», don Gonzalo habrá comprobado que hay que revisar la universal creencia de que la Historia la escriben los vencedores. Depende. En el caso de nuestra Historia Contemporánea, la Historia no sólo no la hacen los vencedores, sino que los perdedores y quienes se proclaman sus herederos se arrogan tal superioridad moral que exigen que sean ellos quienes la escriban. A su dictado.

En mis años de Bachillerato casi todos los libros de texto venían con los latinajos de la censura eclesiástica: Nihil Obstat e Imprimátur. Yo me creía que aquello era de los oscuros tiempos de los tópicos que usted conoce mejor que yo sobre la que llaman «España en blanco y negro». Qué va. Esa censura existe. En España existe la censura. Gracias a Dios no existe la censura del Estado, ni la de la Iglesia. Existe algo peor: la censura de la dictadura de lo políticamente correcto, que en el caso del Diccionario Biográfico que nos ocupa es la censura de la dictadura de lo históricamente correcto. Lo históricamente correcto ya saben qué es: los nacionales no ganaron la guerra, y a la vista está de qué vencedores son los que la escriben. Durante los 40 años de la dictadura, que algunos tuvimos el coraje de llamar oprobiosa con Franco vivo, no ahora, que lo hace cualquiera... Durante la dictadura, decía, según esta otra dictadura de lo históricamente correcto no había escuelas públicas gratuitas, ni seguros sociales, ni hospitales de la Seguridad Social, ni paga de Navidad, ni convenios colectivos, ni pensiones, no había de nada. Si las calles de Sevilla (o las de Barcelona, que conste) se llenaban de gente que se partía las manos aplaudiendo a Franco en sus visitas oficiales, rodeado por la Guardia Mora (perdón, Magrebí) es porque detrás de cada aclamante había un policía de la Social o un gris de uniforme, con una pistola, que los obligaba a ello poniéndosela en la nuca.

Para los nuevos censores todo lo que no sea Historia amañada no es Historia. Incluso han puesto una virtual censura de prensa, en la que desde determinados diarios y desde las anónimas puertas de letrina de los blogs y túiteres de Internet ponen como los mismísimos trapos a todo el que un periódico se haya atrevido a transgredir sus dictados, ejerciendo la funesta manía de pensar por libre.

Esta dictadura le ha caído encima a mi respetado don Gonzalo. Pero, hombre, don Gonzalo Anes: ¿cómo se atreve? ¿Cómo es que para el Diccionario Biográfico no ha pedido usted el Nihil Obstat y el Imprimátur de la nueva Santa Inquisición de la Progresía? ¿Usted no sabe que la Historia hay que escribirla como ellos quieran?

Y además, lo que dice ese dechado de libertades que es la ministra Sinde: «Tendría que haber una revisión de equilibrio de género, ya que sólo un 8 por ciento de las biografías corresponden a mujeres». ¡Pues naturalmente, pero aguante usted la risa! Así que ya lo sabe usted, don Gonzalo: esos 25 tomos, que los vea antes la Censura Progre y tache con el lápiz (rojo, naturalmente) lo que proceda. Y las gracias ha de dar usted al cielo de que Tomás Gómez y los pastores del rebaño cultural no se han enterado que es usted Marqués de Castrillón, porque, si no, ¡madre, la que le lían!

miércoles, 11 de mayo de 2011

Manzanares / Por Antonio Burgos

Manzanares ha indultado a la Fiesta Nacional de su monotonía, del acobardamiento de catacumbas ante sus enemigos

Día 11/05/2011
Menos mal que aquel banderillero alicantino se puso de nombre artístico Pepe Manzanares. Y que su hijo José María, matador de toros, continuó con el dinástico, fluvial sobrenombre. Que heredó su nieto, también torero. Si no, a estas horas la afición estaría hablando de José María Dolls Samper. Y ese nombre es lo menos torero que se despacha. Tú dices José María Dolls Samper, y más que del triunfador de la Feria de Sevilla parece que estás hablando de un inculpado que va en las listas de Camps por Valencia, a pesar de estar implicado en un asunto de talla 50 en la planta de confección de caballeros.

Menos el premio Ateneo de Novela y el premio de la cucaña de la Velá de Santa Ana, todos los galardones de Sevilla se los han dado a José María Dolls Samper, digo, a José María Manzanares. Yo también le doy mi premio, a lo Juan Palomo, co-mo los otorgaba don Manuel Halcón. Mi maestro, harto de las componendas de los concursos literarios, decidió crear un premio, pagarlo de su bolsillo y dárselo al amigo que le salía de las narices (por no decir de los cojones). Yo le doy mi premio Juan Palomo a Manzanares. Total, ¿no se juntan cuatro amiguetes de la tertulia de un bar y crean unos premios taurinos con el exclusivo fin de salir retratados con Manzanares cuando le entreguen el galardón, y que de paso le hagan la propaganda gratis al establecimiento? Pues aunque yo no soy ni un bar, ni un restaurante, ni un hotel, ni un gimnasio, ni unos grandes almacenes, también me sale de la almohadilla darle mi premio taurino a Manzanares.

¿Por qué? ¿Porque ha indultado a «Arrojado», el toro de vuelta al ruedo de Núñez del Cuvillo? No: porque Manzanares ha indultado a la Fiesta Nacional de su monotonía, de su encierro en sí misma, del acobardamiento de catacumbas ante sus enemigos. Manzanares ha logrado con el toro de Nuñez del Cuvillo lo que no consiguió la afición con la Fiesta Nacional en Cataluña: el indulto. Dicen que esto del indulto del toro de Cuvillo es muy bueno para la Fiesta. No sé. De momento es no sólo bueno, sino maravilloso, para la cuenta de resultados de la ganadería del señor Núñez del Cuvillo y de su hijo, el señor Núñez Benjumea. No me refiero al polémico indulto, entre otras cosas porque Manzanares no cumplió con el rito de que, tras el pañuelo naranja, fingiese la ejecución de la suerte suprema con una banderilla. Me refiero a Manzanares como mito de masas, a su tirón popular. Hablo de su «glamour», que dirían sus partidarias Nati Abascal y Cari Lapique. Hombre, ya era hora de que los no aficionados se interesaran por un torero de verdad y no por uno que no tiene más mérito que ser guaperas y que anunciar relojes, coches, colonias y lo que haga falta. Ya era hora de que los diestros que traspasan las candilejas de las plazas no fueran toreros de quinta, una manta de catetos que van contando por los platós líos de familia. Cuando lo saquen en la portada del «Vanity Fair» o del «Vogue», con Manzanares saldrá su toreo de verdad.

El 1º de mayo del 2006, José María Manzanares hijo le cortó la coleta a José María Manzanares padre en la plaza de Sevilla. Faltaba un año para que naciera en la finca «El Grullo» de Vejer un becerro al que herraron con el número 217 y le pusieron de nombre «Arrojado». No sabíamos entonces que aquel muchacho con carita así como achinada, de peruano simpapeles, iba a romper y a cuajar en tan gran torero. No es Dolls Samper. No es Manzanares. Como le dije a Andrés Amorós, es Guadalquivir y va entre naranjos y olivos camino de la gloria de la verdad del toreo.
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miércoles, 2 de marzo de 2011

La Sevilla de Pepín / Antonio Burgos

-Pepín Martín Vázquez-
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ABC / Sevilla.-
En los cines de verano de los pueblos repetían todos los años las películas de taquillazo asegurado. Cuando bajo el techo de estrellas pintado por el mismo Dios repetían «Currito de la Cruz», la gente hasta se tenía que llevar las sillas de su casa, del llenazo. En Camas también ponían todos los veranos «Currito de la Cruz». Y todos los veranos iba a verla un chaval que andaba guardando cochinos en Gambogaz: el niño de Andrea, la de la calle de la Cruz. Aquel chaval soñaba con ser torero cada vez que veía en el cine de verano al Currito de la Cruz de la película, el prodigio de su capote, su galleo lleno de gracia, la muleta planchada citando a pitón contrario. No sabía entonces que el que salía en «Currito de la Cruz» era Pepín Martín Vázquez.

Aquel chaval se llamaba Francisco Romero López. Curro le decían. Curro quiso ser como Currito. Pero fue como el torero que encarnaba a Currito de la Cruz en la película de Luis Lucia, como Pepín Martín Vázquez: torero de Sevilla. Cuando estábamos haciendo el libro de su vida y Curro me contaba que quiso ser torero porque «Currito de la Cruz» le despertó la afición en el cine de verano, pensé que Pepín Martín Vázquez podía poner en su casa algo así como la leyenda del baldaquino de plata de la Virgen de los Reyes, el «Per me reges regnant». Pepín Martín Vázquez podía haber puesto en las armas de su nobleza torera: «Por mí se perpetuó el toreo según Sevilla».

Ayer se cerró ese circulo de la vida y del toreo. Aquel chaval de Camas que quiso ser torero porque vio a Currito en el cine despidió en el tanatorio a Pepín Martín Vázquez. El toreo según Sevilla es una cadena. Una cadena tan rota por la muerte de Pepín Martín Vázquez como las que partió Bonifaz para ganar Sevilla a los moros. Esa cadena viene de Belmonte, pasa por Chicuelo, sigue en Pepín Martín Vázquez, continúa en Pepe Luis Vázquez, se prolonga en Curro. Siempre hubo un pontífice máximo en la sede hispalense del toreo. Cuando se fue Belmonte vino Chicuelo. Cuando se fue Chicuelo vino Pepín Martín Vázquez. El torero de La Resolana fue un eslabón perdido y roto de esta cadena que las crónicas dicen que hoy llega hasta Morante. A Pepín, con grave injusticia, no lo recordaba ni la gente del toreo. Pepín, torerazo de Sevilla, eslabón perdido entre Chicuelo y Pepe Luis, fue en los años 40 el gran torero popular, en fama y en arte. Qué torero y qué época del toreo. 

La época en que mandan Manolete y Arruza, y viene arreando Luis Miguel. Miren el cartel de la alternativa de Pepín, 1944, Barcelona: se la da Domingo Ortega y son testigos Pepe Luis y Arruza. Aquellas temporadas, del 44 al 47, aquellas Beneficencias, fueron la etapa dorada de Pepín. Hasta que en el fatídico agosto de 1947, diez días antes de la explosión de Cádiz, veinte días antes de lo de Linares, un toro de Concha y Sierra le pegó el cornalón gordo de Valdepeñas. 

Actúa aquella tarde con un Manolete que no sabe que quizá ya hayan embarcado a «Islero» en Zahariche. Ahí empieza el declive del gran torero de Sevilla, artista muy castigado por los toros como todo el que torea con la femoral, que se retiró finalmente en 1953 en Caracas y que desde entonces vivió alejado del mundanal ruido de la fiesta y de los papeles, sin exégetas ni partidarios. En la Sevilla de los chuflas y los pintamonas, Pepín Martín Vázquez fue como un desterrado en su propia tierra, como un enterrado en vida por la injusticia del olvido. Ayer enterraron definitivamente a ese gran torero de esa Sevilla apolínea, secreta, seria, honda. Sevilla pura en el distanciado exilio interior de Pepín. Tan pura como su toreo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Vargas Llosa y la montera de Curro / Por Antonio Burgos


Vargas Llosa y la montera de Curro

- La montera de un académico de Bellas Artes de Sevilla, del Toreo como Bella Arte, ante la Academia sueca -

Por Antonio Burgos

Cuando uno de mis amigos aficionados a los toros supo que me habían invitado a dar el pregón de la Feria de Sevilla, exclamó: “¡Pero eso es más importante que ganar el Premio Nobel!”». Así se abría de capa Mario Vargas Llosa en el tercio de sombra del teatro Lope de Vega, cuando el 23 de abril del año 2000 comenzaba el XVIII Pregón Taurino de Sevilla. Me imagino que ese mismo amigo aficionado, no sé si de la limeña plaza del Acho o de la sevillana del Arenal, cuando supo que le habían dado el Nobel, exclamó: «¡Pero eso es casi tan importante como el pregón taurino!».

Importancia por importancia, del mismo modo que Vargas Llosa llevó el Nobel al pregón sevillano, ha llevado la verdad del toreo a su discurso ante la Academia Sueca. El discurso de la belleza de las cosas. ¿No se habla tanto de los silencios de la plaza de Sevilla? Pues cuando Mario Vargas Llosa se abrió de capa en el tercio de sombra de Estocolmo, se escuchaba ese silencio. Vargas, que tiene paladar como aficionado antiguo, desde que su abuelo Pedro lo llevaba a la plaza de Cochabamba, quiso que en su discurso del Nobel se escuchara el silencio de Sevilla. Y se llevó a la Academia Sueca el silencio torero en forma de montera: la montera de Curro Romero. ¿Cuántos silencios de Sevilla ha escuchado la montera de Curro en la esperanza del paseíllo, en las muñecas bajas de una verónica, o luego en el callejón, tras pedir la venia al usía, amorosamente guardada por Gonzalito el mozo de espadas, cuando su muleta detenía el tiempo? Vargas Llosa se llevó a Estocolmo los silencios flamencos de la montera de Curro: «¡Vamos a escuchar!». La montera de las moritas. Una montera con historia. Con coplas. Es la montera del que fue su suegro, Antonio Márquez. Aquel Belmonte Rubio por cuyo amor llevó Concha Piquer anillo sin fecha por dentro. Como Vargas ayer, yo he tenido en mis manos esa montera, y he palpado que en sus rizos como de testuz del toro de Gerión se ha depositado a lo largo de los años mucho arte, mucho tiempo detenido por las muñecas de un capote, mucho aroma de una ramita de romero. Mucha armonía. La armonía del Arte de la Tauromaquia.

La montera de Curro tenía que haber estado en el atril del Nobel cuando Vargas hacía el paseíllo en su alternativa con la eternidad de la Literatura. Vargas, ¡qué nombre más torero! Vargas, como Salomón Vargas, aquella escultura gitana de Martínez Montañés de la que Curro aprendió la perfección del capote. Vargas, como aquel Ramón Soto Vargas cuya sangre llenó de muerte la plaza de los silencios, un día de agosto. Vargas, como la Venta de La Isla donde cantaba Camarón mientras le hacían compás los grillos de los esteros. Este Vargas tan torero cumplió el sueño de la peña taurina Los Suecos de Estocolmo, la de Lars Swärd, el compadre de Curro. La montera que Curro nunca le emprestó a su compadre para que se la enseñara a los socios de la peña mientras veían una vez más el vídeo de lo de Antequera, o lo de Almería, o lo de Sevilla, la plantó Vargas Llosa en la Academia Sueca. La montera de un excelentísimo señor académico de Bellas Artes de Sevilla, del Toreo como Bella Arte, ante la Academia sueca. Y como el Nobel y el pregón, total, vienen a ser lo mismo, la montera estaba repitiendo con su silencio las palabras que dijo Vargas cuando el Nobel, digo, cuando el pregón: «Entre todas las artes, acaso la más difícil de explicar racionalmente sean las corridas de toros, una fiesta que conquista las emociones y sensaciones, esa facultad de percibir lo inefable, lo innominado, que fraguan la sensibilidad y la intuición, exactamente como ocurre con la poesía o la música».

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mis pegatinas en la huelga general / Por Antonio Burgos


Misión cumplida: El piquete ya ha informado

Mis pegatinas en la huelga general

"...Si quien en las Vascongadas destroza mesones hace terrorismo callejero ¿por qué quien hace lo mismo en la calle Alfonso XII ejerce su derecho a la huelga?..."

ANTONIO BURGOS
Día 29/09/2010 - 21.18h
De milagro no subió un piquete hasta la Giralda y le puso a la giganta en todo el pandero la pegatina del «Cerrado por Huelga General». Sin que las haya impreso con el dinero de las subvenciones que me da el Gobierno, yo también pongo aquí mis pegatinas, ¡que voy, que mancho!:
Ayer fue el Día Nacional de la Silicona. A los piquetes coactivos, perdón, informativos, les gusta una silicona más que a Yola Berrocal.
Y anda que no le gusta ná un megáfono a un liberado sindical...
Si quien en las Vascongadas corta carreteras, quema neumáticos, se enfrenta a la Policía y destroza mesones del Serranito hace terrorismo callejero y pasa a disposición de la Audiencia Nacional, ¿por qué de quien hace lo mismo, pero en la SE-30, en la A-4 o en la calle Alfonso XII, dicen que ejerce su derecho a la huelga?
¿Huelga general? Ni en el tiempo ni en el espacio. En el espacio: en mi barrio, como en el suyo, ¿a que no se notaba que había huelga? Más que huelga general fue particular Huelga en Mercasevilla, Huelga en las Cocheras de Tussam, Huelga en El Duque, Huelga en la Avenida.
Y en el tiempo: ¿por qué las huelgas generales terminan a las 2 de la tarde y a partir de esa hora no «informan» ya a nadie? Cuando ha concluido la manifestación y le hemos llamado «facha» a media humanidad, ea, ya no hay huelga general. Vamos a tomarnos una copita, que para eso hay cientos de bares en servicios mínimos para los curdelas. ¡Viva la clase trabajadora! ¡Viva La Espumosa! ¡Viva Mariscos Emilio!
Por cierto, en la manifestación no vi a uno importantísimo: al tonto de la bandera republicana.
Todo empezó a las 12 de la noche, en Canal Sur, con una antigualla. Como la manta de Guadalcanal de antaño, el cartel de la huelga. Convocada, decía, «por los sindicatos de clase». ¿De qué clase, hijos? ¿De clase Business, de clase Club, de Gran Clase?
Ahora, que para sindicato de clase, pero clase de verdad, la USO. ¡Ese sindicato sí que tiene clase, que no está estabulado en el pesebre del Gobierno, ni cena en el Villamagna, ni se va de crucero al Báltico, sino que vive de las cuotas de sus afiliados! Y quien dice la USO dice la CSIF, o el Sindicato Médico, o el SATSE.
El que se pone corbata y traje con aquí-mi-señora en los cruceros del Báltico ¿de qué iba ayer? ¿De uniforme del Cuerpo de Pancistas al que pertenece, o disfrazado de obrero?
¿Y los chinos? ¿Quién los entiende? Los chinos abren sus tiendas incluso los domingos y hasta las 11 de la noche y ayer van, y no había un chino abierto en toda Sevilla.
Ah, ya, es que canguelo suena completamente a chino: «Chinito tenel canguelo de libelados y de piquetes».
Qué raro, no vi a la puerta de ningún colegio al Piquete Informativo de Abuelos de Pastrana. Todos los abuelos estaban de servicios mínimos familiares.
Qué capitalazo hubiéramos juntado si por cada vez que escuchamos ayer la cursilada de «trabajadores y trabajadoras» nos hubieran dado un euro...
Tras las fotos a los piquetes con el móvil, sólo faltaban los fotógrafos cofradieros con la escalerita, y estábamos en una procesión extraordinaria.
Lo más raro, lo del Valencia-Manchester. Me creía que iban a jugar sólo Joaquín, Albelda y Soldado, en plan servicios mínimos, pero salieron once tíos para enfrentarse al Manchester. ¡Qué esquiroles! ¡Qué fachas!

sábado, 25 de septiembre de 2010

El Cid después de muerto / Por Antonio Burgos

Manuel Jesús "El Cid" saliendo a hombros en Guadalajara
(Foto: Ricardo R. Relvas)

-- ¡Ea, ahí tienen al que estaba muerto, ganando batalla tras batalla después de que, según ustedes, la hubiera palmado en el toreo! --

Día 24/09/2010 - 22.21h
A los efectos de la literatura taurina de nuestros días, Rodrigo Díaz de Vivar es de Salteras. Como la Banda del Carmen y la Banda de la Oliva. No hay crónica taurina que se precie que no cite al Campeador al reseñar una actuación del saltereño Manuel Jesús Cid Salas. ¿Que, como por otra parte es desgraciadamente habitual, tras un faenón El Cid falla con la espada? Pues el revistero se apresura a poner que El Cid anda chungo de Tizona. Qué original. El primero que le dijo al Cid lo de la Tizona fue un genio. Quienes lo repiten cuando «falla a aceros» (como dicen los cronistas cúrsiles) son unos vulgares mamones, porque ya se sabe lo que le pasa al que la copia. ¡Y menos mal que se quedan en la Tizona, y no dicen que nadie de su cuadrilla sea un Babieca!
No le he preguntado nunca al Cid ni a su apoderado Santi Ellauri si le va esa marcha literaria del Poema de su homónimo. Pero, hijo, lees cada crónica del Cid que parece que la ha escrito don Ramón Menéndez Pidal en persona, ¿a que sí, querido Andrés Amorós? Algo de esa marcha cidiana tiene que irle al hondo y honrado torero de Salteras. Si no, no le hubiera puesto Rodrigo al menor de sus dos niños, que ahora tiene tres años. Afortunadamente el mayor, de cinco, es también un niño, y es Manuel, como el padre. ¿Se imaginan que hubiera sido una niña y le hubiera puesto Jimena? Aunque Doña Jimena suene a turrón para los iletrados, para los cultos es pura cabalgada de Vivar «pora Burgos adeliñado».
Tras un temporadón, esta tarde, en la plaza de los toros de Sevilla, Manuel Jesús El Cid mano a mano con quien, hablando de nombres, se llama como el muy sabio traumatólogo de la jefa de mi Casa Civil: Daniel Luque. Digo lo del temporadón del Cid porque por la primavera estaba Manuel todavía buscándose, como Quevedo a Roma en Roma y él a sí mismo en las últimas temporadas, y más tras la muerte de su padre. Pero en cuanto rompieron las calores del verano, El Cid se encontró finalmente. Perdido y hallado, pero sin templo, sin Niño y sin doctores. No sólo ha cuajado toros memorables en Murcia, en Logroño, en Guadalajara, en Dax, en Salamanca, sino que ha culminado un temporadón, que lo coloca en la «pole position» del toreo para el año que viene. Para alivio de metáforas de los cronistas, El Cid cabalga de nuevo, y por un camino sevillanísimo: el de las sustituciones, como Curro con Mondeño cuando su debú. Muchos de sus grandes toros de esta temporada los ha cuajado El Cid en carteles donde sustituía a Cayetano, a Manzanares, a Perera. Esas sustituciones le han devuelto su sitio. El que había perdido. El Cid ha vuelto a su toreo evangélico: «que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda»... porque se volvería loca con esos naturales.
Retorno a lo inicial de Mío Cid porque a Manuel Jesús le ha pasado como al Campeador, que ganaba batallas después de muerto. Todas las batallas de este verano, las del pundonor y el arte, las ha ganado El Cid después de muerto. Sí, los enterados (e incluso algunos entendidos) lo habían dado por muerto. ¿Qué digo por muerto? Por enterrado y con siete palmos de tierra y cuarenta matas de jaramago encima. ¡Ea, pues ahí tienen al que estaba muerto, carnes mías, ganando batalla tras batalla después de que, según ustedes, la hubiera palmado en el toreo! Ojalá esta tarde le metan la cara por lo menos dos toros, que aquello de los Victorinos en Bilbao va a ser nada al lado de este Cid ganando en Sevilla la batalla de Alcurrucén después de muerto. Como cantaba Peret: que no estaba muerto, no, no, que estaba tocando pelo...

lunes, 23 de agosto de 2010

Belmonte predijo el «no» a los toros / Por Antonio Burgos

Belmonte intuyó que prohibirían los toros,
y además un gobierno socialista, como el de Cataluña

Día 22/08/2010
NO hay nada más viejo que el que con Tom Wolfe y Norman Mailer llamaron Nuevo Periodismo. En la España de los años 30 del siglo XX ya lo hacían César González Ruano y Manuel Chaves Nogales, escritores de periódico que chorreaban modernidad. Sus textos están tan vigentes que parecen escritos ayer por la mañana. Lo digo por Chaves Nogales, el gran escritor sevillano de la Tercera España, exiliado de ambos bandos de la guerra. Como un serial del semanario «Estampa», Chaves Nogales publicó en 1935 «Juan Belmonte, matador de toros», obra fundamental para conocer... las claves de Sevilla. Y del toreo, claro. Chaves finge un largo monólogo de un Belmonte que en la cumbre de su fama y poderío cuenta su vida. Leyéndolo y releyéndolo como clásico que es, siempre me queda la duda: ¿es Belmonte o es Chaves quien habla? Al modo de Flaubert con Madame Bovary, ¿no hay acaso un «Belmonte c'est moi» en Chaves?

En el libro hay un capítulo magistral, «El miedo del torero». Miren cómo arranca: «El día que se torea crece más la barba. Es el miedo». Y en ese capítulo, una premonición increíble y genial:
Belmonte intuyó que prohibirían los toros, y además un gobierno socialista, como el de Cataluña. El capítulo es un diálogo mágico de Belmonte con su miedo, que le habla en la soledad del cuarto del hotel, antes de la corrida:
«Ea, mocito —me dice el miedo con su feroz impertinencia, apenas me he despertado—: a levantarte y a irte a la plaza a que un toro te despanzurre.»

Sigue el largo diálogo de Belmonte con su miedo. En definitiva, con la muerte. Belmonte no quiere ir a torear. Entre el deber y el canguelo, se dice a sí mismo, como argumento para no mandar parte facultativo:
«Dentro de muchos años los aficionados a toros recordarán que hubo un torero muy valiente."»
Y le replica el miedo, y aquí viene la premonición de Belmonte en pluma de Chaves o de Chaves en boca de Belmonte:

«— Dentro de unos años, a lo mejor, no hay ni aficionados a toros, ni siquiera toros. ¿Estás seguro de que las generaciones venideras tendrán en alguna estima el valor de los toreros? ¿Quién te dice que algún día no han de ser abolidas las corridas de toros y desdeñada la memoria de sus héroes? Precisamente, los Gobiernos socialistas...

«— Eso sí es verdad. Puede ocurrir que los socialistas, cuando gobiernen...

«— ¡Naturalmente, hombre! ¡Pues imagínate que ha ocurrido ya! No torees más. No vayas esta tarde a la plaza. ¡Ponte enfermo! ¡Si casi lo estás ya!

«— No, no. Todavía no se han abolido las corridas de toros.

«— ¡Pero no es culpa tuya que no lo hayan hecho! Y no vas a pagar tú las consecuencias de ese abandono de sus gobernantes.

«— ¡Claro! —exclama uno, muy convencido—. ¡La culpa es de los socialistas, que no han abolido las corridas de toros! ¡Ya podían haberlo hecho!

«— Advierto al llegar aquí que el miedo, triunfante, me está haciendo desvariar, y procuro reaccionar enérgicamente.

«— Bueno, bueno. Basta de estupideces. Vamos a torear. Venga el traje de luces.»

El Pasmo de Triana, en la pluma de Chaves Nogales, también paró, templó y mandó lo que iba a ocurrir con el futuro del toreo.

Fuente: diario ABC

miércoles, 18 de agosto de 2010

Más que los toros, yo prohibiría (III) / Por Antonio Burgos

( Imagen de masaborreguera.com)


Más que los toros, yo prohibiría (III)
"...Que la ministra de Igual Da esté de Belinda cuando los moros
se están hartando de vejar a nuestras mujeres policías..."


ANTONIO BURGOS

Día 18/08/2010
QUE cuando aprovechando como siempre la debilidad del Gobierno de Madrid los moros nos forman la habitual, cíclica y recurrente pajarraca con Melilla y Ceuta, el ministro de Asuntos Exteriores ni esté ni se le espere, y ande de vacaciones. (¿Descansando de qué, se puede saber? ¿Será por la parte mora de Moratinos por lo que no da la cara, o es por la alianza de civilizaciones?).

Que la feminista profesional que pusieron de becaria del Gobierno como ministra de Igual Da esté de Belinda cuando los mentados moros se están hartando de vejar e insultar a nuestras mujeres policías en la frontera de España con Marruecos.

Llamar la cursilada de «reino alauita» a lo que toda la vida de Dios ha sido la morería del romance de Abenámar.

Los centros de interpretación de todo lo interpretable, ya que al paso que vamos necesitaremos centros de interpretación sobre quiénes se lo llevan calentito con la chorrada de los centros de interpretación.

Los presuntos músicos ambulantes que cuando estás en una terraza hablando tan ricamente con unos amigos sobre la crisis, llegan los tíos con sus acordeones y te fastidian la charlita, antes de meterte por la cara el mendicante platillo.

Las inspecciones técnicas de vehículos, vulgo ITV, pues si ya le abono un dineral a un taller de la marca por el mantenimiento de mi coche, ¿por qué debo volver a pagar a otra empresa apañada con la Administración la revisión del mismo vehículo, cuando en muchas ocasiones quienes lo hacen no tienen ni idea de los mantenimientos de las diversas marcas de automóviles, cada vez más complicados?

La posesión de los autos llamados Cuatro Por Cuatro por parte de quienes no tienen ni cortijo ni dehesa, ni actividad alguna relacionada con el campo, así que no sé para qué quieren la tracción en las cuatro ruedas en los embotellamientos urbanos.

Decir la palabra «ciudadanía», qué horror.

Llamar «restaurador» a todo vulgar cocinero que se dé un poquito de cuento para pintar la mona de la nueva cocina, de los platos cuadrados y de los camareros vestidos de luto riguroso, ¿será por la muerte de la cocina tradicional española?
Los niñatos de los coches tuneados que van con las ventanillas abiertas y con la música del superequipo a toda castaña, con el pum, pum, pum de la música tecno, y que te dejan sordo si te tocan al lado en un semáforo.

Vestir a un bebé de cinco meses con zapatillas de deporte, sudadera y vaqueros, con lo bien que están los niños de pecho vestidos de niños de pecho, no disfrazados de adultos.

La entrada a la playa al «padre comprometido» que juega con sus hijos haciéndose ver, gritando mucho, dejándose ganar por «su campeón» mientras la mamá mira plácida desde la toalla.

Los animadores de los hoteles de costa, que siempre tienen ocupada la piscina con la sesión de aeróbic acuático para las señoras precisamente cuando nosotros vamos a pegarnos un bañito antes de bajar a la playa.

El «pienso de que», el «han habido», el «sacarse la chaqueta» y tantos feísimos catalanismos que se están colando en nuestra lengua.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Más que los toros, yo prohibiría.../ Por Antonio Burgos


Más que los toros, yo prohibiría (II)


- Si quiere prohibir que los lectores me hagan los artículos
con sus aportaciones está también en su derecho -


ANTONIO BURGOS

ABC.-Día 04/08/2010

COMER pipas en los toros.

Estar en la barrera o en el tendido con el vaso de güisqui en la mano, mientras un hombre vestido de luces, con un capote o con una muleta, está allí abajo jugándose la vida con mucho arte.

La tomatina de Buñol, por maltrato vegetal. ¿Es que en España no hay vegetarianos para que protesten y presenten iniciativas de ley?
Subir a los niños chicos con una cara de miedo espantosa, que no tienen la culpa de nada los pobres, a la cima de los castillos humanos catalanes, por maltrato infantil.

El maltrato animal institucionalizado de perros y gatos en los llamados zoosanitarios municipales.

Los parques zoológicos con animales condenados sin juicio previo a prisión perpetua fuera de su hábitat.

La libertad de voto contra los toros y la disciplina de partido a favor del aborto.
Que los políticos se pasen su programa electoral por la entrepierna, es decir, por su república independiente.

Las subvenciones gubernamentales a unos sindicatos que se autocalifican de independientes, mientras la verdaderamente independiente USO está a dos velas.
Las subvenciones a un cine español que nadie va a ver, de malo que es.

Las subvenciones gubernamentales a las ONG, que paradójicamente dicen que son Organizaciones No Gubernamentales.

Los altos cargos apenas con bachillerato, que abandonaron la carrera cuando estaban en las juventudes del partido y vieron lo rentable que era vivir del carné, y que han pasado del fracaso escolar al coche oficial.

Que sea Rubalcaba por su cuenta quien dictamine los terroristas asesinos que han dejado de ser de la ETA y los que no han dejado de ser de la ETA.

Los tatuajes marineros en los brazos de los que no han visto un barco en su vida. Hombre, si por lo menos fuera el «Tatuaje» de Quintero, León y Quiroga cantado por Concha Piquer...

Las señoras en bañador en las excursiones de montaña. ¿Dónde está el mar en los Picos de Europa, se puede saber?

Los chicles que en Singapur están prohibidos y en España, repegados y fosilizados, forman parte del acerado de cualquier ciudad.

Las camisetas sin mangas, gracias a las cuales los caballeros van enseñando las sudorosas y malolientes pelambreras de sus sobacos en lugares cerrados o cogidos a la barra del autobús o del metro.

Las empresas públicas que duplican las funciones de la Administración.

Los observatorios, las mesas de seguimiento, las mesas de coordinación y las comisiones interministeriales dirigidas todas por los paniaguados ministeriales correspondientes, todos con el carné en la boca. El carné del partido que gobierna en cada sitio, faltaría más.

Los mendigos medievales exhibiendo muñones y malformaciones en las calles de nuestras ciudades de la modernidad y el progreso.

Decir «Lleida», «Girona» y «Parlament» en los telediarios en castellano.

(Y si usted quiere prohibir que los lectores me hagan los artículos con sus aportaciones, como en el presente caso, pues está también en su derecho, hombre, ¿será por prohibir?).

ABC

domingo, 1 de agosto de 2010

Más que los toros, yo prohibía... / Por Antonio Burgos


Más que los toros, yo prohibía...

"..Más que los toros, yo prohibía terminantemente esos
turistas alemanes que van con sandalias y calcetines negros.."

ANTONIO BURGOS

ABC
Día 01/08/2010
LA prohibición se lleva muchísimo esta temporada. Van camino de convertir a la España de catolicismo y patatas fritas en una de esas tristes sociedades centroeuropeas que resumía Ortega y Gasset en el protestantismo y la patata cocida, donde lo que no está prohibido es obligatorio. Enciclopedias enteras pueden escribirse con lo que han prohibido estos progres de mierda que llegados al poder se olvidaron del «Prohibido prohibir» de mayo del 68. Lo que son las cosas. Ahora no hay nada más facha que el «Prohibido prohibir». Lo progre es prohibir. Cosas absurdas.
¿Por qué han prohibido las bolsas de plástico? ¿Han ido últimamente a Carrefour? Pues no vayan, si no quieren contemplar un triste espectáculo tercermundista, por la joía prohibición de las bolsas de plástico. Las hordas compradoras llegan a sus coches en el aparcamiento con los carros llenos como si hubieran desvalijado Carrefour en el asalto de una hambruna. Y meten las cosas de comer en el maletero como si las hubieran robado. Una ordinariez. Con lo elegante que era llegar con tus siete bolsas inmaculadas y, plas, plas, ponerlas en el maletero como un señor, y no como ahora, que al salir del Carrefour parecemos mendigos recogecartones.

¿Y las bombillas de filamento? Con la luz tan buena que dan, ¿qué les han hecho las pobres bombillas de filamento a estos tíos, para que les hayan declarado la guerra? ¿Es que a una de las niñas de ZP le pegó un calambrazo gordo una bombilla de filamento, y por eso su padre se la juró a Osram? ¿Por qué el ministro Sebastián se gastó una parte importante de nuestra actual ruina en regalar a cada español una bombilla de bajo consumo?

Y de la prohibición de los toros, ni hablo. Como a mí los toros me cuestan el dinero, no quiero ser como las figuras que viven de la Fiesta, que ahora (¿ahora, hijos míos?), es cuando se han unido para protestar al Gobierno. ¿Hasta ahora no os habéis enterado de que los separatistas catalanes iban a por los toros, carnes mías? Hasta que no os han pegado la corná no os habéis mojado, so figuras. Esa valentía la quería yo haber visto antes dando la cara frente al charnego Montilla, no ahora, a toro pasado. Protestáis por la prohibición de la Fiesta como El Fandi pone sus espectaculares banderillas que entusiasman a los catetos que no saben: a toro pasado.

Cuando hay muchas otras cosas verdaderamente molestas que prohibir antes que los toros. No sé usted, pero a mí, nada más que bajo a la playa, me sale el progre que llevo dentro y me dan ganas de ponerme a prohibir cosas y no parar.

Más que los toros, yo prohibía terminantemente la entrada en España de esos turistas alemanes que van con sandalias y calcetines negros.

Yo prohibía el coñazo de la música en los chiringuitos, aunque sea chilaut. Yo prohibía a la gorda de sandía y picadillo que te planta su sombrilla al lado y monta la cena de Baltasar sobre una mesa de campimplaya.

Yo prohibía a las puretonas de senos fláccidos y desbordados que se ponen en topless, las tías. Yo prohibía las bragas náuticas de los chulos de playa.

Yo prohibía el altavoz municipal que está toda la mañana dando el coñazo con el puñetero niño que se ha perdido. Yo prohibía..................(añada aquí sus propias prohibiciones, y enviémelas a redcuadro@yahoo.es).

¿Los toros en Cataluña? Los toros en Cataluña son una tontería al lado de, puestos a prohibir, la cantidad de cosas que habría que prohibir en la playa.