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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 2 de junio de 2022

San Isidro: El aroma del toreo se paseó por Las Ventas / por Antolín Castro

Genio, gracia y sevillanía a raudales inundaron la plaza venteña, algo que quedará en el corazón, la retina y el recuerdo más imperecedero de la feria para quienes tuvieron la suerte de presenciarlo.

 El aroma del toreo se paseó por Las Ventas 

Antolín Castro
Opinión y Toros / 02 Junio 2022
Y el intérprete cabal fue un inspirado Morante de la Puebla, quien embriagó la plaza con su toreo.

Desgranó torería al tiempo que intercalaba pasajes puros con un amplio repertorio muletero. Aquello no era lo de todos los días y supo captarlo, y saborearlo, la plaza como si no hubiera un mañana.
La verdad es que habrá mañanas igual que también hay ayeres, pero esas formas de interpretar el toreo, reunido y embraguetado, sensible y apasionado, despacio muy despacio, no hay muchos coletas capaces de hacerlo, y la gran mayoría ni de pensarlo. Por eso se puede, y se debe, esperar a Morante con la fe de quien piensa que los milagros existen.

La felicidad no fue completa por culpa del uso de la espada y la cruceta. La primera por defectuosa a pesar de volcarse sobre el morrillo con la clara intención de no fallar y el descabello por acertar al segundo intento. La locura extendida por la plaza durante la faena, tuvo ese tiempo de relajo para pedirle solo una oreja.

No faltaron los bellos naturales a pies juntos

Nunca una vuelta al ruedo fue más despaciosa, como su toreo, recogiendo todo tipo de prendas y reflejándose en el rostro de Morante la alegría por haber hecho felices a tantos, empezando por él mismo. No fue la obra perfecta porque para los artistas la perfección no existe, el arte no tiene principios ni finales, tiene sensaciones que transmitir y eso es lo que, sin duda, se sintió en los tendidos con la muy personal tauromaquia del de la Puebla.

Genio, gracia y sevillanía a raudales inundaron la plaza venteña, algo que quedará en el corazón, la retina y el recuerdo más imperecedero de la feria para quienes tuvieron la suerte de presenciarlo.

La tarde no solo fue eso, los toros mansurrones y abantos de Alcurrucén, permitieron después en la muleta que la terna pudiera poner en práctica sus distintas maneras de dictar sus lecciones. Y lo hicieron, aunque el resultado no fuera el mismo para ellos, a salvo el uso de los aceros donde quedaron muy igualados… pero en mal.

El peor en ese uso de la espada fue el que normalmente asegura su ejecución con su famoso julipié, esa forma descarada de irse de la cara del toro, echarse a un lado y clavar a toro pasado. No fue su día y quizá por ello perdió un trofeo que sus muchos seguidores ya tenían pensado pedir en su primero. Faena de muchos pases encadenados para hacer bramar a los tendidos, muy en Juli, cosa que es posible cuando hay toro que embiste cinco veces seguidas. Con el quinto, que no embistió tan de seguido, esa técnica ya no fue posible y la labor se diluyó como un azucarillo.

Ginés Marín está a mitad de camino de ser pegapases, queriendo ser artista. Y en esa constante disposición, a una cosa y otra, aparece de vez en cuando un lance o muletazo bello, mezclado con cualquier gurripina de tercera. Se empeñó en sacarle pases, muchos, al aquerenciado sexto y casi nos tienen que sacar de la plaza con el búho, ese autobús nocturno para los trasnochadores de Madrid.

La tarde fue, es evidente, de Morante, pero los seguidores de los otros espadas pudieron salir satisfechos también con lo que les ofrecieron.

Dos detalles, al margen del propio toreo, hay que destacar en la tarde: La presencia del Rey Felipe en el palco para presenciar, una vez más, la corrida de la Beneficencia. No tendrá queja del cariño que le mostró el público. A pocos sitios puede ir donde se le ovacione de esa manera. Debería venir más. Los espadas le brindaron sus primeros toros.

Por otro lado, también estuvo presente en un burladero del callejón, Emilio de Justo, quien sufrió el tremendo percance el domingo de Ramos y que le obliga a llevar un aparatoso corsé. El Juli, su sustituto en el día, le brindó su segundo toro. Nos alegró ver al cacereño de nuevo en la plaza, aunque fuera de paisano.

Mientras salíamos del coso, observamos como algunos querían torear a lo Morante… eso sí, sin toro. Esas son las cosas del toreo, todos quieren ser artistas por un día mientras explican lo visto.

Corrida Beneficencia de Madrid: Inspiradísimo Morante / por Antonio Lorca


El Rey saluda al público al inicio de la corrida de la Beneficencia; a su derecha, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y a su izquierda, Antonio Bañuelos, presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia.

Inspiradísimo Morante

--El sevillano cortó una oreja tras una emotiva faena a un nobilísimo toro de Alcurrucén, en presencia del Rey Felipe VI

Antonio Lorca
El País / Madrid - 1 Junio 2022
Ahí donde lo ven, Morante de la Puebla no sabe todavía lo que es salir a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas; misterios de la tauromaquia y del propio torero, tan genial como irregular en su ya larga trayectoria.

Pero este miércoles ha podido ser. Seguramente, nunca la tuvo tan cerca. Ya se veía salir a hombros hacia la calle de Alcalá cuando se perfiló para matar, la espada cayó tendida y baja, y necesitó dos golpes de descabellos, y el cielo se esfumó.
Pero quedó sobre la arena y la plaza entera el aroma de la obra de un torero genial, capaz de entrar en trance, embriagarse de sensibilidad y arrebatar a una multitud con pinceladas de un orfebre en estado de gracia.

Ese toro cuarto fue un manso como toda la corrida ―el primero no tuvo un pase― que no le permitió a Morante lucimiento alguno con el capote; obedeció sin entrega en el segundo tercio, pero cuando el animal vio al torero muleta en mano, humilló la cabeza y con el buen son de un toro de carril persiguió el engaño con la templanza justa para que el artista pudiera ir desgranando bellas páginas de su personalísima tauromaquia.

La faena fue larga e intensa. Comenzó con unos ayudados por bajo y por alto, cerrados con el obligado de pecho; seguidamente, se echó la muleta a la izquierda y fue intercalando naturales con la tela arrastrando por la arena, derechazos extraordinarios y perfectamente ligados con largos pases de pecho, cambios de manos primorosos, molinetes, trincherillas, naturales de frente, otros a pies juntos, y todo ello en un batiburrillo en apariencia largo y desordenado, pero que se conjuntó como un puzle inesperado y muy grato para los sentidos.

La faena fue emotiva, inspirada, la obra de un artista que sacó su alma y la puso a torear. Y fue larga, pero quedará en el misterio si es que Morante se emborrachó de toreo y pretendía estar allí toda la noche, o es que él mismo no estaba contento con el desarrollo de su labor.

Lo cierto es que maravilló a los tendidos, extasiados ante la marabunta de detalles excelsos del torero embriagado de arte.

Morante de la Puebla da la vuelta al ruedo tras cortar una oreja al cuarto toro de la tarde.RODRIGO JIMÉNEZ EFE

¿Y el toro?

Otro artista de los grandes. No se puede embestir mejor que lo hizo Pelucón, con más fijeza, con más ritmo y dulzura; el toro perfecto para Morante de la Puebla. Nada que ver con los encastados, fieros y exigentes de otros días. Pero ese es el toro necesario para un artista como Morante, que ha protagonizado, quizá, su mejor tarde en Madrid hasta que montó la espada y la firma emborronó la creación.

Otro que pudo haber cortado un trofeo fue Ginés Marín, entregadísimo ante el muy manso sexto, que huía de su sombra. Consiguió retenerlo y obligarlo a embestir en una faena plena de intensidad por el compromiso y el valor demostrados por el torero. La estocada no fue perfecta y el animal se resistió a morir; y entonces se equivocó Marín, porque en lugar de descabellar decidió esperar, sonaron dos avisos y se esfumó la posibilidad de un trofeo. Nada pudo hacer ante su primero, tan manso como desfondado.

Y se supone que El Juli, que sustituía a Emilio de Justo, venía a por todas, pero se quedó a medio gas. Mató mal a su primero al que le hizo una faena salpicada de buenos detalles sin redondear en una labor compacta, al igual que le sucedió en el quinto, otro toro manso y noble, con el que estuvo bien, pero sin emocionar.

Brindó ese quinto a De Justo, presente en un burladero del callejón, quien recibió una gran ovación.

Alcurrucén/Morante, El Juli, Marín

Toros de Alcurrucén, desiguales de presentación, mansos, muy nobles y con escaso fondo; deslucido el primero y con buen son en el tercio final el cuarto.

Morante de la Puebla: tres pinchazos, pinchazo hondo, media y dos descabellos (silencio); estocada tendida y caída y dos descabellos (oreja).

El Juli: pinchazo, casi entera caída y dos descabellos (ovación); pinchazo, media tendida, media tendida y caída, pinchazo, estocada y un descabello (silencio).

Ginés Marín: estocada trasera aviso y dos descabellos (ovación); estocada caída aviso_ _2º aviso_ (ovación).

Plaza de Las Ventas. 1 de junio. Corrida extraordinaria de Beneficencia. Vigesimoquinta de la Feria de San Isidro. Asistió el Rey Felipe VI desde el palco real, que fue recibido con una clamorosa ovación al finalizar la interpretación del himno nacional. Los tres espadas le brindaron sus primeros toros. Lleno de ‘no hay billetes. (22.964 espectadores, según la empresa)

Emilio de Justo, reconocido madridista, disfrutó de la celebración


El torero se recupera de manera satisfactoria tras la cogida sufrida en Madrid el Domingo de Ramos. Sufrió una fractura de las vértebras C1 y C2 y una fisura en la base del cráneo.

El diestro extremeño estuvo cerca de los jugadores del Real Madrid en el Ayuntamiento

Emilio de Justo, reconocido aficionado del Real Madrid, disfrutó de la fiesta blanca tras conquistar la Champions en París. El diestro extremeño estuvo cerca de los jugadores para felicitarles por una temporada sensacional en la visita al Ayuntamiento.

De Justo ya estuvo presente en el partido de vuelta de cuartos de final en el Bernabéu frente al Chelsea. La afición blanca tuvo un precioso gesto con el torero extremeño desplegando una pancarta que rezaba: "Emilio de Justo, ánimo maestro".

El torero se recupera de manera satisfactoria tras la cogida sufrida en Madrid el Domingo de Ramos. Sufrió una fractura de las vértebras C1 y C2 y una fisura en la base del cráneo.

Emilio de Justo ha señalado que "quedan meses de mucho esfuerzo, trabajo y sacrificio para poder volver al máximo nivel y recuperado".

Además, ha agradecido "las numerosas muestras de cariño y fuerza" que le han llegado de "profesionales, aficionados y amigos" que "ayudan a que se afronte todo esto con más fuerza e ilusión".

miércoles, 1 de junio de 2022

El lado bueno de la historia Juan Manuel Rodríguez



El lado bueno de la historia

Madrid, 1 Junio 2022
Hoy he vuelto a escuchar la respuesta de Courtois que ha levantado tantas ampollas entre los colchoneros, la del famoso lado bueno de la historia. Es una respuesta puesto que el portero belga del Real Madrid no se sienta delante de los medios de comunicación y de repente, y sin venir a cuento, dice que ahora se encuentra en el lado bueno de la historia sino que su contestación es fruto de una pregunta que alguien le hace. Del mismo modo que a mí no me dice de forma improvisada que mi madre puede estar tranquila porque las va a parar todas, tampoco habla del lado bueno sin venir a cuento sino que, insisto, su respuesta es fruto de una pregunta. De modo que, para saber a qué vienen y por qué esas palabras de Courtois, sería bueno saber antes qué se le preguntó, ¿verdad?

La pregunta se la hace a Courtois un periodista del diario Marca que se llama Mario Cortegana y es, textualmente, la que sigue: "Tú que hablas muy claro, si echas la vista atrás, si recuerdas aquella final de Lisboa, sabes lo que es enfrentarte al Real Madrid, estar en el otro lado, ¿qué crees que estarán pensando hoy, esta noche, en la habitación antes de dormir los jugadores del Liverpool cuando miren al Real Madrid y la leyenda de las trece Champions, qué pensarán?"... De modo que el periodista le pregunta a Courtois sobre qué cree él que estarán pensando los jugadores del Liverpool, que es el equipo rival del Real Madrid en la final de París. Y sobre esto que le preguntan a Courtois, y no sobre cualquier otra cosa que nos hayamos inventado los demás, o sea sobre lo que él cree que estarán pensando los futbolistas del Liverpool de la leyenda del Real Madrid, es sobre lo que responde. Y Courtois responde textualmente esto otro: "Bueno, al final yo creo que ellos ya jugaron una final contra el Madrid en 2018. Yo creo que es diferente para mí obviamente, si te enfrentas al Real Madrid sabes que ellos cuando juegan una final la ganan y por eso creo que ahora estoy en el lado bueno de la historia". O sea, Courtois no responde a ninguna pregunta que tenga que ver en absoluto con el Atlético de Madrid, que no pinta nada en la rueda de prensa anterior a una final de Champions entre Real Madrid y Liverpool, sino que, haciendo referencia a la final de 2018 y no a otras finales, él responde que cree que los futbolistas del Liverpool piensan que el Madrid gana las finales y, puesto que el Madrid gana las finales, él añade que ahora está en el lado bueno de la historia. La palabra Lisboa sólo aparece una vez y no es en la respuesta sino en la pregunta.

Esta respuesta de Courtois acerca de lo que él cree que estarán pensando los futbolistas del Liverpool ha provocado que la Unión Internacional de Peñas del Atlético de Madrid exija que se le retire al portero belga la placa que tiene en el Wanda Metropolitano, que el alcalde atlético de la ciudad de Madrid llame la atención en público al jugador aprovechando la visita del Real Madrid al Ayuntamiento con motivo de la celebración de La Decimocuarta, que el presidente del Atlético de Madrid diga a la salida de una comida que si alguien quiere quitar la placa de Courtois vaya con un pico y una pala y la quite, que un vándalo haya ido efectivamente al estadio con un pico y una pala y la haya quitado y que hoy el Atlético la haya vuelto a colocar. Este lío se ha montado de un modo absolutamente artificial porque ni el presidente de la Unión Internacional de Peñas del Atlético de Madrid (a quien, por cierto, no oí afear la conducta de ese seguidor colchonero que, megáfono en mano, insultó a Lunin aprovechando la invasión rusa de Ucrania) ni el presidente del Atlético de Madrid (quien, por cierto, justificó que su club no le hiciera el pasillo al campeón de Liga para no enturbiar las relaciones entre ambas aficiones) ni por supuesto José Luis Martínez- Almeida (a quien, por cierto, no escuché decir nada cuando un grupo de violentos insultó a Peter Federico por el color de su piel), ninguno de ellos han oído la pregunta del periodista y mucho menos la respuesta de Courtois. ¿Y por qué no la han oído? Muy fácil: porque no les interesa hacerlo.

Sin intención de criminalizar a nadie salvo, por supuesto, a los criminales, conviene recordar que en 2019, sin que Courtois hiciera nada ofensivo salvo fichar por el Real Madrid, la placa del portero belga ya apareció inundada de fotos de ciervos, vasos de plástico vacíos, latas de cerveza, un par de ratas y me atrevería a decir que orín de procedencia probablemente humana, así que supongo que si a Courtois se le hubiera ocurrido decir efectivamente lo que no dijo, o sea que ahora está en el lado bueno de la historia y no en el malo, que representa el Atleti, al futbolista habría que incluirle en la lista de testigos protegidos, sacarle de España con otro nombre, cambiarle la cara y ponerle a salvo cuanto antes.

El Atlético de Madrid no va a dejar de tener el problema que tiene por muchas vueltas que le demos, muy pronto que nos levantemos y muy tarde que nos vayamos a la cama. El problema del Atlético de Madrid es la violencia que, usurpando su nombre y utilizando el fútbol como coartada, emplea una minoría de seguidores suyos que están localizados. Ellos sí que están en el lado malo de esta historia, los cuatro radicales que agredieron el otro día a dos camareros de los locales Casa García y El Ruedo y en otro bar trataron de robar la cabeza disecada de un toro sí que están en el lado malo. Uno de los empleados agredidos, de 26 años, podría perder la visión de un ojo. Al alcalde de Madrid, que también es el alcalde de los madridistas, incluso de aquellos que no le hayamos votado ni tengamos pensado hacerlo en el futuro, le he oído reprender a Courtois en público por unas declaraciones que se han malinterpretado pero no le he escuchado denunciar a los vándalos que lincharon a dos chavales por el motivo de que Vinicius acababa de marcar un gol.

Courtois fichó por el Real Madrid después de tirarse siete años jugando en el Chelsea, siete. Marcos Llorente, por ejemplo, pasó del Madrid al Atleti y, aunque en el Bernabéu no hay placas que orinar, a nadie le importó lo más mínimo, al madridismo le dio absolutamente igual. Y, por cierto, no condenar todo lo que está pasando en ese club histórico, mirar hacia otro lado, hacerse el sueco o tratar de esquivarlo apelando a la milonga de que el Atleti molesta o no se le puede entender supone, en el fondo, justificar que se rieran de Lunin, insultaran a Peter Federico llamándole negro o un bobo haya ido de madrugada al Metropolitano a arrancar la placa de un futbolista. Y con respecto al Liverpool, que sólo tiene 6 Copas de Europa y que ha perdido con el Madrid las dos últimas finales, por supuesto que Courtois está en el lado bueno de la historia, el lado de la historia en el que se gana en vez de perder. La piel fina, queridos, para cuando un indigente mental le grita a un chaval "Tú aquí jugando y tu país llorando". A ese no habría que retirarle la placa, no, sino el carnet de socio. Pero eso nos lo tomamos con más tranquilidad si os parece.

San Isidro'22. Corridón de Escolar para Chacón, Lamelas y un Gómez del Pilar con oreja al mando, el riesgo y la firmeza que deja en chiste malo la cantada faena del pobre Julián al 47 de La Quinta. Márquez & Moore

Gómez del Pilar y Vinatero

Y cuando decimos auténtica corrida de toros eso quiere significar una corrida que, vista desde la localidad, te lleva a pensar que no hay dinero ni oro en el mundo que te pueda hacer abandonar la seguridad de la localidad y estar ahí abajo. La clave está, justamente, en la casta. Ella es la que hace intratables a los toros, la que les confiere una imprevisibilidad que te obliga a estar fijándote en todos los acontecimientos que van pasando y a no apartar la vista de lo que ocurre en el ruedo en cada momento.

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
En la parte de arriba de la Puerta Grande o gatera grande de Las Ventas hay un cartel hecho con azulejos en el que puede leerse: “PLAZA DE TOROS”. Podría poner “Plaza de cabras” o “Plaza de material artístico para espíritus sensibles” o “Plaza de bóvidos colaboracionistas”, pero no pone eso, porque esos nombres a nadie le incitarían a ingresar por esa puerta, sino más bien a salir huyendo de allí. Bien es verdad que la mayoría de los días lo que sale por las puertas de chiqueros se adecúa bastante más a esas categorías que a lo que alude el referido cartel de azulejos, pero eso no quita que un buen día, como cosa extraordinaria, ese cartel cobre plena vigencia y tengamos ante nosotros, en la Plaza de Toros, una auténtica corrida de toros. Y cuando decimos auténtica corrida de toros eso quiere significar una corrida que, vista desde la localidad, te lleva a pensar que no hay dinero ni oro en el mundo que te pueda hacer abandonar la seguridad de la localidad y estar ahí abajo. La clave está, justamente, en la casta. Ella es la que hace intratables a los toros, la que les confiere una imprevisibilidad que te obliga a estar fijándote en todos los acontecimientos que van pasando y a no apartar la vista de lo que ocurre en el ruedo en cada momento.

Hoy en Las Ventas no hubo “Vivespañas” porque no había lugar al aburrimiento de cada tarde que es el que dicta esos exabruptos, hoy no hubo borrachuzos vocingleros, hoy no hubo el tedio de tantas tardes porque el ruedo estaba poblado por el Toro, con mayúsculas, el dios primigenio y genésico, el tótem de la cultura del Mediterráneo, el jabonero Zeus que se llevó de picos pardos a Europa, el guardián fabuloso de las puertas de Khorsabad, la corniveleta deidad de Costich. Anacronismo de los toros que demandan toreros machos en vez de posturas, con la promesa firme de la cornada en cada una de las embestidas, con constantes miradas petrificadoras, con el libre albedrío de hacer lo que les da la gana, sin someterse al dictado del hombre salvo cuando el hombre se juega las femorales y les vence a base de arrojo. Emoción a raudales protagonizada por el toro en cada momento, en cada turno de esta exposición de motivos apabullante, de los motivos de la casta y de la raza, pero también de la irrenunciable opción ganadera por la independencia, por mandar en su propia casa sin amoldarse a modas ni a dictados, y el que tenga redaños y se atreva, que venga a medirse con ellos.

Desde que salieron los carteles de la Feria, la de Pepe Escolar es la única corrida que de verdad nos ilusionó y, desde luego, no ha defraudado las expectativas, y eso que al salir el primero, Camisero, número 60, comenzó la mosca a rondar detrás de la oreja por la cosa de que no andaba sobrado de energías y de que presentó cierto aire humanitario en su trato con los toreros. Bien mirado este toro se seleccionó muy bien para abrir Plaza, porque hizo como si dijéramos de transición entre lo de todos los días y lo que estaba por venir.

Verdaderamente las hechuras impecables del Escolar y su seria cabeza, mandaban la señal de “peligro indefinido”, aunque sus modos ante capote y muleta fueron menos desabridos que lo que se podía esperar. También es verdad que éste es el único del encierro que no era de capa cárdena, que ya estamos hartos de repetir que estos negros proceden de lo ibarreño, y que qué pocos negros hemos visto en Victorino, en Adolfo o en Escolar que nos hayan dejado huella imborrable. Muy solvente estuvo Octavio Chacón con el capote y dejó perfectamente fijado al toro frente al rocoso penco desde cuya altura imperaba Santiago Pérez. En banderillas le puso los pitones en el pecho a Juan Rojas y en el último tercio presentó una cara más afable que la que traerían los que vendrían detrás de él. Chacón trasteó por la derecha y por la izquierda una y otra vez sin decir gran cosa hasta que decidió acabar con aquello y sus fatiguitas le costó, que lo del acero se ve que le cuesta.

La cosa cobró ya otro nivel cuando salió Arbolario, número 39, y empezó a dictar su ley en banderillas y a poner obstáculos a Alberto Lamelas, que era su matador y que opuso estupendamente su toreo de capa a los ímpetus del toro. Tras un quinario de los banderilleros, tocaron a muerte y ahí que se fue Lamelas con su muletilla a vérselas con Arbolario que no estaba dispuesto a regalarle nada. Comienza por la derecha metiendo al toro en su discurso con las naturales prevenciones y luego se cambia la mano a la zurda, pero el toro había cantado en banderillas que por ese lado no quería fiesta y le pega una colada de las de curar la alopecia que no arredra al matador, porque continúa su labor insistiendo sobre esa mano, a despecho de que el toro siempre remata el muletazo a la media altura y enterándose. Vuelve a la derecha y, a base de coraje, va metiendo al toro en su plan basado en la firmeza. Bien Lamelas con este toro.

Gómez del Pilar se cruza la Plaza y se planta frente a chiqueros, se pone de rodillas, hace unos gestos cabalísticos y se apresta a que salga Milagroso, número 55 y ocurra el milagro de que no le pegue una cornada. Gómez del Pilar se tira al suelo, el toro pasa y de pronto contamos en el ruedo a 11 personas vestidas de oro, plata o azabache de las 12 que había de servicio. Lo siguiente que recibe el torero, una vez repuesto del susto, es una espeluznante colada que indica a las claras que el toro se ha orientado y ya sabe cómo funciona el lío ese de las telas y la persona que hay detrás. Milagroso tiene la seriedad de un fraile dominico O.P. y unas intenciones de muy mal grado. Pasemos de puntillas por la cosa de las varas, que hoy es el día que tenían que haber estado picando Bernal e Iturralde en vez de lo que trajeron. Lo mismo que sus hermanos, creó problemas a los de las banderillas. El toro mete un miedo descomunal por su manera de mirar al torero y por su embestida descompuesta y calculada, pero Gómez del Pilar no tiene prisa y comienza a labrar al toro con gran claridad de ideas y mucha firmeza, primero con la derecha y en seguida con la izquierda, poco a poco va armando su tinglado. El toro sólo admite dos muletazos y en el tercero siempre avisa. Dos naturales de muchísimo cuajo son el preludio de la casi esperada cogida, en la que el toro lanza por los aires al matador como una pluma. Vuelve Gómez del Pilar a la tarea con la derecha y de pronto el toro vuelve grupas para huir, dándose por vencido. Es una gran faena de Gómez del Pilar basada en el mando, en el riesgo y en la firmeza que le vale una oreja de las de verdad, de las que se recuerdan cuando pase el tiempo.

Vuelve Chacón a demostrar su solvencia capotera sacándose de manera limpísima a Castellano I, número 37, hasta los medios sin recibir un solo trompicón en su capa. Otro olvidable tercio de varas y otro examen de todo el temario en banderillas dan paso a la cosa de la muleta. El toro no tiene la violencia del anterior pero tampoco regala nada porque ignora el significado del verbo “humillar”. Es un toro de una gran dificultad para estar frente a él y, visto lo visto en el primero, no está Octavio Chacón como para darle la fiesta que el bicho demanda.

El segundo de Lamelas atiende por Palomito, número 70, es un toro muy serio, puro trapío. Lo único bueno en varas de toda la tarde lo vimos en este toro, la eficaz labor de Antonio Prieto no pasó desapercibida del respetable, que no le cicateó aplausos al piquero. El primero de Lamelas tuvo su miga, pero éste auguraba en sus modos una incertidumbre tal que ponía muy cuesta arriba estar frente a él. La impresión que dio, sinceramente, es la de que Lamelas consideró que el esfuerzo que hizo en el primero le justificaba la tarde y que no estaba dispuesto a pasar más padecimientos, por lo que anduvo rondando al toro sin meterse verdaderamente en ese jardín prohibido y, cuando estimó que el tiempo se había cumplido, se puso a ver cómo le mataba, que le costó lo suyo.

Por segunda vez y ante la estupefacción de todos, Gómez del Pilar se vuelve a cruzar la Plaza para plantarse de rodillas frente a la puerta del chiquero por la que va a salir Vinatero, número 62. Esta vez el cántaro se rompió en forma de cornada que lleva al torero a las manos de Padrós y ofrece a Octavio Chacón la oportunidad de lidiar un tercer Escolar con el que no contaba, aunque no pareció que el regalo le hiciera mucha ilusión. De nuevo Chacón vuelve a mover la tela del capote de manera perfecta. Vestido de manera indescriptible, gris plomo y azabache con unas hombreras descomunales, Ángel Otero se apresta a banderillear a la prenda de Vinatero en la que es su primera intervención en la Feria y deja dos pares que si el primero fue de pura exposición, el segundo fue un milagro que se puedan clavar unas banderillas en un toro que se te echa encima con esa violencia, totalmente a favor de la querencia del toro hacia tablas. Impresionante. Pura torería de un Ángel Otero, que podría haber ido de banderillero en la cuadrilla de Lagartijo si hubiese vivido en esa época, en los mejores pares de banderillas que se han visto en la Feria, con el público ovacionándole largamente y puesto en pie. Después de esos intensos momentos Chacón aprovechó que el toro no pasaba, esperando su ocasión arteramente para ver si le echaba mano al torero para justificar la nada que hizo frente al de Escolar. El toro demandaba lidia en los pies, quebrantarle por bajo y hacerle sufrir, algo que acaso hoy ya nadie sepa hacer. Toro para Domingo Ortega, aventura el aficionado R., pero el de Borox lleva apartado de los ruedos 68 años. En tardes como ésta se echa siempre de menos a esos toreros “poderosos” que demuestran su poder invariablemente con toros a los que no hay que poder. Tardes como ésta, con la faena a sangre y fuego de Gómez del Pilar al tercero, dejan en chiste malo la cantada faena –incluso por quien esto firma– del pobre Julián al Gañafote, número 47, de La Quinta.

Con los del Tío Pichorrongo quiero verte, Julián. ¡Gracias, ganadero!



ANDREW MOORE




Pura torería de un Ángel Otero, que podría haber ido de banderillero en la cuadrilla de Lagartijo si hubiese vivido en esa época, en los mejores pares de banderillas que se han visto en la Feria, con el público ovacionándole largamente y puesto en pie.


LO DE CHACÓN





LO DE LAMELAS





LO DE GÓMEZ DEL PILAR











FIN

San Isidro: Combate épico entre Gómez del Pilar y un albaserrada de Escolar Gil / por Jean-Charles Olvera

Combate ganado por Gómez del Pilar a su primer albaserrada

Fue un combate épico no apto para cardíacos que nos regresó a nuestro imaginario en una época remota de míticos héroes humildes. Así se tiene que comprender también la ovación que recogió Milagroso, el otro combatiente, tras ser arrastrado y que puede que no fuese del agrado de todos, más acostumbrados a los Garcigrande.

Combate épico entre Gómez del Pilar
 y un albaserrada de Escolar Gil

Jean-Charles Olvera - España
Opinión y Toros / 01 Junio 2022
Emocionante e impactante combate se vivió desde la salida de Milagroso, tercer toro de José Escolar, hasta el estoconazo final que le propinó Gómez del Pilar.

Se presentó de rodillas el diestro madrileño para recibir al albaserrada a portagayola que, como buen pegajoso, volteó directo a por el capote del valiente y dio un salto que evitó milagrosamente una herida al torero. El toro tenía el mismo peligro sordo de sus hermanos, exigiendo seriedad y serenidad. Fue también el único de la tarde que permitía hilvanar pases firmes, algo que el matador comprendió y que le permitió poco a poco tomar confianza.

Cargó la suerte Gómez del Pilar sin inmutarse, aunque le mirase fijamente el cárdeno. Presentó muleta a cuerpo limpio y sin ningún artífice, metiéndose en los terrenos complicados del toro y de la verdad. Se jugó literalmente la vida frente a tanta dificultad que resolver, acabando el diestro por mandar en esta pelea trágica, en ruedo transformado por momentos en cuadrilátero. Rompió definitivamente con tres naturales largos que pusieron piel de gallina y que fueron jaleados con fuerza desde los tendidos más cercanos. Frente a tanta autenticidad con la zurda, Milagroso se fue directo al torero en el 4º pase, propinándole una espectacular voltereta afortunadamente sin consecuencias. Se levantó el torero medio groggy y el cárdeno subyugado por tanta casta, decidió abandonar el combate por KO, rajándose este Escolar Gil yendo directo a su querencia en tablas, como pidiendo que le tiren por fin la toalla.

Así le señaló un Gómez del Pilar exhausto y adolorido yéndose a buscar la espada con la cual remató faena con una estocada certera. Obtuvo una clamorosa petición de oreja que hasta el palco no dudó en dársela rápidamente. Un trofeo de peso.

Fue un combate épico no apto para cardíacos que nos regresó a nuestro imaginario en una época remota de míticos héroes humildes. Así se tiene que comprender también la ovación que recogió Milagroso, el otro combatiente, tras ser arrastrado y que puede que no fuese del agrado de todos, más acostumbrados a los Garcigrande. Guste o no la exigencia absoluta que imponen estos albaserradas, siempre habrá un público afín a estos combates de verdad y no a la danza con borregos, y una afición fiel que seguirá este tipo de ganadería, muy lejos del aburrimiento pesado y desastre ganadero que sufrimos en tantas otras tardes en este mismo coso.

Su segundo albaserrada ganó el combate siguiente

Al último de la corrida, Gómez del Pilar se fue nuevamente a portagayola a por todas, pero sin la misma suerte. Fue prendido en el glúteo izquierdo con 20 centímetros de cornada que contusionó el nervio ciático y la femoral, siendo transportado a un hospital capitalino con pronóstico grave. Una lástima pues tenía la afición entregada.

Fue una muy digna actuación como también la tuvieron, con menos suerte y matices, sus dos compañeros, Octavio Chacón (necesita rectificar el reiterado problema que tuvo con la cruceta) y Alberto Lamelas, serios, que lidiaron con mucho oficio lotes de toros pegajosos, tobilleros y de cortas embestidas.

Imposible resultó el peligrosísimo último que hirió a Gómez del Pilar y con el cual se las vio Octavio Chacón sin perder papeles, al que, eso sí, le puso dos inmensos pares de banderillas Ángel Otero, como en su gran época, cuando banderilleaba esos toros así en Ceret. Ovación de pie para este gran torero de plata.

Gómez del Pilar se las verá nuevamente con los toros de Escolar Gil la próxima semana, Lunes de Pentecostés, en la plaza torista francesa de Vic-Fezensac, esa otra plaza de toros que acoge y reconoce estos toreros y héroes humildes, cómo lo hizo también esta tarde Las Ventas.

Y algo me suena que no será una cornada de 20 centímetros de pronóstico grave la que impedirá a Gómez del Pilar hacer ese paseíllo en ese ring galo, dar la cara y proponer un nuevo y épico combate con otro albaserrada.

La batalla de Madrid / por Jorge Arturo Díaz Reyes

 Gómez del Pilar. Fotograma: Plaza Toros TV

Ante un feroz encierro de José Escolar, Gómez del Pilar corta oreja y es corneado. Lámelas ovacionado y Chacón triplemente silenciado.

La batalla de Madrid

Jorge Arturo Díaz Reyes
Cali, V 30 2022
Madrid, 24ª San Isidro

Fue una tarde que olió a hule de principio a fin. Seis toros cinqueños, 567 kilos promedio, con mucho trapío, puntas, fiereza y genio santacolomeño, mantuvieron en vilo la plaza, siempre al filo de lo trágico. Frente a ella, una decidida terna, veterana , con muchos años de alternativa y en edad madura echó los restos. 

El madrileño Gómez del Pilar cogido por el tercero, tras cortarle la oreja, contestó a la pregunta sobre los riesgos asumidos: “Aquí hay que venir a morir”. Pudo haberlo logrado. Recibió sus dos toros a portagayola siendo arrollado por uno y cogido y corneado por el otro que lo mandó a la enfermería. Pero es que durante la lidia del primero también fue cogido, sin que perdiera nada de arrojo.

“Milagroso” se llamaba. Después del espeluznante recibo se pegó una colada en el segundo lance que anunció venir por todo. Se fue contra el caballo de Pepe Aguado empujando con furia y luego emboscó a los banderilleros Candelas y Cebadera que se la tuvieron que jugar completa en pares ovacionados. Brindis a un ganadero hospitalario, y con una serié de pitón a pitón llevó el duelo a los medios, donde cuatro derechas muy apostadas, uno de pecho y una trinchera, marcaron la pauta. Incertidumbre, aguante. Gañafón, firmeza. Miradas, cruce. Así transcurrió la pelea. Las acometidas codiciosas y el riesgo transmitían esa emoción sórdida de la vida jugada en el vuelo de la muleta, y forzaban la ovación. En la postrera tanda de naturales, al dar el quinto vino la presentida cogida. Faena larga, sonó el aviso tan pronto la espada entró hasta los gavilanes en un volapié frentero. La oreja cobrada con alto precio y la ovación al arrastre.

Con media Puerta Grande abierta, se fue a la de los sustos para recibir el sexto, que fue un auténtico marrajo, se puso de rodillas para la larga cambiada el toro le apunto tan solo verlo, se le vino encima como un gato, le tiró al aire le clavó el pitón en el glúteo derecho y le mandó a cirugía en medio de una plaza impresionada que había intuído la sangre toda la corrida. 

Octavio Chacón se hizo cargo, lanceándolo para ponerlo a disposición de Santiago Pérez quien le atizó dos duras varas. Entonces banderillearlo pareció imposible, esperaba emboscado, y surgió la torería de Ángel Otero en dos pares que pusieron la plaza en pie haciéndole saludar. Lo demás fue no pasar, revolverse, e ir al bulto, una y otra y otra vez. El curtido cabeza de cartel pidió la espada de verdad que rebotó dos veces. Entonces pidió la cruceta y tras diez golpes sin efecto, el avieso “Vinatero” dobló por su cuenta. Con los otros dos estuvo en lidiador con alterna fortuna y también desatinado con la espada. Cuatro pinchazos y siete descabellos al primero y pinchazo al cuarteo, media estocada ineficaz y descabello al cuarto. Lo cual le privó de reconocimientos.

Alberto Lámelas, tragó y tragó al reverendo unipase, con fe de carbonero, pese a que por momentos lució aperreado. No se rindió ante los 601 kilos de mañas y sangre Santacoloma, que habían empujado duro en las dos varas de David Prados. Se lo había brindado a la plaza mediollena. Dele y dele, cruce y cruce, hasta que logró meterlo en cintura con dos tandas de alto valor. La estocada delantera y caída, simultánea con el aviso, ganaron saludo en el tercio. El quinto regalito, con el que Antonio Prieto había sido ovacionado en varas, por poco se la va vivo.  Tres en hueso, siete crucetazos, dos avisos ¡Uff!

No fue tarde para protestas, mofas ni ocurrencias exhibicionistas. El público vivió la batalla con obligado respeto (pavor) porque la muerte rondaba.  

FICHA DEL FESTEJO

Martes 31 de mayo 2022. Madrid, Plaza de Las Ventas. 24ª de San Isidro. Sol y calor. Más de media plaza. Seis toros de José Escolar, cinqueños, bien presentados con genio y poca fuerza. 

Octavio Chacón, silencio tras aviso, silencio y silencio en el que mató por Gómez.

Alberto Lámelas, saludo tras aviso y silencio tras dos avisos.

Gómez del Pilar, oreja y cornada.

Incidencias: Gómez del Pilar corneado en el primer lance por el 6º pasa a la enfermería. Saludó Ángel Otero tras parear al 6º.