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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 4 de agosto de 2018

Colombinas en Huelva. Morante más genial que nunca y gran revelación de David de Miranda / por J. A. del Moral



Se cumplió el dicho gitano: “Las grandes cosas jamás tuvieron buenos principios”. Y así fue ayer en Huelva. No importó el sofocante calor, si a caso lo notamos mucho durante la lidia de los dos primeros toros de Juan Pedro Domecq, absolutamente inútiles por su progresiva invalidez. Tan solo degustamos brevemente el buen recibo por verónicas de Morante al toro que abrió plaza. José María Manzanares solamente pudo medio esturarse al final de su labor frente al segundo, muerto tras una impecable estocada del alicantino… Y cuando ya nos habíamos mentalizado por lo que pudiera ocurrir en lo que quedaba de festejo, asistimos asombrados a la gran revelación o mejor decir al descubrimiento de un torero con buena plata, hechuras sensacionales y las maneras propias de un posible gran torero, David de Miranda – apunten su nombre -, del excelente tercer toro de Juan Pedro.


Pero el cuarto, de nombre “Marc”, resultó aún mejor. Un toro para cantarlo en latín desde que salió hasta que murió. Morante de la Puebla lo exprimió hasta pasarse de metraje, llevando a cabo una de las mejores labores de su vida, tanto con su sensacional capote – un asombroso recital por verónicas – como con la muleta en una faena realmente genial, también otra de las más completas y repajoleramente concebidas de cuantas ha llevado a cabo a lo largo de su ya larga vida. 


Un Morante quintaesenciado que se superó a sí mismo artísticamente hablando. Aunque por pasarse de faena costó mucho cuadrar al toro que acabó descolgado de cuello y gazapón, no sabemos cómo ni por qué logró matar el cigarrero al primer envite. Sin embargo, a tal locura colectiva no le siguió el para mi muy merecido rabo del toro al que !tampoco¡ se le premió con una más que merecida vuelta al ruedo. Muy mal, pues el presidente y aún peor el público que no solicitó el tercer trofeo ni la vuelta al anillo del extraordinario y precioso colorao ojo de perdiz. Una lástima que tampoco fuera indultado.

Por lo ocurrido en el corpus central de la corrida – dos acontecimientos cuasi celestiales – apenas lamentamos el bajo rendimiento de los dos últimos toros pese a resultar bastante más enteros y por cierto también muy bravos en el caballo que los dos tullidos que abrieron plaza. Manzanares perdió al menos una oreja por fallar en la suerte de recibir antes de la definitiva estocada. Y David de Miranda no pudo repetir aunque lo intentó con su demasiado larga porfía frente al apenas aprovechable sexto.


 Colombinas en Huelva. Morante más genial que nunca
 y gran revelación de David de Miranda

J. A. del Moral
Huelva. Plaza de La Merced. Viernes 3 de agosto de 2018. Segunda de feria. Tarde calurosísima con dos tercios de entrada.

Seis toros de Juan Pedro Domecq, desigualmente presentados y de juego muy desigual. Basto y pronto aplomado el primero. Noble e inválido el segundo. Excelentes pese a cierta debilidad tercero y, sobre todo, el cuarto que debió ser premiado con vuelta al ruedo. Potable el quinto. Y muy deslucido el sexto.

Morante de la Puebla (negro y oro con sedas de colores): Pinchazo hondo sin soltar y dos pinchazos más, silencio. Estocada, dos orejas
José María Manzanares (grana y oro): Buena estocada, palmas. Accidental bajonazo en la suerte de recibir y estocada, ovación.
David de Miranda (marino y oro): Gran estocada, dos orejas. Estocada, silencio.
Morante y David de Miranda salieron de la plaza en hombros.

A caballo destacaron Aurelio Cruz, Chocolate, José Cartes y Rafael Carbonell. En la brega, José Antonio Carretero, como también en banderillas. Y también en palos, Suso, Luís Blázquez, Fernando Pereira, Pedro Muriel y Manolo Contreras.


Aunque Morante hasta banderilleó en solitario e hizo lo mejor de la tarde, al ver a David de Miranda, pregunté: “¿Y este, quien es?”. Raudos, mis vecinos de localidad me contaron. Yo no quise asistir al tinglado en su alternativa que le dio José Tomás. Al de Galapagar, ni en pintura. Por lo que me contestaron, tras su doctorado, David de Miranda resultó cogido y muy gravemente lesionado. Nada menos que cinco vértebras partidas. Un horror para acabar con cualquiera, salvo a este David que ayer reapareció en la capital de su tierra cual Goliat. Impecable su aspecto. Gran planta, bien vestido, maneras naturales, siempre templadas y por lo clásico. Un gran concepto del toreo atesora este héroe resucitado para ejercer tan dificilísima profesión. 
De Miranda lo vio muy claro. Como si hubiera toreado ya más de 100 corridas. Me asombró con el buen tercer toro y, no digamos, a sus paisanos. Muy lucido por gaoneras que remató con tres revoleras en su quite y fenomenal con la muleta sobre ambas manos hasta terminar en cercanías con un arrimón muy fino. Gran estocada y dos orejas…. Embaló la tarde que había comenzado mal con dos animales inútiles apenas compensado con el recibo y el quite de Morante en el primer toro….

Y una vez en la Gloria conquistada por David de Miranda, oigan señores, absolutamente genial Morante. Una de las actuaciones más completas de su vida. Al menos de las que le llevo vistas. Dio un verdadero recital a la verónica. Templadas en sumo grado, inacabables, sublimes y todo lo que ustedes quieran añadir imaginándolas. Ni en sueños se puede veroniquear mejor. Sublimes delantales en el quite. Y en esas, Morante requisó las banderillas que clavó con tanta facilidad como marchosería, formando un alboroto tras parear al quiebro por los adentros para rematar la segunda suerte. 
Como podrán imaginar los que no estuvieron, la faena de Morante a este maravilloso animal llamado “Marc” – va por ti Lavie – fue tan maravillosa como el toro. Aún más. Fue un compendio de variadas sinfonías, de sensacionales improvisaciones. El genio morantista desatado en el banquetazo que nos ofreció, propio de una boda de superlujo. Regodeado por su propia obra, la alargó tanto que el toro acabó descolgado e imposible de cuadrar. Pero Morate, esta vez lejos de perder la paciencia, supo encontrar el instante que buscaba y rebuscaba llevando la muleta recogida para entrar a matar un tanto a traición sorprendiendo al toro y a cuantos allí estábamos más extasiados que entusiasmados. Muerto el toro, un inmenso flamear de pañuelos tiñó los tenidos de blanco. ¿Solo dos orejas? Nadie solicitó el rabo que yo le hubiera dado de haber presidido la corrida sacando a la vez los tres pañuelos. Los aficionados de ahora están muy mal educados por culpa de las muchísimas cicaterías presidenciales. Carecen de sentimiento y parecen robots autómatas incapaces de emocionarse. Vaya tropa de insensatos…

A José María Manzanares le tocó bailar con el peor de la corrida en segundo lugar y, luego, con el quinto que, aun siendo potable, al final de sus en principio nobles viajes, protestó casi siempre por arriba en los finales de los muletazos que unas veces fueron excelsos y otras deslucidos. Al natural, los dio en dos tiempos manteniendo el concepto empacado e imperial que le distingue. Pese a ciertos altibajos, esta faena hasta podría haber sido de dos orejas si en la suerte de matar recibiendo, el fallo no hubiera sido tan evidente como el accidental y horrible sablazo que arreó. Lo consiguió en el segundo envite de simple estocada y Manzanares se fue de vacío aunque entre las palmas de la afición onubense.

También con palmas se agradeció la excesivamente larga porfía muletera de David de Miranda con el peor de los peores sexto y último. Lo compensó su salida en hombros junto a Morante en medio de un delirio colectivo.