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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 31 de marzo de 2025

Pagar 50 euros no justifica el odio / por Sergio Hueso

Pagar 50 euros no justifica el odio: La afición taurina y su lado más oscuro.

'..Que De Julia no estuviera bien el domingo en Madrid es motivo de reflexión, no de escarnio. Nadie hace el paseíllo en Las Ventas con la intención de dar un mal espectáculo. Si no lo logró, es porque algo ocurrió..'

Pagar 50 euros no justifica el odio

Sergio Hueso
Llegamos a ser el ser humano, la especie más cruel del planeta. Tras los comentarios vistos después de lo sucedido en la apertura de la temporada taurina con Rafael de Julia, uno se pregunta si, en pleno siglo XXI, la sociedad ha avanzado o ha retrocedido.

La afición a los toros —no sé otras, pues las desconozco— tiene la maldita costumbre de creer que pagar 50 euros por una entrada le otorga derecho a opinar sin filtro, a soltar burradas carentes de lógica. Cada vez son más frecuentes los comentarios desagradables en los tendidos y en redes sociales. Y cuando alguien les planta cara, su excusa es siempre la misma: "Para algo he pagado, y tengo derecho a opinar". Sí, el derecho a opinar existe, haya taquilla de por medio o no; pero lo que no existe es el derecho a faltar.

Me pregunto: 

¿Estas mismas personas son igual de críticas cuando compran una prenda cara y descubren que solo han pagado por el logo, y no por la calidad? ¿Acusan con la misma saña al dueño del local o a la tienda? Sospecho que no. Aprietan los labios y vuelven al día siguiente. Pagar por algo no justifica la falta de respeto, y eso es precisamente lo que estamos viendo con el caso de Rafael de Julia.

Al abrir redes sociales, uno se topa con comentarios tan crueles que dan ganas de cerrarlas de inmediato. Que De Julia no estuviera bien el domingo en Madrid es motivo de reflexión, no de escarnio. Nadie hace el paseíllo en Las Ventas con la intención de dar un mal espectáculo. Si no lo logró, es porque algo ocurrió. Y ante eso, algunos replican: "Pues que no se hubiera anunciado". Pero ¿quién sabe qué lo llevó a enfundarse el traje de luces aquella tarde? No lo sabemos —ni tenemos por qué saberlo—, porque cada uno carga con su propia mochila.

Todos, sin excepción, llevamos una. Hay días en que pesa más; otros, menos, pero nunca está vacía. Solo pido respeto y empatía, porque últimamente olvidamos que, bajo cada vestido de torear, hay una persona. Ojalá el 2 de mayo Rafael vuelva a Madrid con la lucidez que siempre lo ha caracterizado. Porque estoy seguro de que él, como cualquier profesional, es capaz de silenciar todas las voces en diez minutos. Al fin y al cabo, eso tiene el toreo: en un instante, puede cambiarlo todo.

Domingo, 30.03.2025

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