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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 25 de marzo de 2025

Espejo roto / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Cabeza de Toro de Aluminio, Arte en 3D Vintage. 

'..El único animal en toda la naturaleza que el hombre mata con honor es el toro de lidia. Desde siempre, a los otros, día tras día, por cientos de miles, millones, miríadas de todas las especies, los asesina, con ventaja, ocultamiento, alevosía..'

Espejo roto

Jorge Arturo Díaz Reyes
CronicaToro/Cali, 24 III 2025 
El único animal en toda la naturaleza que el hombre mata con honor es el toro de lidia. Desde siempre, a los otros, día tras día, por cientos de miles, millones, miríadas de todas las especies, los asesina, con ventaja, ocultamiento, alevosía. Muchos de ellos, los llamados domésticos, sin siquiera llegar a la adultez, previa vida en esclavitud de crueldad extrema. Horror justificado por la supremacía humana. Incluídas las mascotas, objeto de pasiones dominantes nunca bien escudriñadas.

La tauromaquia, es un culto de purgación al original pecado de lesa biología. Que no es sino una parte de los cometidos por el homo sapiens desde su evolución a ser el depredador más feroz, hipócrita y despiadado del universo. Basta ver lo que ha hecho al planeta, y si se quiere mirar más lejos, está el espacio extraterrestre, que ya también está llenando de porquería. Lo que no destruye lo ensucia.

Por milenios el mono desnudó como nos clasificó el zoólogo inglés Desmond Morris, ha construido así su cultura y civilización. Que no son otra cosa que tiranía sobre todas las formas de vida, vegetal y animal, y una permanente agresión al hábitat común. El suelo, el subsuelo, el aire, los ríos, los lagos, los mares, los polos, el clima…

Y ahora, una minoría de homos clama indignada contra la tauromaquia, el más antiguo culto de contrición biológica. El más sincero además que ha podido crear la humanidad. Para reconocer y redimir, aunque solo sea alegóricamente su culpa prehistórica. Rito cuyo pasado, liturgia y significado desconocen en absoluto los “antis”, que claman su aniquilación, con el argumento supremacista de: ”No es mi cultura”.

Crueldad y barbarie, son los cargos por enfrentar a un toro en plenitud, nacido y criado con mejores condiciones, respeto, y cuidados, no solo de todos los demás del mundo, sino también de millones y millones de niños, crías humanas, desamparadas y violentadas, respecto a las cuales los piadosos aniquiladores de culturas y especies que no son suyas, tampoco muestran ningún interés.

La recreación ceremonial del duelo primigenio, a muerte por vida. Fatalidad biológica, matar para vivir. Como fue al principio, uno contra otro, el hombre desarmado, honrando las oportunidades del toro, su fiereza natural que representa el poder del universo, hasta el final supremo, cuando solo ahí, en ese instante, de frente, cruza su espada con las astas, exponiéndose a su mayor poder.

Ningún otro animal es muerto así, con tanta reverencia y riesgo. A ningún otro se le brinda la oportunidad de luchar de igual a igual por su vida, que fue para lo que la evolución le formó y dotó. Ninguno tiene un final de tal solemnidad.

La estratagema política, de lidiarlo sin muerte, para luego, fuera del ruedo, a escondidas, matarlo a mansalva, como a todos los demás, es solo un subterfugio, un eufemismo antesala de la prohibición definitiva y la extinción de la raza.

Lograda la sustitución total de los valores ėticos que consagra la corrida por los antagónicos que consagra el matadero, ya vigentes en casi todo lo demás. El “progreso” podrá continuar sin vergüenza su arrollador paso hacia un futuro de inteligencia artificial, sin espejos ni contrastes que afeen su moralismo inmoral.

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