
'..Amanece y al son de los primeros compases de la Marcha Radetzky superamos el dolor de cabeza propio del año nuevo, que eso sí que es una tradición europea y no los eufemismos que la decrépita nomenklatura bruselense utiliza para no felicitar la Navidad..'
Un año más
JAVIER TORRES
Un día eres joven y al otro te vas a la cama a las 0:15h, tras ver las campanadas por televisión y huir de la deprimente gala de nochevieja con que las televisiones castigan a los españoles cada año. No sé por qué, pero esos estúpidos programas me dejan frío y creo que evocan la misma angustia existencial (quién sabe si hasta la pulsión suicida) que Houellebecq plasma en cuanto abrimos las páginas de Aniquilación y dice que «algunos lunes de los últimos días de noviembre, o de principios de diciembre, tenemos la sensación, sobre todo si uno es soltero, de estar en el corredor de la muerte».
En cada año nuevo encontramos la misma atmósfera tristona, como de fin de época, en el despertar que mira el calendario virgen repleto de buenos propósitos que se desvanecen antes de San Antonio Abad. Calles vacías, tópicos en la prensa, la Puerta del Sol y los españolitos, el salón de casa con corchos de botella de champán aún debajo del sofá, restos de la fiesta de anoche en el portal, olor a churros y carteras tiritando cuando aún no asoman los camellos de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.
Amanece y al son de los primeros compases de la Marcha Radetzky superamos el dolor de cabeza propio del año nuevo, que eso sí que es una tradición europea y no los eufemismos que la decrépita nomenklatura bruselense utiliza para no felicitar la Navidad. La televisión emite en directo el concierto de año nuevo desde la sala dorada de Viena, la mejor Europa, y la tentación es convencernos de que ese decorado majestuoso, con la Filarmónica vienesa al frente, es un fiel reflejo de nuestra época.
En vano. Las primeras noticias del año son de ansiolítico o pistola. Otro año más las calles europeas arden y hay mujeres atacadas por turbas islamizadas. La BBC asegura que la policía holandesa se enfrenta a una violencia sin precedentes en la nochevieja y hasta han quemado la iglesia de Vondel de Ámsterdam. En Milán las turbas de sarracenos siembran el caos. Los mercadillos navideños y catedrales –el mismo Duomo– llevan semanas asediados desde el inicio de la Navidad. Y en Francia, cabeza de puente del experimento multicultural, las iglesias arden con regularidad desde hace una década mientras la prensa nos quiere convencer de que todo es por combustión espontánea.
Como siempre, hay un progre de guardia que, vanidoso, cree que si las cosas van mal es porque él no ha salido aún a convencer a los bárbaros que no quieren integrarse. En Alemania una youtuber se echó a la calle con su cámara a demostrar que es seguro celebrar la nochevieja con inmigrantes islámicos. El resultado: le abrieron la cabeza de una pedrada. Fuerte abrazo y pronta recuperación.
Las primeras horas del año nos demuestran que las cosas siguen como estaban. Las calles invadidas por los enemigos de la civilización y el poder, envalentonado, saca su rostro más despótico con imposiciones tan caras como absurdas. He ahí la baliza. Saben que sabemos que tiene menos visibilidad y que, por ello, supone un mayor riesgo para la integridad de los conductores en carretera. Les da igual. Al que rechiste le espera una multa de 80 euros. Este es el rasgo esencial del poder: demostrar al de abajo quién manda.
Y, sin embargo, hay esperanza. Soplan aires de cambio (no de Gobierno, sino de algo mucho más profundo e importante) en todo Occidente. La dictadura woke que hace una década parecía que llegaba para quedarse está en serio retroceso. Leemos con regocijo que ha quebrado la mayor granja de insectos de Europa, y que si logró sobrevivir es porque recibió casi 200 millones de dinero público. Otro ejemplo de las élites actuando contra el pueblo.
Acabó 2025 y según FundéuRAE la palabra del año fue arancel. No sabemos cuál será la del presente ni siquiera el hecho más importante, pero eso debe darnos igual. Como dice Carlos Esteban, la noticia más trascendente de toda la Historia pasó por completo desapercibida. No había periodistas para contarla. Si acaso el ángel del señor que anunció a María.
En fin, que el despertar del año nuevo es como todo un año condensado en apenas unas horas. Una montaña rusa, algo tan contradictorio como que nuestro mundo se cae a pedazos y al mismo tiempo tenemos la oportunidad de volver a empezar. Que así sea.
Y que tengan ustedes un feliz año.
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