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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 1 de enero de 2026

2026 y el instinto del toreo


 '..Sigue siendo el toreo esas muñecas que rechazan todo tipo de cadenas. Los tobillos que ninguna bola de preso puede detener su paso hacia adelante. Muchos siglos después, el toreo y su instinto nos meten de lleno en 2026 con la vigencia que tienen las cosas por acabar..'

2026 y el instinto del toreo

No es la especie más fuerte, ni siquiera la más inteligente. La especie que sobrevive es la que mejor se adapta a los cambios. Cumplimos este año casi un siglo de una faena que comenzó a adaptarse a los tiempos, la de Chicuelo en la plaza vieja de Madrid a un toro de Graciliano de nombre ‘Corchaíto’ (24 de mayo de 1928). Una faena en la que el toreo reivindica su razón de ser: el instinto. Porque toda especie, y la taurina también, posee el instinto de supervivencia. Y porque los pasos hacia adelante en el toro y el toreo son puro instinto de sus hombres.

El instinto natural es la esencia de cualquier arte. Y el instinto es aquello que se sigue incluso a espaldas de la razón, de las normas y hasta de las éticas y morales. Todas ellas cambiantes y a compás de lo que adocena, somete y uniforma al ser humano. Sigue siendo el toreo esas muñecas que rechazan todo tipo de cadenas. Los tobillos que ninguna bola de preso puede detener su paso hacia adelante. Muchos siglos después, el toreo y su instinto nos meten de lleno en 2026 con la vigencia que tienen las cosas por acabar.

Nos metemos en 2026 y el toreo es algo iniciado y sin terminar. Sin terminar de afinar la bravura del toro para un toreo cada vez más lejano en el tiempo de esos naturales ligados de Chicuelo y mucho más alejado de ese frenesí breve de Curro Cúchares al que el instinto le hizo un día usar un par de minutos la muleta antes de entrar a matar. Le dijeron de todo por la osadía de usar la muleta como un fin en sí mismo (torear) y no como un medio o herramienta para el entonces único fin del toreo (la estocada). Le dijeron de todo, pero hoy nombramos aún al toreo así: ‘el arte de Cúchares’.

'Le dio el mundo la espalda a la creatividad, al libre albedrío e incluso a su rebeldía y el toreo las mantuvo en su catálogo como innegociables'

Nadie puede adivinar hacia dónde vamos en el toreo y con el toreo. Podemos especular y hasta predecir o filosofar. Lo que sí podemos afirmar con la seguridad que da nuestra historia es que el toreo es instinto. Se torea por instinto, por mucho que el toreo pretenda ser aprendido.

Nuestra desesperación llega al intuir que los tiempos y sus actores, incultos por carecer del instinto que mata la tecnología, no dejan de fabricar jaulas para meternos dentro. Pero pensemos en dos cosas. Una, que el toreo, por ser instinto, es aquello que no cabe en jaula alguna. Y, otra, que no tenemos otro mundo al que mudarnos. Es éste y no hay otro.

Mantengamos ese que es instinto salido de la más bárbara y sin pulir esencia humana: amistad, lealtad, coraje, creatividad, arrojo, espíritu… y seguiremos unos cuantos siglos más con la vigencia ejemplar que es el toreo. Porque hoy el toreo es ejemplaridad superior a la que algún día de siglos atrás supo. Evolucionó el mundo hacia no sufrir y no le dimos la espalda al sufrimiento. Le dio el mundo la espalda a la creatividad, al libre albedrío e incluso a su rebeldía y el toreo las mantuvo en su catálogo como innegociables.

No hagamos del toreo algo aprendido o enseñado al máximo. Alejemos el toreo de lo previsible. No pidamos dinero público, sino libertad de acción. No demandemos subvenciones a costa de nuestra independencia. No insistamos en cambiar el mundo, sino en seguir el nuestro. Escuchemos las músicas de los tiempos, para tratar de ir al compás. Pero si lo que suena no tiene ritmo, o es sonido sin compás, que el instinto nos permita bailar sin música.

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