
El agravio no existiría si las faenas de Tomás Rufo y de Emilio de Justo hubieran sido rotundas en medio del reparto gratuito de entradas entre las comisiones falleras.
El trasfondo de la polémica presidencial de la Feria de Fallas.
Por Jaime Roch
“La oreja se tiene que pedir con un pañuelo blanco, no con gritos ni con abucheos”, son declaraciones a la televisión One Toro de Pilar Bojó, presidenta de la plaza de toros de València durante la polémica tarde del 18 de marzo, cuando no se concedieron los trofeos para Tomás Rufo.
Lo primero que cabría decir es que, según el Reglamento de Espectáculos Taurinos, la primera oreja se concede a petición mayoritaria del público. La segunda oreja ya no depende solo de esa petición porque es competencia exclusiva del presidente, que debe valorar la petición del público, las condiciones del toro, la dirección de la lidia, la faena de capote y muleta y, sobre todo, la estocada.
“Vi que no había petición”
La presidenta aseguró en One Toro que no vio petición mayorítaria del público: “Desde el palco presidencial, vi que no había petición”.
La polémica existió y tuvo su peso propio a lo largo de la tarde, incluso de la Feria de Fallas, porque también al día siguiente, el presidente Luis Maicas tampoco concedió el trofeo a Emilio de Justo en su primera faena tras habérselo pedido la gente.
Esta polémica presidencial no existiría si las faenas de Tomás Rufo y de Emilio de Justo hubieran sido rotundas en medio del reparto gratuito de entradas entre las comisiones falleras.
Porque con la categoría de toros que tuvieron delante, no hubo ese olé redondo ni es conmoción que produce el toreo verdadero, sí ambiente festivo.
‘Brazalete’ en el caso de Tomás Rufo, fue un toro con un son extraordinario, ennoblecido además por la manera con la que colocaba la cara en la muleta. El tranco, la humillación que delataba ya su entrega desde la arrancada, y el ritmo sostenido y largo de su embestida componían el fondo ilusorio de lo que pudo ser y no fue con ese ‘Brazalete’. Cuando embestía en redondo, el de Domingo Hernández alcanzaba una condición verdaderamente excepcional.
Igual con Emilio de Justo frente a su primero, ‘Cacarero’, toro que traía en esa largura y esa clase en su embestida que erige a los Núñez del Cuvillo en el pedestal del toro artista. Y venía de familia, la del toro de la histórica faena de Morante en Bilbao.

Pues bien, estas faenas no resultaron premiadas, pero sí jaledas gracias al reparto gratuito de entradas que la empresa hizo entre las comisiones falleras que las solicitaron, en un intento evidente de llenar los tendidos de la plaza de toros de València.
El rigor
Las peticiones de oreja no sabemos si habían alcanzado vuelo suficiente o no para que los presidentes Pilar Bojó y Luis Maicas las atendieran -a la vista está de que no-, pero lo que sí está claro es que la gran mayoría del público que llenaba la plaza no conocía muy bien el toreo, ni el Reglamento de Espectáculos Taurinos, ya que seguía pidiendo la oreja a Tomás Rufo con el toro ya arrastrado al desolladero.
La negativa de la presidencia a conceder estas orejas en la Feria de Fallas sí es una forma de mantener el rigor y la categoría de la plaza de València frente a dos extraordinarios toros.
El eco de la decisión presidencial, con todo su componente de agravio para unos y de rigor para otros, amenaza con desplazar una cuestión de fondo: las obras, en su conjunto, no alcanzaron la dimensión deseada.
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