la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 30 de julio de 2018

El Barça no funciona a golpe de talonario y otros cuentos de terror / por Juan Manuel Rodríguez



Oigo a Bartomeu decir que el Barça no se hace a golpe de talonario y me viene a la memoria cuando afirmaba con tanta convicción que Neymar había costado 57,1 millones "y punto". Sólo en las tres últimas temporadas, el club catalán ha pagado 37 millones por André Gomes, 30 por Alcácer, 25 por Umtiti, 16 por Digne, 13 por Cillessen, 125 por Coutinho, 115 por Dembelé, 40 por Paulinho, 30 por Semedo, 12 por Deulofeu, 11 por Yerri Mina, 5 por Marlon, 41 por Malcom, 36 por Lenglet y 31 por Arthur. 

El Barça no funciona a golpe de talonario 
y otros cuentos de terror

Cuando escuchas afirmar con tanta seguridad a José María Bartomeu que el Barça no funciona "a golpe de talonario" me recuerda mucho a cuando, después de que el equipo de Valverde viajara a Estados Unidos en primera clase mientras que el femenino lo hacía en turista, Maria Teixidor, que es al parecer la directiva responsable de las chicas, acusara a los medios de comunicación de ser unos cínicos por poner el foco en esa circunstancia. Del mismo modo que no creo que tener secciones deportivas femeninas te convierta en un club más preocupado por la igualdad real entre hombres y mujeres (la Sección Femenina dirigida por Pilar Primo de Rivera estuvo vigente durante los 40 años de dictadura del General Franco y no creo que nadie opine por ello que durante el franquismo se velara por la igualdad entre hombres y mujeres), tampoco he oído a nadie decir que el Fútbol Club Barcelona sea un club machista por hacer viajar a su equipo de fútbol femenino en clase turista mientras ellos se pegaban la gran vida en primera clase... pero eso, y no otra cosa, fue exactamente lo que pasó, señora Teixidor.

En lo tocante al asunto del equipo femenino, y tirando del hilo de la señora Teixidor, sí que existe sin embargo en el periodismo deportivo español un profundo cinismo porque hay colegas míos de profesión que señalan con el dedo a quien (por decisión propia o por las circunstancias del momento) carece de él, dejando incluso flotar en el ambiente que no tener un equipo femenino implica, en el fondo, un comportamiento machista. Pero la defensa de los derechos de las niñas (y de los niños) que serán mujeres y hombres en el futuro no se defiende con uno, dos o tres equipos profesionales femeninos sino, por ejemplo, a través de la Fundación Real Madrid: en marzo, y por poner sólo un caso, gracias al convenio con Riyadh Schools, el club blanco amplió su colaboración para que las niñas saudíes también participarán y se vieran beneficiadas del trabajo que se realiza en las escuelas sociodeportivas del club blanco. ¿Es más feminista el Real Madrid por eso? ¿Lo es menos aquel club que no dedique parte de su presupuesto a defender los derechos de las niñas más desprotegidas?... En absoluto. Lo que sí es un hecho es que el Real Madrid Club de Fútbol es más solidario que la inmensa mayoría de clubes profesionales, cuestión ésta por la que tampoco da lecciones morales al resto.

Pero volvamos al principio tras este paréntesis. Oigo a Bartomeu decir que el Barça no se hace a golpe de talonario y me viene a la memoria cuando afirmaba con tanta convicción que Neymar había costado 57,1 millones "y punto". Sólo en las tres últimas temporadas, el club catalán ha pagado 37 millones por André Gomes, 30 por Alcácer, 25 por Umtiti, 16 por Digne, 13 por Cillessen, 125 por Coutinho, 115 por Dembelé, 40 por Paulinho, 30 por Semedo, 12 por Deulofeu, 11 por Yerri Mina, 5 por Marlon, 41 por Malcom, 36 por Lenglet y 31 por Arthur. 

Seguro que si pidiéramos opinión a la señora Teixidor sobre este asunto nos llamaría cínicos por poner el foco en la circunstancia del gasto de su club en futbolistas, pero aquí el único hipócrita que hay es Bartomeu, que dice que el Barça no funciona a golpe de talonario cuando resulta que se ha gastado 567 millones (y subiendo) en las últimas tres temporadas. Salvo que el Barça pague con Mortadelos, por supuesto que el Barça funciona a golpe de talonario, naturalmente que sí.


AZPEITIA. LA CORRIDA DE ANA ROMERO Y EL TRIUNFO DE EMILIO DE JUSTO EN EL OBJETIVO DE ANDRE MOORE



Toreo grande de Emilio de Justo en Azpeitia
Corta dos orejas a la corrida de Ana Romero

-FOTOGRAFÍAS DE ANDREW MOORE-

ABC, Azpeitia, 29/07/2018 
Toros de Ana Romero, el cuarto como sobrero, excelentemente presentados y de interesante juego en conjunto. Los mejores, los extraordinarios segundo y cuarto, ovacionados ambos en el arrastre. El primero se inutilizó durante el último tercio; encastado, el tercero; con transmisión pero a menos y sin finales, el quinto; y flojo, sin recorrido, ni entrega, el sexto.

Emilio de Justo, de azul marino y oro: estocada atravesada que escupe y descabello (palmas); y estocada (dos orejas).

Juan del Álamo, de blanco y plata: casi entera tendida (oreja); y metisaca, casi entera trasera y tendida (ovación).

Luis David Adame, de salmón y oro: cuatro pinchazos, otro hondo y descabello (silencio tras aviso); y estocada atravesada y cinco descabellos (silencio tras aviso).

En cuadrillas, Domingo Siro y David Sánchez saludaron tras banderillear al segundo, al que Jarocho bregó magníficamente bien. Morenito de Arles y Pérez Valcarcel también se desmonteraron en el cuarto.



 Emilio de Justo, 
 Emilio de Justo


 Juan del Álamo



 
 Jarocho
 












domingo, 29 de julio de 2018

Desenterrando a Franco; tratando de enterrar a Felipe VI / por Jesús Cacho


El rey Juan Carlos y Felipe VI. Efe

  • "..está claro que el objetivo último del populismo neocomunista y del separatismo no es Juan Carlos I. El rey emérito es ya una figura amortizada. La verdadera caza mayor se llama Felipe VI, se llama institución monárquica. Se trata de acabar con el nuevo Rey en tanto en cuanto último –y quizá ahora mismo único, tras el desastre moral e institucional en que ha desembocado el Gobierno Rajoy.."

Y en medio del mayor vacío de poder, en el momento de mayor debilidad institucional registrado en este país desde la muerte de Franco, habrá que valorar la firmeza constitucional de un Pedro Sánchez que hasta ahora se ha mantenido de perfil (mientras se habla mal de la Corona, no se habla de mi Gobierno), un tipo con pocos escrúpulos a la hora de pactar lo que sea menester con tal de consolidarse en el poder,


Desenterrando a Franco; tratando de enterrar a Felipe VI


  Jesús Cacho                                                        Vox Populi, 29.07.2018 
Una mañana del año 1979, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Fernando Abril Martorell, citó en su despacho a Roberto Centeno, a la sazón consejero delegado del monopolio público CAMPSA. La llamada “segunda crisis del petróleo”, provocada por la revolución iraní y la guerra Irán-Irak, había puesto a España al borde del desabastecimiento de crudo, por lo que era urgente localizar los aprovisionamientos necesarios para resolver el problema. A través del entonces embajador español en Kuwait, Fernando Schwartz, Centeno viajó a Oriente Medio regresando con varios cargamentos de petróleo bajo el brazo. Al volver a su despacho, se topó con varias llamadas urgentes de Francisco Fernández Ordóñez, su responsable jerárquico como Ministro de Hacienda. “Fui al caserón de Alcalá convencido de que me llamaba para felicitarme y darme un buen bonus”. Se equivocaba. Al verle entrar, Pacordóñez levantó los brazos muy escandalizado:

-¿Pero qué has hecho, Roberto, que has hecho…? ¡Me has buscado la ruina! ¿Cómo se te ocurre ir a Kuwait a comprar petróleo?

-Hombre, Paco, ¿y adónde quieres que vaya, a comprárselo a los Ayatolás? –protestó un Centeno que no entendía qué estaba pasando.

-Pues no sabes la que has liado. Ha estado aquí Manolo Prado y no veas la que me ha montado; me ha dicho que en Oriente Medio solo opera él.

-Sí, pero este golfo nos carga una comisión de 5 dólares barril…

-¿Y eso a ti qué cojones te importa? ¿Acaso la pagas tú?

-Pues, hombre, sí, como consumidor claro que la pago yo, y creo que tú y yo estamos aquí para defender a los consumidores, no para enriquecer a un especulador. No tenemos por qué pagar comisión alguna.

-Eso no es así porque los precios al público no varían, tú sabes igual que yo que el coste lo absorbe la Renta de Petróleos.

-Eso es verdad, Paco, pero al final lo pagan los contribuyentes.

-Bueno, en todo caso ese es mi problema, no el tuyo, así que ni se te ocurra volver a Kuwait.

-Pero a ver, Paco, dime una cosa ¿quién narices es el tal Prado y Colón de Carvajal para abroncar al ministro de Hacienda?

-¿Tú no sabes a quién representa Prado? 

-Pues no, ni idea.

-La verdad, querido Roberto, es que eres un pardillo, pero te lo reitero: ni se te ocurra volver a Kuwait a comprar petróleo.

Nada más abandonar Hacienda, Centeno fue directo a contar lo ocurrido al vicepresidente del Gobierno. Abril Martorell se mondaba de risa.

-¡Qué razón tiene Paco; tú sabrás mucho de petróleo pero en política eres un auténtico pardillo!

-Pero fuiste tú quien me envió a resolver un problema muy grave para este país, y tú eres el vicepresidente… ¿Qué es lo que tengo que hacer, entonces?

-Tu jefe es Paco, no yo, Roberto, así que haz lo que te dice tu jefe y no vuelvas por Oriente Medio –le ordenó sin dejar de reírse.

La compra de crudo era cosa de Manolo Prado y Colón de Carvajal, el “intendente” real, y las comisiones del petróleo eran cosa de Juan Carlos I, su amo y señor, y eran muy importantes, porque en un superpetrolero podían caber hasta 1,5 millones de barriles, y para atender el suministro español eran necesarios muchos cargamentos anuales. 

Una situación que llevó un día a Felipe González a exclamar, mientras hacía antesala en La Zarzuela en compañía de Sabino Fernández Campo: “Y dile a Manolo Prado que se conforme con el 2%, porque eso de cobrar el 20% es una vergüenza…”. Sometido a la tutela de Franco, el entonces príncipe pasó unos años muy duros lejos de su familia y de su padre, cuyos consejos le hubieran sido de gran ayuda. Años de penuria económica que están en la raíz de la obsesión del personaje con el dinero. Como Scarlett O´hara en “Lo que el viento se llevó”, Juan Carlos I también puso a Dios por testigo de que jamás volvería a pasar hambre. En “El negocio de la libertad”, 1998, Editorial Foca, se relata el crédito de 100 millones de dólares (unos 10.000 millones de pesetas de la época) que, a pagar en 10 años y sin intereses, le concedió Arabia Saudí. “Parecía claro que la familia real saudí estaba haciendo al Rey de España un regalo no inferior al principal de dicho crédito, puesto que, con los tipos de interés vigentes, bastaba colocar ese dinero en un banco para doblar, como poco, esa cifra al cabo de los años pactados”. O los 100 millones de dólares, siempre la misma cifra, que Prado reconoció en sede judicial haber recibido del grupo KIO, vía Javier de la Rosa, para atender “el pago de favores políticos realizados en pro de la liberación del emirato” tras la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam Hussein.

Pinceladas del escándalo de corrupción real

Son apenas pinceladas del gran escándalo de corrupción en que acabó convertido el reinado de Juan Carlos I. Todo el mundo lo sabía. Desde luego, quienes tenían que saberlo. Todos los presidentes de la democracia. Todos consintieron. Las primeras denuncias deberían haber servido para rectificar conductas (“Menudas dos hostias le daba yo al Jesús Cacho ese si se me pusiera delante”, en “Adiós, Princesa”, David Rocasolano, Ediciones Akal, 2013). En absoluto. “En el fondo hasta les vino bien tu libro, porque siguieron haciendo lo mismo aunque cambiando las formas y los protagonistas”, asegura una fuente de Zarzuela. Lo comprobó el propio Centeno años después, cuando, como asesor de la petrolera Lukoil, el gigante ruso quiso adquirir el 20% de Repsol en manos de Sacyr. Año 2008. “Después de varias reuniones en Moscú, el asunto quedó decidido. Volví a Madrid, pasaron unos cuantos días y, como no obtenía respuesta, decidí llamarles. Me contestaron que la operación seguía adelante, pero que iban a prescindir de mis servicios porque el tema lo llevaba otra persona. ¿Quién era esa persona? Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Juan Carlos I había llamado a Putin y le había dicho que ella era la intermediaria perfecta. Tiempo después, mis amigos de Lukoil me dijeron que la señora entraba en el despacho de Putin en el Kremlin sin pedir audiencia”.

En la madrugada del 14 de abril de 2012, Juan Carlos era operado en el Hospital USP San José de una fractura de su cadera derecha, consecuencia de la caída sufrida en la famosa cacería de elefantes de Botsuana. Juan Español, que se había acostado creyendo que su Jefe del Estado era un tipo honesto y virtuoso, se despertó aquella mañana para enterarse de que en realidad se trataba de un villano putañero que durante años había tenido alojada a la última de sus queridas, una falsa princesa alemana, en el propio recinto de la Zarzuela, a escasos metros de la legítima, la reina Sofía de Grecia. Cuatro días después, un Juan Carlos castigado por la edad y los excesos admitía la mayor de sus derrotas ante las cámaras de tve en los pasillos del hospital: “Lo siento mucho, me he equivocado. No volverá a ocurrir”. Pedía perdón por su escandalosa vida sexual, por esa familia abandonada y esos hijos mal casados dejados al albur de destino. No pidió perdón por las comisiones, el ansia de dinero, los negocios de intermediación que, junto a la más reciente de sus partners, la comisionista Corinna, su verdadera ocupación, le había llevado a cobrar una comisión millonaria por la construcción del AVE Medina-La Meca por parte de una UTE de empresas españolas, entre ella la OHL de Juan Miguel Villar-Mir, otro de los financiadores reales.

Todo Madrid, el Madrid de los ricos, estaba al tanto de la presencia de Corinna en La Angorrilla (El Pardo), las fiestas, las monterías, el helicóptero real… Todos sabían también, o lo sospechaban, cuál era la verdadera ocupación de la doña, desde luego no el amor. De que lo sepan todos los españoles se ha encargado un ex comisario de policía llamado José Manuel Villarejo Pérez, Pepe Villarejo, rey de las cloacas policiales, gracias al cual hace pocos días dos diarios digitales publicaron el contenido de unas grabaciones por él efectuadas, mayo de 2015, a Corinna en su apartamento de Londres, puro Belgravia, en presencia de Juan Villalonga (el hombre al que fácilmente podría destruir Fernando Abril-Martorell, actual capo de Indra y ex director financiero de Telefónica durante su presidencia). Ha tenido que ser un comisario encarcelado por graves delitos de corrupción quien sacara a relucir la corrupción real. Cuña de la misma madera. El gran edificio de la corrupción institucional al descubierto, en todo el esplendor de su desastrada miseria. 

Hacía al menos dos años que en el Madrid periodístico se venía especulando con la existencia de esas cintas, y la determinación del citado de usarlas cual bala de plata para intentar ser exculpado, pedir lo imposible, del sumario abierto en el Juzgado Central de Instrucción nº 6, juez Diego de Egea, un jurista de acreditada independencia que difícilmente se dejará amilanar por el bronco ex comisario. Villarejo -en prisión preventiva desde noviembre, acusado de delitos de organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales- pretende, ni más ni menos, que una especie de inhibición de la justicia en su caso, en realidad viene a reclamar el mismo grado de inviolabilidad que acompañó al Jefe del Estado en su condición de tal. Esa es la monstruosidad del envite. “Es el mejor policía de España”, dijo de él el patético Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior de Rajoy.

Una compleja red de intereses

Aparentemente desarticulada la red de corrupción policial, la sociedad española no ha reflexionado sobre el riesgo que para la calidad de nuestra democracia supone la existencia de esas redes policiales capaces de operar en la sombra al margen de la ley y de cualquier control parlamentario; reflexionar sobre el cáncer que para las libertades individuales y colectivas suponen esos comisarios que han venido campando a sus anchas antes de colocarse (premio que Interior les suele otorgar cuando se jubilan) al frente de la Seguridad de las grandes empresas del Ibex. La de Villarejo era una compleja red de intereses que contaba con jueces amigos –esa corrupción judicial que existe en todos los países menos, oh casualidad, en el nuestro-, con otros comisarios y policías al servicio del capo, con un número de abogados en nómina dispuestos a poner querellas a diestro y siniestro, y con una serie de conocidos periodistas “de investigación” encargados de publicar el material que servía al grupo para mantener vivo el negocio de la extorsión. El resultado de semejante horror es el espectáculo al que asistimos estos días: un país a merced de las revelaciones de una lobista a un sujeto capaz de hacer tambalear las estructuras del Estado, dispuesto en su arrogancia de disparar por elevación contra el propio Felipe VI.

Y bien, ya está claro. Ya no se pueden seguir ocultando por más tiempo los desmanes del Emérito con el maldito parné. Juan Carlos ha acumulado una gran fortuna puesta a buen recaudo presumiblemente en Suiza (ojo con la cuenta “Soleado” manejada por Arturo Fasana, cerebro de la red Gürtel y asesor financiero también de Jordi Pujol, razón por la cual la familia del molt honorable sigue tranquilamente en su casa) y hurtada a la acción del fisco. Las acusaciones de la bella corrupia contra el Emérito están publicadas y huelga repetirlas. Y bien,

¿qué hacemos con el ciudadano Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón? ¿Debería, llegado el caso, sentarse en el banquillo para responder de sus ilícitos, si los hubiere, como ocurrió con su yerno Urdangarin? ¿Debería saldar sus cuentas con esa Hacienda que “somos todos”? 

Es evidente que si estuviéramos hablando de Pepe Pérez no albergaríamos duda de que, en circunstancias similares, el señor Pérez sería sometido a exhaustiva investigación por la Agencia Tributaria y, en su caso, por los tribunales. “La Justicia es igual para todos”, dijo el Monarca en clamorosa navideña ocasión. Sea. Hagámoslo realidad por muchos que sean los riesgos, por mucho que nos avergüence la situación. Es un problema de salud democrática. La prueba del nueve de la calidad de nuestro sistema democrático. Porque una democracia se hace fuerte cuando es capaz de solventar, conforme a Ley, situaciones tan embarazosas como la que nos ocupa.

El riesgo de lo dicho se llama Felipe VI, el hombre convertido en ancla, dique de contención, pared maestra que hoy sostiene la frágil arquitectura institucional. Porque está claro que el objetivo último del populismo neocomunista y del separatismo no es Juan Carlos I. El rey emérito es ya una figura amortizada. La verdadera caza mayor se llama Felipe VI, se llama institución monárquica. Se trata de acabar con el nuevo Rey en tanto en cuanto último –y quizá ahora mismo único, tras el desastre moral e institucional en que ha desembocado el Gobierno Rajoy- baluarte contra la ruptura de la unidad de España y el mantenimiento de la libertad y la igualdad entre españoles. ¿Será suficiente el corta fuegos que el general Sanz Roldán, director del CNI (durante décadas una simple guardia personal del Monarca encargada de opacar sus malas prácticas: los jenízaros de Juan Carlos I) zangolotino tendió levantar este miércoles con su intervención ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso?

¿Tiene Villarejo soporte documental de lo que dice?

La entrada en liza de la Audiencia Nacional cambia notablemente la situación. Tras la difusión de las grabaciones efectuadas por el policía en Londres, el juez De Gea ha decidido abrir una pieza separada en la “operación Tándem”, denominada Carol (“¡Oh Carol! / Loco estoy por ti / más si me dejas / Que será de mí”) que, al margen del ex comisario, terminará afectando a peces tan gordos como el propio Emérito. El juez deberá dilucidar primero si las grabaciones son auténticas –todo lo que dice Corinna en ellas parece perfectamente “guionizado”-, para entrar después a valorar si lo que se dice es veraz y, de ser así, si constituye delito y si está o no prescrito (hasta su abdicación en junio de 2014, el monarca gozaba de inviolabilidad). De momento, el magistrado se vio el jueves las caras con un Villarejo que, arrogante como de costumbre, llegó dispuesto a vender la mercancía que expende desde hace tiempo: que su visita a Corinna Larsen en Londres fue una “misión de Estado”, versión radicalmente desmentida por Sanz Roldán en el Congreso. 

Todo, o mucho, dependerá de la munición de que dispongan la doña y el sujeto para seguir disparando. El estado de ánimo de la alemana parece haber cambiado mucho respecto al que lucía cuando recibió al ex comisario y al zangolotino Villalonga en su guarida londinense. Consecuencia de la ruptura, y tras pretender quedarse con la pasta ingresada en sus cuentas (“santa Rita, Rita”), producto de los trabajos de intermediación de la pareja, la señora terminó aceptando un “acuerdo entre partes” que ha cerrado la brecha abierta entre los antiguos amantes, de modo que es poco probable que a día de hoy quiera meterse en libros de caballerías, ello sin olvidar que resultaría muy difícil demostrar que el dinero suizo es de Juan Carlos o del primo de Juan Carlos. Al final del camino, estaríamos ante el dilema de elegir entre la palabra de una pilingui y la de un golfo. En lo que a Villarejo respecta, la duda reside en saber si va de farol o tiene soporte documental de lo que dice vía cuentas bancarias u otros documentos que la doña pudiera haberle facilitado en su día, “en cuyo caso el Estado estaría en la peor de las manos”.

Y en medio del mayor vacío de poder, en el momento de mayor debilidad institucional registrado en este país desde la muerte de Franco, habrá que valorar la firmeza constitucional de un Pedro Sánchez que hasta ahora se ha mantenido de perfil (mientras se habla mal de la Corona, no se habla de mi Gobierno), un tipo con pocos escrúpulos a la hora de pactar lo que sea menester con tal de consolidarse en el poder, aunque, en honor a la verdad, hay que decir que el jueves se mostró rotundo al afirmar que “no vamos a aceptar ningún chantaje al Estado”. Con los separatistas decididos a arremeter contra el Rey, habrá que ver su determinación en defensa de la institución monárquica ante las arremetidas de unos socios que le han llevado a la Moncloa y que diariamente le sostienen en el Poder. 

La situación de este país es ahora mismo tan crítica que algunos parecen empeñados en desenterrar a Franco al tiempo que tratan de enterrar a Felipe VI.

Última de Santiago en Santander. Con nobilísimos toros de Jandilla, máximos matices de Padilla, Talavante y Roca Rey / por J.A. del Moral.



Tarde de apoteosis general, de esas que entran muy pocas en el bombo de la suerte. Muchos salieron de la plaza comentando que había sido la mejor corrida en lo que va de temporada. Una de las mejores, desde luego. Quizá la más completa por el juego de los toros y por cuanto lograron los tres matadores cada cual fiel a sus respectivos estilos y maneras de concebir el toreo, andando a tope en sus grandes posibilidades. La estrella máxima de la tarde fue, de principio a fin, Juan José Padilla, últimamente reconvertido y hasta mitificado como héroe nacional en sus postrimerías profesionales. Y Juan José, que lo sabe, extrema con vistosa teatralidad todos y cada uno de sus gestos con un absoluto dominio de la escena. Como actor, en el toreo es el mejor de todos los tiempos. Sabe tocar todas las teclas, empezando por su indumentaria de pirata del Caribe y todas las ocasiones que le proporcionan los toros y sus personales resortes, para nada académicos aunque sí oportunos aunque no todos idóneos ni ideales toreramente hablando. Lo tiene más que bien ganado por haber sido capaz de sobreponerse a sucesivos y gravísimos percances. Su primera actuación de ayer fue más que correcta. La del cuarto toro, un hapening inclasificable que no debió ser premiado aunque la complicidad del público ablandó el palco presidencial pese a las tres agresiones que necesitó para matar al toro. Pero la gente quería que Padilla saliera a hombros y salió en medio de la algarabía general junto a sus compañeros de terna y hasta el mayoral de la ganadería.



En mi opinión, Alejandro Talavante fue el que mejor toreó ayer con la muleta. Dos grandes faenas en las que predominó lo clásico con una dulzura y un temple colosales aunque introdujo algunas martingalas mediante cambios por la espalda que él se trajo de México hace años y últimamente prodiga hasta decir basta el peruano Roca Rey. Talavante perdió las dos oreja por su mal uso se la espada en el segundo toro y las ganó a toda ley en el quinto.


Adrés Roca Rey fue el máximo triunfador de la sensacional jornada con cuatro orejas cuatro y hasta petición de rabo tras matar al último toro de la tarde. Con ambos se desparramó con capote y muleta en un incuestionable derroche de valor, de capacidad y de inteligencia gracias a su máximo don que expresa mediante inagotables, sorpresivas y originales improvisaciones.



Con nobilísimos toros de Jandilla, máximos matices
 de Padilla, Talavante y Roca Rey

J.A. del Moral · 29/07/2018 
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. Sábado, 28 de julio de 2018. Séptima y última de feria. Tarde muy nublada con lleno de no hay billetes.
Seis toros de Jandilla, de justa e ideal presentación y aún más justa fuerza, suficiente movilidad en distintos grados de nobleza, clase y durabilidad. Salvo al primero, que fue castigado con un duro y perjudicial puyazo, la suerte de varas fue prácticamente simulada. Quinto y sexto, extraordinarios. El último de la tarde fue premiado con vuelta al ruedo.
Juan José Padilla (caldero y oro): Estocada tendida, oreja. Media estocada tendida atravesada, estoconazo y descabello, oreja por mayoritaria petición.
Alejandro Talavante (blanco y oro): Dos pinchazos y estocada, ovación con saludos. Estocada atravesada, aviso y dos orejas.
Roca Rey (malva y oro): Espadada caída de efectos fulminantes, dos orejas. Estocada desprendida, dos orejas y petición de rabo.
Los tres matadores y el mayoral de la ganadería fueron sacados de la plaza en hombros. 
En la brega destacaron Juan José Domínguez y Juan José Trujillo. Ambos también en banderillas y asimismo Viruta y Paco Algaba. 


Decíamos e insisto, que lo mejor que vimos ayer fue el toreo de Alejandro Talavante. Las fotografías del gran Arjona que ilustran esta crónica dan sobrada prueba de ello. Alejandro ayer en Santander nos regaló la más admirable versión de sus asombrosos muletazos en redondo y al natural – ya hemos hablado muchas veces de que su mano izquierda es de oro con diamantes – divinamente engarzados en sucesivas e intensivas rondas. Un no va más en una tarde que por sentimientos dominó Padilla y por entrega total Roca Rey. Fue una pena que Talavante no matar pronto ni bien al segundo toro. Pero a pesar de esta falta, su actuación fue absolutamente irreprochable.



Lo de Padilla es punto y a parte. Todo un caso que está a punto de pasar a la historia una vez cumplida su última actuación en esta temporada de su adiós. Y es que la arrolladora personalidad y el haber sido capaz de crecer profesionalmente a pesar de sus horribles cornadas y percances, son dignos no solo de admiración. 

También de asombro. Por eso la plaza de Santander ayer fue un crisol de aficionados y de público que no suele acudir a ver corridas de toros. Vino muy bien porque además de poder volcarse con Padilla, tuvieron ocasión de descubrir otras versiones del toreo y, por ello, de estrenarse en una afición que no pocos desconocían. Yo mismo tuve al lado a jóvenes primerizos que prometieron volver. Y eso de hacer afición es un lujo cuasi asiático. Gracias, Padilla. Gracias Talavante, Gracias Roca Rey.


Fue, como acabo de decir, un derroche total del limeño en su versión mixta porque ayer dio rienda suelta a su mejor faceta del toreo clásico y en sus hallazgos que más fama le han dado y de las que nunca podrá desprenderse porque esa es su máxima característica aunque no a todos agrade, empezando por mi. Sin embargo, es normal que a la gente le entusiasmen tanto la maravillosa variedad de su toreo con el capote – ayer se prodigó totalmente en sus recibos y en sus preciosos quites – como sus inacabables faenas de muleta en las que cabe todo lo imaginable y hasta lo inimaginable por sus continuas sorpresas que proceden del don que Andrés atesora como inaudito improvisador según sean las condiciones y reacciones de los toros. Ayer rizó todos los rizos Roca Rey, fiel a su prodigiosa imaginación que pone en práctica y asombra a cuantos le ven, Sobre todo a los que le descubren por primera vez. A mi me gustaría que toreara con el capote más veces a la verónica que es la más difícil de las suertes. Pero lo compensa con la más arriesgada, con la de matar. Roca Rey también es un cañón seguro en la suerte suprema….


David Mora triunfador d ela corrida en Almadén (Ciudad Real)

 El público ha pedido con fuerza el doble trofeo y el señor del palco ha sacado dos pañuelos blancos que han lucido ostensiblemente en la barandilla del mismo. Pero cuando el alguacilillo se ha dirigido a hacerse cargo de los trofeos para entregárselos al torero, ha indicado, con el dedo índice más tieso que el de la estatua de la Libertad del puerto de Nueva York, que se le entregara solamente una oreja.

Otro okupa en el palco

En la bella y hexagonal plaza de toros de Almadén, también llamada “de los mineros”, otro presidente, y ya van demasiados en el curso de la temporada, ha conseguido que se hable más de él que de los toreros actuantes: Sebastián Castella y David Mora, acompañados por la rejoneadora gala Lea Vicens. Tal parece que abundan los “usías” que piensan como decía Luis Miguel Dominguín: “Que hablen de uno aunque sea bien”.

Si fuera un caso aislado, no valdría la pena darle el gusto de que protagonizara informativamente la tarde al “okupa” del palco de la citada plaza, pero es que ya se está convirtiendo en norma la incapacidad y escasa seriedad de los que, con absoluta impunidad para subir o bajar el pulgar, decretan el éxito o el fracaso de los toreros por esas plazas de Dios. En este caso, la víctima de la indocumentación del menda ha sido Castella, que ha estado muy por encima de su lote y que en su segundo burel ha logrado momentos de gran belleza y torería, dentro de su estilo firme y entregado, y además lo ha pasaportado de un estoconazo hasta la bola. El público ha pedido con fuerza el doble trofeo y el señor del palco ha sacado dos pañuelos blancos que han lucido ostensiblemente en la barandilla del mismo. Pero cuando el alguacilillo se ha dirigido a hacerse cargo de los trofeos para entregárselos al torero, ha indicado, con el dedo índice más tieso que el de la estatua de la Libertad del puerto de Nueva York, que se le entregara solamente una oreja. Estupor, coña marinera de público y toreros y el poncio tan pancho. Incluso se ha permitido el lujo de pasarse por el forro el protocolo que le obliga a levantarse y saludar a los actuantes cuando abandonaron el ruedo, y hasta de no responder a la inclinación de cabeza de los matadores al finalizar sus faenas. Rejoneadora incluida. Un prenda, vamos…

Pero poco se le puede pedir al presidente de Almadén, cuando cosas parecidas han ocurrido este año en Valencia, en Pamplona e incluso en Sevilla. Y hasta en Madrid, un “usía” se marcó el farde el año pasado de concederle un rabo al rejoneador Diego Ventura y quitárselo después. No se trata de juzgar si los trofeos son merecidos o no, sino de que los “reyezuelos” de los palcos sean educados y respetuosos, tengan un criterio claro y dejen sobre el piano, antes de salir de sus casas, el afán de protagonismo. Tenemos un problema con los palcos, al que hay que darle solución cuanto antes porque lo que está ocurriendo tan a menudo no puede continuar. En los ruedos hay unos seres humanos que se juegan la vida, y en los tendidos otros que han pagado su entrada y merecen más respeto. No se puede decidir tan frívolamente sobre un espectáculo tan serio como el toreo.

Pero vamos a Almadén. Es un lujo gozar de una corrida en un marco como el su hexagonal plaza de toros. David Mora ha abierto la Puerta Grande y Castella no lo ha acompañado porque un ignaro en materia taurina ha jugado al escondite con su buena actuación. Lea Vicens ha tenido una tarde de presentación de credenciales que la acreditan como una magnifica caballista y rejoneadora. En todo caso, vale la pena viajar a Almadén para ver toros.


Otro okupa en el palco / Por Paco Mora

David Mora triunfador d ela corrida en Almadén (Ciudad Real)

 El público ha pedido con fuerza el doble trofeo y el señor del palco ha sacado dos pañuelos blancos que han lucido ostensiblemente en la barandilla del mismo. Pero cuando el alguacilillo se ha dirigido a hacerse cargo de los trofeos para entregárselos al torero, ha indicado, con el dedo índice más tieso que el de la estatua de la Libertad del puerto de Nueva York, que se le entregara solamente una oreja.

Otro okupa en el palco

En la bella y hexagonal plaza de toros de Almadén, también llamada “de los mineros”, otro presidente, y ya van demasiados en el curso de la temporada, ha conseguido que se hable más de él que de los toreros actuantes: Sebastián Castella y David Mora, acompañados por la rejoneadora gala Lea Vicens. Tal parece que abundan los “usías” que piensan como decía Luis Miguel Dominguín: “Que hablen de uno aunque sea bien”.

Si fuera un caso aislado, no valdría la pena darle el gusto de que protagonizara informativamente la tarde al “okupa” del palco de la citada plaza, pero es que ya se está convirtiendo en norma la incapacidad y escasa seriedad de los que, con absoluta impunidad para subir o bajar el pulgar, decretan el éxito o el fracaso de los toreros por esas plazas de Dios. En este caso, la víctima de la indocumentación del menda ha sido Castella, que ha estado muy por encima de su lote y que en su segundo burel ha logrado momentos de gran belleza y torería, dentro de su estilo firme y entregado, y además lo ha pasaportado de un estoconazo hasta la bola. El público ha pedido con fuerza el doble trofeo y el señor del palco ha sacado dos pañuelos blancos que han lucido ostensiblemente en la barandilla del mismo. Pero cuando el alguacilillo se ha dirigido a hacerse cargo de los trofeos para entregárselos al torero, ha indicado, con el dedo índice más tieso que el de la estatua de la Libertad del puerto de Nueva York, que se le entregara solamente una oreja. Estupor, coña marinera de público y toreros y el poncio tan pancho. Incluso se ha permitido el lujo de pasarse por el forro el protocolo que le obliga a levantarse y saludar a los actuantes cuando abandonaron el ruedo, y hasta de no responder a la inclinación de cabeza de los matadores al finalizar sus faenas. Rejoneadora incluida. Un prenda, vamos…

Pero poco se le puede pedir al presidente de Almadén, cuando cosas parecidas han ocurrido este año en Valencia, en Pamplona e incluso en Sevilla. Y hasta en Madrid, un “usía” se marcó el farde el año pasado de concederle un rabo al rejoneador Diego Ventura y quitárselo después. No se trata de juzgar si los trofeos son merecidos o no, sino de que los “reyezuelos” de los palcos sean educados y respetuosos, tengan un criterio claro y dejen sobre el piano, antes de salir de sus casas, el afán de protagonismo. Tenemos un problema con los palcos, al que hay que darle solución cuanto antes porque lo que está ocurriendo tan a menudo no puede continuar. En los ruedos hay unos seres humanos que se juegan la vida, y en los tendidos otros que han pagado su entrada y merecen más respeto. No se puede decidir tan frívolamente sobre un espectáculo tan serio como el toreo.

Pero vamos a Almadén. Es un lujo gozar de una corrida en un marco como el su hexagonal plaza de toros. David Mora ha abierto la Puerta Grande y Castella no lo ha acompañado porque un ignaro en materia taurina ha jugado al escondite con su buena actuación. Lea Vicens ha tenido una tarde de presentación de credenciales que la acreditan como una magnifica caballista y rejoneadora. En todo caso, vale la pena viajar a Almadén para ver toros.