la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 29 de agosto de 2026

Un gran torero llamado Iván García / por José Carlos Arévalo


 '..¿Por qué el torero rubio de Madrid no fue la figura que por sus condiciones estaba destinado a ser? ¿Por qué echaron a los leones a un torero tan bueno nada más tomar la alternativa? ¿Lo disuadió la terrible triple cornada de Villa del Prado?..'

EN CORTO Y POR DERECHO
Un gran torero llamado Iván García

José Carlos Arévalo
La excelencia está por encima del rango. Toreros son todos los que visten de luces. Solo hay buenos y malos toreros, ya sean matadores, picadores o banderilleros. Y uno de los mejores toreros del presente es Iván García. Tiene el rango de banderillero, pero es uno de los buenos toreros actuales incluidos los de oro y los de plata. Su prestigio entre público y afición se lo ha dado su arte con los rehiletes. Y lo tiene bien merecido porque siempre acopla un gran para todo tipo de toro, ya sea este noble y bravo, embista con rectitud y no derrote en la reunión. Pero igualmente perfecto será el par si el toro le tapa la salida y calamochea por las nubes. Generalmente parea de poder a poder, dada la general bravura del toro actual. No le he visto nunca hacerlo al cuarteo, ni al sesgo, los otros dos pares que se considera apropiados para el subalterno por su eficacia cuando el toro se defiende o se ampara en tablas. Generalmente los banderilleros tienen un solo par. Incluso solo uno tenía Manolo Montoliú, el mejor banderillero que he visto... después de El Vito, a quien tuve la suerte de ver cuando se acuadrilló con Litri. Pero Iván García raya a esa altura, y con eso está dicho todo.


Sin embargo, el banderillero madrileño es mucho mejor con el capote en las manos que con los palos. Su lidia -la del toro que le corresponde-, aunque discreta para no demeritar al matador, el buen aficionado la disfruta casi tanto como una buena faena. Por un lado te hace descubrir cómo es y cómo será el toro. Por otro, resulta un deleite ver la templanza de su elegante pero discreta brega. En un caso lo templa con cadencia, en el otro lo templa con mando. No compite ni se pone bonito, pero tampoco se encorba como un súbdito cobista. Su capote lidiador, siempre discreto, es el más señorial de todo el toreo.

Finalmente, otra de las virtudes de este gran torero es la de su exacta colocación en el ruedo. Siempre perfecta en función de la lidia, siempre eficaz al servicio del quite. Y me paro. no quiero terminar este artículo que celebra la existencia de un torero como Iván García con el menor lamento. Pero no tengo más remedio que preguntarme lo que se peguntan muchos aficionados ¿Por qué el torero rubio de Madrid no fue la figura que por sus condiciones estaba destinado a ser? ¿Por qué echaron a los leones a un torero tan bueno nada más tomar la alternativa? ¿Lo disuadió la terrible triple cornada de Villa del Prado? Lo siento, nunca me gustó escribir sobre lo que pudo ser y no fue. Prefiero hacerlo de lo que es una primera figura de los toreros de plata.

Ceuta como prueba de fuego / por Carlos Esteban

 
Levantamiento popular del 2 de Mayo de 1808 (Goya)

'..Se repite hasta el cansancio la pregunta de a qué esperan los ciudadanos para levantarse, pero no hay cómo hacerlo, no hay cauces, una vez que el poder ha colonizado las instituciones hasta desnaturalizarlas, como en esas películas en las que los extraterrestres entran en el cuerpo de la gente..'

Ceuta como prueba de fuego

Carlos Esteban
Que el moro haya invadido Ceuta, una ciudad tan española como Albacete, y no haya ardido el misterio es un certificado de defunción para España. Nuestra sociedad carece de pulso, está en coma inducido. Si se recupera no habrá que hablar de revitalización, sino directamente de resurrección, de un prodigio más que de un repunte.

España no tiene esa sociedad civil que, mal que me pese, sigue vertebrando las comunidades políticas anglosajonas. Entre el poder y el individuo hay un absoluto y desolador vacío. Se repite hasta el cansancio la pregunta de a qué esperan los ciudadanos para levantarse, pero no hay cómo hacerlo, no hay cauces, una vez que el poder ha colonizado las instituciones hasta desnaturalizarlas, como en esas películas en las que los extraterrestres entran en el cuerpo de la gente.

Y probablemente tenga un sentido profundo la paradoja de que, mientras el pensamiento político popular español se decanta hacia un vago colectivismo estatalista, la naturaleza íntima del ciudadano se mantiene en un individualismo feroz. Por el contrario, los países que han hecho del individualismo una bandera explícita tienden más a la acción coordinada.

Pero mientras el español mantiene su fiera individualidad frente a su vecino, de algún modo confía en el poder, quizá como un atavismo heredado de cuando creía en el Dios católico y su Providencia, una transferencia psicológica perfectamente natural.

Ya no vamos a montar un motín en Aranjuez al grito de «¡que se nos los llevan!». Seguro que hay una agencia o un instituto que se ocupa del último motivo de indignación. El horizonte personal es mínimo, se mide en metros: más allá, el Gobierno se ocupará. O no. Pero, desde luego, no es cosa mía.

Queda una población pastueña, atocinada, mansa, ovina, más recelosa del de al lado que de esa máquina de perpetrar abusos y repetir mentiras que se ha convertido la Administración. Y los que están dispuestos a hacer apenas tienen cómo.

Sobre todo: el sistema se ha cimentado sobre un cúmulo de falsedades tan enorme que desanima inmediatamente pensar en todo lo que hay que desmontar para regresar a la cordura, para tener una posibilidad de supervivencia como nación.

Porque Ceuta tiene, al menos, la ventaja de la sinceridad visual, de la imposibilidad de mirar y seguir engañado. De nada sirven las consignas de medios comprados ante la evidencia ocular en una ciudad asaltada, con compatriotas nuestros viviendo como refugiados en su propia patria. Leer a algunos opinadores áulicos con las imágenes de fondo recuerda a aquella emisión de la CNN, ya convertida en meme inmortal, donde un locutor habla de una manifestación «mayormente pacífica» de Black Lives Matter mientras el espectador puede ver detrás de él los edificios ardiendo.

Hemos vivido las mentiras pandémicas, la riada de Valencia, el gran apagón, los incendios, los desastres ferroviarios, todo sin que se nos mueva políticamente un músculo. Hasta Pedro debe estar parpadeando incrédulo ante nuestra docilidad perruna. Pero Ceuta es la prueba de fuego, el test definitivo. Y lo estamos fallando.

Quizá haya algo de la inversión de la pirámide demográfica en todo esto, no sé. Somos una sociedad envejecida, dominada por un contingente que quizá tuviera buenos motivos –mejores, en cualquier caso– para fiarse de la versión oficial de las cosas. Hay más miedo, más cautela, tal vez incluso menos interés en un futuro en el que ya no estarán, y el que venga detrás, que arree.

POEMA A MANOLETE / por Agustín de Foxá


Viene el juego de Grecia por el Mediterráneo,

¡oh toros entre redes de los vasos de Creta!

Pasifae en la playa contempla enamorada

al blanco toro entre la espuma fresca.


¿Fue en la vieja Tartesos que exportaba la plata

la primera verónica? ¿En que arcilla alfarera

que hoy es arqueología citó el primer torero

con púrpura fenicia a la mortal cabeza?

Muchos siglos prensados cual dorado racimos,

¡oh, MANOLETE!, hasta llegar a tu muleta.


¡Cuánta herida y mugido hasta tu pase de oro!

¡Qué pedestal de sangre te sustenta!

Bisontes de Altamira, abultados en ocre,

¿soñaron tu verónica que da alas a la seda?

Negros toros ibéricos incendiadas las astas

murieron sin la gloria de tu arena.


De la primera línea de las Plazas lejanas

a nuestra retaguardia sencillamente llegas.

Noventa y tres ciudades del toro has conquistado.


Noventa y tres redondas Alhambras se te entregan.

Ya están bajo la noche de las ganaderías

fraguando los feroces combates de la tierra.


Ríos de sangra brava se encrespan en los prados

e instintos milenarios, para que tú los venzas.


La puerta de la Gloria ya está abierta; has entrado

al Teatro terrible de la muerte de veras.


¡Qué perfume de dehesas en el toro cegado

del toril con su noche a una plaza sin velas!

La cornada en la seca armazón del caballo

ha abierto la sorpresa de unas entrañas frescas.


Y en el quite te llevas prendidas las heridas

y en la leña del asta cuaja un abril de seda.

Manolete con un miura en Valencia

Ya está el toro en el centro; paso a paso despacio,

te acercas al asombro de una embestida ciega

y deshojan su empuje dieciséis naturales

como pétalos rojos que en el aire se quedan.


El terreno del toro ya es tuyo. ¡Y qué terrible

esa arena arrancada a su mar de violencia!

¡Qué tierra movediza donde pones tu estatua

con un seto de Muerte que erizado te aprieta!

ya es intangible el toro; ya es inútil la malva.


La fina flor del campo y el Betis que la riega

solo la Muerte puede eternizar su giro

cuando, cuadrado, el rayo fulminador le acecha.


¡Qué tempestad de plata en su jardín de entrañas!

¡Qué vidrio en su mirada cuando inmóvil se queda!

Destruido por dentro, y por fin se derrumba

humillando a tus plantas su almenada cabeza.


Luego, amaranto y oro, o de manzana y plata,

das el giro al anillo, el trofeo en tu diestra,

como brasa de sangre, y parece la Plaza

un velero arbolado de pañuelos que vuelan.


Dos mil años de lidia sobre esta piel de España

(¡oh cráteres de luna de su redonda tierra!)

hasta ti, MANOLETE, que das ritmo y medida

al anárquico empuje del instinto y la fuerza.


Yo saludo al torero más valiente en el ruedo.

Saludo el abanico difícil de tu izquierda,

que hace al toro satélite, luna de tu oro antiguo

con órbita de estrellas.


Yo saludo en ti a Córdoba, olivares y ermitas,

surtidor de odaliscas, hoy cubierto con tierra,

que te dio esa elegancia de califa sin trono,

de Almanzor que no vuelve, que es desdén y nobleza.


Manolete por Pepe Sala

viernes, 28 de agosto de 2026

Las Ventas. Quinta y última del verano madrileño. Christian Parejo nos hizo rejuvenecer medio siglo. Pepe Campos


'..Christian Parejo, ayer noche fue como un embajador del tiempo porque nos trasladó a aquella época añorada de toreros de verdad que querían serlo y demostrarlo..'

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 27 de agosto de 2026. Quinta corrida de toros (y última) del verano madrileño. 

Encierro de toros de Pedraza de Yeltes (encaste Juan Pedro Domecq —línea Aldeanueva—). Bien presentados, aunque desiguales en hechuras. Toros grandes, altos y largos, con buena encornadura. Primero, cinqueño, abierto de cuerna, con buenas perchas. Segundo, ofensivo y astifino, bien hecho. Tercero más terciado, bajaba en presentación. Cuarto, inválido, muy protestado. Quinto, enorme, alto, largo y hondo. Sexto, cinqueño, alto y largo. Nobles y mansos. Haciéndoles el trasteo por derecho desarrollaron embestidas templadas. Más de un cuarto de entrada. Noche de verano fresca.

Terna: Francisco José Espada, de Fuenlabrada (Madrid); de azul marino y oro; con cabos blancos; once años de alternativa; tres festejos en 2025, y uno en 2026; silencio tras un aviso y silencio tras aviso. Joaquín Galdós, de Lima (Perú); de perla y azabache; diez años de alternativa; siete festejos en 2025 y tres en 2026; silencio tras un aviso y silencio. Christian Parejo, de Chiclana de la Frontera (Cádiz), de rosa palo y oro, con cabos blancos; tres años de alternativa; cinco festejos en 2025 y ninguno en 2026; ovación tras aviso y oreja.

Suerte de varas: no se cuidó ponerlos en suerte para el caballo. En general se les picó con metisaca y se les tapó la salida. Más puyas caídas que traseras. Empujaron en el caballo, primero, quinto (en las dos varas) y sexto. Al segundo se le aplicó dos puyazos en la primera entrada. Con el quinto se utilizaron dos varas consecutivas en el primer encuentro (una de ellas se rompió). El picador Francisco Javier Fernández no tuvo reparo en hacerlo. Por el buen juego del sexto toro elegimos para ser descrita su pelea en varas practicada por José María González. Al tiempo de ponerlo en suerte para la primera puya, el toro se fue al caballo al relance, el hierro conducido por el picador se situó caído detrás de la cruz, se le dio metisaca, el toro empujó, sonó el estribo y salió al capote. Para la segunda vara fue mejor colocado, a tres o cuatro metros de la segunda raya, también en contraquerencia, el hierro fue situado del mismo modo, caído y tras la cruz, la reacción del toro fue salir de naja.

Buenos pares de banderillas de Iván García, Fernando Sánchez y Raúl Ruiz.

Pepe Campos
Todos los años cuando se acercan los festejos de verano en la plaza de Las Ventas se nos viene a la memoria (al recuerdo, ese bien que nos conduce en la vida) los festejos de cuando entonces, es decir, de cuando éramos jóvenes. En las tertulias taurinas de los bares madrileños, tras las novilladas y las corridas de toros, de manera permanente, en la época del ferragosto madrileño, se suele parlamentar de aquellos festejos de nuestra juventud, anteriores a la época de Chopera y en el mismo periodo de aquél empresario que levantó Madrid (Manuel Chopera) y lo puso en la cima de las temporadas taurinas. Antes, durante y después de la gestión de Chopera hubo carteles atractivos durante los meses estivales compuestos con toreros que buscaban el relanzamiento de su carrera y que toreaban, en esos envites, ganaderías de las llamadas duras (aquellas que las figuras no ven ahora ni en pintura). En las discusiones de esas veladas se hablaba, se habla, por parte de los aficionados más veteranos de aquellos toreros que triunfaban durante el verano y que reconducían su carrera, y que en ese momento nos regalaban con la mejor torería de su trabajado bagaje taurino.

Algo que era (lo que estamos contando) y es, cierto, aunque muchos otros aficionados (muy defensores del concepto «figura») solían o suelen desmentir; quiere decirse que negaban, y que niegan, que esos instantes de esplendor taurino fuesen reales. La memoria es muy caprichosa y egoísta, y manipulable; de hecho cuando llega el mes de julio siempre aparece la sorpresa de que «hace mucho calor», como si fuese la primera vez que sucede. El hombre es así, flaco de memoria. Si bien (podemos asegurar que) hubo un tiempo en aquellos veranos citados donde los toreros eran de raza, aunque modestos: puede ser, pero grandes toreros, con un planteamiento muy personal en su tauromaquia y con variedad en sus modos de exhibirlo. Sánchez Bejarano, Marismeño, Macareno, El Inclusero, Calatraveño, Raúl Sánchez o Sánchez Puerto, existieron. Y por qué no pensar en Joaquín Bernadó, Paco Ojeda o José Luis Palomar. Existieron y lo hicieron. Pero para demostrarlo tuvieron que ser contratados y poder medirse a las ganaderías duras de aquellos momentos. El Jaral, Luciano Cobaleda, Camaligera, El Pizarral, Cortijoliva, Prieto de la Cal o Jesús Trilla; y otras, que daban espectáculo genuino, verdadero y emocionante.

Muchos aficionados (y taurinos, es decir, los que viven de las figuras) niegan la memoria cuando les conviene porque siempre hay que defender al torero que manda (y si manda será por algo, ciertamente, y para lograrlo, es posible que mandaran antes o manden ahora cosas —antes en forma de sobres, ahora no sabemos, pues los tiempos cambian— a sus fieles publicistas, en forma de golosinas; puede que hoy en época de bonanza sólo sea el regalo de su voz o de sus promesas o de una evidencia mayestática pura. La verdad es que no sabemos cómo sucede este milagro de ver tirando del escalafón taurino a tanto matador de toros uniforme, insustancial, vacío, huero, sin alma, sin aportar sabor a su tauromaquia, sin preocuparse de la variedad, sin aplicarle nunca pasión torera; de no querer ser, de no querer demostrar, pero sí servir (ser útiles, consentir, condescender) al sistema vigente que sólo reserva sus prebendas para los (sus) elegidos (aquellos que valen para avenirse a la monotonía y no ambicionar). De este estado de las cosas mucha culpa la tiene el «aficionado» que se emociona con el «figureo», con el colorín y con lo cómodo.

Otra parte de culpa la tiene el sistema (los empresarios, principalmente; también, los matadores de toros apáticos; los ganaderos de toros desrazados; y la crítica acomodaticia que se contenta con viajar y dormir en hoteles pagados, y preocupada de reñir al aficionado exigente, con un tipo de cronística al servicio del público orejero —léase en los medios generalistas o afines— y no con el fin de formar aficionados). No hay por qué extenderse en esto; es algo que se sabe pero no se quiere ni ver, ni reconocer. Mejor pasar a explicar lo que sucedió ayer noche. Ya que ocurrió que un torero, Christian Parejo, de pronto se sintió simplemente torero, y durante toda la función estuvo dispuesto a torear, a seguir las reglas más elementales de la tauromaquia (dar distancia a los toros, embarcarlos con verdad, cruzado, cargando la suerte y rematando los muletazos detrás de la cadera), sin olvidarse: de estar variado, en los lances, en los pases, en los adornos, y en los remates. De trasladar al público, su pasión y su torería. De darle alegría a la embestida de los toros, de buscarla y de encauzarla. Christian Parejo, ayer noche fue como un embajador del tiempo porque nos trasladó a aquella época añorada de toreros de verdad que querían serlo y demostrarlo. La consecuencia de todo ello es que nos regaló el elixir de la juventud y nos quitó a los aficionados veteranos medio siglo de encima. Salimos de la plaza de Las Ventas rejuvenecidos.

Christian Parejo, a su primer toro, el tercero de la noche, lo saludó —un toro ligero y templado al que había que entender— con lances al delantal y una buena media. No vimos en ello el preludio de nada. La cosa se fue construyendo poco a poco. Con la muleta en la mano sacó al toro, desde tablas al tercio de los tendidos ocho y nueve, con pases por alto con apostura. El toro necesitaba la muleta adelantada y mando. Parejo le dio distancia (lo mejor de su fresca actuación) y a media altura le sacó tres buenos redondos rematados con el de pecho. En la segunda tanda en redondo, hacia el final los muletazos le salieron más conseguidos. Al cambiarse la muleta de mano para torear sobre el buen pitón izquierdo del toro, mantuvo la apuesta de la distancia, pero le faltó mando. 

En los siguientes naturales consiguió muletazos de buen trazo y con aroma de toreo de verdad, más el de pecho como cierre. Ya ahí vino el repertorio de ayudados, molinetes, pases de la firma que cerraron esa parcela del trasteo. Remató luego la faena transmitiendo alegría, toreo bueno por bajo y buenos remates. De su labor es difícil ir describiendo los pases porque aplicó, no solo variedad, sino ingenio, atrevimiento y chispa. Mató en la suerte contraria de una estocada caída de sopapo y el toro huyó a tablas del tendido cinco, donde Parejo tuvo que emplearse en cinco descabellos.

En el sexto de la noche (un toro de Pedraza de Yeltes, con temple, no fácil) es cuando el torero de Chiclana (nos pareció verle con mucho sabor de ese sur español) elevó el listón. Con el capote dejó una buena media. Y con la muleta inició su trabajo por alto, con cadencia y con tono pinturero; algo despegado, si bien con donosura. En el toreo con la derecha (en la segunda raya del tendido nueve) se fue creciendo en pases por abajo y de enjundia (aguantó con valor y quietud una tarascada del toro y fue la clave de su imposición sobre el mismo). Un cambio de mano y un pase de pecho fueron mayúsculos. Al natural, la muleta por delante, dos de ellos canónicos y buenos. Por abajo y el de pecho. En el tendido ocho, entre rayas, planteó un final con naturales de frente excelentes, todo con sabor y determinación. Con la pierna de salida donde debe estar, por delante, hacia adelante, al trazar el pase. Mató mal en la suerte contraria, de media caída y estocada contraria, tendida y perdiendo la muleta. La oreja ganada muy merecida.

Francisco José Espada, no pudo con su primer oponente de Pedraza de Yeltes, un toro que pedía ser conducido, al tener la tendencia de quedarse corto. Si se le llevaba con pulso mantenía la embestida, pero si no, la acortaba. La embestida del toro corta pero templada. El toreo de Espada (un apellido mal puesto) con empeño pero sin logro. La muleta retrasada. Le faltó gobierno sobre el toro, aunque no fuera fácil conseguirlo. Lució en los pases de pecho, algo que se suele ver mucho. Fue buscando el arrimón. Mató en la suerte contraria de pinchazo soltando y de media baja y atravesada, más dos descabellos. Ante el cuarto toro poco pudo hacer Espada pues fue un ejemplar inválido, muy protestado. La faena no pudo hacerla porque el animal perdía constantemente las manos. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y en la contraria de estocada caída y desprendida, más tres descabellos.

Joaquín Galdós, no estuvo en son de poderle a un primer toro suyo (el segundo de la noche) ofensivo. La faena fue de más a menos. No pudo conseguir pases templados que el toro tenía escondidos si el matador exponía. El astado poseía un buen pitón derecho, pero imponía. Mató en la suerte natural de estocada desprendida, algo caída. Ante el quinto de Pedraza inició su labor por bajo, y con la muleta retrasada no consiguió sacarle partido. El toro era un gigante (estilo Polifemo) y Galdós no pudo emular a Odiseo. Medios pases. Mató en la suerte contraria tras dos pinchazos y media baja atravesada, más dos descabellos.


MANOLETE: 79 AÑOS DE LA TRAGEDIA DE LINARES / por Víctor Ramírez “Vitico”

La última sonrisa de Manolete

MANOLETE: 79 AÑOS DE LA TRAGEDIA DE LINARES

Víctor Ramírez “Vitico”
Mérida-Venezuela, 28 de Agosto de 2026
La feria de Linares de 1947 tenía como principal atractivo la tarde del jueves 28 de agosto en la que se corrían toros de Miura para Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Miguel Dominguín. Al día siguiente con toros de Samuel Hermanos actuaban Domingo Ortega, Luis Miguel Dominguín, Manuel Álvarez "Andaluz" y Paquito Muñoz, corrida que no se celebró por duelo.

MANOLETE LLEGA A LINARES

Sobre las tres de madrugada llegó Manolete a Linares, el torero se hospedó en la habitación 42 del hotel Cervantes. No descansó bien por tener malestar estomacal. Por la mañana habló con Luis Miguel Dominguín y el fotógrafo Francisco Cano “Canito” entre otros.

EL SORTEO

José Flores “Camará” se dirigió al coso de “Las Margaritas” para el sorteo de los miuras. Se enlotó la corrida y “Camará” le cambió un toro a la gente de Gitanillo de Triana, por uno más fuerte por las exigencias del público éste sería el toro que abrió el lote. “Islero” sí le correspondió a Manolete directamente y salió en quinto lugar.

EL ENTORILAMIENTO

En los toriles ese 28 de agosto trabajaban diez hombres, uno de ellos era Juan Antonio Robles Pérez que comentó que la corrida se enchiqueró bien. Curiosamente el que más lata dio fue “Islero” que tardó en meterse al chiquero por ser un toro al decir de Robles Pérez “muy nervioso”.

ISLERO

“Islero” nació en la finca “Valdelinares” curiosamente un nombre que lleva la palabra linares y se crió en la famosa “Zahariche”, se tentó siendo becerro en acoso y derribo dando un juego normal. Su madre la vaca “Islera” estaba marcada con el número 226 y fue apuntillada tras el herrado de un hijo ya que al morir Manolete estaba parida. Su cabeza se conserva disecada no así la de su hijo “Islero”. Teodoro Matilla estuvo a punto de cortarla en el desolladero, tenía incluso sus pies encima de los pitones del toro, pero le llamó urgentemente Balañá para asuntos de último minuto y al regresar ya habían destrozado la cabeza al descuartizar al toro.

EL ENCIERRO NO IBA EN UN PRINCIPIO A LINARES

El encierro de Miura no iba en un principio a Linares, estaba apalabrada para Murcia, pero a primeros de agosto Balañá llamó a Eduardo Miura para decirle que quedaba libre del compromiso de Murcia, se llegó a un acuerdo con esa empresa y terminó la corrida lidiándose en Linares.

ALMUERZO FRUGAL

La última comida de Manolete fue muy sencilla, solamente pidió un huevo cocido, una raja de melón y una cerveza.

ROSA PALO Y ORO

Manolete vistió de rosa palo y oro, sacando un capote de paseo bordado en oro y rosas. Como tenía por costumbre Camará le amarró los machos. Del hotel Cervantes hizo su trayecto a la plaza caminando ya que estaban muy cerca.

LA CORRIDA

Los tres espadas saludaron una ovación tras el paseíllo con un lleno total en la plaza. Los miuras salieron con las lógicas complicaciones. Gitanillo cumplió con su lote, Manolete no tuvo suerte con su primer toro y Luis Miguel Dominguín cortó la oreja del tercero, aunque la cuadrilla cortó las dos y el rabo debiendo arrojar Dominguín los trofeos no otorgados por la presidencia. Gitanillo de Triana, saludos tras petición de oreja y palmas. Manolete en su primero saludos tras petición de oreja, Luis Miguel Dominguín oreja y vuelta al ruedo tras petición. El banderillero El Boni padre sufrió una voltereta sin mayores consecuencias en el primer toro y Gitanillo resbaló también en la lidia de ese burel.

LA ÚLTIMA FAENA

“Islero”, número 21, negro entrepelado bragado corrido meano axiblanco, pesando a la canal 295 kilos. Fue complicado, metiéndose mucho por dentro por el pitón derecho, se dice que le quedó dentro el casquillo de la puya lo que afectó mucho al toro. Por los adentros apretaba mucho, por las afueras embestía mejor. Manolete le toreó con mucho valor aguantando una barbaridad. Tras ceñidas manoletinas y desplante tocando precisamente el pitón derecho. Dos orejas y rabo, los últmos trofeos de su vida.

LA CORNADA

Manolete entró a matar muy despacio en la suerte contraria cobrando una superior estocada. Al tiempo de entrar la espada el toro se encogió y alargó la cabeza hundiendo el pitón en el muslo derecho del torero que giró sobre el cuerno. Islero le pasó por encima y se fue a chiqueros donde dobló. El parte facultativo del doctor Garrido especificó “Herida por asta de toro situada en el ángulo inferior del triángulo de Scarpa, con un trayecto de 20 cms de longitud de abajo hacia arriba y de dentro a afuera y ligeramente de delante atrás con destrozo de fibras musculares del sartorio, fascia cribiforme, recto externo, con rotura de la vena safena y contorneando el paquete vascular nervioso y la arteria femoral en una extensión de 5 cms y otro trayecto hacia abajo y hacia afuera de unos 15 cms de longitud con extensa hemorragia y fuerte shock traumático”.Muslo derecho. Pronóstico muy grave.

NO VEO

Manolete fue operado en la enfermería por el doctor Fernando Garrido Arboleda y su equipo. Dos horas después de la intervención recuperó la conciencia quejándose de un dolor muy fuerte en el muslo herido siendo trasladado al hospital en una camilla llevada por varios hombres, en silencio cruzaron el ruedo y a pie fueron al hospital en una triste procesión. Se le hicieron varias transfusiones de sangre entre otras del cabo de la Policía Armada Juan Sánchez Calle, el matador de toros Pablo González “Parrao” y alguna más. Al principio las toleró bien. En la madrugada llegó el doctor Jiménez Guinea que se puso al mando. Manolete tenía mucha sed y le parecía mal el sabor del agua. Sor Julia Elorz, hermana de la caridad, poco antes de morir el torero le dio zumo de limón algo que le agradeció Manolete. A eso de las cinco de la madrugada se le hizo una última transfusión que no toleró, empezó a quejarse de mucho dolor en los riñones, incluso se arrancó la goma, pronunció la famosa frase “No veo” dobló la cabeza y expiró a las 5.07 de la madrugada del 29 de agosto.

DAN GANAS DE MORIRSE AQUÍ

En 1944 el automóvil de Manolete atropelló en Linares a la niña Anita, diligente el matador y su gente la trasladaron al hospital de Los Marqueses que curiosamente empezó a funcionar en el año que nació Manuel Rodríguez. El torero visitó el hospital por lo del accidente de Anita y les comentó a las hermanas que no había toreado tranquilo esa tarde pensando en la niña y dijo unas palabras proféticas que se cumplieron justo tres años después: “Dan ganas de morirse aquí por lo bien que se está”. Sin saberlo vaticinó su destino para convertirse en leyenda.

Fotos: Francisco Cano. 


'Las Campanas de Linares' / Rafael Farina

Aquelarre separatista. Bochorno culé: el Barça margina a los campeones y llena el campo de banderas esteladas

 

Bochorno culé: el Barça margina a los campeones y llena el campo de banderas esteladas

El independentismo vuelve a utilizar el feudo azulgrana para exhibir miles de enseñas secesionistas en un nuevo desafío tolerado por el club.

El Spotify Camp Nou se ha convertido este jueves en escenario de una multitudinaria exhibición de esteladas antes del encuentro entre el Barcelona y el Athletic. La iniciativa, impulsada por asociaciones catalanistas y secundada por numerosos seguidores azulgranas, ha adquirido un especial protagonismo en el primer partido del conjunto culé ante su afición durante la temporada 2026-27.

La movilización se produjo después de los incidentes registrados el pasado fin de semana en Elche, donde algunos aficionados que portaban la bandera independentista denunciaron haber sufrido una intervención policial. El caso, que tuvo especial repercusión por la situación de un menor, provocó una oleada de reacciones y llevó a diferentes colectivos a promover una respuesta simbólica en las gradas del estadio azulgrana.

Cuando los jugadores saltaron al terreno de juego, miles de aficionados levantaron esteladas y cartulinas mientras sonaba el himno del Barcelona. La imagen ofrecida por las gradas reflejó una clara reivindicación de la identidad catalana y del sentimiento independentista de una parte significativa de la afición.

Feria de Bilbao. La corrida de la semana tendrá que esperar / Barquerito & Moore

Condición y presentación de un lote de Victoriano del Río muy por debajo de lo habitual.

Entregado y firme, Roca Rey satisface plenamente las ansías de sus fieles, pero no puede repetir la hazaña de 2025.

La corrida de la semana tendrá que esperar

Barquerito
COLPISA-Torosdos / Bilbao, Jueves, 27 de Agosto de 2026 

4ª de las Corridas Generales. Nubes y claros, ventoso. No hay Billetes. 14.100 almas. Dos horas y tres cuartos de función.

Seis toros de Victoriano del Río.

Diego Urdiales, saludos y saludos tras aviso. Alejandro Talavante, silencio en los dos. Roca Rey, una oreja en cada toro.

ERA EN TEORÍA “la” corrida de la semana, como si no hubiera otra corrida ni otra semana. El gancho más eléctrico que propiamente carismático de Roca Rey como reclamo irresistible, una terna de las llamadas de tres generaciones -Diego Urdiales dando peso al cartel- y desde luego los seis toros de Victoriano del Río. Más dos sobreros de la casa.

Un promedio de 560 kilos, por debajo de lo habitual. Peso no es trapío, bien se sabe, pero si se trata de el-toro-de-Bilbao, sabe a poco no llegar a los 540, que fue el caso de los dos toros de Roca Rey y el del quinto de corrida. El toro más relleno fue el primero, cargado de cuartos traseros y corto de cuello, que, falto de la elasticidad propia de los grandes toros de Victoriano, se encogió sin golpe de riñón, no llegó a descolgar y, cuando sintió que Urdiales se pasó de faena, pegó cabezazos.

Por el nombre, Soleares, toro de reata infalible. Ya se ve que no todos. En tarde de nubes y claros fue el único que se jugó con luz cegadora, y con tapones en las bocas de vomitorio de los tendidos de sombra. A Diego le costó soltarse con el capote, pero firmó un gracioso quite por chicuelinas abrochado con serpentina. Y luego, una faena de buen dibujo, muleta mínima bien manejada, sobre todo por la mano izquierda, por donde hubo que perderle al toro pasos. Convertido en el mejor estoqueador del momento, cobró Diego una estocada hasta la bola y rodó el toro.

El desfile siguió sin que terminara de asomar el toro, o los toros, que Victoriano del Río suele guardarse en la guantera. Sumiso y claudicante, bonanza de toro amable y pachón, despaciosa embestida, escarbador, el segundo rozó los 600 kilos. Talavante se limitó a esperarlo y a resolver la reunión sin sufrir. Fría la gente. O, en realidad, impaciente porque estaba por salir no el toro más ligero de la corrida sino su astro central, Roca Rey que lo hizo fiel a su protocolaria coreografía: larga espera antes del visto bueno al torilero, postura en trance, lidia morosa cargada de espacios en blanco, dos puyazos de cualquier manera y, antes del cambio de tercio, un quite espectacular por saltilleras, la reunión en el platillo y el toro de largo, vaciado por las dos manos. Un delirio.

Una faena para y por sus miles de fieles. Estatuarios de apertura rematados con el molinete y, cosido con él, el de pecho, esos largos pases de pecho de su repertorio. Molestó el viento, que lo descubría. Salpicada de pausas, rindió curso una faena ajustada y abundante con la mano derecha, casi nada por la otra y el arrimón final, con medios circulares inversos, los péndulos y el desplante a palo seco. Era lo que había venido a ver la inmensa mayoría, Una estocada puñetazo marca de la casa. Casi un delirio. El palco frenó la euforia y no concedió una segunda oreja. De orejas iba entre otras cosas la corrida de la semana,

Noble y apagadito fue el toro de Roca, y todavía más noble y apagadito un cuarto de bella estampa que no se empleó en el caballo, se desplomó al cuarto viaje, echó los bofes sin fuelle y se resolvió en embestidas agónicas. Largo sin razón un trasteo justificatorio de Diego, compuesto formalmente y de nuevo inapelable con la espada. El quinto fue el de peor nota de los seis, encelado en el peto cobró el puyazo más largo y severo de la tarde, apenas medias embestidas, Talavante no pasó de un breve mareo de perdiz.

Para Roca la última bala, un cinqueño con pies, cambiado con picotazos cobrados en la puerta y donde debía, y puesto a modo al servicio del espectáculo. Apertura de rodillas, con los dos primeros cambiados ya intercalados en la serie, y de pronto un giro imprevisto: el raje del toro, su querencia a las tablas, sus ganas de irse, sus fugas cuando Roca trató en vano de sujetarlo en los medios. En tablas fue un final enloquecido -público caliente- una tanda donde fueron mayoría los cambiados, un desplante inerme con el toro aquerenciado en tablas y la bomba: dando adentros al toro, y despojado de engaño, Roca se tiró con la espada a morir. Una estocada trasera. Un descabello. Oreja. Pero la corrida de la semana tendrá que esperar. Tal vez mañana.

Galería Fotográfica: Andrew Moore