la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 23 de abril de 2019

Los toros de Colmenar. A mi abuelo Manolo / por Juan Manuel Mansilla García





Juan Manuel Mansilla García
Colmenar Viejo, julio de 2018
Mi querido Pablo Gómez, presidente de  esta  Asociación Taurina Cultural 'Tierra de Toros', de la que me honra ser uno de sus miembros fundadores, ha tenido la amabilidad de  invitarme  a escribir en este libro anual, ya un clásico, para recordar  a  mi abuelo materno, Manuel García Ibáñez, principalmente en la faceta le apasionaba, la de ganadero de reses bravas..., o, como rezaba en sus tarjetas de visita, de 'criador de toros de lidia'. Sospecho que salpicaré el relato abordando a otros aspectos suyos que considero que también merecen ser tratado


Con permiso... Manolo "Retamo"... El empleo de este apodo se convirtió tal vez en el medio más eficaz y frecuente de  identificarle  más allá  de  su  ambiente  cercano.  A  propósito,  gracias   a   la información  facilitada  por  mi  pariente  Miguel  Angel  García Blázquez, sabemos que este apodo  provenía  del  apellido  de  su antepasada Francisca Retamo, colmenareña  de  finales  del  siglo XVI. Siendo así, podemos decir que sus raíces familiares penetran en los orígenes, por lo menos en los documentados, del pueblo  de Colmenar Viejo.


Desde  siempre,  nosotros,  sus  nietos,  le   llamamos Manolo. Así, sin más. Pudiera ser que la circunstancia de  contar con sólo cuarenta y seis años cuando nació su primer nieto  (este servidor de ustedes), le empujase a hacernos suprimir el  término 'abuelo' cuando nos referíamos a él...; bueno, eso, o simplemente  que deseara ser uno más de nosotros. Y  a  fe  que  lo  consiguió desde el primer momento y, por nuestra parte,  desde  el  respeto que nunca dejamos de mostrarle.
         
En su juventud, Manolo pretendió ser torero.  Horrorosa noticia para sus padres...; había que evitarlo a toda  costa.  
El plan para disuadirle que tramó su padre, el abuelo Manolo (otro Manolo), obtuvo el resultado perseguido, aunque con el inevitable, pero necesario, precio de soportar zonas corporales doloridas. Su padre, amigo de muchos de los ganaderos de bravo que en la época -comienzos de los años treinta- proliferaban  en Colmenar, no sólo no le impedía asistir a  las  capeas  o  a  lo tentaderos, sino que fomentaba su intervención, incluso siendo el primero en avisarle de la fecha en que hubiera tienta  en  alguna ganadería. Previamente, su padre y el ganadero habían procedido a la elección de la res a la que Manolo se enfrentaría, cuidando con sumo 'cariño' de  escoger  una  vaca  resabiada,  cuanto  más toreada y orientada, mejor. 
Se  pudo  librar  de  algunas,  pero, aaamigo,  una  aciaga  mañana  se  le  cruzó  en  el  camino  una berrendita con guasa y le propinó tal paliza que, según él  mismo contaba, le desnudó. Le quitaron la vaca como pudieron y de  allí le sacaron en volandas, aturdido y  sin  explicarse  el  modo  de haberse quedado en cueros. Al mismo tiempo, también se desnudó de sus intenciones de ser figura del toreo.  Sus  padres  respiraron tranquilos.


Hablar de su afición a los toros equivale a  hablar  de pasión; pasión por ellos y por lo que les rodea. De manera que no es de extrañar que, tras el fallido intento de ser torero, por su cabeza bulliese con insistencia la idea de dar rienda suelta a esa pasión, merced a la crianza en algún momento de ganado bravo. "-Ese momento, con la ayuda de Dios, llegará", pensaba... Durante el camino de bastantes años en pos de esa ilusión, solía  acudir, siempre al lado de su mujer, la abuela Antonia, a las ferias  más importantes de España en las que presenció numerosas corridas, y además, conoció y se ganó la amistad de un buen puñado de toreros, ganaderos, apoderados y otras gentes del toro.


De las preferencias ganaderas de Manolo  sobresalía  la del encaste Albaserrada, que en su día poseyó José Bueno. "-A los toros que venían de él, los tenía echado el ojo; bravos y con  el morro por el suelo", decía. Este rico tratante de cerdos,  compró la ganadería del Marqués de Albaserrada a la viuda de éste en  el año 1921. Anteriormente, el Marqués la había formado con reses procedencia Saltillo adquiridas a su hermano, el Conde  de  Santa Coloma, en el año 1912. A la muerte de José Bueno,  en  1928,  la mayor parte de la ganadería pasa a manos  de  su  viuda,  Juliana Calvo, heredando al  parecer  la  otra  porción  más  pequeña  su sobrino Bernardo  Escudero  Bueno,  quien  casualmente  le  había acompañado en 1921  a  Sevilla  para  conocer  la  ganadería  del Marqués que compraría unos días más tarde. En 1930, Juliana Calvo añade noventa y dos vacas adquiridas al Conde de Santa Coloma. Al fallecimiento en 1941 de esta señora, heredaron la ganadería  los sobrinos AntonioJosefaFlorentina y Andrea Escudero Calvo.  La parte correspondiente a esta última le  fue  vendida  en  1949  a Pablo Martínez Elizondo, 'Chopera',  abuelo  de  los  empresarios actuales Oscar y Pablo 'Chopera'. Los lotes  de  los  otros  tres hermanos fueron adquiridos en  1961  por  Victorino,  Venancio  y Adolfo Martín Andrés.



Ignoro si con tanto dato he ralentizado el ritmo que me gustaría imprimir en la escritura y lo lamentaría si así fuere; y en  mi  descargo,  disculpándome,  invocaría  que  su   contenido histórico podría ofrecer interés. Bien... Ahora saltamos hasta el año 1958. La casa familiar se encontraba en  la  calle  de  Pedro López, en el número cuarenta de entonces. 
Allí vivían Manolo y la abuela Antonia, su hija María Antonia (mi madre) y la abuela Tomasa, la madre de Manolo. En la entrada se hallaba el despacho de pan y en la parte de atrás de la casa, con acceso desde la calle Sombrereros, el cocedero del pan y la vaquería y cuadras.
En medio de todo ello, un precioso patio, repleto de tiestos  con flores y plantas y una fuente con forma de pato en el centro,  en el que más tarde jugaríamos muy a menudo mis  hermanos,  AlfonsoMiguel  Angel  y  José  Antonio,  y  yo  con   nuestros   amigos, especialmente a los toros.
           
Esa casa rezumaba luz y alegría. Era especial; parecía que emitiera ondas capaces de inocular el espíritu de la vitalidad. Veamos... Entre las actividades laborales que acogía y entre la forma de vida adoptada en aquellos tiempos y que se desarrollaba con toda naturalidad en un pueblo como Colmenar, donde las puertas de las casas se encontraban permanentemente abiertas y los amigos y vecinos podían introducirse en los hogares ajenos sin apenas pedir permiso, tan sólo comunicando su llegada (un paréntesis: de esa llegada solía advertir el tintineo de alguna campanillita con la que la puerta tropezaba al empujarla, o también, en el caso de acceder a cualquier tienda o comercio del pueblo, como así sucedía en la panadería de mis abuelos, con el extinguido y por ello añorado dicho, elevando algo la voz dentro ya del establecimiento, de... "a despachaaar!"...); decíamos, pues, que entre las actividades que acogía y entre el modo de vida de entonces, esa casa disfrutaba a diario de un continuo trasiego de gente, que la dotaba de un ambiente singular, ajetreado pero entrañable. Si a esto le sumamos que la hospitalidad de mis abuelos y su, permítaseme decirlo, generoso sentido de la amistad, impulsaban frecuentes convocatorias de familia y amigos para compartir mesa y mantel, o para, simplemente, emprender amenas y prolongadas tertulias, como, por ejemplo, las que se mantenían tomando el fresco en las noches tranquilas y apacibles de verano, el resultado de la suma desvela que en esa casa se respiraban honda y sencillamente aires de vida.
                                   
Múltiples acontecimientos merecedores de  ser  contados tuvieron lugar en  ella.  Sin  embargo,  para  no  abusar  de  la paciencia del lector, me limitaré a  exponer  el  que  opino  que causó mayor impacto... La amistad de  Manolo  con  el  gran  Luis Miguel Dominguín venía de atrás, aunque tal vez no tanto como  su admiración por esta figura de época. Una muestra; marchaban en e coche mis abuelos con mi madre, niña aún,  camino  de  Valladolid para presenciar una corrida en la que intervenía él, cuando,  qué casualidad, el vehículo en el  que  viajaba  les  adelanta. Luis Miguel los reconoce y unos metros delante se detiene su coche  en una cuneta de la carretera. Manolo hace lo mismo; todos salen  de los coches y Luis Miguel sorprendentemente comienza a  torear  de salón allí mismo, en la cuneta,  para  anticiparle  a  mi  madre, niña, retazos de  alguna  de  las  faenas  que  esa  misma  tarde contemplaría; .genial!... A lo que vamos; tengo entendido que  la única ocasión en la que Luis Miguel toreó en Colmenar fue  en  la Feria de Nuestra Señora de los Remedios  del  año  1949  y  había aceptado la invitación de mis abuelos para  que  se  vistiera  de luces en la casa de ellos aquella tarde de agosto. Por cierto, ya en la casa, se detuvo ante una fotografía de la que recordaba  su toma, en la que aparecían Manolo,  él  y  su  peón  de  confianza Alfredo David Puchades. Manolo le reveló entonces  que  la  había bautizado con el nombre de "los tres unos"; a  saber,  el  número uno de los toreros, el número uno de los peones y el  número  uno de los aficionados..., .anda, ahí queda eso!.

Luis Miguel triunfó  clamorosamente  aquella  tarde  y, claro, le sacaron a hombros por la puerta grande de la  Plaza  de La Corredera. Hasta aquí nada fuera de lo  común  en  exceso:  un diestro que ha brillado y sale por la puerta grande; muy bien...



En cambio, lo verdaderamente extraordinario ocurrió cuando el transporte sobre los hombros de los sufridos 'capitalistas', se prolongó ininterrumpidamente hasta la misma puerta de la casa de la calle Pedro López, rodeado a cada paso de una muchedumbre enfervorecida que le vitoreaba. Existe una instantánea, tomada desde la misma calle Pedro López, que refleja la inmensa cantidad de personas que le acompañaron, festejando su gloriosa actuación a lo largo del dilatado paseo. La explosión de entusiasmo debió ser de órdago como para que tantísima gente siguiera la salida a hombros durante ese extenso trayecto. .Vamos, que todo el pueblo atravesó todo el pueblo!.

Volvamos a 1958. Desde esa casa partieron en coche  mis abuelos, mi madre y el entonces todavía novio de  ella,  Alfonso, mi padre, con destino a Salamanca. Se había citado en esa  ciudad monumental con Pablo Martínez Elizondo, 'Chopera',  para  ultimar la compra de la ganadería de éste, la cual se  anunciaba  en  los carteles con el nombre de 'La Cañada'; recordemos que se  trataba de la punta que le correspondió a Andrea Escudero Calvo. Mientras mis padres y la abuela Antonia daban una vuelta  por  la  ciudad, Manolo cerró el trato con 'Chopera' y dispuso lo pertinente  para el traslado de las reses a Colmenar. El momento que  ansiaba  por fin había llegado, gracias a Dios.


Tanto  lo  ansiaba,  pero  tan  seguro  estaba  de  que llegaría ese momento, que la placita de tientas, los  corrales  y el embarcadero, los tenía construidos desde hacía una temporadita en Las Careadas, finca en término municipal de Soto del Real,  en aquellas  fechas  aún  llamado   Chozas   de   la   Sierra. Como colaboradores para las faenas del ganado contaba con  Aquilino Avila,  'el  tío  Pitita',  y  con  el  yerno  de  éste,  Mariano Matellano, 'Goloso', ambos enormemente queridos y  recordados en nuestra familia; hablamos de unos profesionales impecables y  con una calidad humana insuperable. Manolo disponía además de lo  que me divierte denominar 'consultores' o,  incluso,  'compañeros  de batalla'. 
Me refiero a su  cuñado,  pero  amigo  del  alma,  Juan Torres, para nosotros el tío Juanito, y a Pedro Bermejo, 'Perico, el Zapatero', otro  amigo  impagable.  Con  ellos  compartía  sus temores y sus alegrías y ellos sentían como propios los éxitos  y los fracasos que proporcionaba el ganado.  Tanto  tiempo  pasaban juntos que conocían al dedillo los entresijos de la ganadería. Su primo Tomás Ariza fue otro de los que se involucró activamente en el proyecto, visitando a los toros en el campo y presenciando  la mayor parte de los espectáculos cerca de Manolo.
                                                      
   
A los festejos en  los  que  Manolo  lidiaba,  'Goloso' asistía como mayoral con un impoluto traje corto  que  su  mujer, Ignacia, le tenía preparado  cuidadosamente.  Recién  encajonados los toros en las jaulas que contenía el camión de turno, 'Goloso' se subía en él junto a su conductor y marchaba rumbo al punto  de destino, con el fin de encargarse de que a los  animales  no  les faltara agua o comida a lo largo del viaje y de cuidarlos durante su permanencia en los corrales de la plaza  donde  se  torearían.
Manolo emprendía el viaje en su coche y con él íbamos la  familia y algunos amigos... No; no me refiero a todos juntos  metidos  en su coche..., aunque a los jóvenes de hoy les alucinaría, por  una parte, la increíble capacidad de aquellos Seat 1500 de antes para albergar a tanta gente en su interior y, por otra, la indulgencia de los Guardias de Tráfico de esos tiempos.

Conservo imágenes, algo difusas  en  mi  mente,  de  la primera vez que me llevaron de viaje para asistir a  una  corrida de, en este caso, novillos, de Manolo. Se  celebró  en  Colliure. Sí, el pueblo francés,cercano  a  la  frontera  española,  donde murió  y  está  enterrado el  inmenso  poeta  sevillano  Antonio MachadoJunto con Manolo y la abuela Antonia,  vinieron  el  tío Juanito y su mujer, la tía Consuelo, esta  vez    en  un  mismo coche; éramos pocos. Paramos en Barcelona y  nos  bañamos  en  la playa; bueno, a mí me bañarían. Debía de  tener  cuatro  ó  cinco años, pero sí recuerdo aquéllo, sí recuerdo el mar y no  recuerdo  haberlo visto antes.
En Francia  tuvieron  mucha  aceptación  los  toros  de Manolo. El encaste 'Albaserrada' era y sigue siendo muy del gusto de aquella magnífica afición. Ya  se  sabe  que  además  en  esas tierras suelen volver a contratar al torero  o  al  ganadero  quehaya triunfado, de manera que hubo suerte,  se  dio  bien  y  los toros de Manolo debutaron y repitieron  en  diversas  localidades del sur galo, como, por ejemplo, en la  mencionada  Coillure,  en Saint Vicent de Tyrosse o en Ceret.



Una demostración de la preponderancia que  conceden  en el país vecino al toro, proyectada en los ganaderos por cuanto le crían, la saboreé en Ceret, con motivo de la lidia de una de  las novilladas de Manolo... Con la banda reglamentaria de los colores de la bandera francesa cruzándole el pecho, su muy ilustre Alcalde, junto con parte de su concejo, recibió protocolaria y ceremoniosamente a Manolo, como señor ganadero, y a quienes le acompañábamos; nos agasajaron con un  suculento  almuerzo  y  nos invitaron a  la  novillada.  No  exageraría  al  afirmar  que  el tratamiento dispensado se revistió del carácter de acto  oficial, particularmente en la recepción de inicio. Impresionante. Manolo comenzó lidiando novilladas en la antigua  Plaza de Vista Alegre de Madrid, la  popular  'Chata',  con  excelentes resultados en tiempos de apogeo de novilleros. En  una  de  ellas actuó con éxito Santiago Martín, 'El  Viti'.  Continuó  en  otros lugares de España y, como hemos dicho, de  Francia,  intercalando algunas corridas de toros. No poseía una cantidad elevada de reses; por regla general, las camadas reunían ejemplares como para que en cada temporada se cumplieran dos festejos, o tres en alguna oportunidad. Como estos toros se peleaban entre ellos reiteradamente y las bajas menudeaban cada año, Manolo prefería elevar la media de las cabezas que suelen ser apartadas para cada festejo en el intento de asegurar su celebración con los toros al completo.

Una de las corridas de toros sirvió para que un diestro paisano, amigo añorado, tomara la alternativa.  Santiago  García, 'El Tranquilo',  obtuvo  los  galones  de  matador  de  toros  al pasaportar a Odontario, el primero de los  astados  en  salir  al ruedo que Manolo envió a San Sebastián de los Reyes, un sábado  2 de septiembre de 1967. De padrino, Vicente  Punzón;  de  testigo,Luis Alviz. Mientras Vicente Punzón recogía la oreja  del  cuarto toro, a mis hermanos y a mí,  nos  sacaron  de  la  plaza  y  nos metieron en el coche para protegernos de la lluvia torrencial que calaba los tendidos. A pesar del agua, esa jornada nos  trajo  el inusitado y preciado regalo de  que  un  torero  de  Colmenar  se doctorase con un toro de Colmenar.
Desde su construcción y hasta 1978, la  empresa  de  la familia hispano-argentina Jardón regentó la plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid. Livinio Stuyck, forjador  de la Feria de San Isidro, ocupaba el cargo de gerente con la  ayuda de Juanito Martínez, quien además se encargaba de  seleccionar  y adquirir el ganado en la zona centro.Manolo mantuvo una estrecha relación con éste,  fruto  de  la  cual  se  consumaron  diversas compras de toros para Las Ventas y para  otras  plazas  españolas que también administraba esa empresa.

       
Me  vienen  a  la  memoria tardes como la corrida de toros que se lidió en Las Ventas un  30 de julio del año 72, estoqueada por El PaquiroRicardo de Fabramatador valenciano a quien, precisamente en la Feria de Fallas de este 2018, sus paisanos le homenajearon con motivo del cincuentenario de su alternativa, y El Hencho.  Manolo  había enviado los seis toros y un sobrero que no  hubo  de  comparecer, acaso porque los hados le reservaban un papel más protagonista...

Un torero de postín, Gregorio Sánchez, decidió que se cortaría la coleta matando como único espada seis toros de Manuel García 'Aleas' en Madrid. Sucedió un 30 de  septiembre  de  1973 y mis abuelos acudieron invitados por el recordado Manolo Aleas y su amable esposa, CarmenAccedieron a Las Ventas por el patio del desolladero y allí los dos matrimonios tropezaron con Juanito Martínez, quien, dirigiéndose a Manolo, le anunció que como primer sobrero figuraba el mismo de aquella corrida del año anterior. Mis abuelos no contaban con ello. La corrida transcurrió con normalidad hasta el quinto toro. Cuando  sale  el sexto, el último de Manolo Aleas, el público  lo  protesta  y  el presidente exhibe el pañuelo verde, indicativo de su devolución a los corrales. Sobrero  "p'alante"...  De  este  modo  el  célebre sobrero, de nombre Triguero, cárdeno, cinqueño,  herrado  con  el número once, perteneciente a la ganadería  de  D.  Manuel  García Ibáñez, se instaló en los anales al convertirse en el último toro que estoqueó  Gregorio  Sánchez. Como curiosidad, la disecada cabeza del burel, según me informó hace años un amigo, cuelga de una de las paredes de un restaurante sito en la localidad toledana de Santa Olalla, lugar de nacimiento del diestro, y contiene en su cerco la placa que da fe de lo que aconteció.



Manolo retornó a Las Ventas con una novillada a la que se sobrenombró como "la de los tres Angeles". Se programó para el 15 de agosto de 1973, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, y ese sobrenombre se impuso, con dudoso derroche de originalidad, a causa de que los tres novilleros anunciados se llamaban 'Angel'. Angel Llorente, del madrileño barrio de Barajas y pariente de nuestra adorada Antoñita Llorente, Angel Rodríguez,

'Angelete', otro torero de Santa Olalla e intérprete del insólito hecho de renunciar a la alternativa para volver al escalafón novilleril, y Angel Majano, de Getafe y posterior relevante banderillero. Manolo también envío un séptimo novillo como sobrero, al cual, ya de cuatreño, desorejó El Niño de la Capea en la Feria de San Lorenzo de El Escorial en agosto del siguiente año. Orihuela, Gijón (en un 10 de agosto de 1975), Los Navalmorales, Cadalso de los Vidrios, Las Rozas, Miraflores...
Aparte de los sitios ya citados y entre varios  más,  aplaudieron en sus plazas a los toros de Manolo; en  unos  sitios  más  y  en otros menos... Entre de  los  que  más,  destacaría  a  la  villa riojana de Santo Domingo de la Calzada

El día 12 de mayo de 1969 se produjo el evento histórico para ese pueblo, de celebrarse  la primera corrida de toros  en  su  suelo.  
Se  acartelaron  Efrain Girón, miembro de la famosa saga de  toreros  venezolanos,  Oscar Cruz, colombiano, tristemente fallecido  a  las  44  años  en  un accidente de tráfico, y José Manuel Inchausti,  'Tinín',  de  San Sebastián de los Reyes, quien se entretuvo en  cortarle  las  dos orejas y el rabo al toro Presumido, al que se le  premió  con  la vuelta al ruedo. Su cabeza adorna el salón  de  nuestra  casa de Soto.

Habría muchas más cosas que me gustaría contar, aunque hay que pensar en ir concluyendo. Sin embargo, autoríceseme a extenderme sólo un poquito porque me parece atractivo insertar alguna pincelada sobre la relación de los toros de Manolo con Colmenar.

Manolo mandó sus reses a "examinarse" a la plaza de Colmenar en cuatro ocasiones. Recurro a ese verbo, si bien lo entrecomilllo por sus connotaciones de hipérbole, debido a que el tribunal taurino al que más autoridad confería lo componían sus paisanos. El hormigueo estomacal que le proporcionaba la incertidumbre respecto del comportamiento de sus toros en cualquier plaza, se multiplicaba cuando se trataba de la plaza de Colmenar. Significaba un aumento en la presión que él mismo solía imponerse, por la responsabilidad que entrañaba el que sus toros cumplieran a satisfacción de sus vecinos, aunque, por otra parte, controlaba aquellas sensaciones gracias a la tranquilidad que suponía para su conciencia haber realizado su labor de ganadero del mejor modo posible.

La última corrida en Colmenar, un 24 de septiembre de 1978, supuso también la última de Manolo como ganadero y así se advertía en los carteles anunciadores. En ellos figuraban Gregorio Tébar, 'El Inclusero', nuestro Pepe 'Colmenar' y César González. He optado por descolocar ésta, la última, intencionadamente puesto que mi ánimo me inclina a pasar por ella de puntillas y reducir su comentario a esa escueta nota.
A  mi familia por aquel entonces nos dominaban la pena y la tristeza  a causa de la terrible enfermedad que mi padre venía  padeciendo  y que poco más tarde se lo llevaría, y se imponía en  nosotros  una completa ausencia de ilusiones, tanto como para que el  mismísimo Manolo, quién lo diría, hubiera decidido deshacerse  del  ganado.

Eran suegro y yerno pero se querían como padre e hijo. Todo daba lo mismo excepto la salud de mi padre. Meses antes de esta corrida, desmotivado por la melancolía, Manolo vendió hierro y reses a Jesús Trilla, en cuyo poder permanecieron, después de sustituir el encaste Albaserrada por otro de procedencia Méndez, hasta que los adquirió el vecino de Colmenar y viejo amigo Angel Luis Peña, quien modificó nuevamente el encaste con sangre Domecq. El destino felizmente dispuso que, al cabo de unos años, el hierro que identificaba a los toros de Manolo y que en nuestra casa aún puede contemplarse en distintos lugares, retornase a su pueblo de la mano de nuestro querido Angel Luis.
                    
Bien,  nos  desprendemos  de   la   aflicción   y   nos incorporamos a momentos más jubilosos. La proximidad del  término del relato aconseja rescatar las vibraciones positivas de las que he intentado proveerlo, en la persecución de una sensación  final amable. A ello...; en tres ocasiones anteriores se lidiaron reses de Manolo en Colmenar y en cada una de ellas a un  astado  se  le recompensó con la vuelta  al  ruedo  en  su  arrastre.  Meritorio porcentaje de éxito, dicho sea sin falsa modestia.

La primera de esta vueltas al ruedo la obtuvo un novillo, turnado en cuarto lugar y despachado por Ricardo Chibanga, mozambiqueño de nacionalidad portuguesa, al que le cortó las orejas y el rabo. Aún me parece estar viendo cómo este novillero de raza negra y elegante corte, salía al paso de las mulillas y, entusiasmado, aplaudía con franqueza al novillo.

Ocurrió, creo recordar, un  30 de agosto de 1970, domingo de feria y le acompañaron en el cartel Antonio José Galán y Raúl Aranda, ambos bien  conocidos  por  los aficionados merced a sus posteriores carreras como matadores,  de mayor repercusión la del primero.

Gracias a la gentil invitación de la peña hermana 'El Rescoldo', de la que también formo parte, por la que me propuso escribir sobre ella en su libro anual, otro clásico, editado en


2011, año en que se cumplían cuarenta desde que tuvo lugar, abundé con profusión en la corrida vista y disfrutada en Colmenar el 2 de mayo de 1971, en la que los toros de Manolo fueron estoqueados por José Manuel Inchausti, 'Tinín', al que hemos citado anteriormente, Sánchez Bejarano, salmantino, y Juan Calero, de Sevilla. Ahora nos limitaremos a escribir que el sexto toro, un cárdeno veleto y bizco del pitón izquierdo, también consiguió el galardón de la vuelta al ruedo. Juan Calero le cortó las orejas y el rabo. 


Y como no hay dos sin tres, sobrevino en Colmenar la tercera vuelta al ruedo, en esta ocasión, para otro novillo. Me acuerdo de un montón de detalles, pero he de confesar que no de la fecha exacta en que se lidió la novillada a la que me refiero; y presento mis excusas por ello. Debió ser por el año 76 y se programó fuera de la Feria de Remedios. Frente a los novillos de Manolo repetía paseíllo Angel Llorente, uno de 'los tres Angeles' como hemos contado; igualmente repetía Pepe Pastrana, cuyos padres, a lo largo de un nutridísimo número de Funciones de Remedios, atendieron el puesto de almendras situado inmediatamente más arriba que el del 'Huevero', esto es, el segundo que nos encontrábamos en la calle de la Feria cuando salíamos de la Plaza del Pueblo. Digo que repetía Pepe Pastrana porque había intervenido en la novillada que Manolo llevó a Gijón el año anterior.
Cerraba la terna Herrerita,  novillero  bilbaíno del que no recuerdo  más  nombre  que  el  artístico,  aunque  sí recuerdo que esa tarde cortó una oreja  del  sexto  novillo.  Esa tercera vuelta al ruedo se la mereció el cuarto novillo y así  se le premió. Angel Llorente protagonizó una magnífica  faena  y  le obsequiaron con los máximos trofeos; otras  dos  orejas  y  rabo.
Manolo, como en las otras dos jornadas, muy contento, radiante, incluso engordando un pelín más al recibir las felicitaciones que más le gratificaban, las de los colmenareños como él.







Para terminar me he encaprichado en dirigir una mención emotiva y muy cariñosa a los toreros de Colmenar que, durante el período que poseyó la ganadería, compartieron con Manolo, con nosotros, mañanas y tardes de tientas y capeas en la placita de 'Las Careadas', aún hoy en pie y tan acogedora como siempre.

           
Agapito García, 'Serranito', figura y maestro del toreo y, si cabe, mejor persona y amigo; Miguel Cancela, exquisito como torero y como ser humano, en Colmenar se sigue llorando su ausencia; José Luis Torres, 'Cotola', un personaje de leyenda, pariente lejano de la abuela Antonia y que contaba con todo nuestro aprecio.
Los  Kiris,  me  refiero  a  los  dos  hermanos, Enrique y Mariano Hernán, luchadores  incansables,  gente  buena; Ricardo Rey, persona de bien inasequible al quebranto, se  dedicó mucho tiempo a su pasión con gran profesionalidad. Carlos Aragón Cancela, mi amigo, tuvo tiempo sólo para saborear apenas una o dos becerras de Manolo; uso lo de 'saborear' porque, como yo andaba enredando también con los trastos de torear, quiero recordar que su comportamiento no nos complicó el rato... Espero que si me olvido de alguno me perdone.

Dejo para el final a los toreros paisanos, titulares de la Peña que tantos años presidió nuestro añorado Modesto Frutos, hombre formidable y amigo sincero. Mi madre tuvo el honor de amadrinarla hasta su disolución. Manolo propiciaba que La Peña de Santiago García, 'El Tranquilo', y Pepe 'Colmenar' acostumbrara a celebrar su fiesta anual en la placita de 'Las Careadas'. Encerraba unas vacas para los toreros y unas becerras para el divertimento de los socios. Lo pasábamos de maravilla.Santiago, ya en el ocaso de su carrera, se atrevía no obstante a enfrentarse con lo que saliera por el chiquero, con independencia de su tamaño o calidad; claro que para reunir calidad y tamaño de buena persona, él. Me falta Pepe 'Colmenar'... Se había convertido en el torero de la casa. Aparecía muy a menudo por Soto y no sólo cuando se toreaba; lo frecuentó como un sitio ideal para hacer ejercicio y entrenarse toreando de salón en la placita. Pasó a ser uno más de la familia y como tal le queremos y le extrañamos ahora que traviesos duendes jugetean con sus ideas y le desconciertan. Pepe, un abrazo. Muy fuerte.

Gracias  por  permitirme  recordar  algunas  cosas   de Manolo, con quien tanto queríamos.
                                                                           

No hay comentarios:

Publicar un comentario