Manolo Cortés, Miguel Márquez y Miguelín, Las Ventas 1968. Foto. El Ruedo.'..volvió “Miguelín” a Las Ventas, ya en traje de luces, a la tradicional Corrida de la Prensa, y alternando con Miguel Márquez (cogido) y Manolo Cortés, ante toros de Antonio Pérez, abrió la puerta grande cortando seis orejas..'
Aquellos sesenta… (XV)
Por Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / 1 de Junio de 2026
En el sesenta y ocho, decíamos, año señero de la década, que cuestionó tantas verdades, y produjo tantos acontecimientos trascendentes y trágicos por el mundo, ya mencionados algunos de los más en la segunda entrega...
Los pródromos de la derrota de Estados Unidos en Vietnam, con el asalto a su embajada de Saigón, por el Vietcong, y la matanza de civiles en My Lai. El aplastamiento de La “Primavera de Praga” por el ejército soviético. El sofocamiento a fuego de la rebelión juvenil en algunos de los países (masacre de la plaza de Tlatelolco, ciudad de México, por ejemplo). Los asesinatos de Martín Luther King y Robert Kennedy. La elección del presidente Nixon…
Y en los toros, en plena feria de San Isidro, también un acontecimiento subversivo simbólico, ridiculizó al “Cordobés” y cuestionó en el primer escenario taurino del mundo, su “revolución” que había tomado el poder, en el mismo sitio, un lustro atrás. El matador Miguel Mateo “Miguelín”, (apoderado por los hermanos Dominguín, Domingo y Pepe), quién según él, era rehuido y marginado.
En traje de calle (con corbata), y a la voz de la consigna estudiantil del mayo francés; “Prohibido prohibir”, se lanzó espontáneo al ruedo de Las Ventas, en corrida de feria, el 18 de mayo, acariciando como una mascota, el toro al que el mandón de la época oficiaba su característica faena tremendista. Las imágenes televisivas qué vio y tomó en cuenta todo el mundo, dijeron más que millones de palabras, e hicieron tambalear el mito.
Como si fuera poco, el cuatro de julio, cuarenta y cinco días después, volvió “Miguelín” a Las Ventas, ya en traje de luces, a la tradicional Corrida de la Prensa, y alternando con Miguel Márquez (cogido) y Manolo Cortés, ante toros de Antonio Pérez, abrió la puerta grande cortando seis orejas. La revista “El Ruedo” ilustró entonces su portada con la foto de su triunfo y la tituló con claras connotaciones políticas: “Miguelín como un general en el ruedo. Gana la batalla en la primera plaza del mundo y dice: Nuestra fiesta Nacional nadie podrá transformarla”.
Luego, al año siguiente, inauguraría, junto a Paquirri, Ángel Teruel, y ante toros de Pablo Romero la Plaza “Monumental Las Palomas” de Algeciras, (donde le han levantado estatua),. El torero murciano, crecido en esta ciudad, que lo adoptó, había recibido de Luis Miguel Dominguín y César Girón, en Murcia diez años atrás, su alternativa. Pero marcó la década siguiente con su personalidad, valor e imaginación (creador de la versión de la “Espaldina”, llamada “Miguelina”, ver escultura en Algeciras).
El San Isidro de aquel año 1969, estuvo también signado por la irrupción de un nuevo retador al trono. El madrileño Ángel Teruel, en su confirmación en Las Ventas con toros de Atanasio Fernández, apadrinado por El Viti y José Fuentes, cortando tres orejas y abriendo la Puerta grande, y volviendo nueve días después a cortar las dos orejas del quinto toro y obtener la segunda salida en hombros de las cuatro que en su carrera recibiera en esta su plaza. Torero de tres tercios y apostura, gran banderillero.
Fue aquella feria subrayada también por las grandes faenas de Paco Camino y El Viti, refrendando su primacía. Y otros acontecimientos, como las confirmaciones de: Gabriel de la Casa, Sancho Álvaro y El Macareno. Y porque fue la última vez que Julio Aparicio toreó allí
Mientras tanto, en América, se consolidaba el patronato de una figura nacional colombiana, una de las más importantes de su historia, junto a César Rincón, con quien alcanzó a alternar muy joven este. Pepe Cáceres, de Honda Tolima, alternativado por Antonio Bienvenida y José María Martorell en La Maestranza de Sevilla, el 30 de septiembre de 1956, Feria de San Miguel, con toros de Joaquín Buendía. Tuvo un prometedor comienzo como nueva figura de América para España, hasta que un incidente judicial ajeno lo involucró, e impidió su regreso a la península, limitando su ámbito a las plazas americanas. “Sin un Pepe Cáceres, quizá no hubiese existido un César Rincón”, declaró alguna vez, el maestro bogotano.
Pepe, muy próximo a la familia Dominguín, alternó joven con la élite de su época en las principales plazas recibiendo inocultables influencias de Luis Miguel y Antonio Ordóñez, las cuales definieron su tauromaquia y su personalidad. De este, principalmente su maestría con el capote, y de aquel su largura, poderío, arrogancia y bohemia. Incluso, como para mostrar que se ufanaba de ello, imitó, algunos de sus emblemáticos gestos. Las largas cambiadas de rodillas para iniciar las faenas, el hacerlas completas, capoteando, picando en traje de luces, banderilleando, muleteando y estoqueando sin dejar intervenir a la cuadrilla. O desafiar a sus detractores, en los medios, tocándose el pecho y levantando el índice para proclamarse número uno. Ambos, realizados en la Santamaría de Bogotá. Fue creador del quite “La Cacerina” variante de la “Tapatía” mexicana de Pepe Ortiz, y conocida en España como “Rogerina”. Pese a que mató infinidad de toros bien, de allí sus muchos triunfos e impronta. En no pocas y cruciales ocasiones, como la de su confirmación en Madrid, la espada fue su cruz.
Ya con 53 años, avejentado, la última vez que toreó en la plaza de sus amores, La Monumental de Manizales, corneado, le brindó al empresario Chopera su último toro allí (de Gutiérrez), y al cual le cortó las dos orejas, con estas palabras: “Manolo, quiero despedirme de España el próximo 12 de octubre en Las Ventas”. No pudo ser, por la cogida mortal que le infringió el toro “Monin” de San Esteban de Ovejas en Sogamoso, el 20 de julio de 1987. Pese a que prolongó su carrera hasta la muerte, fue uno de los toreros que cruzaron dejando profunda huella en aquellos sesenta. Ninguna semblanza de ellos estaría completa sin su mención...

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