
Y Madrid se rinde al torero albaceteño, que reaparecía del grave percance que sufrió en marzo en la Monumental, en una noche marcada por el viento.
Del hule a rozar la Puerta Grande: Cristian Pérez se entrega en Madrid.
Por Alicia P. Velarde
La puerta grande estaba ahí y Cristian Pérez no quería que se le fuera. Comenzó a torear al quinto con un vendaval que paró un segundo durante todo el festejo, y Lirio se lo llevó por delante. Como un muñeco se quedó el albaceteño en la arena. Sin moverse. Había caído de cuello, y, aunque parecía no ir herido, daba miedo ver la imagen. Así se lo llevaron a la enfermería, esa por la que también salió su tarde anterior, la de su confirmación, en la que sufrió un grave percance.
Sólo que en esta ocasión con otro final: cuando Juan Pablo Sánchez salía para hacerse cargo del valdefresno, se le pidió que esperara. Pérez, sin la chaquetilla, salió del hule para plantar cara al aire y al toro. Y eso hizo en las rayas del tercio, con un animal que se dejaba mientras sólo buscaba las tablas. Madrid estaba completamente entregada a un torero al que perteneció toda la tarde. Sólo la espada le impidió salir por la calle Alcalá.
Esa misma espada que había puesto en su mano el único trofeo de la primera nocturna de la temporada venteña. En su primer astado, mostró las ganas desde el quite por saltilleras, donde ya ocurrió el primer milagro, ya que Pomposico le arrancó el capote, perdiendo la estabilidad el torero. A Dios gracias no pasó a mayores, y por el mismo palo volvió a ponerse Pérez. Tras brindar a Máximo García Leirado -al que vio un rato después, aunque Cristian salió finalmente por su propio pie-, comenzó por un cambiado en tercio, en toda una declaración de intenciones. El toro tenía nobleza, movilidad y recorrido, pero el viento hizo que la faena no fuera todo lo limpia que buscaba el torero, incomodándose el animal. Eso sí, dejó un estoconazo en todo el hoyo de las agujas que reventó al toro en cuestión de segundos.
Cerca de tocar pelo estuvo también Peñaranda con el sexto, el mejor toro de la noche. De rodillas se plantó en el tercio un decidido torero que pegó una primera tanda en redondo francamente buena, con un cambio de mano sensacional. Y a los medios se llevó a Monteso, que se desplazaba y pedía sitio, aunque le faltó duración. Así lo entendió un templado Alejandro, que lo cuajó hasta que el toro echó la persiana, yendo la faena de más a menos. Buscando cortar su oreja, se pasó de faena aunque fue bueno el final por bajo. Pero el toro estaba ya completamente parado, y la espada tardó en entrar.
No se dio coba con el tercero, un toro que tenía hechuras de vaca y no enamoraba, pero era muy alto. Y muy manso de solemnidad: iba de caballo en caballo sin querer guerra con ninguno, y con una embestida muy desordenada. Intentó centrarlo Peñaranda por bajo, pero el animal no quería saber nada del conquense, que abrevió. Cogió la espada, y a otra cosa.
El tercero en discordia fue Juan Pablo Sánchez, que abrió la tarde con un toro protestado de salida. Lejos de los cornalones toros que acostumbra a lidiar en Madrid la ganadería portuguesa de Couto, el primero, que remendaba la corrida de Valdefresno junto con el sexto, tenía poca cara y aspecto anovillado. Además el picador le pegó mucho, muy duro y muy mal, mientras el toro no se empleaba nada. Por bajo se lo sacó a los medios el mexicano, y las dos primeras tandas parecían atisbar una faena interesante, pero por culpa del viento le tocó mucho el engaño, y se descompuso mucho el noble y sosito animal. Y lo mismo ocurrió con Cigarro, un precioso toro carbonero de mejor condición que el primero, pero sin mayor historia
- Plaza de toros Monumental de Las Ventas.
Sábado, 20 de junio de 2026. Toros de Valdefresno y Couto de Fornilhos (1º y 6º), de muy desigual presentación.
Juan Pablo Sánchez, de verde botella y oro. Estocada trasera (silencio). Pinchazo hondo y descabello (silencio).
Cristian Pérez, de purísima y oro. Estocada (oreja). Dos pinchazos y estocada (vuelta al ruedo).
Alejandro Peñaranda, de tabaco y oro. Estocada corta desprendidita (silencio). Pinchazo, estocada y cuatro descabellos (silencio).
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