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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 30 de septiembre de 2026

¡Viva Pablo, viva el toreo! / por Manolo Viera

'..Toda una celebración y exaltación de la mejor lidia con la que Pablo Aguado explicó en tono emocional, y al mismo tiempo sereno, la expresividad extraordinaria e intensiva de su brillante tauromaquia..'

¡Viva Pablo, viva el toreo!

Manolo Viera
El sentimiento es un eje esencial del ser humano. A ello fundamentalmente apela el toreo. Sentimiento, naturalidad, torería… y a la gloria. Imposible abstraerse al embrujo de sus diferenciales formas de torear. Al talento intuitivo, natural y lúcido que le inspiró a crear dos apasionantes faenas en su selecto repaso a la tauromaquia de Pepe Luís. Y lo hizo con poco más de veinte pases en ambas lidias para definir una labor de dimensión casi ritual. Apoteósico.

Pablo volvió a hacer el pasado sábado en la Maestranza de sus sueños lo que ya hizo un 10 de mayo de 2019: abrir la Puerta del Príncipe. Lo ha hecho tras un potencial torrente creativo que ha evolucionado a más pureza y más belleza en la variedad que perfecciona su tauromaquia. Completísimas muestras de su mejor concepto, realizadas con un arte propio y una verdad incrustada en lo sublime, con las que provocó emociones más allá de lo evidente. Perfección y elegancia, torería y naturalidad. Unas formas determinantes que seducen y fascinan dando lugar a la grandiosa obra maestra.

En ese trazo natural, ora con la derecha, ora con la izquierda, está contenido el misterio de su toreo. Tan puro y cautivador que con él consigue crear alrededor todo un universo de sensaciones. Sucede que quien lo ve se encuentra sometido a quien lo hace preso de la soberbia creación.

Fue una grandiosa sinfonía con su abertura, sus tres momentos y su cola final. Majestuosa la verónica y un prólogo de faena al primer “jandilla”, quieto y cimbreante como un junco, en el que el pase en redondo apareció brillante, colmado de pureza. Trazos que parecían no consumirse ni acabarse. Siguió la geometría honda y efímera del evocador natural de frente, y una antología de detalles en la que el molinete, la trinchera y el kikirikí alcanzaron la excelencia. Todo concebido con entrega absoluta, con la verdad que le da sentido y existencia.

Toda una celebración y exaltación de la mejor lidia con la que Pablo Aguado explicó en tono emocional, y al mismo tiempo sereno, la expresividad extraordinaria e intensiva de su brillante tauromaquia. ¡Viva Pablo, viva el toreo!

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