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Pepe Bienvenida / La suerte suprema
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lunes, 28 de noviembre de 2011

REPITAJOS PLUS / Domingo Delgado de la Cámara

Manolo Molés

REPITAJOS PLUS 

Domingo Delgado de la Cámara

Madrid, 28/11/2011.-
Manolo Molés es el amo del cotarro. El hombre más poderoso e influyente del periodismo taurino. No es, ni mucho menos Gregorio Corrochano, pero su posición al frente del canal de pago que viene televisando todas las ferias de postín, lo han convertido en un ser poderoso y omnipresente. 

Es cierto que Canal Plus se ha hecho con el monopolio de las grandes ferias por el abandono y desinterés de las otras cadenas de televisión, que han despreciado el tema taurino, y han dejado en bandeja al Plus la explotación del negocio, lo que ha hecho que Molés tenga un poder casi absoluto en el mundo del toreo. Esto, a la larga, es malo, muy malo. 

La posibilidad de poder presenciar todas las grandes ferias de la temporada sin moverse del sillón de casa, gusta mucho a los aficionados, que pagan encantados la suscripción al canal de pago. Pero lo de las veinticuatro horas de toros todos los días del año, está siendo un fiasco tremendo. El Canal Toros 24 horas no es más que un pozo negro de corridas mediocres, mil veces repetidas, y con escaso interés. Un canal temático no puede apoyarse casi única y exclusivamente en repeticiones, en repitajos que provocan ardor de estómago. 

Calificar de corrida histórica un festejo malísimo, de cartel vulgar, resultados patéticos y que tuvo lugar hace tres o cuatro meses, resulta un auténtico sarcasmo. Es verdad que, además de los repitajos, se da algún que otro programa en torno a las ganaderías o los profesionales del mundo del toro... Pero con poca variedad: poca amplitud en la selección de los protagonistas, y menos en la selección de quienes los realizan, casi siempre los mismos. Muy poco brillantes, por cierto (sin ánimo de ofender). 

Para ofrecer 24 horas de toros, son necesarios varios elementos que brillan por su ausencia en el Plus. Una programación continuada de 24 horas necesita un talento y una capacidad que ahora mismo los responsables del Plus no parecen tener. Primero hay que gastarse la pasta comprando cosas apetecibles, desde películas taurinas a las grandes faenas del pasado, como las que rodó Gan. Luego, no todos los programas pueden ser de producción propia. Ha de ficharse a gente sabia y solvente que haga programas interesantes y de altura intelectual, no esos debates baratos donde no se dicen más que tópicos. 

Y volviendo al asunto de las corridas repetidas: una corrida puede repetirse una vez, la noche de autos, para que puedan verla quienes no pudieron verla en directo. Y se acabó. Solamente festejos excepcionales resisten más repeticiones completas. Repetir festejos malos es un calvario para el televidente. Y hay que seleccionar: cuando en una corrida de escaso interés hubo algún momento interesante o algún toro que mereció la pena, que se seleccione ese momento o ese toro, y se repitan solamente los momentos auténticamente buenos, no las corridas enteras que, perdida la emoción y la incertidumbre del momento, acaban siendo inaguantables. 

Sea como sea, el Plus se ha convertido en el gran escaparate del mundo de los toros. Por eso sería muy importante la apertura. Abrir el canal a otras voces, otras ideas, otra visión de la fiesta. Sé bien que Molés jamás consentirá a nadie que le haga sombra o discrepe de él. Pero sería bueno que en esas veinticuatro horas hubiera programas de muchos clases, realizados por personas distintas y dispares, no siempre por los mismos. En este canal deberían tener cabida todas las formas de entender la fiesta, desde el torismo más radical al torerismo más acérrimo, pasando por las opiniones más prudentes y moderadas... Me encantaría oír voces contra la gran patronal taurina, muy culpable del desastre en el que se mueve la fiesta y a la que Molés no critica jamás. ¿Por qué será? En resumen pido pluralismo informativo y contraste de opiniones, cosas que ahora mismo también brillan por su ausencia. 

Hablemos ahora de las corridas televisadas... ¡Qué buenas son las retransmisiones del Plus!, hemos oído decir muchas veces. Claro, si las comparamos con aquellas caóticas retransmisiones de Antena 3 o Telecinco en los años del desmadre de Jesulín, pues sí: las retransmisiones del Plus resultan buenas. Pero a mí no terminan de entusiasmarme, qué quieren que les diga. 

La realización de Víctor Santamaría abusa de posar en exceso la cámara en el tendido. La cámara tiene que estar siempre con el toro, que es donde está la corrida. Muchas veces no muestra como sale el toro del caballo, si se sale suelto o lo sacan a punta de capote, detalle capital para evaluar la bravura del toro... Y, entre serie y serie, en lugar de mostrar el palmoteo del tendido, la cámara debería mostrar donde está colocado el toro, muy importante para calibrar la unidad de la faena. 

El abuso del plano corto a veces resulta irritante. Será muy espectacular, pero cuando no se ven en el mismo plano toro y torero en su totalidad, es imposible evaluar la calidad del lance o el muletazo. Cuando me he quejado de la realización, me han dicho que se ha de buscar la espectacularidad para que guste al gran público... Pero ¿este no es un canal de pago que pagan los aficionados? 

Y ¿qué decir de la verborrea de los comentaristas? Muchas veces son frecuentes las conversaciones privadas sobre sus cosas, que no interesan a nadie, y hablan poco de los sucesos del ruedo. Esa incapacidad para estarse callados acaba siendo estomagante. El comentario debería ser escueto y breve, que ilustre, si fuera necesario, sobre lo que pasa en la arena. La verborrea hablando de los últimos resultados del Real Madrid o del Sevilla, es improcedente. 

Por cierto, cuando los comentarios son de calidad, siempre vienen de la voz de los exmatadores. Molés jamás se sale del tópico manido y de la visión más superficial y políticamente correcta de la fiesta. No estaría mal alternar a distintos comentaristas (por supuesto, con capacidad), y no tener siempre al mismo. Y ofrecer la posibilidad de poder ver la corrida sin comentarios, únicamente con el sonido ambiente de la plaza, como cuando estamos en el tendido. 

Capítulo aparte merece el abuso de entrevistas. Entrevistas a los intervinientes en los momentos menos oportunos... Entrevistas a los invitados de ese palco que solo sirve para halagar la huera vanidad de un montón de figurantes y mindundis, que no tienen nada interesante qué decir. Señores, más sobriedad, menos verborrea y más objetividad en el juicio: no siempre el torero está de maravilla, ni toda la culpa es del toro... Generalmente es la revés. Normalmente, yo veo todas las grandes ferias en la plaza y en directo, así que apenas me había enfrentado a las retransmisiones del Plus. Ha sido últimamente cuando las estoy descubriendo. Y me he quedado de piedra. 

La idea del Canal Toros es muy buena, pero o se cambian las maneras de hacer las cosas o se mata de aburrimiento a los cuatro aficionados que quedamos. Y quedamos cuatro, que a nadie se le olvide. A ver si ahora con el cambio, TVE empieza a retransmitir toros y se airea un poco esto. Y toros en abierto para que los vea todo el mundo. Pero ¿Molés-Plus va a dejarles algo interesante que televisar? Veremos...

domingo, 24 de julio de 2011

JOSÉ TOMÁS.- CONSIDERACIONES VALENCIANAS / Por D. Delgado de la Cámara


Consideraciones valencianas
"...Por todo lo dicho, es un agravio la dureza con que se trata a los demás toreros, mientras que al elegido solo se le dan palmaditas en el hombro..."

Domingo Delgado de la Cámara

Apareció en el portón de cuadrillas muy pálido y ojeroso, con una delgadez casi propia de la anorexia. Y mal vestido de torero: por primera vez en su carrera, pésimamente vestido de torero. Se pasó la tarde ausente, mirando al suelo. Su cara de sufrimiento era patente. Debió pasarlo fatal. Tuve la impresión de que solo reaparecía para que no se diga que el toro de Aguascalientes lo quitó del toreo. No pudo con su primero, un toro encastado que había que someter por abajo. La faena fue una sucesión de enganchones y desarmes. Con este toro no convenció a nadie. Pero en su segundo llegó el volteretón y se desató la histeria.

Mal asunto es que para triunfar haya de cogerte un toro. Triste sino el de los toreros patéticos: solo mantienen su fama a base de golpes. Y cuando consiguen dominar la técnica y el toro ya no los coge, dejan de interesar. Se trataba solo de un asunto de morbo.

Se ha hablado mucho sobre el valor del elegido. Sin embargo yo veo que cuando los toros le cogen, se debe a su pésima técnica, a su mediocre conocimiento de los toros y a su nulo sentido de la lidia. Las volteretas llegan por su pésimo oficio, no por una voluntad deliberada de arrimarse.

Y, señores, a una figura del toreo se la debe exigir una técnica pulida y un buen conocimiento del toro. Estar a merced del toro, cual becerrista incipiente, no es de buen torero, por mucha clase que se tenga. Así se explica el miedo pánico a la televisión, el cuidado escrupuloso de las ganaderías a lidiar y las minitemporadas parcas en festejos. Con una temporada normal, como la de cualquier torero, con televisión, toros normales y corrientes y ochenta corridas, el fenómeno se derretiría como se derrite un helado en el calor de un día de verano. Hubo que tenerlo en el frigorífico. Jamás ha terminado una temporada. Y visto lo visto en Valencia, los dieciséis toros que le esperan me parecen demasiados. Vamos a ver si es capaz de llegar a Barcelona allá en septiembre.

Por todo lo dicho, es un agravio la dureza con que se trata a los demás toreros, mientras que al elegido solo se le dan palmaditas en el hombro. Sin ir más lejos, los tres señores que torearon el viernes en Valencia, con independencia de gustos personales, son tres profesionales capaces de poder al toro y dar la cara en todas partes durante años y años. Y solo les llueven pedradas. Vivir para ver.
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Valencia : Lo desmediso y lo exagerado: sobre la reaparición de José Tomás / Por D. Delgado de la Cámara


7ª de la Feria de Julio en Valencia. 
Sobre la reaparición de José Tomás

Lo desmedido y lo exagerado

Domingo Delgado de la Cámara
Hace años que José Tomás no habla con la prensa. Ni falta que le hace. Los propios periodistas son los que hablan por él. Periodistas de toda laya, taurinos y generalistas, están hablando constantemente de la vida y milagros de José Tomás. La propaganda es tremenda e impide hablar con sensatez del personaje. Esta semana pasada, con motivo de su reaparición en Valencia, se han leído sandeces de todo tipo: que si José Tomás tiene vocación de mártir, que si José Tomás busca la inmolación…, o tonterías por el estilo. Pero nada de eso es cierto.
José Tomás ama la vida y lo demuestra constantemente en el mucho cuidado que pone en la elección de las ganaderías, por ejemplo; en lo mucho que espacia sus actuaciones, etc., etc. Se dicen auténticos disparates. Pero se crea un clima tal que hace imposible razonar sobre el asunto, y lo que resulta es un conglomerado de exageraciones y de despropósitos. Yo voy a hacer abstracción de todo ese ambiente creado a su alrededor y voy a intentar hablar de la corrida de ayer tal y como fue en realidad.
Hablemos en primer lugar de los toros. Una corrida de El Pilar dignamente presentada, pero que no era un corridón de toros. Algo desigual, con un toro muy chico, el primero que toreó José Tomás, que nadie protestó; y un toro muy basto por lo alto que era, el segundo de José Tomás. Pero en líneas generales la presentación de la corrida fue digna.
Y en cuanto a juego, la risa fue por barrios. Arturo Saldívar se encontró con un lote extraordinario, tercero y sexto. Dos toros de ensueño, dos toros de consagración. Por su parte Víctor Puerto se enfrentó a un lote tan noble como blando y soso. Y a José Tomás le correspondió en primer lugar un toro muy encastado con mucho que torear, y luego un manso muy brusco. Así, ni más ni menos, fue la corrida del Pilar.
Como primer espada actuaba Víctor Puerto, que cumplió con su papel de telonero a la perfección, sin interferir para nada en el desarrollo de la corrida, que era de lo que se trataba. Lo único interesante de la actuación de Víctor Puerto fue alguna verónica de buena factura a su primero, y un inicio de rodillas torero y ligado. El resto careció de interés. Da los muletazos de uno en uno, quita constantemente la muleta de la cara del toro… Así es imposible conmover a nadie.
José Tomás se encontró en primer lugar con un toro muy chico, pero muy exigente. Tenía raza y mucho que torear, por lo que era difícil de manejar. Era repetidor y no embestía mal, pero apretaba un poco hacia adentro. Con él José Tomás se mostró tal cual es: un torero de mucha calidad y de gran facilidad para ligar los muletazos. Pero también manifestó sus carencias, la principal el nulo sentido del temple: o torea rápido a trallazos, o deja la muleta muerta y surge el enganchón. Lo que en José Tomás no suele verse es acoplamiento y sentido de la cadencia.
La faena tuvo ligazón, pero fue muy rápida, de muletazos vertiginosos. Hubo además dos desarmes con la mano izquierda que deshilacharon por completo el trasteo. Con la derecha, a pesar de cierta rapidez, hubo ligazón y algunos buenos muletazos. Pero con la izquierda el toro siempre alcanzó su objetivo y todo se deshizo en enganchones. Había que someter al toro por abajo, y José Tomás no siempre lo consiguió. Después de una media estocada muy tendida y trasera, saludó desde el tercio. Lo más emotivo de la actuación de José Tomás con este toro fueron unas gaoneras con el compás abierto, emocionantes y ligadas. Se trató de algo muy estimable por la quietud y la exposición, aunque no hubo limpieza en todas.
El quinto toro de la tarde fue manso, brusco y con gran querencia a tablas. El primer error fue no picarlo: se cambió el tercio con dos picotazos. Y otro error, este de becerrista: a pesar de que el toro no estaba picado y de que no era nada claro, José Tomás se colocó en los medios para dar un estatuario… Y una espeluznante voltereta, pues el toro lo arrolló. A partir de ahí ya no hubo mando ninguno, y el toro siempre iba con la cara por arriba haciendo lo que le daba la gana. Los paseos y las pausas entre serie y serie eran interminables. Y no eran para que el toro cogiera aire. Eran para coger aire el torero. Solo cuando el toro perdió gas, hubo algo de acople, sobre todo en una serie con la mano izquierda.
Con el toro pegado a las tablas, José Tomás propinó una estocada muy trasera y muy baja, y aquello fue el delirio: se pidió una oreja, que el Presidente concedió. Se pidió la segunda que el Presidente denegó con muy buen criterio. Ni la faena ni la estocada habían sido de oreja. Se puede aceptar una por el momento emotivo de la cogida, pero en ningún caso las dos. No hubo ningún mando sobre el toro y la estocada fue muy defectuosa. El Presidente casi fue linchado por denegar la segunda, pero mantuvo valientemente su criterio. Desde aquí aplaudo su gallarda actitud de no dejarse llevar por un público más propio de campo de fútbol que de plaza de toros.
José Tomás es un torero muy interesante por su gran clase y porque en los momentos claves de su carrera ha sido capaz de arrimarse, pero en ningún caso llega a ser lo que de él dicen sus partidarios, que han creado tal ambiente a su alrededor, que resulta imposible hablar con tranquilidad. Pero la actuación de José Tomás ayer en Valencia se resume en esto: a su primero no le cogió el aire nunca y lo desbordó en muchas ocasiones, y a su segundo, después de recibir una espeluznante voltereta, nunca lo sometió.
Quien tuvo el santo de cara fue Arturo Saldívar, al que correspondió un lote extraordinario, un lote de cuatro orejas. Y lo primero que hay que alabar de Saldívar fue su gran disposición: tenía muy claro que era su oportunidad y que debía aprovecharla. No se dejó acomplejar por lo especial de esta corrida. Sabía que era su tarde y fue a por todas. Este sí que se arrimó de verdad. Intervino en todos los quites exponiendo una barbaridad, y en todo momento su entrega fue indiscutible. Sus trasteos fueron muy emocionantes por lo cerca que se pasó al toro, volteretón incluido, y por la ligazón de los trasteos.
Saldívar no tiene mal concepto del toreo. Baja la mano lleva a los toros sometidos por abajo. Cortó una oreja de cada toro porque, además, mató con entrega. Pero los dos toros eran de dos orejas. La diferencia entre la oreja que consiguió, y las dos que podía haber obtenido, estuvo en que se puso muy encima, no perdió pasos y ahogó las embestidas. Con un poco más de sitio y dejando galopar al toro, podría haber cuajado dos extraordinarias faenas. Pero la bisoñez tiene estas cosas: no daba sitio a los toros porque es muy nuevo y aun le quedan por aprender ciertos rudimentos del oficio que debe asimilar. Pero estuvo con muchas ganas y mucha entrega, y fue merecida la oreja cortada en cada toro.
Bueno, pues esto fue la corrida de la reaparición de José Tomás en Valencia, dejando aparte forofismos, exageraciones y despropósitos.

domingo, 26 de junio de 2011

LOS ESNOBS, NUEVO PÚBLICO TAURINO / Domingo Delgado de la Cámara

 Plaza de la Reeal Maestranza de Sevilla 2011 / Foto deltoroalinfinito.com/
 
LOS ESNOBS, NUEVO PÚBLICO TAURINO

LOS ESNOBS
esnob.
(Del ingl. snob).
1. com. Persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos. U. t. c. adj.

(Del Diccionario de la Real Academia Española).

Domingo Delgado de la Cámara
Madrid, 25 de Junio de 2011.-
La clásica diferencia entre aficionados y público en general, ya no es válida. Hoy en día casi no quedan ya aficionados, ni tampoco público municipal y sencillo. Ahora todo lo ocupan los esnobs: estamos asistiendo a la invasión de los esnobs. Antes, el aficionado era el espectador de calidad, quien conocía el intríngulis del espectáculo taurino. El público en general, por su parte, era una masa de personas ingenuas y apasionadas que aplaudían incansables al torero.

La salud de la fiesta se basaba en el equilibrio entre ambos bandos. La masa, con su virginidad mental, aupaba al torero y lo hacía triunfar. Los aficionados, con su sabiduría y exigencia, eran el freno para que las cosas no se desmadrasen. En la tensión entre ambos bandos, se basaba la salud del espectáculo. El aplauso de la masa garantizaba los triunfos; la crítica del aficionado salvaguardaba la esencia de la fiesta.

La masa siempre ha sido partidaria de los toreros valientes y arrojados. Los aficionados, más críticos, tomaban partido por los toreros poderosos y de buena técnica. La masa quedaba deslumbrada por los heterodoxos; los ortodoxos contaban con el apoyo de los aficionados. La masa hizo de Juan Belmonte, Manolete y El Cordobés auténticos dioses en vida. Por su parte los aficionados del tiempo de Belmonte se decantaban por Joselito; los del tiempo de Manolete admiraban a Pepe Luis Vázquez, y los del tiempo del Cordobés se inclinaban por Antonio Ordóñez.
 
Hubo excepciones, claro, y alguna de ellas muy señalada. Pero en general los aficionados siempre se decantaron por los toreros clásicos y ortodoxos. Generalmente los aficionados se dieron cuenta de las aportaciones de los heterodoxos a toro pasado. Así fue siempre: una masa propiciando apoteosis y unos aficionados poniendo las cosas en su sitio... Y la fiesta estaba sana, con una salud basada en la interacción de ambos bandos.

Nada de esto existe ya. A partir de los años setenta y como consecuencia del muy profundo cambio de costumbres vivido por la sociedad española, la clásica distinción entre aficionados y público dejó de existir. Después de un intenso lavado de cerebro por parte de los medios de comunicación, de la televisión sobre todo, la masa abandonó las plazas de toros y se refugió en los campos de fútbol. El espectador sencillo, ingenuo y apasionado con los arrebatos de valor de los toreros, prácticamente desapareció. Y prácticamente, también, han desparecido los buenos aficionados. Se murieron y no tuvieron sustitutos. Los años setenta fueron años de plazas vacías, y cuando volvieron a llenarse por los años ochenta, fueron unos espectadores nuevos quienes las llenaron: los esnobs.

Estamos en la era de los esnobs y ya se han sucedido dos generaciones de espectadores esnob. La primera generación apareció en los tendidos de las plazas en los primeros años ochenta con la reaparición de Antoñete y el triunfo arrollador del Partido Socialista. Se trataba de gentes que durante los setenta habían sido muy progres y antituarinos. Descubrieron la fiesta de los toros exactamente en el mismo momento en que descubrían los trajes de alpaca y los restaurantes de cinco tenedores. Y se puso de moda entre la gente guay presumir de que sabía de toros.
Pero como no tenían ni idea, se metieron con calzador las crónicas que escribía Joaquín Vidal en El País. Y de ahí viene toda la sarta de sandeces y desatinos que se han oído en las plazas de toros en los últimos años. 
 
La contradicción insuperable entre el torismo de salón y el aprecio por Curro Romero y Rafael de Paula, tiene su origen aquí. La contradicción consiste en clamar por el toro más duro a la vez que se menosprecia a los toreros que son capaces de someterlo y matarlo dignamente; y, al mismo tiempo, poner los ojos en blanco con Curro y Paula, toreros incapaces de enfrentarse al toro que el torismo pregona. El absurdo total porque, además, se hicieron partidarios de Curro y Paula precisamente en el momento en que ya no podían hacer sus faenas geniales.

Esta primera generación de esnobs fue también muy partidaria de José Miguel Arroyo. Ya saben: alguien dijo que era muy puro, y todos quisieron presumir de exquisitos catadores y degustadores de la pureza. Pero todo esto no fue nada en comparación con el paso arrollador de la segunda generación de esnobs: la de la histeria por José Tomás.

Con este comentario sobre los esnobs no pretendo hacer una crítica del torero de Galapagar, a quien valoro en su justa medida (ni tampoco, claro, de los citados antes, a los que he admirado y admiro profundamente). Sé muy bien que entre los partidarios de José Tomás hay grandes aficionados conmovidos por esa combinación de clase y arrojo, que han hecho del de Galapagar un torero de gran interés. Pero son una minoría. La mayoría de los seguidores de José Tomás son una pandilla de esnobs que, hace cinco años, no habían visto una corrida de toros, y que, desde luego, el toreo de José Tomás en el fondo les importa un comino.

José Tomás es una excusa para fardar de poderío económico en el tendido y para presumir de que saben de lo que no saben. Es el torero de moda, banderín de enganche de un montón de horteras, que quieren presumir de entendidos y refinados, incluyendo en el grupo a un puñado de presuntos artistas e intelectuales, cuya obra es de una total mediocridad, comparada con la obra de los artistas e intelectuales que rodearon a Juan Belmonte o a Domingo Ortega. Tengo la impresión de que a José Tomás se le ha venido encima una movida que ni esperaba ni deseaba.

El esnobismo en el toreo lo veo íntimamente ligado al concepto sociológico de clase media. En la actualidad nadie quiere admitir que se es modesto. Nadie siente que pertenece a lo que se llamó la clase popular o trabajadora. Todos se apuntan a la clase media en un momento histórico en el que, precisamente, se está desmantelando dicha clase, mientras surge un nuevo proletariado con estudios universitarios. Así que, al igual que nadie admite que es humilde o de clase obrera, todo el mundo pretende presumir de cultura y gustos refinados, aun cuando no los tenga.

Y este es el caldo de cultivo de los esnobs. Aquél público ingenuo al que deslumbraban los desplantes valerosos, ya no existe. Ha sido reemplazado por una panda de melindres embaucados por el timo de la nueva cocina, que siguen las tendencias de los Semanarios estúpidos de los grandes periódicos, y que poseen un Audi, la nueva marca talismán de los idólatras de la presunción. Presumen de cultura y dinero, pero la realidad es que son víctimas de la LOGSE, que en sus cuentas predomina el color rojo y que hay facturas sin pagar... José Tomás pasaba por allí y lo hicieron su ídolo. ¡Vaya por Dios! Al igual que José y Juan fueron los toreros por excelencia de la época de Alfonso XIII, Manolete y El Cordobés fueron los dos grandes mitos del franquismo, a José Tomás le ha caído encima el dudoso honor de ser el torero de la era de Zapatero. Ya es mala suerte.

Pero ¿cómo son estos esnobs de ahora? Hagamos su retrato robot: es un varón (las señoras van a los toros a disfrutar del ambiente festivo y aplaudir a los toreros, que son muy valientes, muy guapos y muy buenos mozos. Y hacen muy bien). Es, pues, un varón y de mediana edad. Los esnobs de la primera generación ya peinan canas, están jubilados, algo han aprendido en el trasiego de estos años y ahora se muestran prudentes y silenciosos. El esnob de la segunda generación, por el contrario, se muestra agresivo y contundente. Arrolla a quien discrepa de él. Su ignorancia es atrevida. Dice que José Tomás es el mejor torero de la historia y se queda tan fresco (por supuesto, esta opinión es perfectamente admisible, pero quien sabe algo de esto tiene claro que José Tomás no supera en importancia histórica a Joselito, Belmonte, Manolete, El Cordobés, Ordóñez...) El esnob es maniqueo: solo existe su torero, y el resto no vale un duro. Es sectario y excluyente, desprecia cuanto ignora. Y aunque presume de aficionado antiguo y de haberlo visto todo, en realidad acaba de llegar...

Pues en este tinglado nos conocemos todos, aunque solo sea de vista. Son muchos años de cruzarse con las mismas caras. Yo llevo más de treinta años viendo los rostros de los habituales de Madrid, Sevilla, Bilbao. Por eso sé muy bien que todos estos individuos acaban de llegar. Y en principio no es nada negativo acabar de llegar, ser un recién llegado. Pero a ellos no les gusta. Les encanta presumir de haber ido a los toros desde niños, pero en cuanto se cruzan dos palabras con ellos, se da uno cuenta de que no es verdad. Quien ha ido a los toros de la mano de sus mayores luciendo pantalón corto, no osa decir ciertas gilipolleces...
Y también esta es una de las razones por las que últimamente es imposible que surjan toreros auténticamente revolucionarios y heterodoxos. No tienen público. Lo que abunda en el tendido son cursis que reclaman una pureza que desconocen. También son malos tiempos para los toreros de poderío, porque el esnob, al no conocer al toro, no valora lo meritorio que se hace delante de él. De ahí la soledad del Juli.

Al esnob todo le entra por los ojos, por eso esta época es la edad de oro de los toreros manieristas. Y aquí está también la razón de que la plaza de Madrid se haya hecho insoportable, y no solo por el torismo desfasado del Tendido Siete, sino además por esa masa de nuevos espectadores que no admiran el poderío ni la personalidad, sino solo el arte rococó. Caldo de cultivo de la crisis de valores de la fiesta, reflejo de la crisis de valores de la sociedad. Se critica a los toros y a los toreros ahora que hay toros y toreros excelentes, y no se dice nada del público actual, último responsable de la degradación de la fiesta. Y no hay perspectivas de arreglo, porque no existen mecanismos para formar una buena nueva afición.

Sé de uno que se “exilió” al Tendido Cinco de Las Ventas porque, sentarse en sus tendidos clásicos, se había convertido en un auténtico suplicio. Siempre es mejor estar rodeado de guiris que de esnobs que te radian la corrida. 
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lunes, 20 de junio de 2011

EL CORDOBÉS EN LA HISTORIA / Por Domingo Delgado de la Cámara

/Fotografía: Del toro al infinito.com/
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El Cordobés ha cumplido setenta y cinco años

EL CORDOBÉS EN LA HISTORIA

Domingo Delgado de la Cámara
El pasado cuatro de Mayo de este año de gracia de 2011, Manuel Benítez Pérez cumplió setenta y cinco años. El Cordobés cumplió sus bodas de diamante con la vida. La efeméride ha pasado totalmente desapercibida. Prácticamente nadie la ha recordado. Y sí que merece la pena volver a hablar de Manuel Benítez, porque es el último gran revolucionario que ha tenido la fiesta. Y el último gran heterodoxo. Benítez cierra la lista de los revolucionarios. Después de él, las revoluciones habidas han sido dos tormentas en un vaso de agua: ni Paco Ojeda ni José Tomás han revolucionado nada. En primer lugar, porque sus carreras han sido demasiado breves y inconstantes. Para imponer un nuevo credo taurino, es imprescindible la constancia y la persistencia.

Además, los terrenos pisados por Ojeda eran precisamente los explorados por Manuel Benítez años antes; y los procedimientos de José Tomás están emparentados del todo con el más exquisito y tradicional academicismo. Por tanto, estas dos supuestas revoluciones han sido producto de la imaginación calenturienta de ciertos revisteros, pero no resisten la menor confrontación con la realidad del ruedo.

En realidad El Cordobés fue el último torero moderno, y su revolución cierra la historia del toreo moderno. Después del paso de Benítez por los ruedos, la fiesta entra en su etapa posmoderna, etapa en la que nos encontramos actualmente, y de la que aún no se tiene la suficiente perspectiva para enjuiciarla.

El toreo a pie profesional ha pasado por las siguientes edades históricas: la Edad Arcaica, que es la etapa de formación del espectáculo, y que abarca casi todo el siglo XVIII. Con la aparición de la primera tríada de figuras, Costillares, Pedro Romero y Pepe Hillo, entramos en la Edad Antigua, que transcurre desde los últimos años del siglo XVIII (concretamente desde 1789, año en el que los tres citados torearon juntos), hasta 1914, cuando se encuentran en los ruedos Joselito y Belmonte. Y con ellos empieza la Edad Moderna del toreo.

Tras más de un siglo de inmovilismo, a partir de José y Juan el toreo va a entrar en una fase de profundísimas transformaciones, tanto técnicas como estéticas. Juan,, con su estética novedosa y con sus intentos de quedarse quieto, y ayudado por la técnica imaginativa y vanguardista de Joselito, abrirá una etapa nueva que será crucial en el devenir de la fiesta. Manolete será quien sea capaz de quedarse quieto con todos los toros. Y el Cordobés llevará esta quietud a sus últimos extremos, cerrando así la Edad Moderna.

Cuando Manuel Benítez se retiró por primera vez en 1971, se cerró la historia del toreo moderno. Y desde entonces estamos inmersos en el toreo posmoderno, que no es más que la repetición virtuosa de lo ya mil veces visto. Y en esta tauromaquia posmoderna las revoluciones son imposibles. Por una razón: porque Benítez ya se había metido en todos los terrenos, llegando a invadir completamente el terreno del toro. Y, por otra parte, El Cordobés distorsionó la estética torera hasta lo inimaginable. Y así hizo imposible cualquier ulterior intento revolucionario.

Ha sido el manierismo, más o menos virtuoso, el gran definidor del toreo posmoderno. La repetición constante y permanente de un supuesto clasicismo. Por eso todas las grandes figuras de esta etapa posmoderna tienen un concepto muy clásico. Porque Benítez hizo imposible cualquier revolución posterior. Él es la Revolución, el non plus ultra. No se ha podido ir más allá. A los toreros posteriores solo les ha quedado el camino del refinamiento estético, tan virtuoso unas veces, tan empalagoso otras.

Juan Belmonte-Manolete-El Cordobés. He aquí la gran terna de heterodoxos del toreo moderno. Estos son los tres grandes revolucionarios, y nadie más. Los otros toreros tenidos por geniales y revolucionarios, fueron aproximaciones pálidas de los tres colosos. Los toreros tenidos por artistas, son un pálido reflejo de lo que fue Belmonte. Los que se han quedado muy quietos, un pálido reflejo Manolete esta vez. Y los de aire iconoclasta y contestatario, palidecen al compararlos con El Cordobés. Y enfrente de la terna revolucionaria, está la terna clásica y compiladora del toreo: Joselito el Gallo-Pepe Luis Vázquez-Paco Camino. Todos los toreros tenidos por clásicos, se han arrimado a los conceptos de estos tres fenómenos, las tres mentes más clarividentes del toreo moderno.

En esta retrospectiva de los toreros clave de la tauromaquia moderna, no puedían faltar dos nombres: Domingo Ortega y Chicuelo. El primero llegó al dominio absoluto del toro con unos procedimientos personales, sui generis, muy distintos a los utilizados por Joselito y los otros toreros poderosos. Chicuelo es el eslabón perdido entre José y Juan, por un lado, y Manolete por el otro. Ligando en redondo como José y yéndose al pitón contrario como Juan, fue el primero que realizó faenas como las actuales. Pero por su abulia y falta de valor, lo hizo en muy pocas ocasiones. Es Manolete quien impone definitivamente este concepto, porque él sí que tenía valor para hacerlo. Y será Manuel Benítez quien lleve la quietud y la cercanía al paroxismo, pues su valor era sobrehumano.

Y ya está, señores. Ya está. Todos los demás toreros, muchos muy buenos, apenas aportaron nada a la evolución del toreo. Se limitaron a hacer lo ya conocido.

Belmonte fue el primer revolucionario, el que trajo el afán por quedarse quieto. Manolete fue el segundo revolucionario, el que impuso definitivamente esta quietud. Y El Cordobés es el tercer revolucionario, el que llevó esta quietud hasta sus últimos extremos.

Y no ha habido más revoluciones. El leit motiv del toreo moderno es la obsesión por la quietud, y esta obsesión es lo que une a los tres grandes revolucionarios.

Otra característica común de los tres revolucionarios, es lo desbordante de su personalidad. El patetismo intelectual de Belmonte, el estoicismo espiritual de Manolete y la irreverencia iconoclasta de Benítez, fueron tres imanes poderosos que hicieron de ellos tres mitos españoles. No solo mitos en el mundo de los toros, sino que fueron los tres personajes más admirados e idolatrados de la España de los años diez, los cuarenta y los sesenta respectivamente.

Poner al mismo nivel el caso José Tomás, es simplemente una chaladura producto de la tremenda incultura taurina de los creadores de opinión. José Tomás es un inconstante torero clásico. ¿Qué tiene que ver con una revolución? Además, la manera en que José Tomás dirige su carrera, es de lo más prudente y conservador: pocas y muy escogidas corridas, con compañeros que no incordian. Si esto es una revolución, que venga Dios y lo vea. La terna revolucionaria por su parte, toreó cien festejos al año durante muchos años, en cualquier plaza y con cualesquiera compañeros. Compañeros tan molestos y competitivos como Joselito, Arruza, Luis Miguel Dominguín, Diego Puerta, Paco Camino, El Viti...

Siempre he dicho que El Cordobés fue la consecuencia de Manolete. El uno era elegante y el otro zarrapastroso, es verdad. El uno tenía clase, mientras las maneras del otro eran de una zafiedad total. Pero la tauromaquia de ambos se basa en los mismos conceptos: la quietud, la ligazón y la mano izquierda. Manuel Benítez lleva las ideas de Manolete a sus últimas consecuencias. Todavía más quieto, todavía más ligado y todavía mejor mano izquierda. Un torero portentoso, con un aguante y un mando únicos.

Y con muy mala prensa, cosa que, por otra parte, me encanta. Pues nada me gusta más que discrepar de la crítica establecida. La mayoría solo supo ver las melenas, la risa de hiena y el salto de la rana. Y no se dieron cuenta de que todo eso era lo accesorio y no lo fundamental. Lo fundamental era un valor brutal que le permitía pasarse al toro muy cerca y ligar ¡diez naturales y el pase de pecho! como quien lava. Su zurda ha sido de las mejores de la Historia. Y ahí están las imágenes para quien las quiera repasar. Por ejemplo, las del Atanasio con el que cortó por primera vez en Madrid dos orejas en el 64; las del Torrestrella y el Marqués de Domecq de Bilbao; las del Núñez al que cortó el rabo el Sevilla... En estas tardes no hubo rana. No la necesitó. Eso era la traca final. La base de sus triunfos siempre fue la quietud y la mano izquierda. Se arrimaba más que nadie y podía más que nadie. Por eso mandó en el toreo de su tiempo.

Se equivocan, pues, los que dicen que El Cordobés fue solamente un fenómeno publicitario. El toro no entiende de fenómenos publicitarios porque no lee los periódicos. Hubo muchos toreros por aquellos años que creyeron encontrar un filón explotando las maneras irreverentes y chabacanas de Benítez. Ninguno llegó a nada. No se daban cuenta de que eso era la anécdota, porque lo esencial y la base del éxito del Cordobés era el valor, la quietud, la ligazón y la mano izquierda.

En cuanto a sus maneras tan discutidas debemos decir que fue un fenómeno que se había producido en todas las artes. El culto por el feísmo y la contestación a la estética clásica, también se habían dado en la música, en la pintura, en la arquitectura, en la escultura... Y el toreo no iba a ser la excepción. El Cordobés es en el toreo lo que Stravisnsky había sido en la música. La diferencia es que todos los musicólogos alabaron siempre la aportación de Stravinsky, mientras que la crítica taurina no termina de ver la importancia de Manuel Benítez El Cordobés, con el que culminó la historia del toreo moderno.

Un día, en un arrebato de locura de los suyos, se montó encima de un toro. Fue su forma de demostrar que había invadido totalmente los terrenos y tenía al toro totalmente dominado. Era el fin de la tauromaquia moderna. Habían transcurrido sesenta años desde la aparición de Juan Belmonte: Belmonte el Alfa, El Cordobés la Omega del toreo moderno...

Dentro de dos años, en el 2013, se cumplirán los cincuenta años de su alternativa. Esperemos que entonces sí se acuerden del Ciclón de Palma del Río, y que se le otorgue el homenaje que se merece uno de los toreros más transcendentales de toda la historia de la tauromaquia.

Blog Los toros en su punto.com
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Enlaces relacionados:
El Cordobés-Portal Taurino
Manuel Benítez "El Cordobés"-Wikipedia
RIOBAMBA 2010: "EL CORDOBÉS" / Por Juan Lamarca


domingo, 12 de junio de 2011

LAS VENTAS: LE LLAMABAN TRINIDAD / Por Domingo Delgado de la Cámara

 Miguel Abellán es alcanzado por el camacho
(Luis M. Sánchez-Burladero.com)

 QUINTA CORRIDA DEL ANIVERSARIO EN LAS VENTAS

LE LLAMABAN TRINIDAD

Domingo Delgado de la Cámara 2011

SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 
Si hay algo que un Presidente no debe hacer, es provocar a los espectadores. La irresponsable actuación del Presidente Trinidad López Pastor, a punto estuvo de desembocar en un problema de orden público. Si la afición no se amotinó, fue porque los aficionados a los toros son personas de buenos sentimientos y exquisita educación. Si semejante atraco se hubiera producido en un partido de fútbol, hay destrozo del mobiliario urbano, heridos y hasta detenciones. Pero la gente de los toros acaba por tomarse las cosas a broma. Menos mal, porque al menos cuatro toros fueron hurtados a la afición.

Los dos toros de Camacho, otro de la Palmosilla y el sobrero final del Torero, debieron haber sido devueltos. Los Camacho estaban totalmente inválidos; el Palmosillo, además de inválido, era una cabra; y el del Torero era un chivo indecoroso, incompatible con una plaza de primera. Varios de ellos protestados no solo por el Siete, sino por toda la plaza. De cinco toros que el Presidente debería haber devuelto, solo devolvió uno. Fue un milagro que la gente no quemara la plaza. Mal estuvo haber aprobado en el reconocimiento cuatro palmosillos enanos, pero fue peor no devolver al corral las sarta de inválidos que iba saliendo. Y yo no soy partidario de devolver sin ton ni son, pero es obligado devolver al inválido declarado, porque con él el toreo es imposible y se hurta un toro al público. Y ayer hubo unos cuantos inválidos declarados.

Tras lo de ayer, exigimos el cese inmediato de Trinidad López Pastor. Siempre fue un mal presidente, pero lo de ayer no tuvo nombre. Un Presidente está, en primer lugar, para velar por la paz y el orden público, por lo que resulta inconcebible que sea el propio Presidente quien ponga en peligro la armonía y la convivencia ciudadana. Y, en segundo lugar, el Presidente está para defender al aficionado, y no los intereses más ruines y mezquinos de la empresa arrendataria. Tampoco está para defender los intereses de los toreros..., porque está dentro de lo posible que la raíz del problema fuera el segundo sobrero: un toraco pavoroso que los toreros no querían que saliese de ninguna manera.

Ya va siendo hora de que sean los aficionados los que suban al palco. En Francia y en el País Vasco así se hace, y las cosas funcionan de maravilla. Un funcionario del Cuerpo Nacional de Policía está para detener delincuentes, no para presidir festejos taurinos. El aficionado, cuyo bolsillo es el que financia todo el espectáculo taurino, quiere ser también el que tome la decisiones sobre el mismo, sin injerencias de instituciones que en realidad nada tienen que ver con la tauromaquia. Los policías a la Comisaría. Al palco, los aficionados.

Miguel Abellán no pudo hacer absolutamente nada con un Camacho inválido. Al entrar a matar por segunda vez nos llevamos un susto tremendo: Abellán recibió un puntazo en la boca. Parece que todo ha quedado en una herida de pronóstico reservado y en la pérdida de algunos dientes. Gracias a Dios por haberlo librado del peligro extremo que suponen esas heridas en la cara.

Daniel Luque toreó francamente bien a su primero en una faena de mucho temple y muy buen gusto. Pero, si no tuvo eco en el tendido, fue porque el torillo era una birria sin fuerza. En las plazas provincianas esta clase de faenas tienen premio. En Madrid no. En Madrid, para que el espectador tome en serio la labor del torero, este ha de estar delante de un auténtico toro. Y así debe ser. El quinto fue un inválido de Camacho al que Daniel Luque solo pudo hacer una cosa: matarlo. Hubiera sido mejor que le hubiera echado el capote abajo y forzado la salida del sobrero. Pero, claro, exponerse a la incertidumbre de un sobrero, es un trago que casi nadie está dispuesto a pasar. Prefiere lamentar la mala suerte de la poca fuerza que ha tenido el lote. Esta mentalidad conformista es pésima para un matador joven que tiene todo por ganar.

El Fandi estuvo como es su costumbre: muy profesional. Y gracias a esta profesionalidad se mantuvo el interés de la corrida. Fácil y variado con la capa, espectacular con las banderillas y eficaz con la muleta y el acero. Los palmosillos que mató fueron iguales: sosos y de embestida corta. Estuvo muy por encima de ellos, sacando muchos muletazos largos y limpios. El tercio de banderillas del sexto fue muy bueno, en especial un cuarto par al hilo de las tablas y por los adentros, en que expuso una enormidad. Pero ahí se acabó todo, pues el chivo de Salvador Domecq tuvo una arrancada extremadamente corta.

Cuando el Fandi dio muerte al sexto, la gente, como si no hubiera pasado nada, se marchó del coso tan tranquila, hablando de sus cosas y haciendo planes para la noche del sábado. Y es que el público de los toros es extraordinario. Una tomadura de pelo así, se la hacen al público del fútbol y el follón que se forma abre todos los telediarios. 
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sábado, 11 de junio de 2011

LAS VENTAS: UNA DESPEDIDA POR TODO LO ALTO / Por Domingo Delgado de la Cámara

 Ganadería de Javier Pérez Tabernero
CUARTA CORRIDA DEL ANIVERSARIO EN LAS VENTAS 

"...La corrida de Javier Pérez-Tabernero lidiada ayer, ha sido el mejor conjunto visto en toda la temporada madrileña. Embistieron los cinco toros que se lidiaron. Y el sexto también lo hubiera hecho de no haber sido devuelto arbitrariamente con dos pares de banderillas..."

UNA DESPEDIDA POR TODO LO ALTO

Domingo Delgado de la Cámara

Viernes, 10 de Junio de 2011
La corrida de Javier Pérez-Tabernero lidiada ayer, ha sido el mejor conjunto visto en toda la temporada madrileña. Embistieron los cinco toros que se lidiaron. Y el sexto también lo hubiera hecho de no haber sido devuelto arbitrariamente con dos pares de banderillas. Una corrida de triunfo que, sin embargo, tiene un regusto amargo: eran los últimos Atanasios de Javier. La mejor ganadería de encaste Atanasio de Salamanca, ha sido desmantelada, y ayer se lidiaban los últimos toros.

Y es que, a pesar de la gran calidad de estos toros, las figuras de chicha y nabo que padecemos, no quieren torearlos. “Nos hemos desecho de esto porque no había manera de vender los toros”. Tiene narices que una ganadería tan buena no pueda vender sus productos. Y es que los toros de Atanasio no tienen valedores. Los malos aficionados toristas los desprecian por considerarlos demasiado comerciales. Y todos estos torerillos los temen porque, además de muy serios, se trata de toros exigentes que tienen mucho que torear.

Los toreros de ahora quieren un toro entregado de antemano, y el Atanasio tiene grandes finales, pero antes hay que enseñarlo a embestir a base de sobarlo y consentirlo. El último experto en el encaste ha sido Enrique Ponce, pero lamentablemente ya está de vuelta y no puede imponerlos en las ferias, como hizo durante tantos años. Mi único consuelo es que las mejores setenta vacas han sido vendidas a Veldefresno, y allí están.

Y ahora un último aviso a muchos buenos ganaderos que crían Domecq y que están consiguiendo un toro muy bravo y muy encastado: mucho ojo, porque como os paséis en la bravura y en la casta, tendréis mi aplauso, pero estas figuritas de cartón os pondrán el veto, como está pasando con grandiosas ganaderías como Fuenteymbro o Torrestrella. O, hablando del encaste Núñez: Alcurrucén está lidiando últimamente toros espléndidos. Pues bien, las figuritas tampoco quieren matarlos. Un asco. 
La querencia de José Tomás hacia tres únicas ganaderías está haciendo un daño enorme. Todos quieren imitarlo. No hace muchos años las figuras mataban toda clase de encastes siempre que saliesen buenos. Ahora son las figuras las principales responsables del desmantelamiento del campo bravo. Una vergüenza.

Y ahora hablemos de la excelente corrida de Javier. Todos los toros se dejaron torear en la muleta. Algunos con gran calidad. Y en el caballo, a pesar de lo frío del encaste, cumplieron: solo el quinto dio muestras de mansedumbre. La corrida solo tuvo el pero de la justeza de fuerza. En los tiempos de Puerta, Camino y El Viti hubieran salido en hombros los tres y el mayoral, pero desgraciadamente estos de ahora son otros tiempos.

Ferrera es un torero en total decadencia. Usa el oficio para taparse y no ponerse nunca delante. Su primero, a pesar de lo altísimo que era, embistió con mucha clase y mucha largura, sobre todo por el pitón izquierdo. Tuvo una embestida franca, larga y templada. Un toro de lío. Y el cuarto, siendo el más soso del encierro, derrochó nobleza. Ferrera fatal con los dos, abusando del pico, de los desplazamientos hacia fuera, de meterse en la oreja. Y, para que nada faltase, dejando unas pausas enormes entre muletazo y muletazo. Derrochó un lote lleno de posibilidades. Lo único bueno fue el tercio de banderillas al cuarto, con un par a topa carnero en los medios, y un quiebro en las tablas expuestos y emotivos.

Si con el lote que le cayó en suerte, Sergio Aguilar no fue capaz de salir en hombros, no saldrá en hombros nunca. Eso no fue un lote, fue un lotazo. Un premio gordo de la lotería. Y el caso es que Aguilar es buen torero. Es valiente y su concepto es bueno. Pero su gran frialdad en la interpretación de las suertes, y su cabezonería intentando imponer por narices un toreo que el toro no admite, hacen que los triunfos se le escapen de las manos y no pueda salir del pelotón de los torpes.

El primero de Sergio Aguilar tenía un pitón izquierdo sensacional, con una clase y una templanza para soñar el toreo. Pero solamente hubo una serie con la mano izquierda que mereciera la pena. El resto de la faena no ganó altura porque no dejaba la muleta en la cara y por ello hubo muy poca ligazón. Todo su quehacer estuvo sumido en esa frialdad insípida tan propia de él. Aunque mató bien, nadie pidió la oreja. El quinto fue el prototipo del Atanasio bueno de toda la vida: abantón y alocado, pero metiendo la cabeza con una claridad total. Así se lo descubrió Rubén Pinar en un quite. El toro era para ir haciéndolo poco a poco: series cortas, llevando largo al toro para que fuera acostumbrándose a romper hacia delante. Así es como se han toreado estos toros toda la vida, obligando al toro en cada serie y dando más pases. De esta manera rompe definitivamente y acaba embistiendo mejor que ninguno. Que se lo pregunten si no a Ordóñez, Paquirri, Capea, Espartaco, Ponce...

Aguilar hizo exactamente lo contrario a lo aconsejable. La primera serie con la izquierda fue demoledora. Bajó muy pronto la mano y así acortó la embestida del toro. Después molestó el aire y él tampoco cogió la velocidad del toro que, aunque más bruscamente, seguía embistiendo. Se le fue una oportunidad excepcional.

Quien estuvo francamente bien fue Rubén Pinar. Siempre hemos dicho que es un chico listo que, además, tiene el don del temple. Pero tenía la mala costumbre de torear muy despegado y por afuera. Ayer corrigió totalmente este defecto y además de temple, toreó con ajuste.

Su primero fue muy bueno, muy pronto, muy alegre. Con tanta alegría que a veces lo sorprendió. Y por eso la faena fue intermitente. Pero en los momentos en que había acople con el toro, surgió muy buen toreo, un toreo cadencioso, ceñido y hacia adentro. Y toreó bien con las dos manos. La estocada fue un volapié soberano: Rubén entró a matar muy derecho y muy despacio. Cortó una oreja de peso.

El sobrero de Valdefresno, lidiado en sexto lugar, fue un dechado de buena clase, pero estaba muy flojito. Tenía mucha voluntad de embestir, pero carecía de fuerza para terminar el muletazo sin caerse. Todo lo que hizo Pinar estuvo presidido por la despaciosidad. No hubo un solo tirón. Pero, aunque lo intentó en todos los terrenos, en todas las distancias y en todas las alturas, el toro no podía más. Pinchazo y estocada entrando con agallas y saliendo cogido. Saludos desde el tercio. La tarde de ayer va a venirle bien a Pinar: tenía el cartel un poco mustio y, a partir de ahora, volverá a sonar como futurible. Que siga así.

Y volviendo al principio: quiero desear a la familia de Javier Pérez-Tabernero suerte en la nueva andadura ganadera que ahora están iniciando. Y que nosotros lo veamos. 
 Rubén Pinar
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viernes, 10 de junio de 2011

LA ERA DEL TORO MANSO / Por Domingo Delgado de la Cámara

"...Jairo Miguel estuvo rodeado de una muy buena cuadrilla: José Luis López y Ángel Otero brillaron tanto en la brega como con los palos..."

LA ERA DEL TORO MANSO

Domingo Delgado de la Cámara

Las Ventas, jueves 9 de Junio de 2011 / 3ª de la Feria de Aniversario

¿Se han dado ustedes cuenta de la cantidad de toros mansos que se han lidiado en esta Feria de San Isidro? Es cierto que ha habido bastantes toros manejables en la muleta, pero toros de bravura integral, de esos que pelean con agallas en el caballo, se han visto poquísimos. Se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos. Tampoco se han visto corridas completas. Ha habido toros aislados casi todos los días, pero no se ha visto un conjunto verdaderamente bravo en todo un mes de toros.

¿Qué está pasando? Pues que los ganaderos lo único que buscan en las tientas es la bondad en la muleta, mientras que la pelea en el caballo desde hace tiempo les da igual. El resultado es un toro que se deja torear, a veces hasta con calidad, pero de bravura escasa. Incluso en los conciliábulos de ganaderos se comenta que es mejor un manso en el primer tercio, porque así no se rompe en el caballo y dura más en la muleta. Esto es pan para hoy y hambre para mañana.

Cuando se descuida la suerte de varas, poco a poco se va incubando la mansedumbre. Es verdad que hoy en día el juego en la muleta es fundamental, pero despreciar el juego en el caballo, aunque en un primer momento no se perciba, pone a las ganaderías en el camino de la mansedumbre y el descastamiento. E iniciado este camino, es muy difícil volver atrás. Ya veremos dentro de veinte años donde habrán acabado esas ganaderías que se cotizan ahora tanto.

La corrida de Antonio Bañuelos lidiada ayer, fue muy mansa. Hasta ahora los Bañuelos eran toros blanditos y nobles, pero ayer fueron mansos, querenciosos y complicados. La corrida seguro que no le gustó nada al ganadero. Él lo que quiere son toros facilones para que los maten las figuras. Pero cuando se especula con la bobería y la mansedumbre, al final se llega a esto: al moruchón rajado que se niega a embestir. Aviso a navegantes: ¿qué creen que les ocurrió a los Atanasios, los Núñez, Antonio Pérez...? Puede que solo salga mala esta corrida y no pase nada; pero una corrida tan mansa y rajada, como ganadero a mí me asustaría.

Víctor Puerto tuvo un primer toro manso y áspero, con el que no se quedó quieto ni una sola vez. Su segundo fue un sobrero de Adelaida Rodríguez, de gran trapío y muy malas ideas. Se quedaba muy corto y tenía mucho sentido. Se lo quitó de en medio. Para estar en este plan, lo mejor es estar retirado.

El Capea tuvo un lote de toros sin clase. De esos que embisten solo a medias y con la cara alta. Se volvió a demostrar que es un gran error comparecer en Madrid recién bajado del avión de Méjico. Es necesario aclimatarse a la embestida y reacciones del toro español. Capea estuvo sin ningún sitio y mostrando una vez más su pésimo estilo torero.

Jairo Miguel tuvo un primer toro muy bronco y con mucha querencia a toriles. Un toro difícil porque, además, tenía sentido. Se deshizo de él como pudo. El sexto de la tarde no tuvo nada que ver con sus hermanos. Lució mucha clase y calidad, pero de fuerza y de raza muy justito. Por esa poca fuerza y escasa raza le costaba mucho repetir. Jairo Miguel mostró con él muy buena clase y muy buena técnica. Es elegante, echa los engaños muy bien y tira de los toros con suavidad y cadencia. Desde luego Jairo Miguel es un torero muchísimo mejor que lo que Radio Macuto decía de él. Fue una lástima que el toro no repitiera un poquito más, porque fue el único momento interesante del festejo..., pero con la espada no lo ve claro.

Por mi parte, estoy deseando volver a ver a este chico, porque su clase y su clarividencia, pueden hacer de él un torero importante. Tiene a su favor su juventud. Además ya ha vivido la cara más dura del toreo, con aquella cornada horripilante que casi lo mata. Pero a este chaval hay que darle toros, porque da gusto ver lo largo y limpio que torea. Jairo Miguel estuvo rodeado de una muy buena cuadrilla: José Luis López y Ángel Otero brillaron tanto en la brega como con los palos.

La Feria del Aniversario está siendo tan mala como esperábamos. Con tan estupefacientes carteles, ¿qué se podía esperar?. Demasiada gente está acudiendo a la plaza...
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jueves, 9 de junio de 2011

La corrida de la Beneficencia en Las Ventas / Por Domingo Delgado de la Cámara



EL JULI ES UN MAESTRO

Domingo Delgado de la Cámara

Madrid, miércoles 8 de Junio de 2011
El Juli es un tío. Un hombre de pelo en pecho. Porque hace falta ser muy hombre para, estando millonario perdido, acudir a Madrid a que unos impresentables te revienten. No tiene ninguna necesidad de hacerlo, pero su sentido de la responsabilidad y su vergüenza torera lo impulsan a dar la cara, aunque se la partan. Joselito el Gallo, el torero por antonomasia, estaría orgulloso de él. La actitud del Juli es la opuesta a la de mucho dandy diletante, de esos que casi nunca dan la cara. No digo nombres: están en la mente de todos.
El Juli es, además, el paladín de la pureza. Nadie se asienta tanto ni echa los engaños tan planos ni tan al hocico como él. Y es un maestro capaz de imponer este toreo, que es el más difícil, a todo tipo de toros. Ayer volvió una vez más a demostrar su maestría.

Su primero era un torito manso y de embestida rebrincada, que salía de las suertes huído y con la cara arriba. Otro con este toro, no pega ni sellos. El Juli, en medio de un vergonzoso linchamiento, fue capaz de hacer callar a quienes le reventaban con una faena de menos a más y a mucho más. Los que tanto se meten con él, quedan totalmente en entredicho como aficionados. Están a todas horas hablando de pureza, se les llena la boca con esa palabra. Pero luego llega el paladín de la pureza y, son tan torpes, que no lo saben apreciar.

Esa gente se lamenta, y con razón, de que las figuras de ahora no dan la cara ni hacen gestos. Pero cuando llega el que siempre da la cara, van a reventarlo. Con esta actitud se llenan de descrédito y pierden la razón en las causas en las que sí podrían tenerla. Y lo que es peor, hunden en un pozo el prestigio de la plaza de Madrid. Lo de ayer fue impresentable y, aunque las excusas son otras, lo que late en el fondo del contencioso, es el odio al triunfador. La envidia, el pecado capital español por excelencia, que históricamente nos ha hundido como país. País experto en guerras civiles...

El Juli hizo una gran faena a este tercer toro. La primera parte se basó en un toreo lineal y largo, para llevar al toro hacia delante. Y de mitad de faena en adelante, surgió un toreo de gran hondura. Un toreo macizo y arrebujado, con que impidió que el toro se saliese suelto. A base de poner la muleta en la cara, el toro no tuvo más remedio que embestir y embestir. Esa es la pureza: llevar al toro muy largo y muy por abajo. Y no esas teorías de taberna de una charpa de ignorantes.

El Juli consiguió hacer callar a quienes lo atacaban y poner la plaza a su favor, cosa dificilísima en Madrid. Hay que tener mucho temple personal para no dejarse intimidar por ese ambiente. Pero con la espada, llegó el desastre. El Juli nunca ha sido un estoqueador depurado. Se perfila muy lejos, ataca muy rápido y pega un salto. Pero ahora, además, no lo ve claro con el estoque y cuartea en la suerte. La consecuencia: espadazo chalequero y haciendo guardia que arruinó el triunfo y le privó de la oreja, dando aire a sus reventadores.
En el sexto volvió a estar muy bien. Templadísimo en un quite a la verónica y profundísimo en una extraordinaria serie con la mano derecha. Tan profundo, que acabó con la embestida de un toro de poca raza. Digan lo que digan los “entendidos”, El Juli es de los toreros que ha tenido una mejor actuación en el abono isidril.

Y vayamos con el resto de la corrida. Corrida de Victoriano del Río muy desigual, con algunos toros muy chicos. Se nota que Don Victoriano lidia este año en Pamplona y en Bilbao y tiene muchos santos que vestir. Segundo y tercero por debajo del mínimo exigible en Madrid. Aparte de una empresa rácana que no paga bien los toros, se nota también que muchos ganaderos se resienten por la crisis y la carestía de piensos y forrajes. Los toros están comiendo muy poco pienso y se nota en la presentación.

En cuanto al juego, sin ser un dechado ni de casta ni de bravura, y estando muy debajo del nivel al que nos tiene acostumbrados últimamente Don Victoriano, casi toda la corrida se dejó torear. Lo que ocurrió es que Juan Mora y Morante estuvieron como estuvieron...

El primero se defendía y no se dejó picar. Llegó a la muleta con fuerza y sin estar sometido. Desbordó a Mora por el pitón izquierdo y, después de darle dos series con la mano derecha, mostrando al público las posibilidades del toro, cogió la espada. El toro no estaba definido porque no estaba podido, pero en otras manos podría haber sido un toro de los que rompen a embestir.

El cuarto derribó espectacularmente a Antonio Prieto, pero después el picador le dio un gran puyazo. El toro llegó a la muleta punteando un poco y sin terminar de humillar, pero pronto y alegre. Otro toro con posibilidades. Juan Mora lo sacó garboso a los medios, pero luego fue incapaz de torearlo en redondo. La gloria de Juan Mora sería hacer toda la faena a base de trincherazos y pases del desdén. Pero hay que torear en redondo, y en el toreo fundamental, Mora falla estrepitosamente. Aburrido por el destoreo, el toro se fue a las tablas, y ahí terminó la faena. Estocada al encuentro, unos golpes de verduguillo y sensación general de que Mora tuvo un lote para haber estado muchísimo mejor.

Ya nadie discute el mal momento de Morante. Está para sopitas y buen vino. Su primero fue un torito ideal para él. Justísimo de trapío y de gran clase y suavidad. Un juguete ideal para Morante. El de la Puebla dio tres series deslabazadas y sin acople y, rápido, se fue por la espada. El año pasado a un toro así le hubiera armado el lío: con solo veinte muletazos hubiera puesto la plaza boca abajo. Pero parece que ahora tiene la cabeza en otra parte.

Con el quinto también mal. Un toro mansito, como todos sus hermanos, y que, como todos sus hermanos, salía de la suerte distraído. Pero, como todos sus hermanos también, noble y facilón. Morante no hizo nada con él: una mirada del toro y un desarme le hicieron tirar por la calle de en medio. Lo único bueno de Morante fue el capote: lanceó muy bien a la verónica a su primer toro, e hizo un quite por chicuelinas precioso al segundo toro de Juan Mora. Y esto es lo que dio de sí la Beneficencia 2011.

Un último comentario. Toda la vida el día de la Beneficencia se adornaba la plaza de manera especial y el servicio de divisas y banderillas era de gala. Este año no: ni había adornos especiales ni se ha banderilleado con banderillas de gala. Banderillas y divisas corrientes, como las de todos los días. Muy mal hecho. Estos detalles deberían cuidarse, como se hace en Sevilla y en Bilbao, plazas donde la tradición se observa fielmente, y da gusto ver toros. Pero, pensándolo bien, para qué... Muchas veces la plaza de Madrid es la plaza de tercera más paleta del mundo. Ayer sin ir más lejos.
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miércoles, 8 de junio de 2011

¡Vaya veranito que nos espera! / Por Domingo Delgado de la Cámara

Foto Aleyda Baz / Burladero.com


"...Salvo los de Bilbao, ya se conocen los carteles de las principales ferias del verano, y son horrorosos. En Valencia solo se salva la corrida de Ponce, El Juli y Manzanares, único cartel rematado de todo el verano. Porque la gala de reaparición del astro de Galapagar es un asco: el divo con dos toreros baratos y no competitivos, de los que no hacen sombra...."

¡Vaya veranito que nos espera!


(He de pedir perdón a mis lectores: Cuando ayer publiqué este comentario, deslicé un error. En lugar de calificar de "intolerable" el comportamiento de las figuras con respecto a la Feria del Toro, quedó como tolerable, lo que desvirtuaba totalmente el sentido de la frase. Vuelvo a publicarlo debidamente corregido. Domingo Delgado de la Cámara)


Por Domingo Delgado de la Cámara

Primera del aniversario en Las Ventas. Martes, 7 de Junio de 2011

Teniendo en cuenta que el cartel de ayer era de nulo interés, que empezaba la feria del Aniversario y el chantaje del abono cautivo no funcionaba; teniendo en cuenta, también, lo lluvioso e invernizo de la tarde, acudió muchísima gente a la corrida. Que se cubrieran hasta las dos terceras partes del aforo venteño para ver un festejo como el de ayer, tiene su mérito. El mérito es de los aficionados, naturalmente. A ver si el año que viene se dejan de experimentos y paparruchas, y eliminan esta absurda feria del Aniversario. Con 25 días buenos en San Isidro, la Feria de Otoño y una temporada dominical interesante, hay sufuciente. Lo demás son inventos y ganas de sacar chuletas del pescuezo.

La corrida de Los Bayones fue blanda, chica y de poco juego. Con una excepción: la del buen tercero, un toro bravo y de calidad. Tejela estuvo mucho más templado de lo que en él es habitual. Desde que se abrió de capa, hizo las cosas despacio y midió bien la faena, tanto en la duración de las series como en la duración total de la misma. Y sin embargo, se le fue el toro. Esta vez técnicamente estuvo bien, pero estéticamente no da más de sí. Es un problema de calidad. Con el toro de ayer Tejela reveló su techo, que es bastante bajo. Un toreo insípido y sin inspiración que se olvida en cuanto termina la corrida. Además lo mató muy mal: dos metisacas horrorosos y un bajonazo espantoso. Tan buen colaborador no se merecía una muerte tan draconiana.

El primero de la tarde embistió bien al capote y a la primera serie con la muleta. Después se paró completamente. Y Rafaelillo es un torero de rapidez y regates. Cuando se para un toro no sabe qué hacer, porque hay que esperar y tragar. “El miedo va a buscar”, dijo Belmonte hace ya muchos años. Y el segundo de la tarde embistió sin clase ni repetición. Por allí anduvo Urdiales intentando sacar algún muletazo con sabor. Y alguno sacó.

La segunda parte de la corrida no tuvo historia ninguna. Tanto el cuarto de los Bayones como los dos sobreros de Valdefresno fueron inválidos totales. No merece la pena el menor comentario al respecto. Así que cambiemos de tema.

Salvo los de Bilbao, ya se conocen los carteles de las principales ferias del verano, y son horrorosos. En Valencia solo se salva la corrida de Ponce, El Juli y Manzanares, único cartel rematado de todo el verano. Porque la gala de reaparición del astro de Galapagar es un asco: el divo con dos toreros baratos y no competitivos, de los que no hacen sombra.

Tomás Entero ha puesto Vitoria casi al nivel de una portátil. Y concretamente, el cartel de los Victorinos resulta vomitivo. Cartel que casi se repite en Santander, Feria que ha optado por una colección de corridas baratas, copadas por segundones y en la que no hay ni siquiera un cartel rematado... Aquellas ferias en las que todas las figuras repetían dos tardes y toreaban juntas, han pasado a la historia. La mentalidad del empresario actual es hacer caja con el chantaje del abono obligatorio, mientras se ofrecen carteles con los toreros del montón y las entradas a precio de jamón de pata negra.

Pero no pierdan ustedes de vista a las figuras, porque también son impresentables. Entre todos se están cargando la fiesta. El papelón que han hecho las figuras en Pamplona no tiene nombre. Resulta intolerable. Y en Pamplona el problema no es el dinero. Es el toro. No quieren ver un toro serio y en puntas ni en pintura.

La única figura que da la cara y asume sus responsabilidades y obligaciones, es el Juli, presente dos tardes en San Fermín. Las otras figuras, Ponce, José Tomás, Morante, Manzanares y Talavante..., han demostrado muy poca vergüenza torera. Tomamos buena nota. De ser yo la Casa de Misericordia, el año que viene anunciaría solo corridas durísimas. ¿De qué sirve anunciar ganaderías buenas si luego casi nadie está dispuesto a ir a torearlas?.

Esperemos que Bilbao anuncie unos carteles que rompan esta tendencia tan a la baja y nos hagan recobrar el optimismo. Porque... ¡vaya veranito que nos espera!
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viernes, 3 de junio de 2011

San Isidro: Bilbao tiene un torero / Por Domingo Delgado de la Cámara

-Iván Fandiño, el torero de Orduña-
"...Pues bien: después de cincuenta años, Bilbao tiene un torero del que sentirse orgulloso. Iván Fandiño es tan valiente y mata tan bien como Fortuna o Agüero..."

Bilbao tiene un torero
Por Domingo Delgado de la Cámara

Última de San Isidro en Las Ventas: 2 de Junio de 2011
Ahora mismo el ganadero con más cartel en Madrid es Fernando Cuadri. Primero porque presenta corridones de toros. Y, en segundo lugar, porque Cuadri cumple lo que promete. ¿No queríais toros duros?. Pues ahí los teneis: más duros que el pedernal.

La corrida tuvo la emoción del toro que vende muy cara su vida. Pero brava, lo que se dice brava, no fue. Todos los toros mansearon en algún momento en el caballo, y en la muleta hubo de todo: dos toros imposibles por resabiados y peligrosos, el primero y el cuarto; tres toros difíciles con distintos grados de dificultad, el segundo, el tercero y el sexto. Y un toro bueno, el quinto. Hubo material para tener toda la tarde intrigado al personal, y quienes se pusieron delante envejecieron varios años.

El Fundi se llevó un lote con más guasa que Rubalcaba. El primero era un tren de 618 kilos, con un instinto diabólico. En el momento en que el Fundi se hubiese quedado quieto, lo hubiera asesinado. Y el cuarto estaba más parado que el primero, pero también cazaba moscas. El de Fuenlabrada hizo lo único que se podía hacer: quitárselos de en medio.

A Alberto Aguilar los Cuadri le vinieron muy grandes. La lidia del castaño tuvo tomate. En el primer puyazo derriba; en el segundo mete los riñones, pero se sale suelto; y en el tercero cantó la gallina. El segundo tercio fue un galimatías de capotazos, apretones hacia adentro y banderilleros a la deriva. Llegó a la muleta diciendo toreritos a mí, que los arrollo. Alberto Aguilar se puso al hilo, aguantó varios envites de mala manera, y el toro lo cogió. El muchacho se vino abajo y ya solo fue capaz de matarlo de media estocada.

Los Cuadri son unos toros muy difíciles de torear con el capote. En banderillas cortan que es un primor, y con la muleta no admiten nada mal hecho. Hay que estar muy bien colocado, muy cruzado y con el engaño muy por delante. En cuanto ven que el torero está al hilo del pitón o con la muleta retrasada, se lo comen, se vencen con mucho sentido. Si Aguilar se hubiera colocado más cruzado, hubiese robado pases y a lo mejor hubiera podido con el famoso castaño. Pero al hilo del pitón, el castaño lo pudo a él.

El sexto era intratable por el pitón izquierdo, y por el derecho embestía muy brusco y con la cara por las nubes. La receta era cruzarse mucho y robar los pases de uno en uno. Pero Aguilar se puso otra vez al hilo del pitón, sin decidirse a dar el paso definitivo. Con la espada mitin, porque el toro lo esperó siempre con la gaita arriba. El pequeño crédito que había conseguido Aguilar con las corridas duras, se ha puesto en entredicho. Pero eso sí: hay que tenerlos muy bien puestos para echar un órdago a un toro como el castaño.

Iván Fandiño se queda quieto y pone la muleta plana a todos los toros, al bueno, al regular y al malo también. Es un torero muy valiente que, además, torea muy estupendamente. Estuvo soberbio con su primero, y ¡ojo con el toro!, que tenía mucho que torear. Por el pitón derecho embestía con todo y a lo bruto, y por el izquierdo se vencía y tenía sentido. Pero Fandiño mostró con él la misma tranquilidad y la misma firmeza que con una becerra de tentadero. Sin probaturas, empezó con la mano derecha dando tres series llenas de firmeza, mando y profundidad. Y con la mano izquierda, aun tuvo más mérito, porque por ese pitón se metía y siempre quiso coger, y lo toreó igual de bien. Se impuso por su valor y por una muleta que siempre fue al hocico del toro. Conseguir ligar pases por ese pitón izquierdo, roza lo milagroso.

Y es que Fandiño tiene tanto valor que está empezando a poder a cualquier tipo de toro. Los achanta, los asusta e impone su ley. Estoconazo entrando muy derecho y... la gente no pidió la oreja. A la plaza de Madrid no hay quien la entienda: no se enteró de una de las faenas más importantes de la feria y, después de haber pedido orejas de sonrojo, para Iván no la pidieron. Quienes sí la pidieron fueron los del Siete, y es que a veces se enteran de lo que pasa. A veces. Vuelta al ruedo clamorosa. Clamorosa, porque entonces fue cuando el público se enteró de lo que acababa de suceder.

El quinto fue el único toro bueno de la corrida y era precioso además. En el caballo no fue gran cosa. Acudió pronto, pero luego se salió sueltecillo. Fue pronto en banderillas, y llegó a la muleta alegre y con clase. Iván, después de haberlo toreado bien con el capote, empezó la faena con tres series con la diestra, templadas, toreras y dando sitio al toro, porque estaba viendo que iba a durar muy poquito. No por un problema de raza, sino porque el toro estaba justo de fuerza. Cuando se echó la muleta a la zurda, la faena bajó de nivel porque el toro empezó a puntear y salir con la cara alta. Después de dos series con la izquierda enganchadas, remontó otra vez la faena con la mano derecha y con unas ceñidísimas mondeñinas. Fue muy derecho a matar, pero la estocada quedó trasera porque el toro lo esperaba con la cara alta, sin dejarlo pasar. Se atracó de toro, y ahora sí: una oreja.

Hacía muchos años que Bilbao no tenía un torero. La tríada esencial de la tauromaquia vizcaína, Cocherito, Fortuna y Agüero, tuvieron sus días de gloria mucho antes de la Guerra Civil. Después de la Guerra el único torero interesante fue Rafael Chacarte, un buen torero que tuvo la mala suerte de tomar la alternativa al mismo tiempo que Puerta, Camino, El Viti y El Cordobés. Fueron años muy difíciles para colocarse en primera fila... Pues bien: después de cincuenta años, Bilbao tiene un torero del que sentirse orgulloso. Iván Fandiño es tan valiente y mata tan bien como Fortuna o Agüero. Pero además torea con gran hondura y gran pureza. Ahora que Bilbao está viviendo una auténtica primavera taurina, ahora que Vista Alegre ha recuperado todo el prestigio como la gran feria del Norte, precisamente ahora, y no por casualidad, Bilbao tiene un torero.
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jueves, 2 de junio de 2011

SAN ISIDRO. POR FIN SALIÓ EL BOMBERO / Por Domingo Delgado de la Cámara


"...Y ¿la Autoridad?. Ni está ni se la espera..."

"...La corrida de Palha fue una escalera impresentable con varios toros de bochorno..."

POR FIN SALIÓ EL BOMBERO

Por Domingo Delgado de la Cámara

Feria de San Isidro de Madrid: 1 de Junio de 2011
El sobrero llamado “Bombero”, jabonero claro, de cinco años y medio y de 593 kilos de peso, por fin se lidió ayer. Ha estado anunciado como segundo sobrero prácticamente desde primer día de la feria. Pero se iba salvando de la quema. Cuando las cuadrillas lo veían en los corrales, cruzaban los dedos para que no saliese. Tenía esa plaza imponente del toro vazqueño... Y ¿de quién es?, preguntaban. De Aurelio Hernando. Y ¿eso qué es?. Uno de los escasos reductos veragüeños que quedan por ahí.

Pues bien, ayer salió. Como estaba muy corraleado, hasta tres veces volvió grupas y se metió al toril, y en varas fue muy manso y huidizo. Armó una buena, derribando y limpiando la plaza de toreros. Sin embargo, en el último tercio no se comió a nadie. No tuvo clase ninguna, pero fue noble y dejó estar. Y David Mora estuvo tan valiente y entregado como siempre, pero lo atacó mucho y el toro se vino abajo.

Con el que de verdad estuvo bien David Mora fue con el tercero. Una res topona y que embestía a cabezazos. A pesar del vendaval, Mora se quedó muy quieto y asentado. Soportó todos los cabezazos y las frenadas que hubo que aguantar. Y dejó claro que de valor está bien. Y está en plena evolución técnica. Valiente fue siempre, y siempre tuvo empaque, pero citaba con los engaños muy retrasados por el poco oficio. Pero ahora ya echa los engaños adelante y, con su valor y buen estilo, es un torero que tiene que crecer.

También tiene que crecer Salvador Cortés. Reconozco que ayer estuvo desastroso. Yo no sé qué le pasa en Madrid. Debe ser la plaza, que le impone. Porque en Sevilla y en Pamplona siempre está bien. Es un torero de muletazo largo y macizo, aún no conocido en Las Ventas. Su primero fue un sobrero de Carmen Segovia muy manso y que llegó a la muleta muy parado. No había nada qué hacer. Lo mejor de la lidia de este segundo fueron los pares de banderillas de Juan José Domínguez y Pedro Mariscal, metiendo los palos valientes, a pesar de los tremendos cabezazos del toro. Lo malo vino en el quinto. Un toro feísimo de Palha que, sin clase ninguna, se tragaba los muletazos por el pitón izquierdo. Cortés, visiblemente nervioso, dio un recital de mantazos, con más enganchones que muletazos limpios.

No debemos olvidar que todas las lidias de ayer se vieron muy negativamente influídas por el fuerte viento reinante. La disyuntiva era peliaguda: en las tablas al abrigo del viento, los toros se defendían a favor de la querencia. Y, si para evitar las querencias, se lidiaba en los medios, había que soportar un vendaval que hacía flamear el engaño. Vamos, que cualquier solución era mala.

Quien tuvo más suerte fue Luis Bolívar. Su primero, aunque no humillaba demasiado, embestía templado, largo y con clase. Era un toro de triunfo claro. Bolívar se echó el toro tan fuera que no hubo ligazón ninguna. Solo en una serie con la derecha, al final de la faena, se arrebujó con el toro. El cuarto tuvo mucho que torear. Embestía rápido y sin entrega. Bolívar, prudentemente, guardó siempre las distancias sin quedarse quieto. A los buenos no los cuaja y con los malos no se impone. Y ya son muchos años rondando el chozo.
Y ahora, bronca a la ganadería de Palha. La corrida fue una escalera impresentable con varios toros de bochorno. Y no es la primera vez que presenta así de mal. Ya son varias. Mire usted: si no tiene toros serios para Madrid, se queda un año sin venir y no pasa nada. El primero era estrecho y feo. El segundo y el sexto (precisamente los que se devolvieron) eran bonitos pero muy terciados para Madrid. El tercero, un becerro impresentable, y el quinto un avileño tan alto como feo, basto y cornicorto, de nulo trapío. Solo se salvó el cuarto, de aceptable presencia. Y el juego de la corrida, en general, muy decepcionante por descastado, como he dicho al comentar la labor de los toreros.

Por supuesto, la empresa también es responsable de tan mala presentación. Cuando Don Manuel Martínez Flamarique, Chopera, era empresario de Madrid, iba varias veces al campo a ver todas las corridas que iban a lidiarse. Los actuales responsable de la empresa dejan esta labor en manos de intermediarios monipodios. Y así nos luce el pelo. La holgazanería de esta empresa es evidente y su tacañería, también. Todo el mundo sabe donde están los toros serios, donde van a ser lidiados y el dinero que cuestan...
Y ¿la Autoridad?. Ni está ni se la espera.

Los petardos que están dando las ganaderías toristas en San Isidro están siendo sonados. Y es que el problema del toro torista es que casi siempre decepciona por su mansedumbre y escasa raza, mientras que el toro torerista cumple con el objetivo previsto: el de dar triunfos al torero. Es tristísimo reconocer que las ganaderías toristas se encuentran en un pésimo momento y dejan mucho que desear. Es de justicia reconocerlo, al igual que flagelamos a las ganaderías toreristas cuando se caen. A ver si los Cuadri de hoy nos redimen de tanto lamento.

En resumen: que la corrida fue un tostón. El único que lo pasó bien fue un abuelo de la grada del ocho que se puso morado metiendo mano a dos guiris patilargas y rubicundas. Se llevó la ovación de la tarde. Una ovación “ostentórea”.
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