la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 30 de mayo de 2024

San Isidro/24: El timo del toro gordo / por Antolín Castro


"..Los kilos de carne no eran de una marca cualquiera, lo fueron de una con denominación de origen, ni más ni menos que de Juan Pedro Domecq. Pueden ir haciendo cola en la carnicería quienes quieran degustar tan rico manjar.."

San Isidro/24
El timo del toro gordo

Antolín Castro
Opinión y Toros/29 Mayo 2024
Casi cuatro toneladas de carne se enseñorearon de la arena de Las Ventas e hicieron las delicias del carnicero.

Los kilos de carne no eran de una marca cualquiera, lo fueron de una con denominación de origen, ni más ni menos que de Juan Pedro Domecq. Pueden ir haciendo cola en la carnicería quienes quieran degustar tan rico manjar.

Seis toros seis para tres toreros tres, todos ellos, toros y toreros, de reconocido prestigio y con espectadores que anhelaban estar presentes en el encuentro en la cumbre. Resultó que no se llegó a la cumbre, pues casi todo rodó a muy baja altura. La casta, la raza y las fuerzas de los bovinos fue como de andar por casa y los logros de los toreros, con ese material, tampoco pudo satisfacer a los más exigentes.

Morante estuvo en Morante en días de poco fuste y solo podemos reseñarle algunas verónicas en un quite al toro de Aguado y un primoroso comienzo de faena a su segundo. Con el uso de la espada estuvo mal y con los ánimos, en el primero, muy mal. Cabreo general y bronca al de la Puebla.

Pablo Aguado estuvo bien con la capichuela a la verónica y en un quite por chicuelinas, réplica al de verónicas que hizo Morante, en la muleta quiso el sevillano, pero los toros no ofrecieron ventanas claras por donde asomar ese toreo de naturalidad extrema con el que nos suele obsequiar.

El gordo, nunca mejor dicho, le tocó a Talavante en su segundo acto y fue precisamente el único toro que dejó que le construyeran una faena de cierto contenido, aunque no fue un prodigio de ortodoxia y regularidad, mezclando pases respetables con algunos adornos para elevar la tensión de quienes le pedirían la oreja.

Este fue 'Rebeco', quinto de la tarde

El gordo, un toro de 672 kilos, de nombre Rebeco, fue el único al que se le pudo llamar toro de lidia. Curiosa esta circunstancia cuando lo normal es que los taurinos suelan contarnos eso de que los toros con muchos kilos no embisten. Un embuste. Las personas de peso o grandes pueden ser más ágiles que otras de menos carnes, lo que diferencia a uno de otro es el motor, lo que en el toro de lidia suele llamarse casta. Rebeco, fue al único que le pudimos identificar esa capacidad para seguir los engaños durante toda la lidia a la que se le sometió, siendo en la faena muy exigente.

Talavante paseó una oreja de ese gordo sin que pudiera lamentarse después con aquello de que ‘con ese peso y esos kilos es imposible que embista’. Pues embistió.

La plaza, como es natural con ese cartel, se llenó... y en ese lleno había mucha gente indocumentada. A mi espalda pude escuchar una frase que denota el conocimiento de algunos: Por lo menos Talavante se ha manchado el traje, Morante nada. Es bueno que se llenen las plazas, pero mejor es si aprenden a apreciar todo cuanto sucede. La tele debería hacer más pedagogía y menos aplausómetro, que luego llegan algunos muy desinformados.

Madrid. Salió el tonto de Juan Pedro, me refiero al toro / por Pla Ventura

 

"..Corrida sin raza alguna por completo, bellos de estampa, trapío en su morfología, kilos para dar y tomar y, de pitones, perfectos. Todo era maravilloso hasta que vimos el juego de los toros que, una vez más, aborregados, abantos, sin casta, sin peligro alguno, sin maldad –como su dueño- pero sin ningún motivo para que aquello conquistara a nadie.." 

Madrid. Salió el tonto de Juan Pedro, me refiero al toro

Pla Ventura
Toros de Lidia/29 mayo, 2024
Si tuviéramos que calificar la corrida de hoy con una sola palabra diríamos, bochornosa; y no por el calor que, como decían, también apretaba. Era el festejo esperado por los “aficionados”, es decir, los toros de Juan Pedro con los secuaces que tiene siempre como valedores. Al final, un fracaso en toda regla y, seguro estoy que muchos pontificarán la labor de Talavante en su segundo enemigo.

Corrida sin raza alguna por completo, bellos de estampa, trapío en su morfología, kilos para dar y tomar y, de pitones, perfectos. Todo era maravilloso hasta que vimos el juego de los toros que, una vez más, aborregados, abantos, sin casta, sin peligro alguno, sin maldad –como su dueño- pero sin ningún motivo para que aquello conquistara a nadie.

Es el toro que actualmente piden las figuras que, como sabemos, si los toros comerciales en Sevilla ya supusieron un fracaso de época, Madrid ya está en la misma vereda. ¿No hay más ganaderías que las de Juan Pedro y adláteres? Seguro que no, porque ellos no las torean.

Apareció Morante en su primer toro y, durante quince segundos creíamos que iba a comerse el mundo por su actitud frente al toro. Bastaron cinco muletazos para que el de La Puebla se marchara por la espada para cosechar una bronca de escándalo y, la suerte que tiene Morante es que ha nacido en esta época, lo digo porque de haber sido coetáneo de Belmonte, su actitud de hoy en Madrid se hubiera saldado con lanzamiento de ladrillos y, por supuesto, posterior detención por gandul y engañabobos. 

En su segundo ha puesto voluntad ante un animal que no se comía a nadie pero, tampoco era el burro que Morante esperaba. De nuevo, mitin con la espada mientras que los santos que llenaban hoy Las Ventas han guardado un respetuoso silencio. Está claro que Madrid ha cambiado pero, para mal; no quedan apenas aficionados de antaño y los que les han reemplazado se conforman con dos verónicas de Morante al toro de Pablo Aguado.

Talavante ha toreado son suma desgana a su primero que, aborregado como sus hermanos, tampoco decía nada, de ahí su nula trasmisión. Ha salido el segundo, quinto de la tarde y Talavante ha estado muy correcto ante un toro bondadoso, pero carente de todo, hasta de lo más elemental, la casta que es la que hace el milagro para que pueda darse cita la gran faena. El extremeño se ha mostrado decidido y, de repente, ha comprendido que Madrid se conforma con poco, de ahí que su faena, por momentos, ha sido irrelevante, pese a toda la belleza que queramos imputarle. Un bajonazo, como dirían antes los revisteros, una puñalada trapera que Talavante no tenía prevista ha acabado con la vida de su oponente y, le han dado una oreja y, lo que es peor, seguro que alguien dirá por ahí que mereció las dos. ¿Hasta dónde hemos llegado? Pues a eso, a convertir la plaza primera del mundo en un recinto festivalero donde vale todo y, mucho más en una tarde tan nefasta como la que hemos vivido.

Pablo Aguado acudía a su cita pletórico de ilusiones; apuntándose, como sus compañeros a dicha corrida para ver si salía la babosa inofensiva que, si se me apura, así han sido dos enemigos; el primero embestía con claridad y nobleza, aunque se marchaba corriendo de la muleta del torero que lo ha intentado pero, con semejante material, ¿estaría convencido que conquistaría a alguien? Exigencias hay pocas, es la verdad, pero jamás puede haber éxito ante dos toros insulsos, su segundo hasta moribundo donde la emoción brillaba  por su ausencia. Pese a tan horrible material, Aguado ha brillado si de arte hablamos por momentos, tanto con la capa como con la muleta pero, sus logros han sido nulos.

Aguado ya se ha instalado como comparsa de Morante y demás señoritos del toreo que, el pobre no se da por enterado que todavía quedan ganaderías encastadas, que no digo ilidiables, pero si con la suficiente solvencia y motor, unida a la casta para emocionar a cualquiera, ahí están los toros de Albaserrada, los Santa Coloma en sus diferentes versiones pero, amigos, Pablo Aguado ha probado los manjares del burro descastado que, aunque no le permitan el triunfo, como tampoco lo necesita, apenas tiene que sudar la camisa.

Como decía, la gente, ávida de alguna que otra emoción y más en esta tarde que todos se las prometían muy felices, le han dado una oreja a Talavante que, si tuviera que escalar posiciones con dicho trofeo ya iba apañado.

Eso sí, tenemos que felicitar a Juan Pedro Domecq que, a diario sabe vender la burra, en este caso los toros, mejor que nadie. Sus fracasos se cuentan por doquier, al menos en los últimos cinco años pero, que no se preocupe nadie que, en la próxima feria de Alicante, los provincianos le auparán al lugar que le corresponde.

Alabado sea Dios, justicia divina, nunca mejor dicho, Mañana, David Galván sustituye a Manzanares en Madrid, algo que nos llena de gozo por muchas razones, primero por la calidad que derrochó Galván en su única actuación en la que cortó una oreja de peso y, en segundo lugar porque, por lógica, si había una sustitución tenía que ser para él. ¿Mira que si al final, el mundo del toro empieza a repartir justicia?

MADRID/ 17ª San Isidro El toro de la feria / por Jorge Arturo Díaz Reyes


“Rebeco” el 5º ante Talavante. Foto: Las Ventas

Un gran quinto “Rebeco”. Talavante recibe oreja por una gran faena rematada con bajonazo. Morante pitado, Aguado silenciado. Serio encierro de Juan Pedro…

MADRID/ 17ª San Isidro
El toro de la feria

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro/Cali, V 29 2024
Número 173, negro, largo, bien cinqueño, astifino, de 672 kilos. Salió quinto. Cinco verónicas y media de consumo le saludaron injustificadamente, las tomó con brío, antes de acometer el caballo de Manuel Cid, al cual romaneó desde abajo en dos varas traseras que a otro hubiesen dejado listo. Álvaro Montes y Manuel Izquierdo aprovecharon su franco y ambicioso viaje pareándolo con más oficio que lucimiento, el segundo.

Talavante lo vio, y de una, sin tanteos ni castigos le citó para cuatro ayudados por alto, que no estatuarios por las recolocaciones, una derecha, un molinete, cuatro naturales y el forzado juntos, uno tras otro, raudos, pero ligados. Que detonaron en el tendido como una carga de profundidad. La dinamita fue la secuencia y la codicia, la emoción del toro que repitió vehemente, hallando un hombre bien parado y una mano autoritaria para sostener el terreno. Cómo venía la tarde, sumida en un soso mal humor, este introito la redimió, cual milagro. Los cuatro naturales siguientes fueron más sosegados y gustosos sin que el galope hubiese perdido nada de furor. Morro abajo y el gran tonelaje haciendo cimbrar el ruedo y proyectando los pitones a ras de arena. Bravo toro, muy serio, pero también noble, pero también acompasado, y también de tiro largo. Amado toro.

El paceño con sus diecisiete años de torero encima, lo comprendió, lo sintió y se dejó ir con él, en su estilo, a una faena matizada de improvisaciones y repentismos que sonaba a inspiración. Tras tres derechas, una arrucina inesperada, un cambio de mano y el de pecho abrumaron a la clamorosa plaza que había vendido hasta la última boleta, desde mucho antes, y no por él, ni por ese toro, cuyas dimensiones insultaban la piedad de los adoradores del toro enano y postrado. Derecha por una vez, cambio de mano, cuatro naturales in situ, redondos, dos más, tres más, molinete y el remate por arriba. Y la bravura no decrecía. El fondo parecía infinito. Pase de las flores, tres a rodilla en tierra, un desdén, uno de pecho y una firma, ambos mirando al público. Hubiesen podido parecer una falta de respeto al torazo, o un homenaje. Qué cada quién lo llame como quiera, pero la plaza, a juzgar por la estruendosa ovación en pie, la interpretó como una merecida corona para una obra en que se habían conjuntado, los tres elementos básicos de la creación, el toro toro, el toreo veraz en jurisdicción de cacho, y el torero en su momento. No faltaba más que la suerte suprema para que la faena abriera la Puerta grande. Solo eso.

Todos lo queríamos, la estocada honorable que el gran toro merecía. El volapié fue sincero, sí, pero la estocada baja y el desarme la inhabilitaron no solo para el gran triunfo sino para trofeo en cualquier plaza de tercera. Semejante toro no podía morir de manera tan infame. Más los orejicidas montaron su guachafita pañuelera y en el alto palco, Don Eutimio Carrecedo Pastor y su asesor Madriles optaron por darles gusto y sacaron el pañuelo de pena, baldón para Las Ventas. ¡Fuera! 

Una oreja por un bajonazo en la Catedral primada del toreo. Esto crea jusrisprudencia. De aquí en adelante cualquier presidente de pueblo en los confines del mundo taurino puede premiar lo que le de la gana y como le de la gana por eliminar toros. 

El rey de la fiesta, y más en su soberbia versión como esta merece que se le mate con todos los honores, no así. Y menos que se premie al victimario, así sea el torero de la empresa. La ovación al arrastre no se compadeció con la furiosa petición de premio para su mala muerte.

Lo demás de la corrida fue anecdótico. La habitual displicencia de Morante, quien se inhibió con el encastado primero y con el otro no pudo pintar nada fuera de sus acostumbrados detalles aislados, que no faenas, ni siquiera tandas, y su horrible ejecución de la suerte suprema, y claro la idolatría de sus fans que se recrean en ello. Unos sobrevalorados lances de Aguado, por quienes no le exigen temple a la lentitud, y un encierro adulto, bien presentado que no vio su escasa emoción suplida por la entrega de los toreros. Exonerada toda la tarde, a cuatro voces desde la transmisión de TV, que como siempre descarga las culpas en los toros.

Juan Pedro Domecq, al final calificó a “Rebeco” como un “grandioso y bravo toro”. Estoy de acuerdo. El de la feria para mí. Este reivindica la ganadería, y a su especie, que hoy ha sufrido pena de extinción por una torva ley en el congreso de Colombia.

FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Miércoles 29 de mayo 2024. Plaza de Las Ventas. 17ª de San Isidro. Sol. Lleno de no hay billetes. 
Seis toros de Juan Pedro Domecq, 611 kilos promedio, cinqueños, dispares, blandos y noblotes.

Morante de la Puebla, pitos y bronca
Alejandro Talavante, silencio y oreja
Pablo Aguado, silencio y silencio

miércoles, 29 de mayo de 2024

Milei (y Picouto) / por Ignacio Ruiz Quintano



Milei (y Picouto)

Ignacio Ruiz Quintano / Abc
Milei es un personaje al que la socialdemocracia muerta llama fascista, porque para el cadáver socialdemócrata fascismo es todo lo que parezca vivo.

A Milei el gobierno socialdemócrata español (“mon cher cadavre!”, dijo la Dudevant a Chopin) fue a decirle “drogadicto”, y cuando Milei contestó, el gobierno socialdemócrata español pidió las sales desmayado como una marquesa de Serafín, gracias a lo cual, y por boca del pequeño ministro Albares, que saca pecho de palomo, uno ha sabido, después de medio siglo preguntándolo, que la “democracia española” es la señora del presidente, lo que explica que Feijoo, a quien el pobre Perera brindó un torete la otra tarde en San Isidro, pidiera no hace mucho una Ley de Cónyuges de La Moncloa, que en realidad sería su Ley de Defensa de la Democracia a imitación de la muy fascista Ley de Defensa de la República.

Feijoo es gallego, como Picouto, paisano de Fernández Flórez (conocido en el nuevo periodismo cultural como “Fernando Flores”) y director de un diario que un día publicó una noticia que comenzaba así: “Dos salvajes que se dedican a cazar gatos con anzuelo…” Más un comentario reprochador. El mismo día, dos jóvenes se presentaron a él en la Redacción. “Es preciso rectificar ese suelto”. “¡Nunca!”, contestó Picouto. “Es preciso rectificar ese suelto o le saldrá muy caro –insistieron–, porque no se puede injuriar impunemente al Ejército español”. “¿Al Ejército español?” “Sí, porque nosotros somos militares.”

Llegaron, en efecto, las represalias. Hasta que, rendido, Picouto redactó otro suelto: “No eran dos salvajes, eran dos tenientes de Infantería los que hace una semana…” Sólo entonces le dejaron en paz. Todos los tenientes de infantería del socialismo batueco acusan hoy a Milei de atacar a España y a su democracia.

No quedan muchos Picoutos en la prensa, pero España sigue siendo ese país de pequeños personajes ridículos como los que nos gobiernan (en el Estado de Partidos gobiernan todos los partidos del consenso) y a los que Milei, un chisposo contraquino (de Quino), se les hace bola cuando, el mismo día de Miura en Las Ventas, se les despeina en Vista Alegre, la plaza que Olano le abrió al Ché en su excursión dominguera al Madrid del franquismo. La derecha es un descalzaperros, y va desde el tuteo falangista del liberalio Rallo a Milei (Rallo es aquel Snoopy encaramado en el tejado de su caseta que nos explica su proviso de Locke: “¿Cómo se puede ser modesto cuando se es el mejor?”) hasta la admonición del obispo Munilla a Milei, a quien toma por otro Amadeo Llados de la vida porque condena la “justicia social”, un cuento que los eclesiásticos reclaman para la Iglesia, que consiguió que al menos una vez a la semana, los domingos, los ricos fingieran creer en el servicio dominical que los pobres heredarán un día la tierra.

La retórica de la justicia social nació para compensar la ausencia de democracia política.
[Martes, 21 de Mayo]


El Ché en Las Ventas

'San Isidro' 17ª.- OREJITA PARA TALAVANTE EN MEDIO DE LA NADA / por Juan Miguel Núñez Batlles

"..Y habrá quien se pregunte porqué no arranca esta crónica con la oreja que se llevó Talavante del quinto. Sencillamente porque habiendo sido más o menos justo el trofeo, en absoluto sirve para redimir la fracasada corrida. El torero, compuestito, y el público, volcadísimo. Una forma de contentarse por el dineral que muchos pagaron en la reventa.."

OREJITA PARA TALAVANTE EN MEDIO DE LA NADA

Juan Miguel Núñez Batlles
Qué desastre de corrida. La típica tarde de figuras que Madrid ama y desprecia en un ir y venir de encontradas pasiones. Festejo vacío del más mínimo interés. Nada nuevo, hay que advertir. Y todo posiblemente por culpa de los toros, que lejos de aportar restaron una barbaridad. Toros, sin embargo, al fin y al cabo que han elegido las mismas figuras. La culpa, sin remisión, de ellos.

Y habrá quien se pregunte porqué no arranca esta crónica con la oreja que se llevó Talavante del quinto. Sencillamente porque habiendo sido más o menos justo el trofeo, en absoluto sirve para redimir la fracasada corrida. El torero, compuestito, y el público, volcadísimo. Una forma de contentarse por el dineral que muchos pagaron en la reventa. Una oreja que en el argot se dice "una orejita" dado su devaluado valor.


En el que abrió plaza probó Morante por el pitón izquierdo. Y por el pitón derecho. No le había gustado el izquierdo, ¿pero tampoco el derecho? La bronca fue de órdago. Y hay quien piensa si el público se divierte así tanto o más que con una buena faena. Pobre interpretación. Y aunque con más aparente disposición, tampoco pasó nada en el cuarto.


Explosivo recibo de capote en el segundo a cargo de Talavante, con verónicas, chicuelinas y medias en interminable sucesión. Felices se las prometían torero y público. Empero el toro se encargó de echar todo por tierra.

Y parecido comienzo, ahora de muleta, en el quinto, directamente al natural, sin más. Dos series ligadas y con mucho encanto. Un solo intento por el derecho, y vuelta al izquierdo. Faena medida y bonita, pero sin la necesaria profundidad, y abusando de los remates por bajo, lo que ha de interpretarse como recurso ventajista para evitar el obligado pase de pecho con el que tendría que echarse al toro por delante. No obstante, y pese a que asimismo la espada cayó de aquella manera, no debe haber peros a la faena en una función tan vacía de contenidos fundamentales.


Con Aguado duró algo más el tercero, pero fue un espejismo. Hubo lances de cierta cadencia en el saludo capotero y posterior quite por chicuelinas réplica a uno de Morante que había salido en su turno en plan pedir perdón. Luego el toro tomó la muleta con evidente desgana, saliendo con la cara alta y ausentándose para el siguiente pase. Aguado quiso estar, pero no llegaría a pasar de los detalles aislados.

FICHA DEL FESTEJO
Decimoséptima de Feria. No hay billetes.
Toros de Juan Pedro Domecq, de poca cosa en todo, que tuvieron cierto empuje en el primer tercio, sin embargo, vacíos en la muleta. Los hubo, como el tercero, que derribaron en varas, pero fue más por la endeblez del caballo que por la fuerza del toro. Se salva de la quema, el quinto, toro con clase que ya le servirá al ganadero para sentirse salvado.

Morante: pinchazo, dos casi medias y descabello (bronca); y pinchazo hondo suelto y estocada caída (ligera división).
Talavante: tres pinchazos, entera y descabello (silencio); y estocada "en el rincón" (oreja).
Pablo Aguado: dos pinchazos, entera contraria y perpendicular y cuatro descabellos (silencio tras aviso); y pinchazo, metisaca y descabello (silencio).

Cuadrillas: en banderillas, saludó en el primero Joao Ferreira.

'SAN ISIDRO' 16ª (NOVILLADA).- CHICHARRO, OTRA ESPERANZA / por Juan Miguel Núñez Batlles

Si el público y la afición claman por el relevo, hay que advertir que ya está aquí. Chicharro, como sucede con Jarocho, es otra gran esperanza. Falta que las empresas tomen nota y diseñen la estrategia a seguir para que las ilusiones que nacen con Jarocho y con Chicharro se proyecten a un nuevo y persuasivo amanecer.

Jarocho

CHICHARRO, OTRA ESPERANZA

Juan Miguel Núñez Batlles
Venía la tarde de nuevo por los derroteros del desencanto. ¿Otra vez iba a pasar la oportunidad de encontrar un nombre para el relevo tan absolutamente necesario?

La mayoría por no decir todos los llamados figuras andan muy cómodos, prácticamente sin nadie que les inquiete. Alarmante situación si no surgen novilleros que garanticen el futuro acabando de una vez con tanta rutina impuesta por el sota, caballo y rey de la baraja que maneja el monopolio.

Así transcurría la novillada de hoy, entre comentarios del personal lamentando la situación. El único rayo de luz hasta ahora ha sido Jarocho, novillero con muchísimo fundamento por la completa y muy triunfal actuación que cumplió el martes anterior, día 21. Jarocho podría tirar del carro, se las prometen todos. Pero, está claro, necesitaría un competidor para encender y mantener la llama de la pasión -si se quiere podría llamarse rivalidad, que suena más fuerte y terminante-, tan absolutamente necesaria para asegurar el mañana. Pues menudo porvenir con lo que cae, y a los hechos hay que remitirse  por lo que se está viendo y padeciendo en la Feria, que hasta ahora arroja un balance artístico de lo más desolador.

Novillada, la de hoy, en la que asomaba otra vez la desesperanza, por lo malo que hubo y lo bueno que dejó de haber con los dos primeros espadas del cartel. Nada de nada, o más de lo mismo. Triste panorama. 

Pero como tampoco es cosa de pararse en el infortunio de los novilleros que traen a Las Ventas la noble aspiración de querer ser toreros,  habría que pasar página con los dos primeros espadas del cartel. Les toca a ambos seguir luchando, depurar muchas cosas, y ojalá tengan suerte.

Dicho lo cual hay que  empezar a hablar ya de Chicharro, novillero que traía el aval de una merecida y reconocida Puerta Grande lograda en su debut en esta plaza monumental el pasado día 1 de este mes de mayo. Entonces cortó una oreja y una oreja por una doble actuación muy convincente, por el valor y la disposición que acompañaron a sus buenas maneras. Y lo bueno es que hoy ha habido más y mejor a pesar de que el éxito no se ha materializado en orejas. Chicharro no ha matado a sus dos astados con la contundencia necesaria. Pero ha dejado si cabe mejor estela.

Si el público y la afición claman por el relevo, hay que advertir que ya está aquí. Chicharro, como sucede con Jarocho, es otra gran esperanza. Falta que las empresas tomen nota y diseñen la estrategia a seguir para que las ilusiones que nacen con Jarocho y con Chicharro se proyecten a un nuevo y persuasivo amanecer. 

Conviene repetir mil veces sus nombres, Jarocho y Chicharro, también para que los medios de comunicación llamados generalistas se paren a valorar este nuevo y feliz capítulo de un espectáculo con asombrosos números de asistencia a taquillas, ahora más desde que la oficialidad trata de ningunearlo. Ahí están los sucesivos y contundentes llenos de no hay billetes incluso con televisiones en directo. 

El toreo viene necesitando de nuevos modos de promoción, impulso y protección, y qué mejor coyuntura como la que se presenta con el aliciente de la rivalidad en la cantera.

Desde el antagonismo de Joselito y Belmonte plasmado en la página más gloriosa de la llamada Edad de Oro del toreo, y antes con otros nombres históricos, y naturalmente después en sucesivas etapas hasta la modernidad, aunque ya no tanto en el tiempo actual, los desafíos entre toreros son un gran atractivo y estímulo para proteger e intensificar la Tauromaquia en toda y su mejor magnitud.

Pues, a ver si empiezan ya a darse novilladas en mano a mano entre Jarocho y Chicharro, o en terna de los dos con un tercero que venga también apretando. 

Novilladas, más novilladas. No hay que cansarse repitiendo el ruego o la exigencia.

Esta cronica que puede tomarse, y debe tomarse como un alegato, viene a cuento, ya está dicho, de aquella memorable tarde de Jarocho, y del paso muy prometedor de Chicharro, que esta vez, sin los despojos de las orejas ha vuelto a convencer, si cabe aún más de lo que ya dejó adivinar el primero de mayo cuando salió en volandas por la ansiada Puerta Grande.

De Chicharro en esta ocasión hay que resaltar su buena maña y sobrado valor, en una primera faena de mucho ritmo y compás, acompañando con  la cintura y vaciando los pases atrás. Y a todo esto una elegante y muy exquisita torería para ir y venir de la cara, atributo que se ocultó, seguramente por las ansias que inexcusablemente empujan en el debut, cuando la anterior comparecencia. Lástima la espada que esta vez no entró a la primera, pero así y todo tuvo una muy fuerte petición de oreja que, hasta cierto punto lógico (que nadie se rasgue las vestiduras), el presidente no atendió.

El sexto no acompañaba, paradito y sin recorrido, empero Chicharro le buscó las vueltas, poniéndose muy de verdad, firme y muy solvente para alcanzar a sacarle muletazos de uno en uno, de mucha lentitud y gran plasticidad. Hondura a pesar de la falta de ligazón impuesta por el novillo. Tampoco hubo oreja, entre otras cosas porque también aquí faltó contundencia al matar. Pero Chicharro convence  y caminará, sin duda.

De los compañeros de cartel, decir que De María, con dos novillos descompuestos, se esforzó mucho para nada, y  Cirugeda apuntó cosas notables que tampoco se resolvieron a favor, en éste con la disculpa asimismo de que lla mansedumbre de sus astados restaron también lo suyo. Lo peor para los dos sería sentirse opacados por la refulgente luz de Chicharro, y antes también de Jarocho. Tomen nota los novilleros que con vitola todavía sin justificar, por pura administración, tratan de acaparar los puestos en las pocas novilladas con picadores que se programan. Ahora son Jarocho y Chicharro los primeros, y a notable diferencia de los demás.

FICHA DEL FESTEJO

Decimosexta de Feria. Algo más de media.

Tres novillos de Guadaira y tres -segundo bis, cuarto bis y quinto- de Torrehandilla, desiguales de tipo y de juego, predominando la mansedumbre.

Lalo de María: entera perpendicular y algo contraria (silencio); y pinchazo y estocada defectuosa (slencio).

Pepe Luis Cirugeda: cuatro pinchazos y casi entena (silencio tras aviso); y cinco pinchazos y entera (silencio).

Alejandro Chicharro: pinchazo y estocada (vuelta tras mayoritaria y ruidosa petición); y media y cuatro descabellos (fuerte ovación).

Cuadrillas: saludaron en banderillas, Juan Carlos Rey en el tercero, y David Adalid y Rafi Govira  en el quinto.

Madrid, 28 de Mayo de 2022

Novilletes de "desafío ganadero", entre Guadairas del búfalo y Torrehandillas de la huerta, para Lalo, Pepe Luis y Chicharro, que dejó ganas de verlo con toros. Márquez & Moore

Chicharro

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
La verdad es que hay que agradecer a Plaza1 en general y al veedor Florencio en particular la elección de esta novillada de Guadaira como perfecto prólogo al juampedrerío de mañana, para que podamos ir abriendo boca. Y hay que ampliar el agradecimiento especialmente porque han conseguido elegir con mucho tiento lo más blandurri, lo más bobo y lo más inane de lo que hubiera en los predios sevillanos u onubenses de donde hayan traído el ganado. 
Como es público y notorio la ganadería de Guadaira está inscrita en la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE) en el epígrafe 0142, explotación de otro ganado bovino y búfalos, y ya decimos desde ahora mismo que lo de los búfalos aquí no cuela porque para embarcar esta corrida no hizo falta un camión, ni siquiera una camioneta de mudanzas: bastó con una lata de sardinas. Y luego, resulta que la corrida no pasa entera, que hay que remendar el encierro con uno de Torrehandilla cuyo epígrafe CNAE es el 4631, comercio al por mayor de frutas y hortalizas, así que lo primero que pusieron fue una berenjena y después resulta que ese uno son dos, porque hubo que devolver al segundo y sustituirlo por una lechuga iceberg, y después, que no hay dos sin tres, se echó al averno al cuarto que fue sustituido por una berza, así que la tarde se quedó en lo que se viene llamando comúnmente un «desafío ganadero» entre los Guadaira del búfalo y los Torrehandilla de la huerta, aunque en realidad esas sean dos maneras de decir «Jandilla».

El año pasado se vieron en Madrid dos novilladas de Guadaira que se lidiaron completas y en las que se pusieron de manifiesto ciertas dificultades, nada insalvables, por parte del ganado. Mejor en conjunto la de abril, de menor interés la de otoño, pero muy lejos de la debacle ganadera de esta cálida tarde de mayo en la que Pepe Luis Cirujeda no se las ha visto con ninguno de los que su apoderado firmó, Lalo de María uno sí y uno no y Alejandro Chicharro es el único que ha tenido enfrente a los dos Guadaira que ajustó en su día su pool de apoderados, los señores don Raúl de Tomás, don Jesús González y don Daniel Torres.

Con la mano en el corazón diremos que el año pasado, cuando se presentó en Las Ventas el nimeño Lalo de María, pensamos que no le volveríamos a ver anunciado en Madrid, y cuál será nuestra sorpresa cuando le vemos hoy aparecer de nuevo en San Isidro, de nuevo excelentemente vestido, esta vez de azul pavo y oro, y manteniendo a su lado a ese buen torero y excelente estoqueador que fue José Antonio Campuzano, de quien recordamos su confirmación de manos de Luis Miguel Dominguín, cuya estatua en actitud de parar un taxi adorna el exterior de la Plaza de Toros. Campuzano sirve para mejorar al que se halle a su lado, y si no que se lo pregunten al Roca Rey de Campuzano vs. el Roca Rey de Roberto Domínguez, y ésa sería la parte óptima de Lalo de María, que se ha arrimado a un excelente árbol para cobijarse. La parte más oscura del joven diestro serían sus patentes carencias en cuanto a la colocación, al concepto y al objetivo de su toreo, abundando en la tosquedad de sus maneras y su falta de oficio frente a un noblón toro de Guadaira, su primero, que es donde se pudo apreciar algo en sus formas. 
Su segundo atendía por Duro, número 6, y debía ser duro de corazón o de mollera porque el pobre semoviente no podía ni con la penca del rabo por lo que, tras la pañolada de don Víctor Oliver, el novillo partió hacia el chiquero de irás y no volverás para que pudiera tener su ratito de vida pública otro Torrehandilla llamado Encapuchado, número 36, un jabonero que parecía sacado de un estercolero, con el que no había manera de ilusionarse ni lo más mínimo entre las caídas del bicho, las ganas de irse y la generalizada incomodidad que venía de la falta de un mínimo celo o de un atisbo de casta. En lo favorable de Lalo pondremos también que no le tocaron ningún aviso, que eso ya empieza a ser noticiable.

Pepe Luis Cirugeda, de Algeciras, se vino a su presentación en Madrid también muy bien vestido con un bonito terno verde mayo (RAL 6017) y oro, sin esos espantosos cabos blancos que ahora casi todos se ponen. Su primer jarrón de agua helada fue la expulsión hacia la muerte solitaria de Zahareño, número 24, para ser sustituido por Enemigo, número 8, un castaño de Torrehandilla al que picó Adrián Majada con buen son y de cuya brega se encargó David Adalid, al que el algecireño recibe de rodillas en los medios donde le dejó dos por delante, dos por detrás y uno de pecho ya puesto en pie. Luego, como tantas veces ocurre, la faena erguida ya no tuvo la intensidad de los compases iniciales y entre la sosería del toro y la descolocación del torero no consiguieron que la cosa levantase el vuelo. Luego vino un sainete con el estoque, el ya clásico aviso y el no menos clásico bajonazo. Su segundo atendía por Limosnero, número, 11, otro Torrehandilla que más bien parecía hermano del verraco ibérico que se exhibe en la sala XIV del Museo Arqueológico Nacional, que lleva ahí con la cabeza gacha en actitud de embestir desde hace 10 años, sin que haya persona capaz de sacarle un pase. David Adalid dejó un soberbio segundo par y esto es todo lo que se puede decir, salvo reseñar la torpeza de Cirugeda con el estoque.

Cuando Alejandro Chicharro abrió la Puerta Grande de Madrid nosotros estábamos en San Agustín del Guadalix en lo de 3 Puyazos disfrutando, o sea que hoy llegábamos intactos a nuestro encuentro con este torero de Miraflores de la Sierra, que se vino a la Monumental de malva y oro, también sin cabitos blancos. Vaya por delante lo malo que, por no variar, fue la pareja de cabras mansas y bobas que sorteó y ahí casi se podría acabar lo malo porque todo lo demás fue interesante. La primera raspa, que se tapaba un poco por la cara, se llamó Pernocto, número 48. Jesús Vicente ni picó ni rompió y luego, en el segundo tercio, fue un gusto ver la esmerada brega de Raúl Ruiz y los pares de Juan Carlos Rey. 
Inicia Chicharro su labor a pies juntos y luego, en su continuación de pierna arqueada y a la media altura, nos trajo el aroma de la personalísima faena de David Galván del otro día. Después, por la izquierda, comenzó a desgranar su faena aprovechando ese pitón que era el bueno. Torea despegadillo pero con gran claridad de ideas, con gusto y con personalidad y abrocha unos excelentes pases de pecho. Improvisa un pase por detrás en una inesperada acometida del novillo, ligándolo en seguida con el resto de la serie, maneja la tela con soltura y se queda colocado. Alarga la faena con las estúpidas manoletinas para dar lugar a que sonase el aviso y tras un pinchazo cobra una estocada que tira al toro. Bien por el Presidente no cediendo a la petición de oreja, que hace posible una vuelta al ruedo clamorosa, dada con gran torería.

Su segundo fue Jaquetón, número 34, con el que Leiro hizo de garbanzo negro en la excelente cuadrilla que se trajo Chicharro. A resaltar la esmerada brega de Juan Carlos Rey para tratar de mantener al bicho en pie y en la Plaza. El novillo era una birria de presentación y más soso que un acuario lleno de mejillones, por lo que todo el trabajo le tocó a Cirujeda, que tuvo que poner lo suyo y lo del toro para redondear la tarde. Comenzó con dos estatuarios y después elaboró una faena muy madura y muy sólida, con gran claridad de ideas, pensando en la cara del toro y exprimiendo hasta el límite la basura que le había tocado en suerte. De nuevo muy bien al natural, de uno en uno buscando siempre la posición y, finalmente, una serie con la derecha para rematar su trasteo a más con uno soberbio de pecho. Luego, media arriba, aviso y dos descabellos. Deja una excelente impresión y ganas de volver a verle.

La Empresa que tan solícitamente nos dejó el mano a mano del otro día, el de Cayetano y Ginés Marín, ya tendría que estar moviendo sus hilos para programar un mano a mano inmediatamente tras la Feria entre Jarocho y Alejandro Chicharro, con ganado de más fuelle que este de hoy.

Entre la ilusión que nos dio Chicharro y la grata visita del aficionado A., que abandonó su puesto en la Andanada 8 para echar la tarde con nosotros, casi ni echamos cuentas de la gayumbada que nos habían colocado y de las dos horas y media que se prolongó el festejo.


Lalo


ANDREW MOORE












FIN