la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 16 de septiembre de 2013

BELMONTE Y EL TORO “VENCEDOR” / José María Sánchez Martínez-Rivero


...Los dos ases de la torería de la época, Joselito y Belmonte, toreaban todas las corridas de la feria y no rehuían los mano a mano. Aquellas dos figuras, que eran garantía de lleno en cualquier plaza cualquier día y a cualquier precio, no desdeñaban torear todas las corridas de la feria, con el ganado que fuera..."

BELMONTE Y EL TORO “VENCEDOR”


José María Sánchez Martínez-Rivero
Septiembre de 2013 en Collado-Villalba

Feria de abril de 1916, en programa seis corridas de toros. Base de los carteles Joselito y Belmonte. Día 23, toros de Albaserrada para Joselito y Belmonte mano a mano. Día 26, otro mano a mano con los  mismos matadores y toros de Murube.
El día 27 gran corrida con Joselito, Belmonte y Gaona. Día 28 toros de Gamero Cívico para Joselito, Belmonte y Vicente Pastor.
La corrida de Miura, temida y respetada por los toreros la mataron Joselito y Belmonte mano a mano. 
Final de feria ocho toros de Anastasio Martín, matadores: Joselito, Belmonte, Rodolfo Gaona y Vicente Pastor.

Los dos ases de la torería de la época, Joselito y Belmonte, toreaban todas las corridas de la feria y no rehuían los mano a mano. Aquellas dos figuras, que eran garantía de lleno en cualquier plaza cualquier día y a cualquier precio, no desdeñaban torear todas las corridas de la feria, con el ganado que fuera.
En tres de ellas se presentaba el mano a mano entre José y Juan con el riesgo y responsabilidad que ello conlleva. Uno de estos mano a mano fue con ganado de la temida ganadería de Miura divisa que imponía respeto a los toreros de la época, y aún a los de hoy.

No vetaban a las ganaderías que eran más peligrosas y que lidiaban toros con casta y arrobas  que el aficionado reclamaba para que las llamadas figuras se enfrentaran a ellas, como si fuera un examen. Era famoso el dicho: “Vamos a ver como está con la de Miura”.
En los corrillos taurinos de la época se decía que Joselito estaba enemistado con Gaona y José no dudó en torear dos tardes con el mexicano. Tampoco dejó pasar la ocasión de enfrentarse en el ruedo, a su amigo Belmonte, rival en la plaza, pero fuera de ella admirador de José Gómez Ortega.

Belmonte realizó una faena artística, magistral y valerosa al toro “Vencedor” de Gamero Cívico. El revistero “Triquitraque” dejó escrito:

“Leed, cortad y colocar en un cuadro:
Los toros lidiados por Juan Belmonte el viernes 28 de abril de 1916, eran de la ganadería de Luís Gamero Cívico; fueron dos joyas, y se llamaron Vencedor y Hurón; el primero tenía el número 22, era negro listón y bien colocado de pitones; tomó cinco puyazos y mató dos caballos; el segundo, tenía el número 79, era negro bragao y con muy bonita cornamenta; tomó cinco puyazos, tumbó a un piquero y mató dos caballos.
Juan Belmonte estuvo inmenso, cortando la oreja de Vencedor.”

Seguía el cronista:

“El público, ebrio, lleno de entusiasmo, oleaba al torero,  en una ovación ensordecedora, en una ovación monstruosa al terminar su faena. La banda de música tocaba un pasodoble alegre, y el público, todo el público a una, sacaba los pañuelos. Entonces yo vi al toro Vencedor levantar la cabeza y encarándose con el presidente le dijo con un guiño:
“-¡Ande usted alma mía! No vacile usted, y que me la corte, ya que yo me he muerto de gusto.
Entonces el Sr. Díaz Hidalgo flameó el pañuelo, haciendo la señal de la concesión del apéndice auricular.”

La concesión de una oreja en aquella época y en Sevilla era extremadamente difícil; pero ¡era Belmonte! La faena de Juan fue una lección de toreo. Como son y como deben ejecutarse los pases para lograr una obra de arte delante de un toro.

No, señores, no se puede torear mejor de muleta, no se puede derrochar más valor.”

Fue una actuación completa del trianero. Templó, mandó y no tuvo una vacilación a lo largo de la lidia de cada  toro. Ya se le llamaba, en los círculos taurinos, “Juanito Terremoto”,  el que abriría una época nueva en la historia del toreo y que influiría, grandemente, en las futuras figuras de la tauromaquia  que habrían de relucir en el firmamento taurino.