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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 29 de noviembre de 2018

En la muerte del ganadero García Palacios / por Manuel Herrero Presa


En la finca ganadera de Albarreal



Como buen hombre de fe que fue durante su larga vida, y como buen Rociero, sé que estará galopando a lomos de su caballo por las Marismas Azules del Cielo para encontrarse con su Virgen y con el pastorcito Divino a los que siempre veneró. 


RECORDANDO A D. JOSÉ LUIS GARCÍA PALACIOS
TUVE LA SUERTE DE SER AMIGO DE UN GRAN SEÑOR

Si, tuve la suerte de ser amigo de un gran señor, y al mismo tiempo amigo de una gran señora y de una gran familia. 

Como la fuerza de la amistad para mí no se mide por el tiempo de duración en años de la misma, sino por la intensidad en momentos puntuales y por pequeños “grandes” detalles, por eso es lo de la afirmación de mi suerte.

Yo conocía a José Luis desde hacía muchos años. Muchos años, si… pero solo le conocía. No había tenido prácticamente trato social ni de ningún tipo con él. No coincidió. Simplemente nos limitábamos a un saludo educado y muy correcto en ocasiones y lugares puntuales en los que nos encontrábamos a veces con amigos comunes. 

Pero he aquí, que hace como cinco años a través de mi compadre Rafael Peralta y su señora Mamer, comenzamos a tener más a menudo momentos de encuentro. Momentos de encuentro como en el Rocìo, Feria de Sevilla, Punta Umbría, celebraciones de amigos comunes, o en las Carreras de Sanlúcar de Barrameda en donde era uno de los patrocinadores la entidad que él presidía. 

Ya ambos nos sentíamos partícipes de la relación común con los demás. Ya éramos y nos veíamos como parte de. Ya empezó la que yo considero como una pequeña amistad que fue in crescendo cada vez que coincidíamos, entre él, su señora y su familia, con mi señora y conmigo. Ya concurríamos en sitios mas a menudo. Ya empecé a conocerle como persona. Ya empecé a darme cuenta de su calidad humana. Ya lo “medí”, como se dice en el argot taurino y que viene al caso por ser él un gran ganadero de Reses Bravas (Albarreal). Ya vi el calor, el cariño y la simpatía que irradiaban, tanto él como su amada esposa Pilar, y sus propios hijos.


Todos conocíais su currículum emprendedor, empresarial, político, fundacional, y bancario, así que yo voy a centrarme brevemente nada más que en su persona.

Un día le llamé por teléfono y le dije que quería que él me aconsejara sobre una franquicia que me ofrecían en Sevilla. Al decirme que me recibiría cuando yo quisiera, le dije :- José Luis voy a Sevilla a verte cuando tú me digas. Y él automáticamente va y me contesta :- Cómo vas a venir a Sevilla solo para eso. –Mira, la semana que viene estaré en Madrid porque tengo Consejo “tal” día, así que vente a “tal” hora-. 

Al llegar ese día me fui para el edificio donde tenía el Consejo a la hora que él me dijo. Nada más subir a su planta pregunto por él a un señor que me recibe, y este señor automáticamente me contesta : -Un momento por favor. Abre una puerta, pasa hacia dentro y cierra dicha puerta. No pasó más de un minuto cuando se abre de nuevo la puerta y aparece José Luis. ¡Había dejado por un momento a todos los del consejo para recibirme a mí¡, a Manuel Herrero, a su amigo que por primera vez le hacía una visita. No olvidaré nunca ese detalle, detalle que gracias a Dios alguna que otra vez lo he vivido con otros amigos, pocos, pero existen. Personajes ilustres, y no ilustres, con sentimientos parecidos al de él, y que han actuado de la misma manera que él. Eso se llama seguridad. Eso se llama bondad. Eso se llama dar cariño. Eso se llama dar sitio al amigo. Es “fácil”, pero muy difícil de hacer por la mayoría. Si lo sabré yo…

También en otras ocasiones, junto a su señora Pilar, nos demostraron a mi señora y a mí el grado de cariño y de grandeza en lo humano que nos profesaron siendo anfitriones de grandes encuentros con amigos. Han sido, su señora y él, junto con otros amigos comunes, de los primeros que se han interesado en una cosa importante vivida por mi, ya sea por teléfono, whatsapp o personalmente, y que nunca olvidaré.

Siempre recordaré, el calor, el trato y el señorío que en cada momento demostró con todos sus invitados, con todo el servicio, con todos los artistas.  Atento en todo y con todos. Y por supuesto, su amor por su bendita tierra, Huelva, y el gran amor y defensa que procesaba por España. 

Pero la imagen que más hondo me llegó siempre era la cara de felicidad, de sano orgullo (a veces  como la de un inocente niño, feliz, sonriente) y con un brillo especial en sus ojos, a veces humedecidos, que se le ponía al ver a su querida y amada esposa cuando con su salero, delante de sus hijos, nietos y amigos, se “arrancaba” a cantar cuplés y canciones por bulerías mirándole ella a los ojos. Ese momento siempre lo sentí como una grandiosa demostración de amor de un matrimonio “indestructible”, con más de cincuenta años de unión al que solo la muerte, por desgracia, les ha separado.

Como buen hombre de fe que fue durante su larga vida, y como buen Rociero, sé que estará galopando a lomos de su caballo por las Marismas Azules del Cielo para encontrarse con su Virgen y con el pastorcito Divino a los que siempre veneró. 

Sé que tiene muchos y grandes amigos muy dolidos por tu pérdida. Yo soy junto a Amelita otro de ellos.

Y hoy en su último acto de fraternidad “ha movilizado” a una gran cantidad de gente amiga de su amada Huelva, y venidos de muy diversos lugares para asistir a su Adiós. Algo se muere en el alma…!!

Gracias José Luis por haber sido, junto a tu esposa e hijos, amigo mío.

Manuel Herrero Presa
Madrid, 29 de Noviembre de 2018


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