la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 23 de febrero de 2010

SEVILLA ERRE QUE ERRE / Por Ricardo Díaz Manresa



SEVILLA ERRE QUE ERRE
Por Ricardo Díaz-Manresa

EL abono sevillano 2010 se anuncia con otra composición para la polémica. revestido de modernidad. Que se fijen en los de la Aste Nagusia, que son vanguardistas y muy taurinos. Pues no, los maestrantes siguen empeñados en equivocarse.
El abono sevillano 2010 ( Domingo de Resurrección, la de abril, novilladas de mayo y la de San Miguel) con tanto torero de fuste, se verá bajo un cartel de papel, en la línea de horror de las dos temporadas anteriores. Es decir, en la parte superior del crucigrama de espadas y ganaderías, una denominada obra de arte, que no es tal, sino un mamarracho, menos que en 2008 y 2009, pero esperpento.
Fíjense si empezó la cosa mal, que Luis Gordillo, autor del de este año, elegido también a dedo entre lo supuestamente mejor que hay, pensó, una vez admitido el encargo, pintar –como primera inspiración- un hombre con cuernos. ¡Dios Santo! Estoy seguro de que algún cabrón habría preguntado con muy mala leche si sería su autorretrato.
Hablando en serio y respetuosamente, es la idea más descabellada que se le podía ocurrir y que a más de uno nos dejó helados. Ya ven las ocurrencias de los elegidos.Los maestrantes podían ya dejar de hacer el ridículo, convocar un concurso y elegir la mejor obra –que, cuidado, no tiene por qué dejar de ser vanguardista ni moderna-, que tendría la calidad y el prestigio suficiente para anunciar a los cuatro vientos nada menos que la de abril. Pero no, a los guajardos fajardos les ha dado la ventolera por meter la pata año tras otro y presentar un cartel abominable, que te obliga a apartar la vista y que, por el mal fario, convierte después en feria gafe lo que quiere teóricamente engrandecer. Y así Sevilla no levanta cabeza, se gasta un pastón cada año encargando la obra a caros y prestigiosos pintores y recibe multitud de críticas.
Más vanguardistas y más modernos que muchos de los carteles que dan a conocer al mundo la Aste Nagusia no creo que los haya en el resto del mundo taurino y nadie ha protestado. Más originales tampoco. Bonitos como los mejores y taurinos por supuesto. Y respetuosos, combinando tradición y modernidad.
Un ejemplo que nos da Bilbao y su Semana Grande. ¿A qué viene, por tanto, estas salidas de pato de los maestrantes cuando su ciudad es clásica entre las clásicas y mantiene sus tres bastiones –Semana Santa, Feria y Maestranza- iguales pese al transcurrir del tiempo?.
Una vez, era la época de la Expo, quisieron reformar la Maestranza, y se opuso el columnista Antonio Burgos diciendo que en Sevilla había dos cosas perfectas que no se podían tocar : el Paso de Palio y la Maestranza. Criticó a los maestrantes y lo echaron del periódico ABC, donde era una institución y ha vuelto a serlo.
Por lo tanto, no encuentro razones para una modernidad tan absurda como disparatada la que le ha entrado a la casta maestrante sevillana. No sigan erre que erre, no al sostenella y no enmendalla. No a meter tanto la pata.
Fuente: Avance Taurino.com

BALLESTEROS EN EL CALLEJÓN / Por José Ramón Márquez



José Ramón Márquez
Plaza de toros de Valdemorillo. Sábado, 6 de febrero. Muchos aficionados de Madrid se han acercado al pueblo serrano a ver a los Peñajara y a Leandro (antiguamente Marcos). En la pequeña fila que se ha formado ante la taquilla, hay un personaje totalmente inesperado ante una taquilla; se trata de José Pedro Gómez Ballesteros, el popular gerente de la plaza de Las Ventas.

El aficionado A. está situado detrás de él. Le comenta a M.R., que le acompaña:
-¡No me lo puedo creer! ¡Lo nunca visto! ¡Ballesteros haciendo cola para comprar una entrada!
Ya le toca el turno a Ballesteros. Entonces se aproxima a la taquilla y le dice con seguridad a la persona que hay dentro:
-Oye, mira, que estas entradas que me habéis dado, a ver si me las puedes cambiar por otras del callejón...El callejón es el hábitat natural de Ballesteros, como el hielo para los osos polares.
Fuente: Blog Salmonetes ya no nos quedan

lunes, 22 de febrero de 2010

SECCION "EL TONTO NO DESCANSA" / EL DALAI LAMA NO QUIERE TOROS

Pobre de cabeza..

El Dalai Lama apoya la abolición
de las corridas de toros en Cataluña

22 de febrero de 2010
El Dalai Lama ha dado su apoyo a la Plataforma Prou que promueve la abolición de las corridas de toros, a través de una carta gestionada por la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal, por considerar que son "una práctica cruel que proporciona dolor a animales inocentes".

Mientras tanto....
Barcelona.- El Dalai Lama ha dado su apoyo a la Plataforma Prou que promueve la abolición de las corridas de toros, a través de una carta gestionada por la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal, según informó la Plataforma Prou a Europa Press.
En la carta, remitida al Parlamento catalán, el líder espiritual dijo que las corridas de toros son una práctica cruel que proporcionan dolor a animales inocentes y que, por ese motivo apoya la Iniciativa Legislativa Popular, promovida por ONG's y ciudadanos, para prohibir las corridas de toros en Cataluña.
El Dalai Lama animó a los diputados a votar a favor de la reforma del artículo 6.2ª de la Ley de Protección de los Animales de Cataluña, y a abolir definitivamente la excepción que permite las corridas.


Protector del negocio de los animalistas veganos


MÉRIDA: LA GALERÍA "MANUEL DE LA FUENTE" / Por Fortunato González

Manuel de la Fuente en emotiva loa a Pedro Rincón "Perucho",
su antiguo Rector de la U.L.A.


LA GALERÍA "MANUEL DE LA FUENTE"


Por Fortunato González (1)

Por la calle real (Diario Frontera de Mérida)
Mérida-Venezuela 23 de fenrero de 2010

Manuel de la Fuente quiso convertir la casa de habitación en la que formó su hogar y levantó su familia en una galería de arte. ¡Un costoso capricho! La idea le obsesionaba: abrir un nuevo espacio para el arte en donde la gente pudiese estar en contacto con su producción artística, dejar a un lado el desorden propio de un taller de artista que aunque situado en el hermoso Valle Grande, no permitía el marco estético que facilitara la observación detenida de la obra. Quería un espacio apropiado, la iluminación adecuada, la colocación de cada obra en el sitio justo. Su casa, adquirida en los tiempos grandes de Pedro Rincón Gutiérrez que pensó en la digna existencia de los profesores y creó la urbanización Santa María, también es diseño suyo.

Es de suponer que dejar el taller de toda la vida le haya producido el sentimiento entre amargo y dulce de la nostalgia, como el cambio de residencia de una amplia casa a un edificio de apartamentos; pero más pudo la pasión por el arte y el compromiso con la ciudad. Transformar su casa en galería significó un inmenso esfuerzo físico y mental que debilitó su salud, que le avisó justo cuando celebraba con sus amigos la alegría de la apertura. Había trabajado con febril dedicación para tenerla a punto justo cuando se reunían en Mérida sus amigos taurinos y dispuso la apertura para el lunes de carnaval, cuando la cita taurina alcanza la máxima densidad. Y allí estábamos todos viviendo aquel momento singular.
"Cristo de las Multitudes"
Testimonio de fe

La Galería de Arte “Manuel de la Fuente” exhibe una pequeña muestra de su inmensa obra, que no la puede contener ni su casa, ni la ciudad de Mérida, ni el país entero porque se encuentra en muchos lugares del planeta. Recibe al visitante el Cristo de las Multitudes en una pequeña plaza que da testimonio de la fe, y que tiene en medio de un pequeño jardín una de sus obras emblemáticas: un gran tonel en el que se apiñan ya para entrar, ya para salir, una masa de gente. La puerta de acceso a las salas es una composición de las diversas expresiones estéticas de Manuel. Al entrar se consigue la obra taurina, como para que quede sentado de una vez por todas que se trata de un andaluz que echa por delante sus toros, únicos, irrepetibles, con casta y trapío. Si sus manos le han dado la forma, su pasión les ha puesto la bravura. El artista sabe de eso porque lo lleva en los genes. Los toros de Manuel de la Fuente tienen la casta de los Pablo Romero, de los Miura, de los Victorinos, de los Parladé, de los Murube; y acometen con el temple del capote de Juan Belmonte y Luís Francisco Esplá, y la muleta de Enrique Ponce y Morante de la Puebla. Ha sabido perennizar en el bronce toda la casta de una raza que de no ser por la pasión ya hubiese caído víctima de la abulia de estos tiempos globalizantes.

Un poco más allá están los desnudos, el homenaje que le rinde Manuel de la Fuente a la mujer, a las cobrizas andinas que le sirven de modelo y a la exuberancia de Marilyn Monroe. Como los toros, los cuerpos femeninos tienen una carga erótica ya no expresada en el poder, sino en la sensualidad de las formas que pone al descubierto el éxtasis, la fogosidad del placer como si saliera del alma. Luego sus multitudes, en las que el artista pone su angustia de cara al fenómeno humano. Le preocupa lo anónimo, la renuncia, la derrota; la pérdida de sentido, de ilusión y de esperanza. Las multitudes me deprimen porque el ser individual queda atrapado en la masa anónima que se deja arrastrar sin carácter ni voluntad. Quizás esta imagen la disipa el Cristo de las Multitudes pero en el género percibo una concepción pesimista del hombre. Es la misma angustia, supongo, que también se encuentra en “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca.

Hay mucho más, muchísimo más en la Galería de Manuel de la Fuente, como queda también mucho dentro de este artista que lo irá dejando en el mármol, en el bronce y en el lienzo en la medida de su tiempo.

Fortunato González glosa la figura y obra de Manuel de la Fuente

Manuel de la Fuente rodeado de sus amigos y admiradores, el ganadero Miguel Gutiérrez, J. Lamarca, Fortunato González, Jesús Colombo, el escultor taurino José Castañeda y señora.

J. Lamarca, Manuel de la Fuente, Javier Hurtado, Fortunato González,
y la decana de la Facultad de Arte, Nory Pereira

Juan Lamarca y Manuel de la Fuente
ante su obra del "Cristo de las Multitudes"

(1)

Fortunato González es catedrático de la Universidad de los Andes de Venezuela y Director de la Cátedra de Tauromaquia "G. Briceño Ferrigni"

domingo, 21 de febrero de 2010

JOSÉ TOMÁS Y LOS OTROS / Por Gonzalo Marínez Simarro

El galáctico moneda de curso por doquier....


José Tomás y los otros

Por Gonzalo Martínez Simarro

A punto estaba ya de pasarse a los antitaurinos, igual que Joaquín Sabina, cuando en los altares de la Catedral de las Ventas canonizaron al Divino, al Galáctico, al Número 1 (que, en el toreo, no es cifra inferior), al Suicida, al Mesías prometido…

A la estanquera de mi barrio le chifla José Tomás. Aficionada de las cabales, purista y tal, la estanquera de mi barrio siempre hablaba de lo que otros escribían: del temple, de las querencias, de cargar la suerte y de los terrenos. Nunca supo bien qué eran todas esas gaitas pero, como un corrochano primerizo y sabihondo, pontificaba que irse al pitón contrario no es un alarde de valor sino de precaución, que cuando los terrenos del astado y del lidiador se confunden ronda por la plaza la muerte, que cada encaste tiene su lidia como cada mozo de espadas sus apaños, y que, por mucho que se vistan de colorines, no todos los toreros son lo que debieran ser: toreros.

En cuestión de toros, como los más espabilados de Madrid: bicho grande ande o no ande; los de Hernández Pla o el cura de Valverde mejor que los zalduendos; que a los toros les nacen los pitones para rematar en tablas, no para que se los afeiten con un serrucho. Aunque no le hacía ascos al marido de Palomita, que aparte de un maestro de la cosa parece un maniquí del Corte Inglés, ni a las verónicas de pingüí de Morante, ni a los desmayos artísticos de Manzanares, ni a la impávida torería de Perera o de Castella, ni siquiera al Cid, que no es el que aplacaba a manporrazos las ínfulas de los moros sino un señor que domina y conduce mejor que nadie el genio bravucón de los victorinos…, la estanquera de mi barrio siempre se inclinó por los toreros machos, por los que se arriman, como Jesulín o algo así, o como el Esplá, o como Cayetano, tan guapetón y de armani, o como Padilla.

Pero Esplá se nos fue, Jesulín dejó de ser lo que era (culpa de la Campanario), Cayetano ya no chuta como chutaba y hasta Padilla aburre con esa manía suya de no lidiar más que miuras, cebadas, cuadris y aguirres. A punto estaba ya de pasarse a los antitaurinos, igual que Joaquín Sabina, cuando en los altares de la Catedral de las Ventas canonizaron al Divino, al Galáctico, al Número 1 (que, en el toreo, no es cifra inferior), al Suicida, al Mesías prometido…

La estanquera de mi barrio nunca lo ha visto torear, porque no actúa en la tele, pero sabe –y se fía porque lo han escrito Boadella, Sabina, Dragó y hasta el Moncholi- que José Tomás es perfume de verdad y de misterio, que sus terrenos son los del toro, que es eucaristía entre silencios siderales, protocolo de samurai, agonía de la verdad, carne de copla y soneto, luna de albero…, que a ella en particular toda esa retahíla de piropos se le antojan una chorrilera de sandeces, pero son líricas y vienen de quienes vienen, moco de pavo.

Tan forofa se ha vuelto del Extraterrestre, que ya no habla del temple ni de la pureza del volapié, de la muleta planchada y por delante, de la técnica como soporte del arte, de naturales perfileros y en línea ni del control antidoping de los ciclistas; tan devota de Santo Tomás de Galapagar, que entre las estampas de San Ambrosio y Bruce Springsteen de la alcoba ha colgado una foto suya, embadurnado de sangre como un carnicero o un santocristo, que ganas le entran algunas veces de rezarle una novena o cantarle el Chocolatero.

Fuente Avance Taurino.com 17-02-2010

VALLE DE LOS CAÍDOS: LA NOCHE ESTÁ AL LLEGAR / Por El Abad Anselmo Álvarez O.S.B.

""Pero la ruina espiritual, de la que todos somos responsables, no va a venir sola. Cuando una sociedad se ha vaciado, sistemática y concienzudamente, de los valores espirituales, morales y humanos, hay que esperar cualquier catástrofe."" La noche se cierne sobre la Santa Cruz
****A continuación se reproduce un impresionante artículo que fue publicado por el Abad de la Basílica Benedictina del Valle de los Caídos, Don Anselmo Álvarez, en en número de la Revista "Cristiandad" correspondiente al mes de Agosto de 2006. Muchas de sus palábras son verdaderamente proféticas, clarividentes del porqué de muchas de las actuales circunstancias, y, sobre todo, esperanzadoras para encajar la situación actual que está encarando el Santo lugar que dirige y que está llamado a defender. ****
Valle de los Caídos: La noche está al llegar
Por Anselmo Alvarez O.S.B.
Abad de la Basílica Benedictina del Valle de los Caídos
Revista Cristiandad.-Agosto de 2006
Todos recibimos la densidad de las sombras que nos envuelven junto a pequeños centelleos de luz. Sobre nosotros está cayendo la noche: «esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas». También Jesús vivió esta experiencia, por la que los cristianos y la Iglesia han de pasar para asemejarse al Maestro. Y también sobre España y sobre Europa. No podemos creer que las cosas puedan seguir por mucho tiempo como están, ni que puedan empeorar indefinidamente, aunque sí que puedan agravarse de una manera inusitada. Hemos entrado en la «noche oscura»; que cada uno encienda o avive su luz para impedir que las sombras nos sumerjan.

No sólo se ha enfriado la caridad de muchos, como había advertido el Evangelio (cf Mt 24,12), sino que han renunciado, al menos momentáneamente, a entender y vivir su condición humana y divina. Pero la ruina espiritual, de la que todos somos responsables, no va a venir sola. Cuando una sociedad se ha vaciado, sistemática y concienzudamente, de los valores espirituales, morales y humanos, hay que esperar cualquier catástrofe.

En este contexto, no se puede hablar de que estemos en el tiempo del hombre, por mucho que las apariencias y la interpretación común así nos lo aseguren. No lo estamos al menos por dos razones: el hombre está ausente de sí mismo en la medida en que Dios lo está de él: el hombre se anula cuando anula su ecología sustancial: el aire, la luz y la energía en la que subsiste, es decir, Dios. Por tanto, es el tiempo del eclipse del hombre, a pesar de su actividad multiforme, que sólo sirve para encubrir el vacío. No es el tiempo del hombre, además, porque es más bien el tiempo de su adversario, de Satán, «príncipe de este mundo», cuyo halago hacia él le asfixia y le suplanta.

El tiempo que vivimos sólo puede ser entendido desde la teología de la historia. Como todos los tiempos, especialmente éste es el tiempo de Dios. Tiempo fundamentalmente teológico. Tiempo decisivo, en el que el Mal está dando su última batalla contra Dios y contra el hombre, y en el que se juega la suerte de ambos. Todos los tiempos son teológicos y todos los hombres son realidades teológicas: lo histórico es sólo la expresión que adquiere en el tiempo el proyecto de Dios sobre el hombre. Para su cumplimiento previsto, Dios prepara hoy su regreso y el del hombre.

Así es desde la primera página del tiempo y del hombre: la acción creadora de Dios que puso en marcha el tiempo, las cosas y los seres que desarrollan su actividad en él; la acción del hombre que se despliega a sí mismo en obediencia o en oposición al plan de Dios. Nadie puede evadir esta dimensión, aunque tantos la ignoren. Fuera de este marco teológico nos arriesgamos a no entender nada: ni del hombre ni de su historia.

Todo lo que somos y todo lo que sucede pertenece a la historia de Dios en nosotros. No tenemos una historia propia aunque esté hecha por nosotros, aunque sea la historia de nuestra libertad. Pero es libertad en relación al proyecto y al destino inscrito en cada una de las historias personales. Por eso, a veces el resultado es un subproducto humano, irrelevante en el cómputo final, cuando no ha habido afinidad con Dios; cuando la libertad ha errado obstinadamente la elección correcta.

Cada vez hay menos tiempo para los recursos y las soluciones humanas: hemos avanzado demasiado en el camino de la negación y de la irracionalidad; hemos destruido demasiados soportes. Sin embargo, hay que actuar como si todo dependiera de nosotros.

En este sentido, es necesario subrayar que lo que más daño hace a la sociedad humana y a la Iglesia es la irresponsabilidad de los cristianos y en especial de los ministros de Dios, el descompromiso con su fe o con su función. Porque ellos han conocido la verdad y poseído la gracia, que les posibilita para ser luz y sal de la tierra. El problema es que los creyentes estamos llenos de vacilaciones y desconfianzas, que nos pesa la soledad en que nos quedamos, que nos atenaza el sentimiento del ridículo y nos tienta la libertad de quienes se han ido o nunca han estado. El problema es que no amamos lo que creemos, y sí creemos con bastante más fuerza en lo que el mundo nos invita a amar. El problema es que la concupiscencia de la vida nos resulta más poderosamente atractiva que el amor del Evangelio. Dios, en cambio, sí ama y cree en el hombre.

Entretanto, asistimos al intento de eliminación de algunos de los soportes fundamentales del cristianismo. Por una parte, las Sagradas Escrituras, sobre todo las que se refieren a Jesús, mediante el ataque frontal a su historicidad y, como consecuencia, a la teología, a la fe y la Iglesia. Ellos representan el soporte estructural de cristianismo. Por otra, los soportes humanos. Ante todo, el sistema de Cristiandad, que ha sido el vehículo y memoria de la historia y cultura cristianas, a pesar de todas sus sombras, y dentro de ella el agotamiento, bien que no consumado, de uno de sus puntales más representativos: España. Mucho más que en 1982, hoy está vigente el apremio: «España, sé tú misma», no sólo por lealtad a su historia, sino por fidelidad a Cristo.

Sintetizando, «nuestra heredad ha sido entregada a los bárbaros» (Lam 5,2). Posiblemente, los acontecimientos ya están fuera del control humano, y desde luego hace mucho que la solución está fuera de los cauces políticos. Ante este desafío total la mayor parte «hemos decidido afrontar solos la tormenta» (Dozulé), pero la historia permanece bajo el señorío de Dios.
Reacción
Se diría que alguna epidemia súbita ha anulado todas las defensas y aletargado todas las sensibilidades frente a este retroceso del espíritu humano a su prehistoria. Pero, en realidad, no nos debe sorprender. Desde los tiempos del profeta Daniel, y sobre todo en el NT, habíamos sido advertidos de las conmociones que esperaban a la humanidad y en especial al pueblo y a la Iglesia de Dios.

Es necesario que mantengamos una atención extremada a los «signos de los tiempos» a fin de comprender mejor el sentido de los acontecimientos. Estamos sumergidos en demasiadas historias entrecruzadas, demasiado enigmáticas en su interpretación, demasiado imprevisibles en su desenlace. Que el que tenga oídos para oír, oiga y el que tenga ojos que vea.

Verdaderamente, como dice san Pablo, «la noche está avanzada. Por eso, dejemos las actividades de las tinieblas y tomemos las armas de la luz» (Rom 13,12). No sabemos qué hora es de la noche, y como el profeta preguntamos: «vigía, ¿cómo va la noche?; dinos: ¿cuánto queda de la noche?» (Is 21,11). Pero sí sabemos, en cambio, lo que ocurrió una vez en el centro de la noche: «cuando todas las cosas estaban sumergidas en un profundo silencio, y la noche se hallaba en su punto más alto, la omnipotente Palabra de Dios descendió a nosotros desde su sede real» (texto de la liturgia de Navidad).

A la acción de Dios, que indudablemente se producirá, hemos de unir la nuestra: «el que tenga bolsa y dinero cójalo y compre una espada, y el que no lo tenga que venda su manto y la compre» (Lc 22,36). Es decir, hemos de estar bien pertrechados para reaccionar ante la situación. Como escribe Pascal: «así como es un crimen perturbar la paz donde reina la verdad, es también un crimen mantenerse en paz cuando se destruye la verdad».

Es imprescindible desterrar las posturas acomodaticias: lo imperativo hoy, para cualquier mente lúcida, es ir contra corriente, tener voluntad de reacción, saber decir no frente a la sumisión del hombre de nuestro tiempo a la demencia que le envuelve. En la insinuación a la práctica de lo políticamente correcto hay una invitación directa a la deserción. Ahora bien, como Cristo, el cristiano ha de ser «el testigo fiel y veraz» (Ap 3,14; 19,11). «Todo espíritu que no confiesa que Jesús es Dios pertenece al anticristo» (1Jn 4,4). El cristiano ha de tener en su corazón y en sus labios la misma palabra del arcángel Miguel: «¿Quién como Dios?», y la afirmación de fe propia del cristiano: «Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre» (Fil 2,11). «Lo que necesita el cristiano cuando es odiado por sus enemigos, no son palabras persuasivas, sino grandeza de alma» (S. Ignacio de Antioquia, siglo II).

Es preciso poner orden en el hombre, ponerlo en orden consigo mismo, en su corazón y en su inteligencia; levantar un muro ante el desconcierto que nos invade. Lo cual exige restablecer el orden de las relaciones y de la armonía entre el hombre y Dios. A todos se nos dice en el libro del Apocalipsis (17,5): «Pueblo mío, sal de Babilonia, la gran prostituta, para no haceros cómplices de sus pecados, ni víctimas de sus plagas». O como se añade entre las recomendaciones últimas del mismo Libro (22,11): «El que sea justo que crezca en justicia; el santo que se santifique todavía más».

A pesar de los nubarrones y las amenazas debemos decir: «¿quién podrá separarnos del amor de Cristo: la aflicción, la angustia, la tribulación, al hambre, la desnudez, el peligro, la espada?». Estamos todos en la semana de Pasión, pero también esta semana terminará en Domingo de Resurrección. Entretanto, es preciso que cada uno de nosotros asuma su cruz, porque «el que no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí» (Mt 10,38). «Llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros» (2 Cor 4, 10).
Esperanza
El hombre occidental viene persiguiendo la regeneración desde hace varios siglos: a través del humanismo, de la «Reforma», la filosofía, la Ilustración, la ciencia, el progreso, el cambio y la innovación permanentes. Pero esta regeneración se ha revelado como degeneración, decadencia y crepúsculo, más allá de tantos logros materiales. Ha pretendido la «muerte de Dios» pero es el hombre el que ha sucumbido. Para su resurgimiento no basta y no es posible el solo restablecimiento moral.

La perspectiva cristiana sólo tiene a la vista un camino de regeneración: la que parta de las claves teológicas del hombre que le devuelvan los datos fundamentales acerca de sí mismo en orden a la realización exacta del proyecto humano. Regeneración a través del re-nacimiento del que hablaba Jesús a Nicodemo: «el que no nace de nuevo, mediante el agua y el Espíritu, no puede entrar en el Reino de los cielos» ni en una nueva realidad humana.

San Pablo advertía: «despojaos del hombre viejo, que se ha ido desintegrando seducido por sus deseos; cambiad vuestra actitud mental y revestíos del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, según la rectitud y santidad de la verdad» (Ef 4,24). Entonces se hará posible el surgimiento de los cielos, la tierra y el hombre nuevos, a la voz de Aquel que dice: «ahora hago nuevas todas las cosas». Necesitaremos la infusión de un corazón y de un espíritu nuevos. Por tanto, un nuevo bautismo, un nuevo Pentecostés, una nueva criatura: una renovación de la naturaleza humana, que requerirá, probablemente, una intervención extraordinaria de Dios a fin de acercarla a su pureza y energía originales. Y ello será con nuestra colaboración o contra nuestra oposición. El orden de la naturaleza y de la creación debe ser restablecido porque así lo exige la armonía de la obra de Dios.

Regeneración que ha de dar comienzo en cada uno de nosotros, sin esperar a mirar alrededor para ver cómo va en los otros. Lo cual requiere desde ahora la movilización de todos los recursos espirituales, porque sabemos que si los humanos están casi anulados, los sobrenaturales permanecen intactos.

Se trata, decía san Cirilo de Jerusalén en el siglo III, de «adquirir una nueva configuración celeste, de transformar nuestra naturaleza mediante la incorporación del Espíritu Santo en nosotros, lo que permite que ya no nos tengamos simplemente por hombres sino por hijos de Dios». La posibilidad de renovación en cualquier organismo viene no de lo que cambia, sino de lo que es inmutable, de lo que constituye el propio ser. El ser se renueva únicamente en su propia energía, en fidelidad a sí mismo.

«Os escribo, jóvenes, que ya habéis vencido al maligno, que sois fuertes porque la palabra de Dios permanece en vosotros: no améis al mundo ni lo que hay en el mundo (las pasiones de la carne, la codicia de los ojos, la arrogancia del poder), porque eso no procede del Padre» (l Jn 2,13-17).
Para mantenernos, o recuperar, esta juventud será imprescindible enraizarnos más profundamente en Cristo, en la Iglesia, en la fe, en los sacramentos, en María, en la oración, en la virtud, y prepararnos para la prueba, no futura, sino ya presente: «a vosotros se os ha concedido el privilegio de permanecer al lado de Cristo, no sólo por creer en Él, sino por sufrir por Él» (Fil 1,29). Debemos recordar también que la oración es maestra suprema de sabiduría. Ella proporciona la máxima capacidad de crítica y de análisis. La oración no permite falsear la realidad, porque pone ante la Luz, ante la Verdad. Oración que permite beber en las fuentes de la verdad, captar los signos de los tiempos. Ambas cosas son indispensables para tener ojos en esta noche.

Es la hora del testimonio, de ser ahora los testigos de Cristo, porque apenas merece la pena sobrevivir en la sociedad actual más que para dar testimonio de Él o, como decía el mismo Cristo, para dar testimonio de la verdad.

Actualmente es tiempo de máxima expectativa: para nosotros porque estamos a la espera de los resultados del desafío a Dios; y también para Él, que está en «vigilia de armas», en vísperas de entrar en acción, como en la Vigilia Pascual que precedió a la salida de Egipto, camino de la liberación, que llegaría después del desierto y sus pruebas, antes de alcanzar la tierra prometida. Dios está preparado para hacer, de nuevo, frente a Egipto, para derribar las torres de Babel (o de papel, es lo mismo), porque «esta es una guerra de Dios» (1 Sam 17,47).

Es la hora de la fe y de la esperanza inquebrantables en sólo Dios. Sólo Él tiene presente y futuro: el de la eternidad, pero también el de la historia: Él es el viviente, el Alpha y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin, «suyo es el tiempo y la eternidad» (liturgia de la Vigilia Pascual). En realidad, todos los tiempos son suyos. Dice en el Apocalipsis: «El que es va a llegar en seguida» (22,12): «en un momento haré llegar mi victoria, mi brazo gobernará los pueblos; me están esperando las naciones, ponen en Mí su esperanza» (Is 51, 4).

Porque Él es Aquel que tiene las únicas palabras de vida eterna, el único que puede decir: «Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas» (Jn 8,12). Por eso, Él es la «piedra que, aunque desechada por los constructores, llegará a ser la piedra angular» (Hch 4,11). A Él le pertenece la realidad integral: humana y cósmica, según lo que está predicho: «este es el plan trazado desde antiguo: recapitular en Cristo todas las cosas» (Ef 1,10), porque «el designio de Dios es que todo tenga a Cristo por Cabeza» (Ef 1,22), según lo que Él mismo había afirmado: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Así pues, «no temáis, Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). De Él está escrito: «Él será nuestra Paz» (Ef 2,14); Él es la Verdad y la Esperanza del mundo. Con todos los que le esperan, también nosotros repetimos: «ven, Señor Jesús» (Ap 22,20).

Contamos también con María, la Mujer cuya planta aplasta la cabeza del dragón y tiene a sus pies la (media) luna (cf Ap 12,1). La Madre que repite de nuevo a su Hijo: ya no les queda vino: se les ha agotado la gracia, la vida, la luz, el amor; han agotado tu Evangelio, y que dice a los hijos: haced lo que Él os diga. María, la gloria de nuestro pueblo «de igual modo que María hizo entrar a Cristo en el mundo la primera vez, Ella prepara el camino para hacerlo triunfar la segunda vez» (san Luis Mª Grignion de Montfort).

Contamos con las espadas del Apocalipsis: la espada de la boca de Dios con la que peleará contra los heresiarcas (2,16); la gran espada que se dio a los jinetes encargados de sembrar las plagas de Dios sobre la tierra (6,4,8); o la de los jinetes celestes que llevan en sus bocas agudas espadas para herir a las naciones que se oponen al reinado del Verbo (19,15).

Contamos con las generaciones de creyentes que nos han precedido, aquellos que han repetido: Dios ha sido siempre nuestro orgullo, y lo han servido como seguramente ningún otro pueblo lo ha hecho. Contamos con todos los guerreros de Dios, los de anteayer y los de ayer; con nuestros santos, pequeños o grandes, conocidos o desconocidos; con nuestros místicos, apóstoles y misioneros; con nuestros mártires: ¿quién ha sido tan fecunda en ellos como España? Todos ellos están en pie de guerra por España. Y por si no se hubieran enterado, vamos a despertarlos nosotros.

Nosotros, tan pequeños y tan pocos, somos en realidad mucho y muchos más de lo que aparentamos. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» Como a Israel, también a nosotros se nos dice: «te pondré como un muro frente a ellos, como muralla de bronce inexpugnable; lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo» (Jer 15, 20,21). «Los reyes de la tierra combatirán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes» (Ap 17,14). Dios es siempre «Dios con nosotros». Por eso, «somos los moribundos que están bien vivos» (2 Cor 6,9).

Alguien ha venido para «reunir el rebaño antes de que oscurezca».
Amén

Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos
«el que tenga bolsa y dinero cójalo y compre una espada, y el que no lo tenga que venda su manto y la compre» (Lc 22,36).

sábado, 20 de febrero de 2010

EL CUERNO Y LA CEJA DE ZAPATERO / Por Ignacio Ruiz Quintano

Esperando a Zapatero...
Fotografía: Galería de Manon71
El cuerno y la ceja de Zapatero

""Pero no hay virtud alguna en el aborrecimiento del toreo. Sentir náuseas del espectáculo supone un desequilibrio en otra dirección. Si no nos gusta ver a la autoridad establecida desafiada por el individuo, si somos dados a sentir que nuestros padres, nuestros patronos, nuestros líderes son sacrosantos y libres de crítica, entonces condenaremos violentamente la corrida de toros.""

IGNACIO RUIZ QUINTANO

Diario ABC.-
Madrid.-Sábado , 20-02-10
La poca literatura que sobrevive al siglo veinte es la de los libros de antropología anteriores a la dictadura de la corrección política. No conozco a nadie que le hinque el diente a Sartre, aquel buda bisojo a cuya cueva arrastró Juanito Goytisolo a Cela para que le firmara una botella de Anís del Mono, pero tengo un vecino que se lo está pasando bomba con «La rama dorada» de Frazer.

Jack Randolph Conrad es un antropólogo yanqui pasado por la piedra del psicoanálisis que en 1950 vino a España a estudiar la corrida de toros. Siete años después publicó «El cuerno y la espada», el libro más interesante sobre la cultura del toro -por eso no se había traducido al español hasta ahora: lo han hecho la Maestranza y la Universidad de Sevilla- que uno haya leído.

En mitad del espectáculo (pinturas de la Edad de Piedra, toros barbudos de Mesopotamia, «toro de toros» de India, Apis de rayo de luna de Egipto, himnos y liturgias de Levante, corridas de Creta, misterios dionisiacos de Grecia, Mitra y arenas de Roma...), J. R. Conrad hace una observación formidable:

-El hecho de que durante miles de años los hombres hayan adorado al toro como padre de los dioses y como autor de la vida misma es una creencia con tanta intriga que no puede despacharse diciendo mientras se levanta una ceja «pero vivían en el error».
No. Pero así, levantando una ceja, es como el habitante por accidente de La Moncloa viene despachando las tres cosillas -familia, Estado y religión- que, de dar crédito a la hipótesis de J. R. Conrad, son los que nos hacen a los españoles ir a los toros.

El individualismo español, y aquí seguimos a J. R. Conrad (con quien Alfredo Valenzuela ha conseguido hablar, y publica mañana la entrevista en ABC de Sevilla), es un producto primario de la familia española, que es una familia sin padre: ocupado éste en buscar el sustento familiar, pasa poco tiempo con los hijos, que ven en él a un intruso y rival para el afecto materno.

-La manifestación más chocante de individualismo en el varón español es el desafío de la autoridad bajo cualquiera de sus formas.
Para probar este individualismo, J. R. Conrad tira de Ellis, de Ortega, de Unamuno y de Madariaga, que recuerda que la doctrina de la objeción de conciencia, que desafía a la autoridad, fue acuñada por un jurista español, el padre Vitoria. A los toros vamos, pues, a dar testimonio de nuestra resistencia a las fuerzas de autoridad que nos rodean.

-Pero no hay virtud alguna en el aborrecimiento del toreo. Sentir náuseas del espectáculo supone un desequilibrio en otra dirección. Si no nos gusta ver a la autoridad establecida desafiada por el individuo, si somos dados a sentir que nuestros padres, nuestros patronos, nuestros líderes son sacrosantos y libres de crítica, entonces condenaremos violentamente la corrida de toros.