la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
Mostrando entradas con la etiqueta Guillermo Luca de Tena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guillermo Luca de Tena. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de abril de 2011

Evocación de Guillermo Luca de Tena: lealtad / Por Marcelino Oreja Aguirre


Evocación de Guillermo Luca de Tena: lealtad

«Fue un hombre inteligente y generoso que en los momentos más difíciles y comprometidos de la vida del periódico fue capaz de darlo todo por salvarlo»

POR MARCELINO OREJA AGUIRRE
ABC / Día 06/04/2011
HA transcurrido un año desde que nos dejó, pero su recuerdo sigue vivo entre nosotros. Fue un gran señor, un gran profesional, un liberal en el sentido más amplio del término, que concebía el debate abierto y libre sobre los asuntos públicos como la única forma digna de convivencia democrática.
Para él el liberalismo era una permanente actitud de tolerancia y una respetuosa manera de ser y de estar en la realidad española de todos los días. Por eso se opuso cuando fue necesario a todas las formas de autoritarismo y de arbitrariedad del poder. Practicó un liberalismo abierto, generoso, basado en el diálogo frente a cualquier dogmatismo e intransigencia. Era, eso sí, un español de cuerpo entero a quien dolían los males que aquejaban a su país, y era un monárquico de corazón y de razón que recibió de S. M. el Rey con orgullo y reconocimiento el título de Marqués del Valle de Tena, después de haber sido miembro del Consejo privado y de la Secretaría política del Conde de Barcelona, Senador Real de las Cortes Constituyentes y fiel defensor de la Corona donde quiera que la ocasión se presentase. El real decreto de creación del título rezaba que la concesión era por «esa singular dedicación al mundo de la comunicación que ha llevado a cabo a lo largo de toda su vida profesional». Le llegaba con Grandeza de España el día de San Juan del año del centenario de ABC. Al felicitarle por la concesión comentó: «Es emocionante porque es una ratificación de mi españolismo. Soy una mezcla de Sevilla y Guipúzcoa pasando por Madrid; pero nuestras raíces primeras están en ese valle bellísimo del Pirineo aragonés de donde proviene nuestro apellido. Por eso agradezco tanto al Rey que al querer honrarme se haya acordado de las raíces más profundas de mi familia».
A lo largo de su vida profesional tuvo la preocupación por recrear, proteger y agrandar un espacio de convivencia y ciudadanía, siguiendo la estela de su padre y de su abuelo. Pero fue algo más. Fue un hombre inteligente y generoso que en los momentos más difíciles y comprometidos de la vida del periódico fue capaz de darlo todo por salvarlo. No vaciló en llevar a ABC a los autores más distantes de sus criterios editoriales; llevó la cultura a sus páginas sin más limitaciones que la calidad y la excelencia, y mantuvo el periódico en la independencia convirtiéndose en punto de referencia insustituible de una sociedad y de los cambios que en la misma se operaban. En ABC ocupaba el mismo despacho que diseñó su abuelo, el fundador del periódico. Allí pasaba muchas horas cerca de los redactores, leía atentamente las secciones del diario y trataba a todos con exquisito respeto.
Un acto tradicional que se celebra todos los años es la cena para la entrega de los Premios Cavia, Luca de Tena y Mingote, y en él se reúnen políticos, intelectuales, empresarios, periodistas. Allí reciben los premiados los galardones en una bellísima ceremonia. Guillermo cerraba siempre el acto alzando la copa y con voz potente brindaba con la frase: «Señores, como es tradición en esta casa, ¡por el Rey!». Me alegra mucho que su hija Catalina haya seguido la tradición el primer año que faltaba su padre.
D Aunque a Guillermo nunca le tentó la política, sintió siempre preocupación e interés por la cosa pública, y ya en los años sesenta se alineó con quienes querían crear espacios de libertad. Un grupo de catedráticos fundó una institución de enseñanza superior para poder acoger a los profesores expulsados de la Universidad por sus ideas políticas e iniciar unas actividades docentes e investigadoras. Presidía el patronato científico Pedro Laín Entralgo, con Jesús Aguirre, Julio Caro Baroja, Fernando Chueca, Luis Díez del Corral. Pero hacía falta un Consejo de Administración con un presidente que fuera no solo la cabeza visible de la organización, sino su máximo responsable ante el exterior. Ese puesto lo ocupó con dignidad y eficacia Guillermo Luca de Tena. Su perfil liberal y moderado le permitió cumplir una esencial función conciliadora de las distintas tendencias y grupos que formaban parte de aquella institución, y creó con el resto del Consejo una insustituible barrera defensiva frente a la permanente desconfianza y a las frecuentes intervenciones del aparato estatal. Su entereza sobria y cordial en defensa de los intereses de la organización que presidía y su receptividad a las corrientes innovadoras en los ámbitos científico y cultural lograron crear un singular espacio de libertad en tiempos difíciles y mantenerse en pie y dar una importancia especial a una de las experiencias intelectuales más interesante y significativas de la España de la época. Este compromiso con la libertad lo había practicado ya Guillermo años antes, en 1946, cuando fue detenido y conducido a la Dirección General de Seguridad bajo la acusación, cierta, por otra parte, de haber distribuido en cines y teatros de Madrid la versión auténtica del manifiesto democrático del Conde de Barcelona emitido antes desde Lausana, y que en España se conoció censurado y mutilado por el Gobierno. Algo que preocupó siempre a Guillermo, como pude constatar en muchas de nuestras conversaciones, era la defensa de la verdad, que a su juicio debía convertirse en el centro de la regeneración democrática de nuestra sociedad y en la raíz de los principios y valores que proponemos.
En uno de nuestros últimos encuentros —creo que fue al salir del funeral de nuestro común amigo Vidal Beneyto, pocos días antes de su fallecimiento— me expuso, con aquel ímpetu que ponía en la defensa de sus convicciones, que la verdad no se puede ocultar nunca y que esto es válido también en la vida pública, no está reñido con el progreso, no es producto de mayorías ni fruto de un acuerdo político, y no puede ser objeto de tergiversación. Al recordar ahora aquel diálogo mientras recorríamos la calle Velázquez, no puedo menos que reafirmarme en la idea que él no hizo más que esbozar: que retornar a la verdad en la política implica defender nuestros valores que han hecho en el pasado que España y Europa sean lo que son. La profunda globalización que atravesamos, y que ha tenido no pocos efectos favorables, ha producido también consecuencias negativas, como la instauración de un relativismo peligroso con la difusión de antivalores, cuya expansión está en la raíz de la crisis de nuestro tiempo: crisis moral, económica y política. Sin una apertura a la trascendencia nada tiene sentido: las personas se aíslan, las comunidades se desvanecen, el bien común se diluye. Como señala Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate, «sin Dios el hombre —y yo añadiría Europa y España— no sabe adónde ir, y tampoco logra entender quién es». Guillermo se quejaba en nuestro diálogo de que en España habíamos abandonado valores como el sacrificio personal, el esfuerzo, el compromiso, la responsabilidad y la prudencia. Y que habíamos olvidado también la austeridad. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y eso, a la postre, conduce a una sociedad débil, aletargada, acomodaticia, en la que la doctrina del «todo vale» encuentra su mejor caldo de cultivo. Por eso a él y a mí nos preocupaba que España se fuera debilitando alejándose de los valores y principios que a lo largo de la historia han forjado nuestra identidad y nuestra personalidad.
Al evocar hoy su pensamiento me confirmo en la necesidad de alimentar los valores auténticos frente al relativismo moral y recuperar las ideas básicas del humanismo, que deben constituir el foco, el eje y el objetivo de toda acción pública y devolver su fortaleza a los conceptos vertebrados de la sociedad, y de modo muy especial el concepto de Nación, la idea de España «patria común e indivisible de todos los españoles».
Concluyo como comencé, con el recuerdo de Guillermo, cuyo ejemplo de independencia moral, defensa de los principios que hacen posible la sociedad democrática, su pasión liberal, su espíritu patriótico, su lealtad inquebrantable a la Corona, son puntos de apoyo que a mí, y pienso que a otros muchos, nos sirven de referencia. Y tengo el honor de evocarlos hoy, en esta tercera página que un día compartimos juntos, en el primer aniversario de su muerte.
********
MARCELINO OREJA AGUIRRE, MARQUÉS DE OREJA, ES PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

miércoles, 7 de abril de 2010

ADIÓS A UN CABALLERO ESPAÑOL: EXCMO. SR. D. GUILLERMO LUCA DE TENA

CÍRCULO TAURINO AMIGOS DE LA DINASTÍA BIENVENIDA


Ha fallecido en Madrid el Excmo. Sr. D. Guillermo Luca de Tena, un caballero por excelencia, y gloria del periodismo español.

Don Guillermo fue distinguido en su día por nuestro Círculo Bienvenida como "Socio de Honor" al recibir el Premio "La Fábula Literaria Vicente Zabala" en nombre del diario ABC que presidía, al cumplirse el centenario de su fundación y haberse destacado por continua e ingente labor en pro dela Fiesta Nacional.

Lamentando tan irreparable pérdida, expresamos nuestras sinceras condolencias a su esposa Doña Soledad García-Conde Tartiere y sus hijas Catalina y Soledad, así como a sus amigos y discípulos del diario ABC.

A continuación reproducimos la noticia en ABC y el emotivo artículo de un histórico en el diario como Santiago Castelo:

Santiago Castelo
ABC
Madrid 7 de Abril de 2010

Ayer falleció en Madrid Guillermo Luca de Tena, uno de los grandes periodistas y editores. Con él se va uno de los liberales más señeros, uno de los hombres más cultos y entregados a la profesión periodística, al que todos en ABC llamaban cariñosamente «el Patrón»

SANTIAGO CASTELO / MADRID
Para quienes hacemos ABC, se nos ha muerto el Patrón. Así le llamábamos desde que en enero de 1975 falleció su padre, don Juan Ignacio Luca de Tena. Él era el Patrón a la vieja usanza: generoso, sencillo, humilde, con sentido del mando y una profunda sabiduría. Sus consejos eran atinados, certeros, donde no faltaban su siempre indeclinable servicio a la verdad y su pasión generosa por España. Amigo de sus amigos, apenas hace unos días escribía con Marcelino Oreja una Tercera al alimón para recordar a Pepín Vidal Beneyto, que fue su amigo. No contento con el texto publicado, excesivamente biográfico, él, profundamente humano siempre, quiso escribir unas líneas entrañables, íntimas para despedir al amigo muerto. No quiso que esas líneas fueran a Tercera. Se conformaba con que aparecieran en las páginas de Necrológicas.
Su sentido del Periodismo no marcaba condiciones: cualquier sección es buena en el periódico con tal de que se escriba con dignidad y con verdad. Y él lo que deseaba decir en esas palabras cálidas y cercanas era cuánto quería al amigo muerto. Cumplió lo que ambos tenían pactado: el que muriera antes hacía la necrológica del otro. Lo que jamás podía pensar el Patrón, que en las últimas líneas de esa evocación emocionada se llamaba a sí mismo «un anciano de ochenta y dos años», era que iba a tardar tan poco en seguir a su amigo Pepín. Y ayer fallecía repentinamente en Madrid.
Con él se va uno de los personajes más auténticos, más nobles, y más amigos de la verdad y de la liberalidad que hemos conocido. Toda su vida fue un modelo de entrega al Periodismo para el que no regateó ni horas ni dinero ni debilidad. Su amor por la profesión periodística, por la libertad en suma, marcaron una trayectoria impecable donde se conjugaban su cariño por Sevilla, ciudad por la que sentía una vivísima devoción, y su constante pasión por la verdad, por encima de ideologías y partidismos.
El Marqués del Valle de Tena, presidente de Honor de ABC, había nacido en la capital de España el día 8 de junio de 1927. Era nieto de don Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, fundador de ABC y Blanco y Negro, e hijo del periodista, escritor y académico don Juan Ignacio Luca de Tena, por el que sentía una extraordinaria admiración.

Primera foto en ABC
Guillermo Luca de Tena estudió sus primeros cursos en Francia y, posteriormente, el Bachillerato en San Sebastián, durante la Guerra Civil española. En esta época viajó a Madrid, donde terminó el bachillerato en el colegio del Pilar y, más tarde, se licenció en Derecho por la Universidad Complutense y se diplomó en Periodismo por la Escuela Oficial de Madrid. A continuación se trasladó a Gran Bretaña para estudiar inglés, así como francés y alemán. Hay una foto impresionante de la Casa de ABC con motivo de la entrega del Premio Mariano de Cavia a Jacinto Benavente. Entre las ilustres personalidades asistentes, desde Agustín de Foxá a Luis Calvo, desde Manuel Halcón a Víctor de la Serna, desde Jesús Pabón a Joaquín Ruiz-Giménez, destaca un jovencísimo Guillermo Luca de Tena, extraordinariamente alto y delgado, al que ya le empezaba a blanquear el pelo.

Comenzó su carrera periodística en ABC de Sevilla, primero como gerente de 1953 a 1957, y luego como director del periódico, hasta 1962. En este último año fue designado consejero delegado de Prensa Española, por lo que tuvo que regresar a Madrid. En ese mismo año fue nombrado director de Blanco y Negro, cargo que ocupó hasta marzo de 1975. Durante este periodo fue elegido, en febrero de 1972, presidente del Consejo de Administración de Prensa Española S.A., así como presidente de la Comisión Ejecutiva de la empresa. Fue también el primer presidente en España del Instituto Internacional de Prensa (IPI). El 30 de octubre de 1977 firmó el Acta Fundacional de AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles).

Del Consejo de Don Juan
Una de sus mayores satisfacciones fue haber sido, desde 1966 a 1969, miembro del Consejo Privado y del Consejo Político de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Su lealtad a España y a la Corona eran para Guillermo Luca de Tena como una segunda piel. Por ellas sufrió persecuciones y calumnias, tuvo el pasaporte retirado, pero como gustaba decir al modo del viejo editorial que Cuartero escribió en abril del 31, «estamos donde estábamos». Esa fue su alegría. Entregó a su viejo Rey Don Juan III toda su energía y su pasión periodística. Ver luego que su hijo Don Juan Carlos hacía posible la España de todos bajo el manto unitario de la Corona le permitía recordar con un punto de satisfacción y de orgullo el poder decir que ABC no se había equivocado. Por eso el Rey, en junio de 1977, quiso designarlo senador real en las Cortes Constituyentes (1977- 1979).

Los tres madroños y Cela
Allí volvió a renacer la vieja amistad que tuvo de mozo con Camilo José Cela. Gracias a él, nuestro Nobel volvió a colaborar en las páginas de ABC hasta el día de su muerte. Gustaba Cela de traer en mano sus artículos al despacho del Patrón. Y de leerlos en voz alta. Así surgieron, entre otros, «El juego de los tres madroños», que ilustrara prodigiosamente para ABC el inolvidable Lorenzo Goñi.

Director de ABC
En octubre de 1977 se hizo cargo de la dirección de ABC, al frente de la cual estuvo hasta el mes de enero de 1983, en que el Consejo de Administración de Prensa Española y su Junta de Fundadores lo designó presidente-editor de Prensa Española S.A. Como director fue un hombre que devolvió al periódico la vieja esencia de su liberalismo, la nunca perdida defensa de la unidad de España, la búsqueda de firmas que ennoblecieran sus páginas con la preocupación constante de que los colaboradores de ABC podían pensar como quisieran porque la línea editorial ya estaba marcaba desde el primer día de ABC.
Él lo único que buscaba era que la excelencia estuviera en las páginas de su periódico.En mayo de 1993 fue uno de los firmantes de la Declaración de Madrid en Defensa de la libertad de expresión. En septiembre de 1998 anunció su renuncia en los puestos de Presidente y Editor de Prensa Española y fue nombrado Presidente de Honor de Prensa Española y Presidente de la Junta de Fundadores. Poseía las Grandes Cruces de la Orden del Mérito Civil y de Alfonso X el Sabio, así como de la Medalla Constitucional.Fue galardonado con el Premio «Marceliano Santamaría» por la Asociación de la Prensa de Madrid; la Asociación de Corresponsales Iberoamericanos le concedió la «Carabela de Plata», y en 2002 recibió el Premio Cristóbal Gabarrón a una Trayectoria Humana. En 2006 recibió de manos de la Infanta Pilar el premio Rafael Calvo Serer.Es autor de «El papel de la Prensa en la consolidación de la Democracia» (1980).

Marqués del Valle de Tena
Su Majestad el Rey le concedió en 2003 el título de Marqués del Valle de Tena con Grandeza de España. Cuando al día siguiente, 25 de junio de 2003, le entrevisté para la Página 4 de ABC, escribíamos: «No le gusta hablar de sí mismo, ni salir en los periódicos, ni recordar hechos y anécdotas por él protagonizadas, que son páginas vivas de la Historia de España». El Real Decreto rezaba que la concesión era por esa «singular dedicación al mundo de la comunicación que ha llevado a cabo a lo largo de toda su vida profesional». Y que le llegaba, con Grandeza de España, aquel día de San Juan del año del Centenario de ABC. Lo del Marquesado del Valle de Tena le llenó de orgullo y asombro. Recuerdo que decía: «Es emocionante, porque es una ratificación de mi españolismo. Soy una mezcla de Sevilla y Guipúzcoa pasando por Madrid; pero nuestras raíces primeras están en ese valle bellísimo del Pirineo aragonés, de donde proviene nuestro apellido... Por eso agradezco tanto al Rey que al querer honrarme se haya acordado de las raíces más profundas de mi familia». Y que subrayaba: «Lo que me interesa recalcar es que el honor que me hace el Rey es un honor para esta Casa de ABC y, sobre todo, para ustedes los que hacen -y han hecho- este periódico, los que han hecho posible que ABC cumpla cien años. Ustedes, más que yo, son los destinatarios de este galardón».
Pertenecía al Patronato de los Reales Alcázares de Sevilla y al de la Fundación Príncipe de Asturias. Desde diciembre de 1993 era miembro del Patronato directivo de la Fundación General de la Universidad Complutense.


Devoción por Sevilla
Luego estaba la debilidad por Sevilla. Se sabía poemas de escritores sevillanos que la habían cantado. Verlo por sus calles mirando hacia los naranjos en flor o hacia las azoteas, recordando versos y anécdotas de periodistas, hazañas de toreros, viejos lances de la bohemia hispalense, es una de las imágenes que más me vuelve a la memoria en estos momentos de su marcha definitiva.

Estaba casado con Doña Soledad García-Conde Tartiere y tenía dos hijas: Catalina y Soledad. Ellas han perdido a un marido y a un padre irrepetible. Los que llevamos toda nuestra vida en ABC nos hemos quedado huérfanos de un Patrón de la vieja escuela: un señor en el más amplio sentido de la palabra.



Fuente: Blog Dinastía Bienvenida