'..Este tránsito (como sinónimo de “muerte”) del pensamiento de Montesquieu a la pulsión de Robespierre, late en el corazón malherido de la España de 2026..''
La España de 2026: de Montesquieu a Robespierre
Me atrevo, tras años sin mojar la pluma en tinta, a escribir de nuevo. Sin firmar, eso sí, mis pensamientos. La censura en los tiempos que vivimos ha acentuado mi cobardía.
Para no mancharme los dedos, la libertad de expresión dejó paso a la mordaza autoimpuesta que cubre mi boca.
Como viajero empedernido, plasmo aquí el recorrido político que padece la España de hoy, un camino desde la moderación institucional de la Transición hasta la radicalización ejecutiva y legislativa de nuestros días; De Montesquieu a Robespierre simboliza la travesía desde la separación de poderes hasta el uso atropellado de medidas de excepción en nombre de la salvación pública y la virtud democrática.
Para Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, filósofo ilustrado moderado, la separación de poderes sería el único freno eficaz contra el despotismo y la garantía de la libertad individual. “Que el poder detenga al poder”; esa división entre el legislativo, ejecutivo y judicial busca proteger los derechos del ciudadano mediante frenos al estado.
Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, jurista de profesión y político, uno de los líderes prominentes de la Revolución Francesa, abogaba por supeditar las instituciones públicas a la soberanía popular absoluta justificando la concentración del poder para cuestionar decisiones judiciales.
Este tránsito (como sinónimo de “muerte”) del pensamiento de Montesquieu a la pulsión de Robespierre, late en el corazón malherido de la España de 2026. Una dicotomía entre la defensa del sistema parlamentario de la Constitución de 1978 (proteger el equilibrio e independencia de poderes para evitar derivas autoritarias) frente a la argumentación de que el poder de las urnas o del Parlamento debe prevalecer de forma directa sobre los controles de los tribunales (¿“lawfare”?). Sugiere que la legitimidad democrática del poder ejecutivo está por encima de los límites institucionales y judiciales en busca de una acción gubernamental más directa frente a la necesidad de que los distintos órganos del Estado actúen como contrapesos mutuos frente a las mayorías coyunturales del Gobierno.
Dejemos de estar distraídos con la pregunta sobre si “son galgos o son podencos”. “De Montesquieu a Robespierre”, “esa es la cuestión” de la España de 2026.
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