'..La torería hay que entenderla como un sentimiento que transmite algo íntimo para expresar sensaciones. Ahí radica la base principal, que la naturalidad transcienda con entonaciones, precisos y necesarios, demostrando una disposición de acompasada gallardía..'
La torería
Por Manuel Gutiérrez Troya
“Sobre la arena pálida y amarga, la vida es sombra, y el toreo sueño”.
Cuando leí este espléndido fragmento de un poema de Gerardo Diego, en el que se refería a la suerte y muerte en los toros, me sentí embargado por una emoción que entonces no entendía, pero me sirvió para evocar recuerdos, palabras y situaciones que me acompañaron desde niño. Ya han pasado muchos años, debido a la edad que ahora tengo, cuando mi querido padre, Q.E.D., me llevaba a ver toros. Nunca lo olvidaré.
Me hablaba de Curro Cúchares, Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Machaquito o Cagancho, aunque no los viera torear por ser anteriores a su época, pero me nombraba otros, como: Joselito, Belmonte, Chicuelo, Manolete, Arruza, Domingo Ortega, etc., que sí tuvo la suerte de verlos.
Desde pequeño empecé a acompañarle a los toros, tiempos de Rafael Ortega, Aparicio, Litri, Pedrés, Manolo González, Antonio Ordóñez, Chamaco, Curro Romero o Antoñete. En una ocasión le escuché decir; “el toro bravo es un animal muy cambiante, aunque el torero sea muy avezado en su oficio, es difícil predecirle sus reacciones”.
Siempre he tenido presente esas palabras, al igual de otra pregunta que le hice viendo una corrida sobre la torería que debe infundir un torero en la plaza, a lo que me contestó; “los toreros son personas muy valientes y especiales, el toreo hay que aceptarlo y sentirlo con pasión, es arte, es grandeza, también es dramático”.
En mi mente sigue todavía la acertada respuesta, de la que saqué mi propia conclusión de esa solemnidad tan grande que tiene el toreo y juzgarlo así: “la torería es comunicativa y privilegiada, llena de emoción y cualidad de difícil definir, con la que nacen unos pocos y abundan los que mueren sin comprenderla”. Mi afición a los toros la mantendré siempre con la misma pasión, nunca dejaré de considerar que, aparte del riesgo que tiene la profesión, la torería llega más allá de su propia actividad.
Ya lo dijo el maestro Antonio Ordóñez con la frase siguiente; “hacer en todo momento vida de torero y dejar elegantemente constancia de ello en los ruedos”. Como otra que comentó José Miguel Arroyo Joselito en una televisión; “estar con armonía delante de la cara de un toro, exige una perfecta conjunción artística, sentimiento, porte y talento”. Pienso que estas dos definiciones son bien acertadas.
Los toreros fuera de los ruedos también deben cuidar su imagen personal, para después pronunciarse con firmeza y compostura ante la fiera con autenticidad, mantenerse puramente como uno lo siente, para poder plasmar belleza en la plaza. De lo contrario, de nada sirve la poca disposición y la falsa gentileza. La ilusión siempre debe estar proyectada en conseguir los retos que uno se proponga, sin perder nunca la compostura y menos la fe.
Las formas de manifestarse los toreros en las plazas, deben ser las propias que el mismo pueda percibir desde sus adentros, sin exteriorizar ficticios ni extravagancias en un trabajo tan delicado, porque torear no es solo darle pases al toro y cortar orejas, es mucho más. La torería hay que entenderla como un sentimiento que transmite algo íntimo para expresar sensaciones. Ahí radica la base principal, que la naturalidad transcienda con entonaciones, precisos y necesarios, demostrando una disposición de acompasada gallardía.
Las manos del lidiador deben acariciar los engaños dándoles vida con sencillez, sacando a la luz toda la sensibilidad, tratando de moldear la materia dura para agradecer la bravura del toro y transmitirla. Ya lo dijo Juan Belmonte; “cada uno torea como se es”. Al igual que otra frase que repitiera en más de ocasión Rafael El Gallo; “ese misterio tan grande que revelar, es torear con naturalidad”. Que grandes filósofos fueron dichos maestros con sus expresiones.
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