'..Se teme su ausencia. Y le sobran razones para la retirada. Tiene argumentos, a cual más contundente, que se mueven en los límites del adiós y amplían los motivos de una decisión no querida..'
¿Y ahora qué? Toca esperar
Manuel Viera en
Siempre quedó la espera. Es como si el descanso, tal vez obligado, no fuera una opción obvia a lo inevitable. Es también una criatura de carne y hueso, cansada y vaciada de todo el toreo mostrado, que ha estado sin titubear a disposición del organizador que le ha requerido y de la afortunada concurrencia que le venera.
Cuesta pararse a reflexionar tras acabar, pese a la aciaga última tarde de Zaragoza, la enorme temporada que ha echado. Quizá porque es difícil, si no imposible, encontrar un torero que logre siquiera acercarse a la genialidad, a la originalidad, a la inmensa tauromaquia de este creador de emociones.
Es el amo del toreo actual. Su valor, su pureza, su abnegación, su perseverancia, su honradez… son valores y cualidades sobrehumanas. Es extremadamente fiel y generoso. Un valiente que no sólo se enfrenta al riesgo de la complejidad de las embestidas del toro, sino a la amenaza constante de su enfermedad mental. Es el arquetipo simbólico de la Fiesta en la actualidad. Un artista capaz de vencer su trastorno disociativo refugiándose en el curioso paraíso de ruedos con piso de arena donde vacía su maestría. Toreando.
Nunca nadie salvó el toreo como lo hizo él en el instante que brotó la pandemia. Posiblemente porque son los héroes los que tienen la misión de salvar el mundo. Y él lo es. Es el torero completo y deseado. El verdadero ídolo de masas al que queremos hacerle inmortal.
Se teme su ausencia. Y le sobran razones para la retirada. Tiene argumentos, a cual más contundente, que se mueven en los límites del adiós y amplían los motivos de una decisión no querida. No sé si la sucesión de sueños posibles de Morante de la Puebla vencerá su lucha titánica contra el cansancio. Aparente agotamiento que ha derrotado en este año de cumbres sublimes con extraordinaria lucidez para hacer lo que ha hecho con entusiasmo y apetito vital. Habrán de convenir conmigo en que los razonamientos son puntos menos que impecables. ¿Y ahora qué? De todas formas, toca esperar.
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