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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 14 de octubre de 2026

Hispanidad amenazada / por Antonio Cepedello

Plaza de Toros de San Cristóbal - Venezuela

'..No podemos admitir la prohibición ya impuesta, y otras próximas que nos amenazan con imponer, en lugares tan fundamentales para el toreo como México, Ecuador, Colombia, Perú o Venezuela, porque la libertad no debe ser sólo una palabra escrita en cualquier pared, sino una realidad..'

Hispanidad amenazada

Antonio Cepedello
La Tauromaquia es uno de los principales símbolos culturales, costumbres, tradiciones y valores que nos unen con los pueblos que, hace ya más de cinco siglos, nos encontramos unos a otros tras romper la gran distancia que nos separa y nos une a la vez a España y Portugal con los países de América. Celebramos desde entonces nuestro día común, el de la Hispanidad o como quieran llamarlo, qué más da, donde incidimos, nos enorgullece y realza que tenemos un amplio y rico pasado en común, entre el que se encuentra el rito legendario del toreo, que nos acompaña desde entonces durante ya más de medio milenio.

Nuestro arte universal más bello se encuentra ahora en un grave peligro en varios países como México, Ecuador, Colombia, Perú o Venezuela, donde grandes intereses económicos y políticos no paran de atacarlo sin ningún tipo de razones lógicas, justas y congruentes, sino con sólo prejuicios interesados, particulares y estratégicos en su objetivo final de separarnos y eliminar lo que nos une, porque tienen claro que a la gente separada, enfrentada y embaucada la dominan mejor, hasta cumplir su terrorífico plan de imponer la esclavitud de una cultura y principios impuestos y únicos, que no son otros que los suyos. Los de su afán de establecer su dictadura del dinero y el poder.

Ese toreo que nos entrelaza en fuertes lazos de amistad y cooperación a todos los países hispanoamericanos, hasta conseguir que en el ruedo, en las fincas de ganado bravo, en los tendidos y gradas o en las tertulias de cualquier lugar nos sintamos uno solo y nos dé igual si el torero, el picador, el subalterno, el rejoneador, el toro, el aficionado, el espectador, el empresario o el apoderado sean mexicanos, colombianos, venezolanos, peruanos, españoles o portugueses. Todos somos taurinos a la hora de entendernos y unirnos para valorar la belleza de la danza más bella y sublime protagonizada por un ser humano y un animal. Y no sólo para eso, sino también para tener una visión de la vida especial y más sentimental, no tan material como la de esos mecenas de los ignorantes antitaurinos, que sólo ansían y persiguen tener más y más riqueza, sin límites ni escrúpulos.

No se puede perder un rito legendario que ha unido a familias, ciudades, regiones y países de una parte y la otra del gran 'charco', que es el mar Atlántico, incluso en momentos de enfrentamientos bélicos, cuando más ha sido necesario recuperar la paz, la cordura y la razón. Entonces, siempre han existido dos amantes y defensores de la Tauromaquia que se han dado la mano o que se han retado donde deben hacerlo, en el albero, y no en el frente de batalla como hacen los que quieren a la Humanidad sometida para aumentar sus cuentas bancarias y su dominio sobre los demás.

No podemos admitir la prohibición ya impuesta, y otras próximas que nos amenazan con imponer, en lugares tan fundamentales para el toreo como México, Ecuador, Colombia, Perú o Venezuela, porque la libertad no debe ser sólo una palabra escrita en cualquier pared, sino una realidad. Hay que luchar contra el pensamiento único antihumano, que es antitaurino también, porque se enmascara en un hipócrita animalismo y un fariseo ecologismo para defender los intereses de los de siempre, de los que mandan de verdad, de los que no les interesa que los pueblos estén unidos por su cultura, tradiciones y valores.

El único referente que quieren imponer estos energúmenos, aunque estén forrados de billetes, propiedades y otras riquezas, es el de sus mentiras embaucadoras, sus trampas bien enmascaradas y difundidas por sus medios de información, que son la mayoría y los más fuertes, y en sus redes digitales, que nos atrapan de verdad en sus círculos. Todo para que lo antes posible olvidemos nuestro pasado, nuestra historia y a nuestros antepasados, y empecemos a rendirles total pleitesía. Malditos filibusteros.

Hoy no debe ser un Día de la Hispanidad o del Encuentro entre dos Mundos cualquiera, qué más da si significan lo mismo, sino una fecha reivindicativa para defender la Tauromaquia como símbolo cultural, rito legendario, arte universal, tradición llena de grandes valores y costumbre repleta de fundamentales principios que une desde 1492 y nos unirá siempre a todos los pueblos latinoamericanos. ¡¡¡Viva el 12 de octubre!!! ¡¡¡Viva la Tauromaquia!!!

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