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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 10 de octubre de 2026

Roca Rey, fundamento emocional en València, rescata el 9 d'Octubre / por Jaime Roch

 Gran derechazo de Roca Rey en Valencia: largo con la embestida gobernada. / F. Calabuig

El joven diestro peruano logra su deseada puerta grande con una oreja de cada lote dentro de una corrida de toros de Álvaro Núñez con muy poco fondo

Morante dibuja una preciosa primera obra no recompensada por el palco.

 Roca Rey, fundamento emocional en València, rescata el 9 d'Octubre 

Jaime Roch
Era una tarde de auténtico reventón, con los remolinos de la gente en la explanada de la calle Xàtiva y largas colas para acceder a la plaza justamente cuando se cumplía la hora del paseíllo. Las azoteas y balcones de las fincas aledañas también se veían llenos, con cabezas minúsculas que no se querían perder detalle. Y hasta el helicoptero de la Policía Nacional se puso sobre la plaza para contemplar la primera faena de Roca Rey, un ‘invitado’ que quebró el ánimo de los aficionados por la molestia del ruido. Apenas se escuchaba el pasodoble ni los olés.

Pero era día también de emociones toreras, con el esperado encontronazo en la cumbre entre Morante y Roca Rey, lo que había puesto el ‘No hay billetes’ en las taquillas otro 9 d’Octubre.

Esa emoción de la previa de una tarde de toros era precisamente lo que había agotado las entradas, esa raíz colectiva de la persona para emocionarse, atributo esencial del toreo. El más diferenciador diría.

Gesto de figura

Y es que Morante volvía tras dos años largos años de ausencia y Roca Rey toreaba por tercera vez este año en València, como otro gesto de figura. Pero esa rivalidad que habíamos enarbolado a ultranza se vio poco, aunque el joven diestro peruano salió dispuesto a defender su sitio y nunca le volvió la cara en ningún quite. Como si Morante, reinstalado en el cetro, no quisiera saber nada.

Preciosa verónica de Morante a su primer toro en València

Hasta que se abrió de muleta en su primero y se lo pasó rigurosamente cerca, intransferible en su valor. Le había brindado ese toro -el único que lo hizo- al seleccionador Luis de la Fuente, despojado de toda clase de prejuicios y sentado al lado de Vicent Mompó en el callejón. Ese primero, de la ganadería de Torrealta que remendó el encierro del debutante Álvaro Núñez, el genio sevillano demostró que continúa instalado en lo más eminente de su madurez creadora, pletórico de valor, rehabilitado en su clásica identidad, tan exquisita y tan popular hoy en día ya.

Un ramillete de verónicas de preciosa expresión fue una proclama suficiente: ganando terreno hasta la boca de riego. El toro, algo cornalón pero bien hecho, no tenía buen estilo al embestir en los primeros tercios hasta que le limó, como un auténtico artesano, las asperezas.

Por Antoñete

Así que Morante se puso en los terrenos de Antoñete para torear por Antoñete: puro, apenas sin toques, dejándole la muleta en la cara y tirando de él cuando respondía. Cerquísima se lo pasó, solo así pudo embestir, claro. Cuando la solemnidad de su cuerpo se hundía con la embestida, siempre susurrada de temple. Abusó de esos espacios también para torear a derechas, igual de despacio, rítimico, sacando a flote una faena que no era. Parecía surrealista.

Así que una larga tanda a derechas marcó la diferencia, como si pusiera de manifiesto su razón de ser: una libertad abrumadora frente al toro que provocó una maraña de sensaciones en el aficionado. Erró con el primer intento porque pinchó con una banderilla y dejó una estocada desprendida. La fuerte petición de oreja, que tuvo su peso, debió ser considerada por el presidente Luis Maicas. Fue ovacionado.

En el cuarto, Morante, en su sabor añejo, desempolvó los afarolados de pie y dejó un galleo por chicuelinas sabrosísimo, como un superpuesto recorrido de la historia. Ese retablo costumbrista falló por el nulo fondo de casta, pero dejó un par de naturales que se quedarán en los interiores de la afición de València antes de pinchar en reiteradas ocasiones.

Roca Rey, en el ajustadísimo pase por la espalda. / F. Calabuig

El mejor toro

Mientras tanto, Andrés Roca Rey, meditaba, observaba, asimilaba, como alimentándose. Pero fue él quien rescató este 9 d’Octubre en València tras conquistar la puerta grande en una nueva muestra de su raza de figura. Ambición deliberadamente torera y renovadora con su vanguardia a cuestas. Siempre en pie de guerra, se encontró con el ejemplar de Álvaro Núñez de mayor clase de la tarde.

Este toro sí tuvo gran fondo, de nombre ‘Fumador’, número 59. Cosas especiales que busca este ganadero como esa humillación que se prende en los vuelos, redondeando con flexibilidad el cuello al final del muletazo, con gran entrega. Aunque se picó poco y acabó en tablas, demostró gran codicia.

Con esa materia prima, Roca Rey le cortó una oreja con fuerza que pudieron -o debieron- ser dos en una faena marcada por la intermitencia que produjo del sonido de un helicóptero de la Policía Nacional. Pero Roca, con esa poderosa y singular interpretación estética del toreo, cuajó al animal, al principio por el toreo fundamental y luego con un arrimón que arrebató a la totalidad del público, con su pecho entre los pitones. A un mandón como él no le tembló el pulso para llevar larga esa embestida, fundamental en su gobierno, aproximándose a su mejor versión al natural. Una estocada desprendida dio paso a la oreja.

Paseó otra oreja tras una grandiosa estocada en el quinto, huidizo de manso hasta que se quedó quieto y embistió con transmisión, pero que se rajó cuando se sitió podido.

Rufo, oreja

Tomás Rufo, que parecía el invitado a este baile, aprovechó la calidad del tercero, que se redondeaba también en los engaños, pero acabó en tablas. Allí, el joven toledano dejó su mejor tanda por la izquierda y paseó una oreja merecida. El sexto, más desordenado y con aspecto de buey, le sirvió poco.

El banderillero Javier Gómez Pascual se retiró del toreo al finalizar el festejo. Así que Roca Rey se volvió a erigir en sostén, en el fundamento emocional de una tarde de toros en València por su capacidad extrema. Que no es poco.

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