'..La terna que contrataron para esta «domenica pomeriggio» estaba compuesta por Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez. Se daba la circunstancia de que ayer, día 3, se cumplían los treinta años de la alternativa del torero madrileño..'
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Ayer, día 3, se cumplieron nueve años del fallecimiento de Victorino Martín y hoy tenemos en Las Ventas una corrida de Victorino Martín, ganadería favorita de Madrid, a la que siempre se espera con expectación. Otra corrida de cárdenos que nos echamos al coleto y que nos deja un sabor algo agridulce por lo justo de las fuerzas de los dos primeros toros, pero que ha ido componiendo un crescendo en cuanto a dificultades y casta, que es lo que siempre buscamos en esta vacada. Digamos que los tres primeros toros han sido los que menos problemas han planteado a la terna, y los tres últimos, como si la cosa hubiera sido elegida de esa manera, los que han mostrado más personalidad y más mal genio. El resultado ha sido un entretenido festejo en el que ha habido de casi todo, desde pañuelos verdes demandando la devolución del segundo, Gardacho, número 101, hasta ovaciones al arrastre de ese mismo toro y del siguiente, Mitotero, número 3 y palmas al 59, Verdadero, que hizo quinto.
El paso de los victorinos por las manos del escuadrón de caballería ha sido, también, variopinto. El primero, Verdadero, número 89, cantó la gallina en el primer encuentro con la puya y se medio justificó en la segunda. El segundo, Gardacho, le hizo un regate a Pedro Iturralde en la primera cita, haciéndole marrar, y no dejando un gran recuerdo por su falta de fuerzas. El tercero, Mitotero, aprueba su paso por las manos de Vicente González si le examinan en un colegio privado y suspende cum laude si le juzga cualquier profesor del Ramiro, de cuando yo iba al Ramiro. El cuarto, Borracho, número 92, sufre las malas artes de parte de Briceño, que le quiere cobrar lo que sea que le debiese, sin que la pelea del toro sea épica, sino más bien a la retirada. El quinto, Verdadero, número 59, toma una emocionante vara de manos de Cristian Romero, en la que aprieta con fuerzas estando por dos veces a punto de derribar y es lanzado al relance a la segunda sin pena ni gloria, desatando la justa furia del respetable. El sexto, Plazuelo, número 22, cobra lo justo en dos puyazos de Tito Sandoval en los que se deja pegar sin más. A la vista de lo anterior no es descabellado decir que, en general, el encierro ha tendido más hacia la casta y la mansedumbre que hacia la bravura en el primer tercio.
La terna que contrataron para esta «domenica pomeriggio» estaba compuesta por Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez. Se daba la circunstancia de que ayer, día 3, se cumplían los treinta años de la alternativa del torero madrileño, que treinta años no son nada, y los más memoriosos recordarán que ése fue el histórico día en que Curro Romero, padrino de alternativa, frenó en seco los ímpetus de Uceda que se abalanzaba a abrazarle, tendiéndole la mano educadamente para darle un apretón de manos, hecho mil veces recordado en tertulias y tabernas como nunca visto y prodigioso. En homenaje a la celebración, Uceda se vino vestido impecablemente de blanco, con un precioso vestido muy similar al de aquel día, con el chaleco de oro cuajado de chorrillos largos de barriletes, pura elegancia.
El primero fue saludado con palmas al hollar la arena de miga de Las Ventas, por su impecable presencia. Uceda le recibió torerísimamente, sacándoselo a los medios sin una duda, sin un enganchón, burlando las tarascadas del toro con su capote y dejándole plantado en los medios con una torera media verónica. Lo mismo pasó con el segundo, lo primero la ovación y después Paco Ureña recetándole la firmeza de su capote y dejándole parado en los medios. En el tercero la cosa cambió, porque Borja se encontró con un aluvión de enganchones y topetazos en su capote, no consiguiendo llevar al toro más que hasta el tercio, donde lo dejó por imposible.
El lote de Uceda, como el del resto de la terna, se compuso de un toro que dio facilidades y otro que no. El de las facilidades fue el primero, Verdadero, pero ahí Uceda Leal no se encontró consigo mismo o no halló la corriente que le pusiera en comunicación con el toro, y el resultado de su encuentro no fue digno de pasar a los anales. El toro ni busca ni tiene maldad, pero Uceda no fue capaz de llegar a desarrollar sus temas frente a él. Su segundo, en cambio, era otra cosa: en banderillas canta a las claras que por el derecho no quiere nada y Uceda lo ve en seguida iniciando su labor ya con la mano en la zurda, tanteando las posibilidades del toro y sacando una soberbia serie de naturales plena de encaje, de mando, de temple y de torería, una perfecta sinfonía del toreo al natural que no tiene continuidad por las condiciones aviesas del toro y las dificultades que fue desarrollando. Lo intentó por el derecho para certificar que por ese pitón nada había que hacer y se perfiló a matar, recibiendo un tantarantán sin llegar a clavar y, a la segunda intentona, dejó la mejor estocada que se ha visto en esta temporada en la Monumental de Las Ventas por su colocación, por la lentitud de la ejecución, por la perfecta forma de marcar los tiempos, por la manera de hacer la cruz y de vaciar la embestida, por la colocación del estoque y por la rapidez en causar sus efectos letales.
El toro «bueno» de Ureña, pizarra y oro, fue el protestado segundo, cuyas posibilidades vio claramente el murciano, que brindó a la plebe. La parte mala es que el trasteo se tenía que verificar a la media altura para evitar la caída del animal, que si le ataca y le baja la mano se arma la mundial; la parte buena es que la calidad de la embestida del toro permitió a Ureña componer una obra muy completa en la que brillaron las cosas que siempre echamos de menos, como son la colocación, la cargazón de la suerte, la verticalidad, la torería frente al toro incluso en los tiempos muertos, el mando, la ligazón, la manera de agarrar el palillo de la muleta... lo que casi nunca vemos, en fin, en una faena a más que se remata al natural plena de garbo y maestría y que se emborrona con un pinchazo y un golletazo, que ya sabemos el refrán ese que dice que vale más un golletazo en la mano que cien buenas estocadas volando. Con el quinto se puso a la plaza en contra por su deficiente responsabilidad en cuanto al tercio de varas y como las condiciones del toro no tendían hacia lo halagüeño, tras el épico segundo tercio, abrevió su labor dejando media estocada que sirve.
De verde botella y oro se nos vino Borja Jiménez, a quien esperamos con ahínco recordando su actuación del 8 de octubre de 2023, por si se le cruza el cable y le da por volverlo a hacer, aunque la cosa apunta a que se ha pasado al lado oscuro, engatusado por esos Palpatine y Darth Vader taurinos que son Julián Guerra y Matilla y que aquello que nos encandiló y le puso en circulación hace tres años no lo volveremos a ver en esta vida. Su toro «bueno» fue el mejor de la tarde y su trasteo, que al lado de lo que acabábamos de ver a Paco Ureña estaba más próximo al suspenso que al aprobadillo, fue calando en las buenas gentes a las que les encanta practicar el vitoreo. Borja compuso una faenita ligera, de poca armazón y poco significado, con algunos naturales que podríamos reseñar si no vinieran detrás de los de Ureña y antes de los de Uceda, faena sin un final en la que deja una estocada entera y eficaz, ejecutada de zambullón, que puso en su mano la oreja de Mitotero. En su segundo, que era un catálogo de dificultad y de malas intenciones abrevió sin doblarse con el toro, sin tratar de castigarle mínimamente, de machetearle o de lidiarle: se ve que si el toro no es para dar pases y más pases ya no le interesa. Estocada tras pinchazo y fin.
La tarde ha sido también tarde de peones: Juan Carlos Rey, Iván García y Fernando Sánchez han dejado sobrados motivos para enorgullecerse de su oficio de toreros de plata.
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Con esta entretenida tarde de toros doy por terminada mi temporada 2026. Para la segunda parte de la Feria de Otoño y para el esperpento del día 12 de octubre, reaparición en Madrid tras su retirada del Joker de la Puebla, les dejo con la autorizada pluma y el excelente criterio de Pepe Campos.
ANDREW MOORE
FIN





















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