la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 6 de octubre de 2026

CALI.- Aquellos sesenta… (XXXII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Dámaso González. Foto: Guadanews

'..Volvió a nueve ferias, en las que cortó 28 orejas, indultó dos toros, y ganó el trofeo “Señor de los Cristales” dos veces. Lo seguí a otras plazas. Llegó a la élite. Dijo adiós a Cali el 2 de enero de 1988, desorejando el toro de la despedida...'

Aquellos sesenta… (XXXII)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro.com / Cali 5 X 2026
Vi a Dámaso por primera vez, la tarde de su debut en América, (29 de diciembre de 1969, Cali). Seis meses antes de que Madrid lo recibiera como matador de toros y lo confirmara. Pero no mucho después de que la revista El Ruedo nos trajese noticias de sus hazañas novilleriles recientes.

19 de marzo en Barcelona, cuatro orejas y rabo. 8 de junio en Las Ventas, a hombros sin haber cortado oreja. 15 de junio en La Maestranza, tres orejas. 21 de junio, encerrona en la Monumental de Valencia; siete orejas y rabo, tres días antes de que Miguelín y Paquirri le cedieran en Alicante el toro “Gañafote” de su alternativa y terminara herido la corrida.

Escéptico ante las rimbombantes reseñas le vi. Sin sospechar siquiera lo que nos traerían los años. Cruzaba yo también un momento personal determinante. Finalizaba la década, por primera vez abonado en propiedad a dos en aquel tiempo “imposibles” barreras de sol en el tendido 3. Ya no me tomaba por lo que se dice un aficionado incipiente. Me daba ciertos aires. Cumplía el año de internado, último de la carrera, en el desaparecido hospital San Antonio de Tuluá, 100 kilómetros al norte de Cañaveralejo. Quería ser cirujano.

En mi transcurrir por hospitales, había asistido a muchas tragedias, muertes y sufrimientos. También a muchas corridas. Había visto torear prácticamente a todas las figuras de la época, y algunas de la generación anterior, la de los cincuenta.

Esas experiencias, pasadas y repasadas a través de los años en largas conversaciones con mayores, lecturas y películas, podría decirse que habían sacado hacía rato mi afición de la adolescencia. O, mejor dicho, había perdido la inocencia para siempre.

Iniciaba esa edad en la que no se quiere aceptar nada diferente a lo que se cree perfecto. Esa edad que mi sabio amigo Toño Almanza llama “la travesía del desierto”. Por la que más o menos pasamos todos los aficionados, y en la que algunos, como las vacunas calaveras peladas de las películas del lejano oeste, se quedan tirados para siempre.

Además, como cualquier colombiano estaba tocado de una u otra manera por la atroz guerra interna, no declarada, que nuestro país vivía sin pausa desde hacía veintiún años. No era fácil entonces que me conmocionara, como de niño, con inminencias reales o tremendismos, en la plaza o fuera de ella. Estaba curtido en el estrés.

Sin embargo, me pasó en aquella tarde llena, soleada y caliente de Cañaveralejo. Cuando Dámaso y yo, cada uno en su particular circunstancia, coincidimos por primera vez en la plaza. De pronto le vi allí parado en la puerta de cuadrillas, de humilde caña y oro (creo recordar). No era de los que le cuadraba el traje de luces. Montera en mano, pequeño, esmirriado, poca cosa, con la palidez del invierno español, desentonando entre el natural garbo de Paco Camino, y el atildamiento del aún apuesto Joselillo de Colombia (ídolo local).

Pese a sus antecedentes recientes, la multitud que en mayoría los ignoraba no se había congregado precisamente por él. Tercero en jerarquía, y aunque novedad, no era tampoco, ni mucho menos una de las atracciones en los carteles de la feria. Los cuales anunciaban para las ocho corridas, fuera de los tres que teníamos a la vista en esta ya cuarta de abono, a don Ángel Peralta y su hermano Rafael, José Fuentes, Paquirri, Ángel Teruel, Manolo Martínez, Miguel Márquez, Vásquez II, El Chano, Pedro Domingo y Curro Vásquez, también debutante.

Antes de caminar tras los alguacilillos miró como sorprendido a lo alto de los bulliciosos tendidos. Le seguía su hermano Julio como una copia fiel. Su cráneo ligeramente dólico, peinado con carrera por la izquierda, largas patillas, frente adelantada, pobladas cejas que ensombrecían y hundían sus pequeños y juntos ojos, encima de una nariz aguileña, le daban un aspecto más bien melancólico. Avanzaba con cortos y rápidos pasos como tratando de no desalinearse con los otros. La antítesis del tronío. Quién se iba a fijar en él, a no ser por su contraste desangelado. --Aunque algo debía tener, así las noticias no fuesen ciertas, pues lo traía Pepe Camará el mismo apoderado que fue de Manolete desde novillero hasta su gloriosa muerte –Me decía.

De entrada, el primer fuentelapeña le pegó una cornada fuerte a Joselillo cuando sus primeros lances habían alborotado el paisanaje. Se lo llevaron a la enfermería, para no regresar. Quedando la cosa en un imprevisto mano a mano entre la máxima figura y el extraño debutante. Camino, con su docta facilidad lució y estoqueó al heridor, cortándole una oreja. Que luego sumó a otra de uno de los de su sorteo, asegurando el triunfo, más no la puerta grande que aquí requiere al menos dos en la misma faena. Era lo menos que se esperaba de él.

Corrieron turnos en consecuencia, y el tercero lo echaron segundo. Quizá novillo –refunfuñé-- pero alto, abanto, remató en tablas. Julio le paró y Dámaso se adelantó hacia él ofreciéndole la capa. Las verónicas fueron intercaladas con chicuelinas más bien raudas, de mano alta y sin pretensiones diferentes a las de hacerse al toro y cumplir el tercio. El público las coreó más por costumbre que por emoción.

Tras varas y banderillas de cuyas ejecuciones no puedo acordarme, y el brindis protocolario a la plaza. Despacio, engarzando la punta del ayudado en la franela se aproximó al animal, y sin dejar de mirarlo, se le puso por la cara, frente con frente, tal era la proporción de tamaños. Y allí se quedó toda la faena. En los terrenos del toro. Quieto, aguantado, con la cabeza hundida entre los hombros. Dejando su integridad solo confiada al mando del trapo. Parando y obligando pallá y pacá, con una tozudez desacostumbrada en esos años, muy anteriores a la llegada de Ojeda.

Cierto, la mano alta o a media altura en los embroques y algunos vaciados, pero con la tela planchada, intacta, y el bulto siempre a disposición de los pitones. Estoico, sin quitarse, sin posar. A verdad desnuda, larga e increíblemente. Sudoroso, el cuello desabotonado, la corbata torcida en el fragor. Metido entre las puntas, oscilando la muleta tras el cuerpo por uno y otro lado, mirando a las filas de arriba, con la boca entreabierta y el gesto ausente, abandonado, dejando pasar los segundos que se hacían minutos, como en vocación de martirio. A contra del canon estético en boga. Pero embellecida patéticamente y engrandecida su triste figura, hecha ofrenda propiciatoria. La vieja razón del rito.

Ofició así, como iluminado cura pobre sus tres faenas y salió a hombros con tres orejas. Para regresar a los cuatro días, “corrida del toro”, ya en el año siguiente (1970) y repetir el triunfo cortando las dos orejas al cuarto toro de Velez Piñeres. Volvió a nueve ferias, en las que cortó 28 orejas, indultó dos toros, y ganó el trofeo “Señor de los Cristales” dos veces. Lo seguí a otras plazas. Llegó a la élite. Dijo adiós a Cali el 2 de enero de 1988, desorejando el toro de la despedida... La última vez que le vi torear, fue en la Feria de julio de Valencia 1992, el martes 21, con toros de Victorino Martín. Al regreso de su primera retirada. Ya no éramos los mismos. Murió glorioso hace nueve años.

Cuando pienso en él, no pienso en la figura del toreo. Pienso en ese desaliñado torerito que, abandonando su bicicleta de lechero, lanzó su fe por las capeas pueblerinas, el toreo bufo, la dura novillería…, y en aquella tarde remota de Cali, cuando por momentos me devolvió a la inocencia.

lunes, 5 de octubre de 2026

El implacable enemigo interior / por Jesús Laínz


'..Jean Raspail describió en 1973 lo que iba a pasar en la Europa de medio siglo después. Vuelvo a referirme hoy a él aprovechando que acaba de ser reeditado en español por la editorial Homo legens. No dejen de leerlo. Háganme caso. Les cambiará la vida..'

El implacable enemigo interior

Jesús Laínz
Más de una vez he hablado en estas líneas de El campamento de los santos, el extraordinario libro con el que Jean Raspail describió en 1973 lo que iba a pasar en la Europa de medio siglo después. Vuelvo a referirme hoy a él aprovechando que acaba de ser reeditado en español por la editorial Homo legens. No dejen de leerlo. Háganme caso. Les cambiará la vida.

En las primeras páginas, cuando la flota de un millón de asiáticos está a punto de desembarcar en las playas de la Costa Azul, un joven francés de melena sucia, túnica de flores y chaleco afgano —lo que hoy llamaríamos un perroflauta— contemplaba satisfecho las viejas mansiones abandonadas por los dueños que se habían escapado precipitadamente hacia el norte, entre ellos sus propios padres y sus hermanas temerosas de ser violadas. En una de ellas se topó con un viejo profesor que se negó a abandonar la casa que había pertenecido a su familia durante trescientos años.

–Tres siglos de seguridad hereditaria. ¡Repugnante! (…) Lo miro y lo encuentro perfecto. Por eso lo odio. Y es aquí, a su casa, donde mañana traeré a los más miserables. No saben nada de lo que es usted, de lo que representa. Su universo no tiene ningún significado para ellos. No tratarán de comprender. Estarán cansados, tendrán frío, harán fuego con su hermosa puerta de roble. Llenarán de caca su terraza y se secarán las manos con los libros de su biblioteca. Escupirán su vino. Contemplarán cómo arden sus sillones (…) ¡Será formidable! ¡Lárguese usted!

El anciano le preguntó la causa de su satisfacción ante la destrucción de un mundo que también era el suyo.

–Porque he aprendido a odiar todo esto. Porque la conciencia global del mundo exige que se odie todo esto.

–Creo que tiene usted un seso débil, pero bastante bien formado. Enhorabuena a todos los que han conseguido ese resultado –concluyó el viejo profesor antes de pegarle un tiro con su vieja escopeta.

Medio siglo después de lo previsto por Raspail, millones de europeos rebosantes de ignorancia y de odio a Europa ––asimilados, los bautizó Raspail–– se aprestan a abrir las puertas —pero no las de sus casas— a la invasión que acabará con los restos de la civilización que arrancó en el Mediterráneo hace milenios y en el Mediterráneo parece que va a dar sus últimas boqueadas.

Los asimilados se extienden por todos los escalones de la sociedad, desde los gobernantes prostibularios convencidos de estar en el lado bueno de la historia, pasando por las oenegés de variado pelaje político y eclesiástico, hasta los acampados por cualquier causa supuestamente revolucionaria bajo la que esconden su vagancia e incapacidad.

Por ejemplo, en estos mismos días un grupo de payasos holandeses se dedican a entretener a miles de africanos concentrados en Calais a la espera de dar el salto para entrar ilegalmente en Inglaterra.

En Alemania, una vez sabido que el autor del atentado contra el desfile del Orgullo LGBTQ de Berlín había sido Abdul Ballout, nacido en Alemania de padres libaneses, Yannicka Riebensahm, oradora en el acto por las víctimas, declaró que «tenía la esperanza de que el atacante no fuera un árabe musulmán, sino un blanco cristiano». Las víctimas, por lo tanto, no tienen importancia. Lo importante es que, al no ser blanco el asesino, el atentado podía ser beneficioso para la extrema derecha.

Con lo de Ceuta, los españoles hemos podido contemplar numerosas manifestaciones de esta voluntad de colaborar en la muerte de Europa. Dos ejemplos entre cientos posibles: la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, se opuso a las manifestaciones celebradas por toda España en apoyo al pueblo de Ceuta por considerarlas racistas; y el sindicato CGT anunció que «brigadas anarquistas viajan a Ceuta para auxiliar a las personas migrantes y documentar la violencia de los cuerpos y fuerzas de represión del Estado» y abrió una campaña para recaudar fondos y materiales para los invasores. A los ceutíes, que les parta un rayo.

Pero todo esto no es nuevo, ya que no es otra cosa que la floración final de unas semillas que comenzaron a plantarse tras la Primera Guerra Mundial, cuando Europa se lanzó a odiarse a sí misma. En 1925, en una conferencia en la madrileña Residencia de Estudiantes, el eximio comunista francés Louis Aragon declaró que su intención era destruir la civilización europea: «¡Mundo occidental, estás condenado a muerte! Nosotros somos los derrotistas de Europa. Poneos en guardia, o, mejor aún, reíd mientras podáis. Nosotros pactaremos con todos vuestros enemigos (…) Sembraremos por doquier los gérmenes de la confusión y el malestar (…) Somos los que siempre daremos la mano al enemigo».

Un siglo después de la confesión de Aragón, sus compañeros de viaje —entre los que, junto a los izquierdistas, se encuentran millones de personas que se dicen derechistas— están cumpliendo maravillosamente su papel de enemigos interiores de Europa.

Raspail se quedó muy corto. Oponerse a la desaparición voluntaria de los europeos es inútil e injusto. Lo tenemos muy merecido.

www.jesuslainz.es

Entre Súper Mario y el parón / por Ignacio Ruiz Quintano

El kung-fú de Kang-In Lee

Ignacio Ruiz Quintano / Abc
Repetimos poco (para lo importante que es) lo que Churchill dijo a Alfonso Paso, que era del Atleti, cuando coincidieron en la Costa Azul: “Hay dos cosas que los ingleses nunca podremos tener: una es el Mediterráneo, y la otra, el Real Madrid”.

El Mediterráneo es ese lago desde el que, al decir de algunos periódicos, los rusos atacarán a España. ¿Por qué? La única razón sería que son rusos, pues sólo un ruso derrocharía un dron en atacar a un país como España, absolutamente irrelevante, hoy, en la vida internacional. Otra cosa es el Real Madrid.

El Real Madrid es el primer club deportivo del mundo (motivo por el cual estorba a todo el mundo en España, cuya descomposición existencial amenaza con arrastrarlo) y la última tradición española que queda en pie. Los ingleses, desde luego, carecen de las tradiciones del Mediterráneo y del Real Madrid. Tenían la de los pubs, pero una mano negra, con la ayuda de fondos buitres, se la están arrebatando. Y no digo yo que no sean los mismos buitres que en el fondo buscan hacerse con el Real Madrid, donde Mourinho, en pleno parón, parece solo como el Hombre Solo de Mingote. Se filtran estadísticas según las cuales los jugadores blancos corren como esos “bumers” que muy de mañana van por la acera a paso ligero en lucha contra el azúcar. ¿Habrá cambios tras del parón? ¿Hará Mourinho la Revolución? ¿Era tarjeta roja la coz de Kang-In Lee?

–Hay que aprovechar el parón para dialogar –proponen los trincones de la moderación (en palabras de un sabio, “la moderación en las formas se impone siempre que la insensatez y el extremismo de fondo han pactado la impunidad de sus desmanes y delitos”).

Dialogar, lo que se dice dialogar, fuera del campo sólo lo hace Lamine’2030 en la consulta televisiva de Valdano, que es algo así como nuestra doctora Melfi del balón. Dialoga el muchacho que “en el fútbol europeo hay pocos jugadores que jueguen como yo juego, que hagan disfrutar de esa manera”, y exige el Balón de Oro para sí porque el mérito del gol en la Final del Mundial no fue de Ferrán, que lo anotó, sino de Lamine’2030, que hizo un arrastre de defensas. Y dentro del campo, dialogar, lo que se dice dialogar, sólo lo puede hacer don Raphael Dias Belloli, Raphinha, futbolista raro, raro como perro verde, que fuera del Barcelona sólo es otro Manolo Clares (“¡Manolo marca ya!”, le decía Cruyff, harto de asistirle), pero que dentro del Barcelona parece Zico, y con un bigote que tiene engorilado al trencilla Ortiz, el Súper Mario del CTA (“Me gusta tu bigote”), organismo que apuesta por el diálogo, salvo que el interlocutor sea Vinicius y porte el brazalete de capitán, que entonces es amarilla con advertencia de expulsión.

Eso no encaja en la teoría de Steiner según la cual las perversiones sexuales (si el sexo es lenguaje) son análogas al habla incorrecta.

–Si el coito se puede esquematizar como diálogo, la masturbación parece ser correlativa a la pulsación del monólogo –decía la teoría de Steiner.

En España el diálogo arbitral lo puso en marcha Mateu (“Toño”, para los colegones), y lo tiene contado por ahí Sergio Canales: “En un partido contra el Cádiz iba corriendo y de repente Mateu me preguntó: ‘Sergio, ¿cómo están tus padres? Dales recuerdos’. En el 90 íbamos 0-0 y le dije: ‘Están perdiendo tiempo. Dale un poco de caña’. Me sacó amarilla. Y contesté: ‘Oye, si no te puedo decir nada no me preguntes por mis padres’. Y me sacó roja.” Ahora asistimos al diálogo sobre el césped entre el futbolista don Raphael Dias Belloliy y el árbitro don Juan Martínez Munuera. “Estate atento con los bloqueos y los agarrones, me van a romper la espalda, cuando marques una o dos faltas, dejarán de hacerlo”, dice don Raphael a don Juan. Y don Juan contesta: “Ya se lo he dicho a ellos.” Nada que ver con la actitud del palurdo de Súper Mario que despachó el derbi, que a la pregunta de Valverde, capitán y perjudicado en la agresión de Kang-In Lee, de si había tarjeta, respondió con esa risa tan española del tonto que con la mueca te está diciendo “¡a mí que no me toquen el cocido!”.


[Sábado, 26 de Septiembre]

Feria de Otoño'26. Victorinos mitad y mitad, con uno que sí y otro que no para cada caballero de la terna. Márquez & Moore


'..La terna que contrataron para esta «domenica pomeriggio» estaba compuesta por Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez. Se daba la circunstancia de que ayer, día 3, se cumplían los treinta años de la alternativa del torero madrileño..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Ayer, día 3, se cumplieron nueve años del fallecimiento de Victorino Martín y hoy tenemos en Las Ventas una corrida de Victorino Martín, ganadería favorita de Madrid, a la que siempre se espera con expectación. Otra corrida de cárdenos que nos echamos al coleto y que nos deja un sabor algo agridulce por lo justo de las fuerzas de los dos primeros toros, pero que ha ido componiendo un crescendo en cuanto a dificultades y casta, que es lo que siempre buscamos en esta vacada. Digamos que los tres primeros toros han sido los que menos problemas han planteado a la terna, y los tres últimos, como si la cosa hubiera sido elegida de esa manera, los que han mostrado más personalidad y más mal genio. El resultado ha sido un entretenido festejo en el que ha habido de casi todo, desde pañuelos verdes demandando la devolución del segundo, Gardacho, número 101, hasta ovaciones al arrastre de ese mismo toro y del siguiente, Mitotero, número 3 y palmas al 59, Verdadero, que hizo quinto.

El paso de los victorinos por las manos del escuadrón de caballería ha sido, también, variopinto. El primero, Verdadero, número 89, cantó la gallina en el primer encuentro con la puya y se medio justificó en la segunda. El segundo, Gardacho, le hizo un regate a Pedro Iturralde en la primera cita, haciéndole marrar, y no dejando un gran recuerdo por su falta de fuerzas. El tercero, Mitotero, aprueba su paso por las manos de Vicente González si le examinan en un colegio privado y suspende cum laude si le juzga cualquier profesor del Ramiro, de cuando yo iba al Ramiro. El cuarto, Borracho, número 92, sufre las malas artes de parte de Briceño, que le quiere cobrar lo que sea que le debiese, sin que la pelea del toro sea épica, sino más bien a la retirada. El quinto, Verdadero, número 59, toma una emocionante vara de manos de Cristian Romero, en la que aprieta con fuerzas estando por dos veces a punto de derribar y es lanzado al relance a la segunda sin pena ni gloria, desatando la justa furia del respetable. El sexto, Plazuelo, número 22, cobra lo justo en dos puyazos de Tito Sandoval en los que se deja pegar sin más. A la vista de lo anterior no es descabellado decir que, en general, el encierro ha tendido más hacia la casta y la mansedumbre que hacia la bravura en el primer tercio.

La terna que contrataron para esta «domenica pomeriggio» estaba compuesta por Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez. Se daba la circunstancia de que ayer, día 3, se cumplían los treinta años de la alternativa del torero madrileño, que treinta años no son nada, y los más memoriosos recordarán que ése fue el histórico día en que Curro Romero, padrino de alternativa, frenó en seco los ímpetus de Uceda que se abalanzaba a abrazarle, tendiéndole la mano educadamente para darle un apretón de manos, hecho mil veces recordado en tertulias y tabernas como nunca visto y prodigioso. En homenaje a la celebración, Uceda se vino vestido impecablemente de blanco, con un precioso vestido muy similar al de aquel día, con el chaleco de oro cuajado de chorrillos largos de barriletes, pura elegancia.

El primero fue saludado con palmas al hollar la arena de miga de Las Ventas, por su impecable presencia. Uceda le recibió torerísimamente, sacándoselo a los medios sin una duda, sin un enganchón, burlando las tarascadas del toro con su capote y dejándole plantado en los medios con una torera media verónica. Lo mismo pasó con el segundo, lo primero la ovación y después Paco Ureña recetándole la firmeza de su capote y dejándole parado en los medios. En el tercero la cosa cambió, porque Borja se encontró con un aluvión de enganchones y topetazos en su capote, no consiguiendo llevar al toro más que hasta el tercio, donde lo dejó por imposible.

El lote de Uceda, como el del resto de la terna, se compuso de un toro que dio facilidades y otro que no. El de las facilidades fue el primero, Verdadero, pero ahí Uceda Leal no se encontró consigo mismo o no halló la corriente que le pusiera en comunicación con el toro, y el resultado de su encuentro no fue digno de pasar a los anales. El toro ni busca ni tiene maldad, pero Uceda no fue capaz de llegar a desarrollar sus temas frente a él. Su segundo, en cambio, era otra cosa: en banderillas canta a las claras que por el derecho no quiere nada y Uceda lo ve en seguida iniciando su labor ya con la mano en la zurda, tanteando las posibilidades del toro y sacando una soberbia serie de naturales plena de encaje, de mando, de temple y de torería, una perfecta sinfonía del toreo al natural que no tiene continuidad por las condiciones aviesas del toro y las dificultades que fue desarrollando. Lo intentó por el derecho para certificar que por ese pitón nada había que hacer y se perfiló a matar, recibiendo un tantarantán sin llegar a clavar y, a la segunda intentona, dejó la mejor estocada que se ha visto en esta temporada en la Monumental de Las Ventas por su colocación, por la lentitud de la ejecución, por la perfecta forma de marcar los tiempos, por la manera de hacer la cruz y de vaciar la embestida, por la colocación del estoque y por la rapidez en causar sus efectos letales.

El toro «bueno» de Ureña, pizarra y oro, fue el protestado segundo, cuyas posibilidades vio claramente el murciano, que brindó a la plebe. La parte mala es que el trasteo se tenía que verificar a la media altura para evitar la caída del animal, que si le ataca y le baja la mano se arma la mundial; la parte buena es que la calidad de la embestida del toro permitió a Ureña componer una obra muy completa en la que brillaron las cosas que siempre echamos de menos, como son la colocación, la cargazón de la suerte, la verticalidad, la torería frente al toro incluso en los tiempos muertos, el mando, la ligazón, la manera de agarrar el palillo de la muleta... lo que casi nunca vemos, en fin, en una faena a más que se remata al natural plena de garbo y maestría y que se emborrona con un pinchazo y un golletazo, que ya sabemos el refrán ese que dice que vale más un golletazo en la mano que cien buenas estocadas volando. Con el quinto se puso a la plaza en contra por su deficiente responsabilidad en cuanto al tercio de varas y como las condiciones del toro no tendían hacia lo halagüeño, tras el épico segundo tercio, abrevió su labor dejando media estocada que sirve.

De verde botella y oro se nos vino Borja Jiménez, a quien esperamos con ahínco recordando su actuación del 8 de octubre de 2023, por si se le cruza el cable y le da por volverlo a hacer, aunque la cosa apunta a que se ha pasado al lado oscuro, engatusado por esos Palpatine y Darth Vader taurinos que son Julián Guerra y Matilla y que aquello que nos encandiló y le puso en circulación hace tres años no lo volveremos a ver en esta vida. Su toro «bueno» fue el mejor de la tarde y su trasteo, que al lado de lo que acabábamos de ver a Paco Ureña estaba más próximo al suspenso que al aprobadillo, fue calando en las buenas gentes a las que les encanta practicar el vitoreo. Borja compuso una faenita ligera, de poca armazón y poco significado, con algunos naturales que podríamos reseñar si no vinieran detrás de los de Ureña y antes de los de Uceda, faena sin un final en la que deja una estocada entera y eficaz, ejecutada de zambullón, que puso en su mano la oreja de Mitotero. En su segundo, que era un catálogo de dificultad y de malas intenciones abrevió sin doblarse con el toro, sin tratar de castigarle mínimamente, de machetearle o de lidiarle: se ve que si el toro no es para dar pases y más pases ya no le interesa. Estocada tras pinchazo y fin.

La tarde ha sido también tarde de peones: Juan Carlos Rey, Iván García y Fernando Sánchez han dejado sobrados motivos para enorgullecerse de su oficio de toreros de plata.

***

Con esta entretenida tarde de toros doy por terminada mi temporada 2026. Para la segunda parte de la Feria de Otoño y para el esperpento del día 12 de octubre, reaparición en Madrid tras su retirada del Joker de la Puebla, les dejo con la autorizada pluma y el excelente criterio de Pepe Campos.

ç

ANDREW MOORE




















FIN

La España de 2026: de Montesquieu a Robespierre / por Luis Valdivieso


'..Este tránsito (como sinónimo de “muerte”) del pensamiento de Montesquieu a la pulsión de Robespierre, late en el corazón malherido de la España de 2026..''

La España de 2026: de Montesquieu a Robespierre 

Me atrevo, tras años sin mojar la pluma en tinta, a escribir de nuevo. Sin firmar, eso sí, mis pensamientos. La censura en los tiempos que vivimos ha acentuado mi cobardía.

Para no mancharme los dedos, la libertad de expresión dejó paso a la mordaza autoimpuesta que cubre mi boca.

Como viajero empedernido, plasmo aquí el recorrido político que padece la España de hoy, un camino desde la moderación institucional de la Transición hasta la radicalización ejecutiva y legislativa de nuestros días; De Montesquieu a Robespierre simboliza la travesía desde la separación de poderes hasta el uso atropellado de medidas de excepción en nombre de la salvación pública y la virtud democrática.

Para Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, filósofo ilustrado moderado, la separación de poderes sería el único freno eficaz contra el despotismo y la garantía de la libertad individual. “Que el poder detenga al poder”; esa división entre el legislativo, ejecutivo y judicial busca proteger los derechos del ciudadano mediante frenos al estado.

Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, jurista de profesión y político, uno de los líderes prominentes de la Revolución Francesa, abogaba por supeditar las instituciones públicas a la soberanía popular absoluta justificando la concentración del poder para cuestionar decisiones judiciales.

Este tránsito (como sinónimo de “muerte”) del pensamiento de Montesquieu a la pulsión de Robespierre, late en el corazón malherido de la España de 2026. Una dicotomía entre la defensa del sistema parlamentario de la Constitución de 1978 (proteger el equilibrio e independencia de poderes para evitar derivas autoritarias) frente a la argumentación de que el poder de las urnas o del Parlamento debe prevalecer de forma directa sobre los controles de los tribunales (¿“lawfare”?). Sugiere que la legitimidad democrática del poder ejecutivo está por encima de los límites institucionales y judiciales en busca de una acción gubernamental más directa frente a la necesidad de que los distintos órganos del Estado actúen como contrapesos mutuos frente a las mayorías coyunturales del Gobierno.

Dejemos de estar distraídos con la pregunta sobre si “son galgos o son podencos”. “De Montesquieu a Robespierre”, “esa es la cuestión” de la España de 2026.

domingo, 4 de octubre de 2026

Feria de Otoño'26. Inexplicable corrida de Victoriano para una terna low-cost con una única triunfadora: la Impresa. Márquez & Moore

'..La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy hemos asistido en las Ventas a una sesión de MBA taurino de la que los jóvenes que se aproximan a la plaza en los últimos tiempos deberían sacar enseñanzas que les servirán, si perseveran en su afición. Lo primero hay que hablar de la impresa, que tuvo la ocurrencia de programar para este viernes esta corrida inexplicable en la que, con el señuelo de los toros de Victoriano del Río, echaron mano de lo que había por ahí para componer un cartel de bastante escaso interés en el que la entrada registrada obedece al abono cautivo más que a la expectativa que la tarde despertaba. Recordemos, antes de seguir, que Victoriano del Río este año ha andado vendiendo toros para los pueblos y para encierros por el campo, lo cual nos lleva a maliciarnos que parte de la camada se le ha quedado en la finca para el próximo ejercicio. Ahí suponemos que la impresa, que atiende por el nombre de UTE, habrá conseguido un precio más que asequible para la adquisición de los toros, y que don Victoriano del Río habrá aprovechado para soltar hoy seis prendas que no son de las que habitualmente se entiende por «los toros de Victoriano del Río». La buena noticia al respecto es que la corrida ha sido muy variada y ágil, seria y bien presentada, con movilidad y, como debe ser, con dificultades. La segunda parte, en lo relativo a la impresa, es lo de la elección de la terna: terna low-cost con un Emilio de Justo que va descendiendo escalones en lo que parece ser el lento ocaso de su carrera, un Víctor Hernández a quien se ve más perdido que un pulpo en un garaje y un Marco «Ugly» Pérez que venía a confirmar la alternativa que le dio el Gordito II en Nimes hace algo más de un año, sin que su nombre y sus gestas hasta ahora hayan sido grabadas en mármol. Esto nos lleva, dentro de este breve MBA de andar por casa, a considerar la poca estrategia del apoderado de «Ugly» de traerle a confirmar en este otoño, a doce días del final de la temporada, en vez de esperar un poco y preparar una confirmación de más postín en San Isidro, que, aunque no le rodasen bien las cosas en esa tarde, al menos le sirve para usar el señuelo de Madrid y conseguir algunos contratillos por ahí, mientras que el efecto de su posible triunfo de hoy habría quedado muy mitigado de cara a contratos, y qué decir tras su paso de puntillas por Las Ventas de esta tarde... La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice.

El único toro de los de Victoriano del Río que salió con un comportamiento acorde a lo que se esperaba de la ganadería de Victoriano del Río fue el primero, Despreciado, número 102, serio y bien armad...o que regaló estupendas embestidas, viaje largo y, sobre todo un pitón izquierdo de categoría. Este fue el toro de la alternativa, toro que hace bueno aquel dicho de Juan León (1778-1854) de que «hay toros que se llevan en un minuto todo el dinero de la temporada».

Con este toro, en algo menos de diez minutos, dio Marco Pérez la medida de su incapacidad, refrendando la pobre impresión que ofreció en la tarde de su presentación y despedida de novillero en Las Ventas. Anotemos un airoso quite por navarras y tafalleras como único activo del salmantino, que fue incapaz de ver las cualidades del toro, que las había cantado en el quite de Emilio de Justo y en la brega de Rafael González, de aprovechar sus posibilidades y de dejar en Madrid el sello de su capacidad como torero. Bien al contrario lo que ofreció nuestro «Ugly» fue un repertorio pueblerino, una secuencia de pases con olor a fritanga de churros y a procesión de la Virgen, una epopeya rural sin orden ni plan que hizo que la plaza le fuera volviendo la espalda, a medida que avanzaba su toreo de mulas y besana. Lo malo es que, probablemente, él estaba en la idea de que lo iba haciendo estupendamente, como atestigua el hecho de que a la muerte del toro, despedido este con una fuerte ovación, salió a recoger más pitos que palmas desde el tercio con cara de no entender nada. 

Sin duda hoy ha tenido Pérez enfrente a los dos toros de más presencia de todos cuantos ha toreado a lo largo de su aún breve carrera. Su segundo fue Ebanista, número 10, negro listón que recibió unas buenas varas de Alberto Sandoval, único picador que cumplió con decoro su función en toda la tarde. Este toro era la antítesis del primero, toro duro y exigente, de los que piden el carnet, que se fue haciendo el amo a medida que las habilidades del matador no eran capaces de plantearle una pelea de tú a tú. El toro toreó más que el torero y cuando se dio cuenta de que al otro lado del trapo había un muñeco que lo movía, su actitud cambió, haciéndose más dura su embestida y más peligrosos los envites. 
Marco Pérez estuvo a merced de las circunstancias y tuvo a la plaza con el corazón en un puño, porque la eventualidad de la cogida era más que una promesa. Lo mató de pinchazo y estocada de gran efectividad. 

A Emilio de Justo hay muchos espectadores que le aprecian y que le mandan recados llamándole por su nombre: «¡Emilio, haz esto...!, ¡Emilio, haz lo otro...! Y Emilio, elegantemente vestido de azul marino y todo el oro robado del Tesoro de Villena, incluso con esas admoniciones no llegó a ver clara su labor con su primero, Gorrión, número 116, y eso que Chacón lo bregó con maestría enseñando a su maestro las teclas del toro, pero él más bien prefirió transitar por los manidos senderos de la descolocación, la ventaja y el «fuerismo» que por los del encaje, la verdad y la posición donde mana el toreo. «¡Así no, Emilio, así no!», le increpaba un ATS desde lo alto de la Andanada, pero Emilio hacía oídos sordos y se justificaba con la solvencia que le dan sus casi veinte años de alternativa para andar sin decir nada y sin hacer el ridículo, dando sus pases de vaivén en el centro del ruedo y dejando pasar el tiempo, hasta que se cumplió la hora de la estocada y del aviso a su larga, trivial, labor. 

Su segundo, serio y profundo, fue Tallisto, número 114, toro que no daba facilidades, que para eso tiene enfrente a un tío que debe saber cómo manejar esa situación. El manejo de Emilio en este segundo consistió más bien en una repetición de los argumentos de poca ambición manifestados en el primero, la exhibición de un oficio más que suficiente y, entre medias, una tanda de redondos que levantó algo los ánimos del público, mientras duró. De Justo sabe que tiene aseguradas al menos dos o tres tardes en Madrid el año próximo y no parece apetecerle hacer alardes en este final de temporada si no lo tiene clarísimo. Con pinchazo y estocada se despidió de Madrid por este año.

Víctor Hernández está en un laberinto y se le nota. Tiene maneras demostradas y tiene una mano izquierda tocada por la divinidad, pero su carrera está atascada sea por lo que sea. Al verle en el callejón rodeado de El Víctor y Abellán recordamos aquél cuento de Ignacio Ruiz Quintano de uno que se llevaba a El Prado a un dependiente de Pinturas Borreguero para que le explicase las tonalidades y los pinceles empleados por Velázquez en Las Meninas. Su primero, Bochornoso, número 37, era el más feo de la corrida en lo tocante a toros. Fue bien banderilleado por Marcos Prieto, que siempre tiene la manía de tomar el olivo, lo que resta torería a su labor. Intentó Hernández el toreo a distancia, quizás sin gran convicción y después fue la cosa a menos sin que la emoción del trabajo del alcarreño llegase al tendido. Se atascó bastante en la cosa toricida. Su segundo fue Coplero, número 36, otro serio toro en esta tarde de toros, ante el que de nuevo Víctor Hernández no fue capaz de hacerse notar, acabando con él al segundo descabello.

Al margen caben aún dos notas de servicio interior: primeramente reiterar la fealdad de las fotografías que ilustran el programa. La de hoy probablemente sea la peor de toda la temporada, y eso que la cosa está reñida. La segunda es que la impresa ha tenido a bien adquirir una nueva chaquetilla para el señor que porta el cartel con las señas de los toros. La hombrera de la anterior, desgastada por los kilos del cartel, le daba al hombre un innecesario aire de pordiosero, acrecentado por la tristeza de su mirada. Ya que han cambiado las techumbres de los burladeros de gañote, lo mismo podían pensar en un cartel menos pesado, a ver si se le alegra un poco la cara al portador.

Programa de Mano, inspirado en un sincretismo fotográfico de Henri Cartier Bresson y Robert Mapplethorpe, pasando por Nobuyoshi Araki, Allan Sekula y Thomas Ruff (no confundir con Tomás Rufo), todos amigos de la Impresa (Rufo también)

¿Habéis visto por aquí a Maricarmen?



ANDREW MOORE















l




FIN