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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 10 de septiembre de 2014

De campañas, campañitas y campañones / por Juan Manuel Rodríguez



De campañas, campañitas y campañones


9 de Septiembre de 2014
La pregunta de ayer en el debut de La Goleada era si los telespectadores creían que había una campaña contra Iker Casillas. Yo sostuve que no aunque ganó clarísimamente el "sí". Si se entiende que existe una campaña contra el portero del Real Madrid desde el punto y hora en que los medios de comunicación más relevantes debaten sobre su estado de forma entonces sí la hay, aunque si bajamos tanto el listón acabaremos por concluir que hay campañas contra todos, contra Bale, Cristiano, James o Messi. Pero una campaña no es eso. Para que exista una campaña tiene que haber un interés no periodístico de varios medios de comunicación potentes en eliminar a determinada persona y que esos medios, o sus directores, se pongan de acuerdo para ir en la misma dirección editorial hasta que se haya cumplido con éxito la misión.



Contra Iker no hay una campaña, contra Mourinho sí la hubo. A José Mourinho convenía quitárselo de encima cuanto antes y mandarle de una patada a la Premier porque se había convertido en un problema erigiéndose en el pararrayos ideal de Florentino Pérez, contra quien también hay por cierto otra campaña. A Mourinho sí que se le criticaba por asuntos que poco o nada tenían que ver con lo deportivo. Mourinho logró que los dos grandes diarios deportivos madrileños unieran sus fuerzas contra él porque trataba con displicencia a Relaño y a Segurola y porque un día se encerró en un despacho (mal hecho) con un periodista de Radio Marca conocido fundamentalmente por ir a tocarle las narices al entrenador del Real Madrid un día sí y otro también. Hasta que Mourinho, claro, saltó.

En la campaña anti-Mou estaban, por supuesto, elementos de dentro del club blanco como, por ejemplo, Jorge Valdano, un hombre de Prisa. Sólo hubo algo que superó la obsesión del argentino hacia el portugués y fueron sus enormes e inacabables tragaderas. Valdano era enemigo de Mourinho y aún así Florentino Pérez se dio el gustazo de que le presentara... y éste no sólo no dimitió sino que le presentó, con un par. Y hoy volvería a hacerlo. Hace más de un año que Mourinho dejó el Madrid y Valdano, que lo abandonó hace más tiempo aún, vuelve a acodarse de él: "No oí una frase suya para recordar". Y puede que sea cierto porque son tantos y tan variados los títulos que acumula en su haber Mourinho como entrenador que se le recuerda por ellos y no por sus frases.

A Valdano, sin embargo, como a Menotti, sólo le recordamos por sus frases. Seguro que si Jorge hubiera dedicado la mitad de su tiempo a prepararse más como entrenador y menos como oráculo de pacotilla podríamos recordar algún título suyo de relevancia más allá de aquella solitaria Liga que ganó con el Real Madrid gracias a los goles de Zamorano y las galopadas por la banda de Amavisca, a quienes ni él ni Ángel Cappa querían ver ni en pintura. Algo es seguro: Mourinho jamás acabará sus días como comentarista de un programa radiofónico y escritor de libros de autoayuda sino que morirá con las botas puestas y en un banquillo, dirigiendo y entrenando a futbolistas de verdad y en equipos de verdad y no dibujando simbolitos en una pizarrín para niños.

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