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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 1 de abril de 2025

Bienvenido, irrepetible Morante / por Carlos Bueno


'..El genio regresó a los ruedos el pasado fin de semana después de que su enfermedad mental le obligara a retirarse durante 210 días. Y volvió tal cual se marchó. Faena grande al primero y pitado en el segundo. Luces y sobras. Clarividencia y oscuridad. Vítores y abucheos. Siempre gracia y pellizco, también controversia; nunca indiferencia..' 

Bienvenido, irrepetible Morante

Carlos Bueno
Si yo fuese pintor me gustaría ser Sorolla, que reflejó como nadie algo tan irreproducible como la luz. Si fuese escultor Benlliure, dueño del movimiento en un material tan inmóvil como una pieza de bronce. Si fuese compositor Mozart, el portento que con su música provocó sentimientos de difícil explicación con palabras. Si fuese montaña el Everest, el reto más alto del mundo. Si fuese mar el Mediterráneo, quizás porque mi niñez sigue jugando en su playa… Si fuese una flor la del azahar, que evoca el perfume de los campos de la tierra que me vio nacer. Si fuese cantante Sinatra, el nombre de la voz que se idolatra. Si fuese toro querría ser bravo hasta el final para quedarme por siempre en la dehesa de semental. Si fuese actor Robert de Niro, y si fuese torero el de La Puebla del Río.

José Antonio Morante, del arte del toreo un diamante gigante, del buen gusto amante, un flamante brillante de arte escalofriante. Cuando alguien me pide consejo para ver una corrida de toros por primera vez, siempre le digo: “Ves a ver a Morante”. Porque Morante es diferente aún cuando su sustento son los cánones más clásicos del toreo: parar, templar y mandar.

Morante manda y crea según la inspiración, y cuando ésta llega despierta los sentidos, pellizca el alma. Es genuino, auténtico, emocionante, arrebatador. Morante es armonía y belleza. Es arte conmovedor y vibrante. Es turbación y éxtasis.

Y como excelso artista también es impredecible. Hay momentos de lucidez y otros de turbiedad. Enigmas de los virtuosos, cosas de las musas. Lo cierto es que no suele estar a medias tintas porque no sabe fingir; blanco o negro, pero siempre Morante, por eso nunca deja indiferente. Quien le ha visto iluminado no lo olvida, y cada vez somos más quienes hemos tenido la suerte de paladear su toreo y de emocionarnos con él.

Muchos somos los que hemos podido disfrutar de la grandeza y majestad de su tauromaquia; tardes que puso a todos de acuerdo, actuaciones esplendorosas que le valieron orejas, rabos y premios; pero, sobre todo, emociones inolvidables, eso que vale más que cualquier abultada ficha de un festejo.

El de La Puebla es capaz de brindar la obra más maciza, de protagonizar un petardo sonoro o de derramar unas gotas de su particular esencia, suficiente para los buenos degustadores de los mejores caldos. Sea como fuere, no hay nada más bonito que ver torear a Morante ni nada más torero que una bronca a Morante.

El genio regresó a los ruedos el pasado fin de semana después de que su enfermedad mental le obligara a retirarse durante 210 días. Y volvió tal cual se marchó. Faena grande al primero y pitado en el segundo. Luces y sobras. Clarividencia y oscuridad. Vítores y abucheos. Siempre gracia y pellizco, también controversia; nunca indiferencia. Cosas de artistas inimitables e irrepetibles, cosas de Morante, el bienvenido, el bien hallado, el necesario.

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