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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 3 de abril de 2025

Los cristícolas / por HUGHES



'..Sánchez Saus, experto historiador medieval –y en la Edad Media está el meollo– nos explica las raíces nacionales de España desde el suelo, la geografía, el habitante y cada estrato histórico y lo hace con amenidad, finura e inteligencia destacando todas las unidades que vinieron antes de esa unidad política constitucional proclamada de 1812..'

Los cristícolas

HUGHES
Es común en España que se niegue la existencia de la nación española hasta la Constitución de Cádiz. Solo la nación política que ahí surge permitiría hablar de España como tal. De lo anterior, la nación histórica, se olvidan, como si políticamente no sirviera.

El paso siguiente es que, quienes así piensan, pongan a continuación en cuestión ese mismo concepto de nación política por ser difuso, discutible, inservible, sospechoso o decaído ante las nacionalidades.

España es, de esta manera, algo imposible: cuando es, está en cuestión y antes no fue.

Por eso es utilísimo el libro que ha escrito Rafael Sánchez Saus, Historia de la Nación española (La Esfera de los Libros), una obra que acaba justo en 1812 y que se preocupa en explicar todo lo anterior a esa nación política que nació contrahecha porque vino como impulso popular contrarrevolucionario y antifrancés pero se codificó como principio revolucionario a imitación francesa.

Sánchez Saus, experto historiador medieval –y en la Edad Media está el meollo– nos explica las raíces nacionales de España desde el suelo, la geografía, el habitante y cada estrato histórico y lo hace con amenidad, finura e inteligencia destacando todas las unidades que vinieron antes de esa unidad política constitucional proclamada de 1812.

A la unidad geográfica de la península que daba natural separación del resto y, a la vez, cambiante diversidad interior, le sigue la romanización. Hispania fue con Diocleciano diócesis romana, entre la provincia y el imperio, una de las seis de Occidente. Tan singularizada, caracterizada y dibujada estaba.

Luego llegaría la genial labor creadora e integradora de Leovigildo, que fusionó en el Reino de Toledo la etnia goda con la hispanorromana, propiciando la unión religiosa con su hijo Recaredo. Ahí se reconstruye la unidad territorial de la vieja Hispania.

Cuenta Sánchez Saus –citando a Luis García Moreno– que el gentilicio preferente de entonces no era hispanos, ni godos, ni romanos, sino cristícolas. Así se llamaban a sí mismos los españoles de entonces.

En ese reino visigodo, los norteños conviven imitativamente con la franja costera de la Spania bizantina. En España, gran desembocadura, delta occidental de Europa, se tocan el norte conquistador y el imperio romano oriental.

España, tierra cunicular, tierra de los cristícolas, da la impresión de ser, ante todo, lugar de profunda romanización, como si para ser tan cristiana, Roma le hubiera tenido que dar mucha pavimentación. Esa Hispania romana es estrato primero imborrable al que siempre se retornará.

España es latinidad arraigada y profunda (la idea de imperio la intuyen hasta los godos). Y eso siguió siendo después: hija más romana que la propia Roma.

Leyendo a Sánchez Saus entendemos que la nación no es concepto, ni carácter, ni proposición orteguiana, ni decisión. Es una realidad dada a la que se llega y donde la historia llega, a nosotros nos nacen. No es un mito vago y penumbroso, sino una milenaria evidencia, un devenir de uniones previas conformadoras que están en nosotros aunque sea como ignorancia, olvido o carencia.

La lectura del libro no despierta emotividades ni ardorosos apasionamientos breves, sino una callada incumbencia, un afán por saber, por distinguir, por cultivar, por trasmitir. Un contento con nuestra compleja dificultad, refinada, misteriosa, inconmensurable. Cuando uno empieza a entender España, ¡qué finura! Surge de ahí un no poder callarse y a la vez una eufórica y serena aceptación del mundo, con el que nos sentimos más capaces de dialogar. Cuidadosa invitación a ese sentir lo nacional es este libro.
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2 de Abril de 2025

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