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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 4 de septiembre de 2026

La televisión, qué gran invento / por Paco Delgado


'..Cuando el mundo taurino anda en plena vorágine, con multitud de festejos a diario, fiestas y ferias en toda España, el disfrutar de una corrida de toros en casa, desde tu sillón favorito, con aire acondicionado, sin apreturas ni nadie que te clave las rodillas en el lomo, es una experiencia que, quieras que no, se agradece..'

VIENTO DE LEVANTE
La televisión, qué gran invento

Por Paco Delgado
Cuando el mundo taurino anda en plena vorágine, con multitud de festejos a diario, fiestas y ferias en toda España, el disfrutar de una corrida de toros en casa, desde tu sillón favorito, con aire acondicionado, sin apreturas ni nadie que te clave las rodillas en el lomo, es una experiencia que, quieras que no, se agradece. Y, además puedes elegir entre una amplia oferta o, a golpe de tecla, ir saltando de una plaza a otra sin moverte del sofá. Una maravilla.

Se echa de menos, eso sí, el ambiente, la luz, inigualable, que emana del ruedo, el color, que pese a los adelantos técnicos no es el mismo en vivo que a través de la pantalla, el hablar con tu vecino de localidad y algunos detalles más.

Pero a cambio tienes una comodidad impensable a día de hoy en cualquier coso, una realización que te muestra detalles imposibles de apreciar in situ, la mirada del toro, la del torero, encuadres y secuencias desde varios ángulos, la toma de muletazos a un palmo de tus ojos, de una serie, el percibir claramente el valor del diestro, su cercanía muchas veces increíble y temeraria con su oponente -y otras la exagerada distancia que hay entre ambos...-, el dominio de capa y muleta, la técnica impecable de la mayoría de los de coleta, su colocación... primeros planos que nunca se pueden apreciar desde el tendido: la preocupación que se dibuja en el rostro del diestro, muchas veces su miedo, la impenetrabilidad de la mirada del toro y que los profesionales descifran casi a la perfección, detalles de pitones astifinos o sospechosos que ante la evidencia de la imagen dejan de serlo, puyazos arriba, otros, los más, desgraciada y habitualmente, infames y alevosos... el valor y pericia de banderilleros que dejan llegar hasta lo inverosímil tremendas cabezas tras las que se mueve media tonelada lanzada a una velocidad vertiginosa, su habilidad y destreza para tomar el olivo -algo que, ante mi nula capacidad física, siempre me ha maravillado-, la reacción del animal burlado…

Te enteras y das cuenta de la cantidad de enchufados que abarrotan los callejones, sin ninguna tarea a cumplir en los mismos. Burladeros de empresa en los que sólo hay amiguetes o invitados, burladeros de apoderados, en los que no hay nadie que represente a la terna actuante, burladeros de cuadrillas, lo mismo, burladeros del Gobierno, de subdelegación del Gobierno, de Dirección Territorial, de subdirección territorial, todos atestados, burladeros de prensa, donde se da cobijo a unos pocos fotógrafos que se las ven y desean para hacer su trabajo entre tanto acoplado, otro burladero de prensa lleno de gente que no escribe ni una línea, famosos o asimilados y una extensa fauna que, principalmente, molesta a quien de verdad debe hacer uso de esas instalaciones que a cada poco barren las cámaras entre serie y serie.

Se ofrecen repeticiones de momentos que, unas veces, realzan el mérito que tienen y, otras, descubren fallos de colocación, de distancia o velocidad que permiten una valoración más exacta de lo hecho, algo que no deja de ser injusto, pues el que se pone ante el toro no tiene, como sí el telespectador, la oportunidad de poder repetir lo hecho y corregir esos posibles errores.

Si el realizador y el cámara son expertos, y lo suelen ser, se ofrecen primeros planos de cómo cae el estoque, viéndose muy claramente como hay muchos bajonazos y estocadas evidentemente defectuosas que luego son premiadas y que permiten triunfos y trofeos que a la vista de esos pantallazos no deberían ser concedidos. Lo que sugiere que, a lo mejor, habría que poner una pantalla en el palco presidencial para que se viese con total nitidez y sin lugar a dudas la colocación de la espada...

En fin, muchos detalles y muchas ventajas de ver los toros a través del aparato de televisión. Y, parafraseando a Luis Eduardo Aute, gran aficionado por otra parte, nos atrevemos a cantar Tele, tele, tele, tele, más tele por favor, que todo en la vida es tele, que todo en la vida es tele y los sueños tele son. Y los toros también.

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