“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”.
R. Pérez de Ayala
Alberto Faricle, recogiendo el premio al mérito periodístico de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña.
El fotógrafo taurino Alberto Faricle Álava ha fallecido hoy en Barcelona como consecuencia de un cáncer con el que venía manteniendo una batalla los últimos meses.
El fotógrafo tudelano Alberto Faricle ha fallecido este martes, 1 de noviembre, a los 77 años de edad. Desde hacía cincuenta años residía en Barcelona, concretamente en Canet de Mar, donde ha muerto y donde marchó con dieciocho años para trabajar en una fábrica de cámaras de fotos y prismáticos. Allí tomó contacto con la fotográfía, profesión que desarrolló las temporadas taurinas de Barcelona y también los festejos de su tierra, Navarra.
En 2012, su localidad natal le reconoció como Tudelano Ausente, homenaje que recibió de sus paisanos en las fiestas patronales de Santa Ana de dicho año.
Desde este medio lamentamos su pérdida y enviamos mediante estas líneas nuestro más sentido pésame a sus familiares y amigos. D.E.P.
"...En resumen, vivimos una etapa de anomia taurina que carcome los principios fundamentales de la tauromaquia, ya que se ataca a la esencia misma de los valores culturales de la Fiesta de los Toros, “de la Fiesta mas Culta” al decir de García Lorca y de “la Fiesta mas bella” como decía Agustín Lara, convirtiéndola en una plaza de tercera y con espectáculos de quinta categoría..."
Acho se cae a pedazos
Rolando Tapia
Lima, 31 Oct. 2022
Así es, literalmente, nuestra plaza y nuestra afición, otrora una de las más entendidas, se cae a pedazos por obra y gracia de: la empresa, la prensa taurina, la actualmente llamada caviarada taurina (cáncer maligno), el figuretismo del neo dizque aficionado, la falta de cojones para protestar por parte de un público ignorante, neófito y profano que no se hace sentir cuando las cosas van mal, una autoridad corrupta y sumisa de la empresa de turno, la municipalidad del Rímac como ente extorsionador y principal actor de las reventas de entradas de cortesía y la provincialización de las costumbres de una plaza que antaño gozara de una solera única.
En resumen, vivimos una etapa de anomia taurina que carcome los principios fundamentales de la tauromaquia, ya que se ataca a la esencia misma de los valores culturales de la Fiesta de los Toros, “de la Fiesta mas Culta” al decir de García Lorca y de “la Fiesta mas bella” como decía Agustín Lara, convirtiéndola en una plaza de tercera y con espectáculos de quinta categoría. Esta degeneración nos lleva por dos caminos con muy difícil retroceso: a la desaparición de la Fiesta como lo que es en verdad, o a la aparición de un nuevo espectáculo al cual la modernidad le pondrá el nombre de “tauromaquia” usurpando y subvirtiendo su verdadero significado.
En efecto, la Fiesta se encuentra en un proceso de anomia y oclotaurinismo donde los valores que siempre la ha mantenido tras los años se carcomen por la relativización de dichos valores.
Para ver cómo funciona esto imagínense un triangulo equilátero donde el vértice superior se encuentran los VALORES, girando en sentido horario en el vértice inferior de la derecha se encuentran las CONDUCTAS y en el vértice siguiente las NORMAS; en consecuencia, cuando se tiene un valor solido genera una conducta acorde con dicho valor y a su vez se establece una norma para conservar la conducta. Al cumplirse la norma establecida genera la consolidación del valor; así funciona esta dinámica.
Pero cuando existe un ataque de afuera y directo al valor, este por su solidez se defiende y rechaza el ataque por cuanto se trata de valores firmes y las conductas de las personas que lo poseen salen también en su defensa. El problema es cuando el ataque es por dentro, de manera indirecta, esto es cuando el valor se relativiza, se debilita esta dinámica y su vuelve endeble, frágil y enferma; es cuando se produce como consecuencia de esta relativización: la anomia (a=sin; nomos = identidad). Este es el problema actual de la tauromaquia y que lleva en su proceso degenerativo no menos de veinticinco años; siendo el valor atacado EL TORO que es la esencia de la tauromaquia, ya que sin el no hay nada.
La tauromaquia conceptualizada como el conjunto de reglas que rigen el desarrollo de la lidia, así como “el arte de lidiar toros” (Diccionario de la academia de la Lengua), se basa en el Toro de lidia que, dentro de la Fiesta tiene su propio festejo de acuerdo con las condiciones y edad del animal, esto es, existen becerradas, novilladas sin y con picadores, toreo bufo, charlotadas y Corrida de Toros; esta ultima es la que da grandeza a la Fiesta y su elemento fundamental es el TORO, el cual debe de tener EDAD (más de cuatro años comprobados), PESO (existiendo un mínimo de kilos de acuerdo a la categoría de la plaza donde se lidia y sus reglamentos), TRAPÍO que es el “conjunto de caracteres de apreciación visual que hace juzgar de su aspecto, estampa y probables condiciones de lidia” ( Los Toros de Cossío, quinta edición 1997 Espasa Calpe Tomo I ) de acuerdo a su encaste; y DEFENSAS INTACTAS, esto es su cornamenta que bajo ninguna circunstancia debe de ser manipulada de manera fraudulenta (afeitado). Sin estas características el espectáculo, suelte el animal que se suelte, deja de ser una corrida de Toros. En consecuencia, la lidia debe de darse con el Toro, el matador de Toros quien es una persona que debe de enfrentar a la fiera con dichas condiciones para realizar esa danza donde la tragedia está siempre presente y con su inteligencia debe dominar y enfrentar al animal para generar la belleza de este arte que culmina con la muerte de la res de manera rápida y efectiva colocando la estocada en el sitio debido. Y el público quien con su aprobación o su protesta juzga la labor realizada por el diestro. Culminado este proceso y de acuerdo con el desarrollo de la lidia, se le premiará o no su labor con los apéndices del animal a pedido del público y con la decisión de la autoridad de la Plaza.
Cuando se trastoca o subvierte este orden empieza la degeneración del espectáculo y al ser aceptado se relativiza el valor de la Fiesta y entramos a la anomia que sufrimos en la actualidad. De allí que es deber de las personas que se precien de “aficionados” defender la pureza de la Fiesta en todos sus detalles, ya que de no hacerlo estamos destrozando este bello y único arte que se basa en el TORO y solamente en el TORO.
¿Pero que observamos en la actualidad?, es obvio que nada de lo descrito líneas arriba.
En efecto, se anuncia una corrida de toros donde el Toro brilla por su ausencia, en consecuencia, se engaña al público que paga su entrada, la mal llamada prensa taurina que en la actualidad se encuentra embarrada de corrupción, sobonería, adulación a la empresa de turno, renuncia a su labor de informar la verdad y de realizar critica; la autoridad que renuncia a regular el espectáculo de acuerdo a la normatividad existente poniéndose al servicio de la empresa de turno, una municipalidad que extorsiona y dirige la reventa de cortesías otorgadas por la propia empresa mercantilista que le interesa un rábano el publico que lo sostiene además que en conjunto defraudan al fisco y un público que solo le interesa “sentirse alegre y festivo” y que del espectáculo (de acuerdo a lo observado) no tiene idea de lo que aprecia.
Ante este comportamiento en conjunto de los estamentos de la Fiesta consideramos que es el motivo principal del alejamiento del aficionado a su espectáculo favorito y ese vacío es llenado por un publico ignaro y profano que atenta contra la pureza del ritual taurino por su conducta sacrílega ante la Fiesta. Es por eso que Acho se cae a pedazos.
La federación y su presidente no tienen la calidad ética mínima imprescindible para ponerle nota a Carlo Ancelotti
"...El Departamento de Integridad de la Federación Española de Fútbol, el mismo que ha elevado una denuncia al Comité de Competición por las declaraciones de Carlo Ancelotti en las que afirmó que el penalti señalizado por Melero López a Marco Asensio era inventado cuando en realidad… era inventado..."
George Orwell escribió entre los años 1947 y 1948 la novela política de ficción distópica probablemente más famosa de la historia, 1984. Es la del Gran Hermano, la de la habitación 101 y la de la desagradable policía del Pensamiento, una organización que detiene a los ciudadanos que piensan en cosas que van en detrimento de las consignas del Partido. Esto de la policía del pensamiento me ha recordado al Ministerio de la verdad de Pedro Sánchez, y el Ministerio de la verdad de Antonio me ha recordado a su vez al Departamento de Integridad de la Federación Española de Fútbol, el mismo que ha elevado una denuncia al Comité de Competición por las declaraciones de Carlo Ancelotti en las que afirmó que el penalti señalizado por Melero López a Marco Asensio era inventado cuando en realidad… era inventado.
Departamento de integridad. Nadie podrá negarme que suena a orwelliano, ¿verdad? Una persona íntegra y profesional a quien no conozco personalmente pero de la que me han hablado maravillas, Ana Muñoz, salió de allí tarifando. ¿Por qué dimitió Muñoz de su cargo de vicepresidenta de Integridad de la Federación? Pues porque la señora Muñoz era claramente contraria a la elección de Arabia Saudí como sede de la Supercopa de España. Es más, Muñoz se negó a viajar a Arabia con el resto de la expedición como gesto que mostrara su extrañeza y contrariedad ante la elección. Fue la propia Muñoz la que desmintió que el millonario contrato con la empresa pública saudí SELA estuviera respaldado por ningún informe del Departamento de Integridad ni tuviera tampoco relación alguna con el Comité de Ética. Es más, El Confidencial reveló que Luis Rubiales maniobró contraMuñoz, a la que catalogó de "mala persona", retrasando su salida voluntaria de la Federación hasta que finalizó el torneo.
Integridad ha tenido varias ocasiones para salir al paso de un montón de historias que bordean con la ética, cuando no la vulneran directamente. Por ejemplo cuando, en una conversación con Gerard Piqué, se negoció precisamente llevar la Supercopa a Arabia pagándole a Kosmos, una de las empresas del jugador del Barça, una comisión de 24 millones de euros. Al Departamento de Integridad no le pareció mal que la Federación eligiese un país en el que se conculcasen los derechos humanos como sede de la Supercopa de España pero sí salta ahora porque Ancelotti dice que se han inventado un penalti cuando resulta que, efectivamente, se lo han inventado. Tampoco mostró reparo ético alguno a propósito de que el presidente de la Federación negociase directamente con un futbolista profesional en activo qué premios debían llevarse cada uno de los cuatro equipos participantes ni denunció que dicho jugador perteneciera, además, al Fútbol Club Barcelona, club participante. No hubo tampoco reacción del comité de integridad federativo cuando, en otra conversación, el presidente de la Federación se refirió a los aficionados del Sevilla como "palanganas" o mostró con orgullo su top 3 de equipos que le caían peor, Villarreal, Sevilla y Valencia, por ese preciso orden. Tampoco hubo dilema ético cuando se catalogó al Atlético de Madrid de "Patético". Esperando una disculpa que no llegó, porque en la Cope reconoció que él es otro forofo, dimitió el presidente del Sevilla como miembro de la junta directiva federativa.
Cuentan que, siendo estudiante de Bellas Artes, a Salvador Dalí le tocó examinarse sobre Rafael Sanzio. El genial pintor se quedó parado delante del tribunal, miró fijamente a sus examinadores y, al fin, dijo más o menos lo siguiente: "Ustedes no tienen ni la más remota idea de quién fue Rafael y carecen por lo tanto del nivel necesario para examinarme a mí, que lo sé todo sobre él". Dicho lo cual, recogió su portafolios, cerró la puerta y se marchó. ¿Puede este distópico Departamento de Integridad que le hizo la vida imposible a la íntegra Ana Muñoz y que pasó conscientemente por alto tantos episodios de dudosa ética examinar ahora a Carlo Ancelotti? Iba a decir que lo dudo pero no, no lo dudo, lo niego: no puede. Le caerán cuatro partidos como piden desde Valencia para igualar la injusticia cometida en su día con Gayá, uno, ninguno o catorce, sólo Dios lo sabe, pero esta federación no tiene la calidad ética mínima imprescindible para ponerle nota a Carlo Ancelotti. Por cierto, íntegros y éticos, Amnistía Internacional sigue queriendo ponerse en contacto con vosotros para ver qué vais a hacer en Qatar, si es que vais a hacer algo, pero no les dejáis pasar a la Ciudad del Fútbol ni les cogéis tampoco el teléfono. Como en la canción, suena el teléfono y tú no estás.
En el Día de Todos los Santos se celebra a los Santos y aquellos que ya viven en presencia de Dios
¿Qué es el Día de Todos los Santos?
Este día, específicamente, se celebra cada 1 de noviembre, de acuerdo a las tradiciones de la Iglesia Católica. Las iglesias y catedrales son decoradas por las reliquias de los santos que tengan expuestos. La Iglesia Católica lo conmemora el 1 de noviembre, mientras que las ortodoxas y las católicas de rito bizantino lo celebran el primer domingo de Pentecostés.
Este Día de Todos los Santos fue incentivada por el pontificado del Papa Gregorio III, cuando decidió consagrar una capilla de la basílica de San Pedro, en honor a todos los santos. El Papa Gregorio IV extendió esta celebración a todas las iglesias católicas y a todos los santos en un mismo día, canonizados o no, que gozan de la vida eterna y cuyos actos de fe y vida han sido ejemplo de los valores religiosos.
"...Sánchez, con su bismarckiana habilidad, ha realizado una intensa política africana y ha conseguido lo imposible, poner de acuerdo a Marruecos y a Argelia en su enemistad con España, logro realmente difícil, no visto en nuestra alta política ni en los tiempos de Ugarte, de Chamorro, del marqués de Labrador y demás lumbreras de la camarilla de Fernando VII..."
Como Livingstone, el doctor Sánchez también se ha hecho célebre gracias a su extravío equinoccial, que, sin duda, consagra a Antonio el Africano como un estadista de la talla de Liz Truss. Primer presidente LOGSE de España, el doctor Sánchez se ha formado sin el lastre de la educación académica tradicional, sin la superstición elitista de la excelencia, sin el nefasto uso de la mnemotecnia. Nadie, en el sexto curso de primaria, fue tan cruel como para forzar en su tierno cerebro el estudio del mapa de África —ni el de España siquiera— con sus capitales de resonancias exóticas, con sus ingentes desiertos, con sus interminables ríos e insondables lagos, con sus inacabables sabanas e inexploradas selvas. La mente de un alevín de líder mundial es demasiado delicada como para torturarla con el aprendizaje de semejantes naderías, pues para eso está la Wikipedia, que sabe más que los maestros.
Que nuestro culto mandatario haya confundido la atlántica y francófona Senegal con la índica y anglófona Kenia no fue sino una sutil alusión a la unidad esencial de África, tergiversada como siempre por la prensa reaccionaria. ¿De verdad puede alguien pensar que un presidente que se rodea de 370 asesores de pago puede cometer semejante pifia? ¿Va a contratar nuestra administración a cientos de parásitos que no se saben ni el mapa de África para aconsejar al sagaz e inteligente Antonio[1] en política exterior? ¿De verdad se cree alguien que todo un doctor en Economía, que obtuvo su grado con una brillante y original tesis, va a ser tan ignorante, tan bodoque, tan pazguato, tan ceporro, tan tarugo que no sepa ni en qué país del mundo acaba de aterrizar? Eso sería como pensar que nos gobierna una patulea de botarates y de indigentes mentales que no sabrían gestionar ni un puesto de castañas… Lejos de nosotros la funesta manía de pensar que las urnas se equivocan. No, cada pueblo elige los gobernantes que se merece. Y los españoles somos unos demócratas ejemplares: aquí hay igualdad de oportunidades, aquí cualquiera puede ser presidente.
Pero dejemos la anécdota y vayamos a las categorías: como África empieza en los Pirineos, es normal que España tenga intereses vitales en esa región; Sánchez, con su bismarckiana habilidad, ha realizado una intensa política africana y ha conseguido lo imposible, poner de acuerdo a Marruecos y a Argelia en su enemistad con España, logro realmente difícil, no visto en nuestra alta política ni en los tiempos de Ugarte, de Chamorro, del marqués de Labrador y demás lumbreras de la camarilla de Fernando VII.
El gas argelino, la perpetua mala voluntad de Marruecos, las aguas territoriales de Canarias, los flujos migra-torios, el terrorismo wahabí y las relaciones con países de peso geoestratégico creciente como Sudáfrica, Angola, Egipto o Etiopía deberían forzarnos a estudiar el mapa del continente vecino y encontrar socios con los que compartamos intereses, negocios y, por supuesto, enemistades: Argelia y Mauritania, por poner dos ejemplos. Antes de que Antonio“arreglara” el conflicto del Sáhara, el primero de estos países nos proporcionaba a buen precio el gas natural imprescindible para que nuestro país funcione. Además, es un enemigo mor-tal del sultanato de Marruecos. La alianza con Argel debería ser una de las constantes de la política exterior española en toda circunstancia, siempre que nuestra diplomacia se guiara por los intereses de la nación y no por los de París, Bruselas o Washington. Lo mismo sucede con Mauritania, esencial para controlar los flujos migratorios hacia las islas Canarias y bastión contra el expansionismo marroquí en el Sáhara. Sólo nuestra condición ancilar respecto a Francia y los intereses de algunos empresarios impiden que España ejerza una política exterior propia, es decir, nacional, que defienda la integridad de su territorio frente a una de las dos amenazas evidentes contra nuestra seguridad: Marruecos. (Por supuesto, la otra amenaza son los propios españoles.)
O, por poner otro ejemplo, en el Golfo de Guinea hay un país hispánico que, gracias a nosotros, gravita hacia la órbita de la francofonía: Guinea Ecuatorial, nación que “flota” sobre una enorme bolsa de petróleo y que podría ser un socio excelente en un territorio de África donde nuestra influencia es nula. ¿No deberíamos sostenerlo, mimarlo y ayudarlo? ¿Y Sudáfrica? ¿Y Egipto?… Por su posición geográfica, España necesita una política africana eficiente y activa, centrada primero en nuestros intereses estratégicos y, luego, en los empresariales. Pero nuestro país debe dejar de ser una colonia para que semejante fenómeno se produzca. Antonio se ha puesto a ello con los felices resultados de todos conocidos, aunque eso le distraiga de su trascendente proyecto personal, cuya gloria, sin duda, reverberará sobre todos nosotros, súbditos felices de la inigualable era de su gobierno. Mientras, Marruecos consigue poco a poco sus objetivos gracias a la colaboración de nuestros estupendos y fieles aliados, Francia, Alemania y Estados Unidos, que son quienes orientan la eficaz diplomacia del doctor Sánchez.
[1] Para los lectores hispanoamericanos (cada vez más numerosos, por lo demás, en nuestras páginas, ¡bienvenidos sean!) hay que explicar que el mote de “Antonio” le viene a Pedro Sánchez de lo siguiente. En un viaje oficial realizado no hace mucho a Italia, Mario Draghi, el tecnócrata expresidente del Consejo de Ministros italiano, le agradeció a Sánchez su burocrática intervención con un “Grazie, Antonio”. Se ignora si lo hizo intencional o equivocadamente. (N. de la R.)
Del modo que actuamos jamás arreglaremos los problemas de la fiesta porque si decimos defender al toro y no lo hacemos, o somos muy cobardes o muy comprados. Algo huele a podrido en el toreo cuando, por ejemplo Juan Pedro Domecq sigue vendiendo sus burros a granel y, lo que es peor, se los compran.
En ocasiones, -yo diría que siempre-, me entra rubor cuando escucho en las retrasmisiones televisivas a sus comentaristas que se les llena la boca diciendo que el toro es el eje central de la fiesta y, les asiste toda la razón, no dirán nunca una verdad tan grande como la citada pero, aquí viene el quid de la cuestión; todo el mundo aboga por el toro pero nadie lo defiende. Lo explico. Todos sabemos, hasta los que viven del taurinismo, que el toro es fundamental para el desarrollo de la fiesta, para su devenir cotidiano pero, apenas nadie lo pondera en su auténtica pureza.
Digamos que, para los “allegados” al toreo, comentaristas, periodistas de medio pelo y todas las gentes adyacentes al toreo, para ellos les importa un rábano lo del toro; defienden genéricamente al bovino pero jamás explican cómo debe ser el toro de lidia puesto que le dan la misma importancia a un toro auténtico, como a los que lidió Morante el pasado sábado en Ubrique. Por cierto, como dijimos, una broma de corrida en la que Pablo Aguado, por sus expresiones, daba la impresión de que estaba frente a una de Pablo Romero, por citar una ganadería que fue grande en su momento cuando, en realidad, estaba engañando a los aficionados puesto que, si aquello eran toros que baje Dios y lo certifique.
Del modo que actuamos jamás arreglaremos los problemas de la fiesta porque si decimos defender al toro y no lo hacemos, o somos muy cobardes o muy comprados. Algo huele a podrido en el toreo cuando, por ejemplo Juan Pedro Domecq sigue vendiendo sus burros a granel y, lo que es peor, se los compran. Es lamentable que, de cara al gentío, tenga más renombre Juan Pedro Domecq que Victorino Martín, eso es un desacato en toda regla, un despropósito inenarrable. ¿Qué tiene en común las citadas ganaderías? Que todos los toros tienen cuernos pero, poco más. Sería como mezclar churras con merinas, ¿verdad? Y he dicho Victorino por no nombrar otras ganaderías de semejante estirpe que, con la lidia de sus toros engrandecen la fiesta más española que existe. Pero eso hay que contarlo a los cuatro vientos; no podemos quedarnos en lo que otrora era una ganadería brava –Juan Pedro- y ahora es una parodia de sí misma, por dicha razón tenemos que seguir enfatizando en la defensa del toro en su maravillosa dimensión de raza, casta y bravura.
Claro que, para desdicha de los aficionados, priva ante todo el animalito santificado antes que un auténtico toro de lidia. Y esa es la tragedia que nos asola por completo. Están destruyendo la fiesta los taurinos y sus adláteres y nadie rompe una lanza por la dignidad del espectáculo. Como dije, gracias a esa adulteración de la camada brava es por ello por lo que, Morante, como el mundo sabe, ha toreado cien corridas de toros sin sufrir el menor rasguño; que se dice pronto, doscientos toros saliendo ileso todas las tardes.
No sé si me explico. Yo no quiero que el toro hiera a nadie, nada más lejos de mi ser y de mi pensamiento pero, como aficionado abogo por que el bicorne tenga el peligro correspondiente para que, desde los tendidos nos emocionemos los aficionados. Para torear de salón ya lo hacen los diestros en sus entrenamientos; mientras que un torero no exponga su vida y el aficionado así lo perciba, eso de que el toro es el eje de la fiesta es puro camelo.
El toro, como es natural y lógico, como animal es imprevisible en su comportamiento, algo que sabemos todos y aceptamos con resignación puesto que, todos quisiéramos que el animal saliera siempre bravo para que el diestro pudiera hacer la faena soñada pero, al margen de ello, lo que si debemos de exigir es un mínimo de dignidad del animal si de casta y fiereza hablamos. Lo que es indignante es lo que lidió Pablo Aguado en Ubrique puesto que, como antes dije, tanto él como Morante se burlaron de las buenas gentes que acudieron a dicha plaza para despedir la gran temporada de Morante. Y, lo más grave de la cuestión es que, tardes como la citada, a lo largo de la temporada se han repetido por cientos.
Apostasía que reniega del fundamento y justificación moral del rito (la corrida). El toro muere cara a cara, vida por vida, públicamente; con reverencia, liturgia, identidad y oportunidad de defensa. En alegoría religiosa de la competencia biológica original, que mantuvimos, cuando éramos decentes, dignos y ecológicos (no ecologistas), con la naturaleza toda.
—¡Voto por elGeneral López para que los diputados no sean asesinados! —dicen que clamó el senador Mariano Ospina Rodríguez hace 183 años en el congreso colombiano.
El general José Hilario López, conmilitón de Bolívar, veterano además de la guerra de independencia, de varias guerras civiles, entre las muchas que han jalonado nuestra historia, fue así electo presidente de la república por un cuatrienio, durante el cual abolió la esclavitud, expulsó los jesuitas y modernizó el estado, hasta donde pudo. Sin prohibir el toreo.
El poeta José Eusebio Caro, su indeclinable opositor, copartidario de Rodríguez, dedicó a esa elección estos duros versos…
La esposa del romano Colatino,
a verse impura prefirió morir,
los hombres del congreso granadino
besaron la mano al asesino
a trueque de vivir.
Tras lo cual debió exiliarse a Estados Unidos, de donde solo pudo volver para morir joven (37) en Santa Marta, cerca de donde había fallecido 23 años antes El Libertador.
Bueno. ¿Y qué tiene qué ver todo esto con los toros? Pues mucho, creo. Sobre todo, ahora, cuando el parlamento sucesor de aquel de 1849 se dispone a votar (¿mañana?) una sustitutiva del proyecto prohibicionista, la cual, a cambio de seguir con un espectáculo adulterado, “racionalizaría”, “morigeraría” la esencia del rito, mediante la muerte indigna del toro.
Misma que día tras día, sufren millones de animales en el mundo. El asesinato aleve, sórdido, a mansalva y sobreseguro, con ocultamiento, en los corrales o en el matadero, luego de haberlo burlado, y de paso, anticipar la extinción de la especie a corto plazo.
Apostasía que reniega del fundamento y justificación moral del rito (la corrida). El toro muere cara a cara, vida por vida, públicamente; con reverencia, liturgia, identidad y oportunidad de defensa. En alegoría religiosa de la competencia biológica original, que mantuvimos, cuando éramos decentes, dignos y ecológicos (no ecologistas), con la naturaleza toda.
Si los toros tuviesen uso de razón, libre albedrío y voz y voto, como presumen delirantemente los auto concesionarios del “derecho animal”, creo que hoy podrían mugir a coro, por todas las dehesas de la tierra, las rimas de Caro, increpando a los “taurinos” fementidos que quieren besar la mano de quienes pretenden asesinarles vilmente a trueque de vivir (su negocio).
Conmigo que no cuenten estos “morigeradores”. Además, creo que la oportunista y envalentonada mayoría parlamentaria tampoco les arrojará esas treinta monedas... Mejor así.