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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 3 de julio de 2019

La función de Vox / por Hughes


Pacto Ribbentrop-Mólotov

Primero fue lo del voto ultra, luego lo del voto útil, y ahora la presión para no impedir los “gobiernos de la libertad” mientras acepta dócil el cinturón sanitario. Tú me das tus votos, yo te llamo facha y los cojo con guantes profilácticos como si fueran un análisis de orina de Ortega Smith. Al PP le interesan de Vox los votos y escaños, a Ciudadanos que se resigne a una posición de dudosa legitimidad impuesta por cuatro mandarines con buen pelo.


Hughes
Va quedando clara la función de Vox. Este partido tenía que recoger uno por uno los votos que perdió Rajoy y que este PP no podría recoger. Recuperar a los desencantados católicos, a los llamados liberales, a los decepcionados por la continuidad de cierto zapaterismo o (esto no se dice nunca, como si no fuera posible) a las derechas hartas de corrupción y, una vez reunidos, a costa de pagar el precio de la marginalidad y recibir el apelativo de “ultra”, le correspondía recuperar además eso que el PP llamó “la España de los balcones”, y que por su balcón, ni por el de los demás, iba a aparecer.

Mientras tanto, Abascal serviría de pivote y excusa para los volatines llamémosle liberales de Ciudadanos. Vox serviría para centrar, europeizar, macronizar a Ciudadanos y para que el PP vendiera la idea de un centro-derecha moderno, europeo, semper y siamés del PSOE, heredable, turnable y, por tanto, permisible. Un PP a la altura de las televisiones del sorayismo. El PP, sin querer, externalizaba así el cordón sanitario que tanto tiempo sufrió y que ahora pasaba a Vox.

Recuperados los votos, Vox tendrá ahora que cedérselos a sus legítimos propietarios, reintegrando también al Sistema, en evidencia de su naturaleza autótrofa, a los indignados del “procés”, aunque eso suponga regalar también y defraudar a los nuevos votantes que no provengan del PP, que alguno habrá, alguno parece haber, una sensibilidad no recogida en lugar alguno. Gente que observa con indignación el insulto a su voto, posición e ideas -siempre y en lo posible distorsionadas-.

Pero en cierto modo es peor lo de los exvotantes del PP. Ellos no lo sabían, pero al no votar al PP estaban volviendo a votar al PP. ¡Qué se habrán creído! ¡Mira que irse en esta coyuntura! Con tantos impuestos por bajar, con tanta libertad circulatoria por recuperar. El exvotante del PP es la rubia huyendo de la mansión en una película de miedo. De repente, cuando está a punto de salir, un tertuliano con voz suavizada de consensos le cierra la puerta en las narices. ¿Dónde te crees que vas, votante de centro-derecha? ¡No saldrás nunca de esta Casa Encantada!

Primero fue lo del voto ultra, luego lo del voto útil, y ahora la presión para no impedir los “gobiernos de la libertad” mientras acepta dócil el cinturón sanitario. Tú me das tus votos, yo te llamo facha y los cojo con guantes profilácticos como si fueran un análisis de orina de Ortega Smith. Al PP le interesan de Vox los votos y escaños, a Ciudadanos que se resigne a una posición de dudosa legitimidad impuesta por cuatro mandarines con buen pelo.

Vox tiene reservada esa función, parece que ninguna más, y viendo la unanimidad ambiental (hoy un locutor comparaba su posición en Murcia con el pacto nazisoviético), dudas hay de que pueda hacer otra cosa. Hasta aquí llegó la broma. Está en juego drenar o no parte de la estructura y capilaridad del PP y el doblez “liberal” de Ciudadanos, su torsión fácil, la flexibilidad “sistémica”, algo que puede ser muy útil llegado el caso y que encuadra a España en la ideología “desde arriba” macroní.

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