la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 4 de abril de 2010

Y AL TERCER AÑO RESUCITÓ.... / Por Juan Lamarca

Imagen de Jesús del Gran Poder
Capilla de la Plaza de toroa de Las Ventas de Madrid
Y AL TERCER AÑO RESUCITÓ…

Por Juan Lamarca
Del toro al Infinito

Madrid, 4 de Abril de 2010.
Tres años, tres, hubieron de pasar para que la Imagen de Jesús del Gran Poder venerada por la familia Bienvenida, saliera de su “sepulcro” del patio de la casa, ya de General Mola, dónde al inicio de la contienda civil tuvo que ser enterrada por el Papa Negro bajo la arena y las hojas secas de la arboleda del jardín.

En el Madrid rojo del 36, campando la horda a sus anchas, y en plena persecución religiosa, el temor da la familia Bienvenida a las requisas de los milicianos en su domicilio, les obligó a hacer desaparecer todo vestigio de devoción cristiana, y es así que el “pater familias” Manuel Mejías procedió al entierro entre sus muros de la imagen sevillana, de tamaño natural, que su esposa, la sevillanísima Doña Carmen Jiménez, se hizo traer desde la finca de “la Gloria de Pilares” presidida por el Cristo del Gran Poder.

El nubarrón que, con la irrupción de la República, ensombreció el campo social y político de España, puso en vilo a la familia Bienvenida y la convirtió en punto de mira del rencor y el odio que destilaba la nueva clase dominante. No obstante el regordío alcalde socialista de Madrid, Pedro Rico, consciente del prestigio del “Papa Negro” le invita, a pesar de viejas rencillas, a la inauguración de la Plaza de Las Ventas, y así un 17 de Junio de 1931 el afamado diestro retirado asesora al presidente del festejo, el malhadado Alcalde, en esta primera corrida junto con los famosos ex matadores de toros Rafael Guerra “Guerita”, Antonio Fuentes, Ricardo Torres “Bombita”, Rafael González “Machaquito”, y Vicente Pastor.

En este tiempo la lucha del artífice de la estirpe Bienvenida es dura pero incansable; entre la estela de los triunfos de sus hijos Manolo Y Pepe, culminada con el corte, por el primero, de dos rabos en la plaza de Madrid, se cierne el drama de una pistola asesina que acaba con la vida de su hijo Rafaelito, y el traslado desde la plaza de Manzanares, con su hijo Pepote, del agónico Ignacio Sánchez Mejías herido de muerte aquel Agosto del 34.

La situación empeora y el inevitable estallido de la guerra civil le hace vivir a Manuel Mejías los días más penosos y tristes de su aventurada vida.
Primero huyen de Madrid sus hijos Manolo y Pepe. Ya sin ellos, un día los milicianos intentan llevarse al padre para la “checa”, cuando se hallaba en el cuarto de baño, y, como única defensa, se abre el albornoz, y mostrando su cuerpo cosido a cornadas, les dice: “Veis, todo lo que tengo y lo que soy lo he ganado así”. Y entonces uno de ellos reacciona y dice a los otros: “Vámonos, dejemos a este hombre”.

Con la estratagema de torear su hijo Antonio Bienvenida en Orán, consigue un salvoconducto y viajan padre e hijo a Argelia desde Alicante, para luego esperar la llegada de su esposa Carmen y los tres pequeños, Ángel Luis, Carmen Pilar y Juanito que, sin embargo, tardan largo tiempo en embarcarse, y al ser reconocidos por los milicianos son bajados del barco, siendo ella encarcelada y los niños llevados a un hospicio, hasta que meses después se produjera su misteriosa salida gracias al milagro al que siempre atribuyó el acongojado cabeza de familia.

En Junio de 1939, con la victoria de la razón y restablecido el orden, la familia Bienvenida vuelve a Madrid. En la casa saqueada solo quedan las históricas cabezas de toros que los milicianos habían abandonado en el jardín, y, paradójicamente, la cama del hijo que ya no volvería, el joven y triunfador Manolo Bienvenida fallecido un año antes, y que con su gallarda valentía en las filas nacionales incrementó la sevicia roja contra su familia. En aquel hogar vuelve a reinar Jesús del Gran Poder, cuya imagen fuera sepultada bajo la arena dónde el Papa Negro recreara la escuela de tauromaquia que forjara a sus hijos toreros.

Ya podían orar los Bienvenida, y Doña Carmen Jiménez se podría postrar ante su Cristo para rezar por sus hijos en tardes de corrida, como así lo hiciera cuando toreaba el Papa Negro. Esposa de torero y madre de seis toreros. Su Jesús había resucitado…..a los tres años, a los tres; el mismo Jesús del Gran Poder que sigue recibiendo las preces de los toreros en la Capilla de la Plaza de Toros de Las Ventas donde se encuentra por expreso deseo en su día de la gloriosa dinastía torera, de aquella familia ejemplar, portadora de los más altos valores.

Altar de la Capilla de la Plaza Monumental de Las Ventas
El Cristo de "Los Bienvenida"