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sábado, 24 de septiembre de 2011

MIGUEL ÁNGEL MONTAÑÉS: "EL TC TARDARÁ AL MENOS DOS AÑOS EN RESOLVER LA PROHIBICIÓN DE LOS TOROS"



MIGUEL ÁNGEL MONTAÑÉS: 
"EL TC TARDARÁ AL MENOS DOS AÑOS EN RESOLVER LA PROHIBICIÓN DE LOS TOROS"

Miguel Ángel Montañés, Secretario General Adjunto del Tribunal Constitucional, ha afirmado en una entrevista para el diario Expansión que el Tribunal tardará 'al menos dos años en resolver el recurso de inconstitucionalidad' sobre la prohibición de los toros en Cataluña, presentada por el Partido Popular el pasado mes de diciembre.

Montañés ha señalado que 'entiendo la inquietud del sector taurino y de los aficionados, pero hay que tener en cuenta que el recurso es bastante reciente y hay más de doscientos recursos previos a él que todavía no se han resuelto. Por eso, dos años como mínimo'.

El Secretario Adjunto del Tribunal Constitucional evita en la entrevista pronunciarse sobre la constitucionalidad de la decisión tomada por el Parlamento de Cataluña, y afirma que 'la cuestión no es si se pueden prohibir los toros, sino en qué condiciones y por quién'. 

Montañés cree que 'la cuestión esencial es si puede prohibir los toros una comunidad autónoma'.

 22-09-2011 por Juanma Lamet
El domingo se celebrará en Barcelona la última corrida de la historia de Cataluña. Por ahora. El Tribunal Constitucional (TC) tiene aún que resolver un recurso de inconstitucionalidad que presentó el PP en diciembre. El sector taurino lo espera como agua de mayo, pero va a tardar, al menos, dos años, según asegura Miguel Ángel Montañés, secretario general adjunto del TC, en una entrevista exclusiva con EXPANSIÓN.

¿Es constitucional prohibir los toros? 
Sin duda es una cuestión muy controvertida. Habrá que esperar a la respuesta del TC. Desde luego, la tradición y la historia no son impedimento para el desarrollo de las leyes, y ni la cultura ni las tradiciones son intangibles ni impermeables a la legislación. La propia historia de la tauromaquia ha estado plagada de prohibiciones. Con todo, creo que la cuestión no es si se pueden prohibir los toros, sino en qué condiciones y por quién. 

¿Y en qué condiciones sería constitucional la prohibición? 
En los últimos años, el bienestar animal se ha convertido en un principio transversal y son muchas las leyes y normas que lo recogen. Y su protección bien puede ser un fin legítimo para fundar la restricción de derechos siempre que así lo decida el legislador. Ahora bien, una prohibición podría ser desproporcionada al afectar los derechos a la libertad empresarial y profesional de miles de personas, aparte del coste medioambiental, pues los espectáculos taurinos hacen que sea económicamente viable la cría de reses bravas y la protección de espacios naturales de alto valor ecológico. De otra parte, la prohibición sólo de las corridas de toros y no de otras actividades que también afectan al bienestar animal se antoja una decisión poco coherente del legislador que, en algún caso, hasta podría considerarse arbitraria y discriminatoria. Entiendo que los antitaurinos pidan la prohibición de las corridas y no de la caza o de los festejos taurinos populares, por ejemplo, pero el legislador no puede prohibir unas actividades y autorizar otras. 

Pero, ¿puede una comunidad autónoma prohibir? 
Esta es la cuestión esencial, y la respuesta varía según la perspectiva. Si consideramos los toros como un espectáculo más, desde luego las Comunidades Autónomas (CCAA) tienen competencia para hacerlo, pues las competencias estatales en materia de espectáculos versan únicamente sobre el orden y la seguridad públicos. Lo mismo ocurre en materia de protección de animales, sobre la que no parece que pueda discutirse la competencia autonómica. Pero es dudoso que esta prohibición respete el equilibrio entre la unidad económica nacional y cierto grado de diversidad. Además, no se puede prohibir el patrimonio cultural de todos los españoles... Las dudas también surgen si entendemos la fiesta de los toros como fenómeno histórico y cultural, pues las competencias sobre cultura son paralelas entre Estado y CCAA, correspondiendo al primero la preservación del patrimonio cultural común. Una cosa es fomentar la cultura propia, para evitar un modelo cultural único y uniforme, y otra prohibir manifestaciones culturales. Siempre he pensado que la cultura no puede prohibirse. 

¿Cuánto tardará en resolverse el recurso de inconstitucionalidad del PP? 
Es difícil anticiparlo, aunque preveo que no se resolverá a corto plazo. No me atrevo a decir una fecha, pero no antes de dos años. Eso, como mínimo. Lo más probable es que se tarde más. Entiendo la inquietud del sector taurino y de los aficionados a los toros, pero también hay que tener en cuenta que el recurso es bastante reciente, de finales del pasado año, y que hay más de doscientos recursos de inconstitucionalidad interpuestos con anterioridad aún pendientes de resolver. 

¿Es contraproducente que la recogida de firmas para ILP taurina no marche bien?
 A mi juicio, es indiferente. Es más, considero que no es buena la proliferación de iniciativas legislativas populares (ILP), sobre todo teniendo en cuenta que en modo alguno son vinculantes. 

¿Puede sentar esta prohibición un precedente para otras autonomías? 
Algunos pueden pensar que estamos ante un tema coyuntural, pero creo que se equivocan. El fenómeno abolicionista intentará seguir en otros lugares y por eso es preciso que busquemos respuestas razonadas a la pregunta de si pueden o no prohibirse los toros. 

¿Será otro TC, renovado, el que dirima este asunto? 
No lo sé, pero sería muy deseable, porque supondría que no hay más retraso en la renovación parcial que le corresponde al Congreso de los Diputados, que debería haberse hecho en diciembre de 2010.
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domingo, 6 de febrero de 2011

TELEVISIÓN ESPAÑOLA VETA A LAS CORRIDAS DE TOROS PERO PATROCINA UN ACTO SEPARATISTA CATALÁN

Click

Televisión Española patrocinó y emitió un partido de hockey sobre patines en el que había una enorme pancarta detrás de una portería en la que lucía el lema independentistaCatalonia is not Spain’.

 

viernes, 15 de octubre de 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

Paco March: En Cataluña, voto nulo.


“…El que en su día fue noble arte de la política, pocas son las formas que le queda al ciudadano para expresar su rechazo…”

Paco March:

En Cataluña, voto nulo.

El 28 de noviembre los aficionados catalanes y, también, aquellos que sin serlo piensan que la prohibición de las corridas de toros es un atentado contra la libertad y una perversión democrática, tienen una forma tan simbólica como llamativa para expresarlo:

Llenar las urnas con fotos o recortes taurinos.

¿Se imaginan la sorpresa de quienes al abrir el sobre que debería contener la papeleta de PSC, CiU, PP, IC-V, ERC... se encuentren con la imagen de un natural de José Tomás, una verónica de Morante, un redondo de Manzanares, una estocada de El Juli, un par de banderillas de Esplá y, así, a gusto del votante?

En el mercadeo de votos, el puro márketing, la manipulación en que unos y otros han convertido el que en su dia fue noble arte de la política, pocas son las formas que le quedan al ciudadano para expresar su rechazo a todo ello y a quienes así lo han prostituido. Los partidos políticos, todos, se mueven a golpe de encuesta buscando activar aquellos resortes que piensan más rentables para acumular cotas de poder. En el tema taurino, más.

La política, su gestión, debe servir para resolver problemas existentes o previsibles, nunca para generarlos, más aún en un momento como el actual de crisis generalizada y en todos los órdenes. En Cataluña, quienes han sido incapaces, durante años, de detectar el mangoneo supuestamente delictivo de los gestores de una institución tan representativa como el Palau de la Música, en beneficio personal con efecto colateral en organismos públicos u organizaciones partidarias, se han atrevido a dar lecciones de moralidad y ética prohibiendo las corridas de toros, cercenando libertades, anatemizando a parte de la ciudadanía, emprobreciendola cultural y económicamente. En esa línea, Iniciativa per Catalunya –ex comunistas reconvertidos en líricos y pastoriles- ciscándose en las raíces de muchos de sus votantes y militantes, hijos de la inmigración andaluza, extremeña, aragonesa o murciana, incluye en su lista para los próximos comicios a un representante del antitaurino PACMA. La prueba del algodón, lo que faltaba por ver, el asombro.

Pero no es sólo en Cataluña donde supuestos defensores de supuestos derechos animales crecen y se multiplican, encontrando eco y apoyo en los políticos. Basta un mínimo seguimiento de prensa, televisión y portales de internet para constatarlo. Lo van a intentar en Andalucía, en Euskadi, en Madrid. Y ahí es donde, por si algún incauto aún no se hubiera percatado, es donde quedan con el culo de sus miserias al aire, pues lo que para Izquierda Unida del País Vasco es un debate perentorio, para sus homólogos andaluces deja de serlo. Un ejemplo que se repite autonomía por autonomía, partido por partido.

¡A la calle que ya es hora; de pasearnos a cuerpo! clamaba el poeta vasco Gabriel Celaya. Posiblemente habrá que hacerlo, junto a otras muchas acciones en las que imaginación, coraje y unidad puedan poner diques al fariseismo cínico y totalitario.
Entre tanto y en Cataluña –si cae, digo, es un decir- voto nulo, tal vez sólo un brindis al sol, una humorada, pero ¿qué nos queda?

Burladero.com

viernes, 10 de septiembre de 2010

BURRICIEGOS DE PRIMERA CLASE / Por


Enrique Calvet Chambon ***

Burriciegos de primera clase

El insigne maestro Pepe Hillo escribió que de los toros burriciegos (con defectos en la vista) se distinguían tres clases, siendo la primera la de los que ven muy poco de lejos y mucho de cerca, yendo al trapo ante todo lo que tengan próximo. Y, una vez más, como siempre en toda España, como bien dijo el gran filósofo, la metáfora de los toros da que pensar, o permite valorar, lo que tal vez acaezca en el solar patrio.

La liberticida prohibición de las corridas de toros en la Cataluña española, o cis-pirenaica, está sirviendo de distracción, no sólo ante los problemas fundamentales que nos asuelan, sino ‘per se’, confundiendo los conceptos. No vamos aquí a utilizar ni una sola tecla para platicar sobre los aspectos morales o ‘animalistas’ de la tauromaquia. Personas muchísimo más doctas y cualificadas que este plumilla ya han dicho casi todo lo que hay que decir. Aunque no deja de ser reseñable que la gran mayoría de muy ilustres filósofos, literatos y pensadores de España como de acullá, y desde decenios, o siglos, jamás hayan apoyado la prohibición. Tampoco vamos a invertir muchas líneas ante la evidencia: se ha producido una maniobra política anti-española debidamente, y muy eficazmente, pergeñada, construida y engrasada (euros). Reclamarnos a todos, tanto a ‘los anti’ como a ‘los pro’, que no politicemos la prohibición regional, que raya en la auténtica tomadura de pelo y que no puede aceptar nadie que se precie con un coeficiente intelectual cercano a la normalidad. Ha sido un eslabón político dentro de una estrategia política separatista y ‘prou’.

Pero el tema es mucho más grave, y nos dio la pista nuestro presidente del Gobierno, señor Rodríguez -le tengo mucho respeto a los primeros apellidos y a los zapateros-, cuando afirmó que debía -y debíamos- respetar las competencias cedidas a las regiones en materias de cultura. Personalmente opinamos que las políticas culturales son en las que más techo competencial pueden alcanzar los gobiernos regionales. Es de sentido común que quien está cerca de las tradiciones, vivencias y legados históricos de los ciudadanos gestionen la mayor parte de las políticas culturales. Es normal que el gobierno de la Generalidad evalúe cuánto y cómo apoyar la sardana y el gobierno gallego la muñeira, y no un gobierno central. Igualmente, un gobierno regional debe poder decidir si ayuda al fútbol regional más que al rugby, si prefiere diccionarios de bable que financiar más el teatro, o lo que sea. Y hay que respetarlo. Pero no se trata de eso, porque el asunto cambia totalmente de concepto cuando de lo que se trata es de prohibir y erradicar. Y más tratándose de un bien cultural común de todos los españoles.

Para dar un ejemplo palmario alejado de las arenas: el gobierno canario puede subvencionar o no la lucha canaria, pero no puede prohibirla porque de pronto le entre la vena de pensar que es un espectáculo violento. Porque, como españoles, sometidos a una Constitución -y casi diríamos como simple ciudadano del mundo- tenemos derecho a poder elegir disfrutar de ese precioso deporte ancestral cuando vayamos a las islas. Y nuestro Gobierno, el de España, tiene el inexcusable deber de proteger nuestras libertades y nuestros derechos civiles en todo el solar patrio. Si no nos contentamos con entrar al trapo y vemos un poco más allá, hacia lo esencial, percibiremos que, otra vez, lo que se ha atropellado son nuestras libertades. Y eso, señores, es harina de otro costal. Es un concepto gravísimo y, desde luego, exige la intervención del Gobierno de España, si éste admite que su primordial deber ante cualquier otro es el de proteger las libertades y los derechos civiles de los ciudadanos, todos, y si no, en democracia, de la mayor mayoría. ¿Lo admite?

Claro que es fácil disimular esa agresión esencial cuando se centra en un arte o espectáculo, según opiniones. ¿Cómo nos vamos a rebelar contra esta prohibición si ya se impide ‘de jure’ o ‘de facto’ educar hijos en la lengua común de los españoles a muchos padres españoles -¡qué monstruosidad!-? ¿Va a ser esta prohibición regional más indignante que la persecución gestapiana por rotular en castellano? ¿Nos va a soliviantar más el tener que ver corridas fuera de la Cataluña ibérica que someter a nuestros hijos de las clases humildes -los otros van al colegio alemán, por ejemplo- a libros de textos mentirosos, manipuladores y enemigos de la convivencia y la inteligencia? Y tantas y tantas muestras de libertades y derechos civiles agredidos.

Pues reflexionemos al menos sobre lo sustancial que se esconde tras cada atropello político, reflexionemos al menos sobre cómo quedan nuestros derechos. Despreciando el señuelo a la distancia corta, pero oteando los abismos del horizonte, no vaya a ser que en ellos se precipiten nuestras libertades. Y decidamos si queremos sólo atender al señuelo. Pero no olvidemos que los toros bravos, que ven lo que hay que ver, pueden ser indultados y siempre son magníficos, dignos y admirados. En cambio a los burriciegos, inútiles, les espera el matadero y sólo dan pena.

***Licenciado en Lengua y Literatura Hispana, Ciencias Físicas y economista. Miembro del Consejo Político de UPyD

Cope.es

lunes, 16 de agosto de 2010

Las corridas de toros: ¿Principio del fin? Por Álvaro Vargas Llosa

¡ Marchando una de solomillo....!


Las corridas de toros: ¿Principio del fin?

"...Las corridas de toros han sido debatidas durante siglos,
y prohibidas por Papas y gobiernos..."


ÁLVARO VARGAS LLOSA

ABC
Día 16/08/2010
Las corridas de toros han sido debatidas durante siglos, y prohibidas por Papas y gobiernos. Incluso Hemingway admitió en «El verano peligroso» que «cualquier cosa capaz de despertar pasiones a favor despertará sin duda pasiones semejantes en contra». Pero la decisión del Parlamento de Cataluña de prohibir las corridas de toros a partir de 2012 es la mayor victoria lograda hasta ahora por sus detractores.

Para los nacionalistas catalanes, la prohibición del toreo es en realidad un arma contra España. Vino a remolque de la decisión del Tribunal Constitucional de dejar sin efecto la disposición del Estatuto de Autonomía que define a Cataluña como una «nación». Conscientes de que las corridas vienen declinando en su comunidad desde hace algún tiempo, los nacionalistas sabían que tenían una oportunidad para disparar una bala perfecta en el corazón de la cultura española.

El argumento moral de los políticos catalanes hubiese sido creíble si la carne y el «foie gras» también hubieran sido prohibidos, y si no hubieran hecho una excepción con el correbous, ritual del sur de Cataluña que consiste en prender fuego a los cuernos de un toro y tirar de su rabo. Nadie podrá acusar de coherencia moral al nacionalismo catalán, cuyos ataques contra las libertades locales son desvergonzados. La mitad de los habitantes de esa región considera al español su lengua materna, pero las leyes dictan que la educación primaria sea recibida en catalán y que los comercios presenten rótulos e información en ese idioma.

Los detractores de las corridas tienen todo el derecho de no asistir a una plaza, de vituperarlas desde los medios de comunicación y de manifestarse en su contra. Pero prohibirlo es un acto totalitario. Los españoles en general lo han entendido así. Una encuesta reciente mostró que al 60 por ciento de los ciudadanos no les gustan las corridas, pero el 57 por ciento está en desacuerdo con la prohibición catalana.

Es posible que las corridas de toros dejen de ser una tradición cultural extendida. Las encuestas muestran que a los menores de 35 años no les interesan. Un efecto de la globalización es el ritmo acelerado del mestizaje cultural, por lo que las viejas costumbres tienen más dificultades para atraer a las generaciones más jóvenes, expuestas como están a las influencias internacionales. Pero, ¿tengo acaso derecho, como simpatizante del toreo, a proteger por la fuerza a los jóvenes de las influencias externas para preservar esta tradición cultural, que en su versión moderna se remonta al siglo XVIII? No tengo más derecho a hacer eso que el que tiene el Parlamento catalán de decretar la extinción de la tradición. Muchas formas del trato a los animales son crueles.

Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, 8,600 millones de pollos, 570,000 vacas y toros, 839,000 de cabras y 113,7 millones de cerdos fueron sacrificados en este país el año pasado. El peso total de los bovinos y cerdos sacrificados en Europa en 2008, según la Comisión Europea, fue de 8 millones de toneladas y 22,5 millones de toneladas, respectivamente. Cualquiera familiarizado con algunos de los métodos empleados consideraría a las corridas de toros, donde el matador arriesga mucho más que los matarifes, una confrontación menos sangrienta y desigual.

Llevado a su extremo lógico, el argumento contra la lidia privaría a los seres humanos de cualquier alimento relacionado con los animales. Desaparecerían las vacas de pastoreo que degradan los ecosistemas. Dado que la agricultura amenaza la ecología, tendríamos que suprimirla también. Si revocar toda dominio del hombre sobre la naturaleza es lo que los taurófobos desean, que aboguen sin complejos por eso mismo. Es más honesto reconocer el verdadero objetivo que comportarse de la manera hipócrita y falaz en que el Parlamento catalán ha prohibido las corridas a pesar de que apenas el 5 por ciento de los toros de lidia son utilizados en las festividades españolas cada año.

La fiesta española ha preservado toda una raza de ganado en los últimos tres siglos. El toro de lidia probablemente se habría extinguido —como ocurrió con sus ancestros, los urus, en el siglo XVII— si no fuera por la cría selectiva y el cuidado con el cual se prepara a estos toros en las dehesas y haciendas españolas y latinoamericanas. ¿Es la protección de animales el nombre apropiado para una campaña que acabaría con toda esta raza?

Un aspecto de la tauromaquia merece ser condenado: los subsidios del gobierno. La Unión Europea y los tres niveles del Estado español gastan unos 500 millones de euros anualmente. ¿Correrían peligro las corridas de toros sin esas subvenciones? Tal vez. Pero esa es una decisión que corresponde a individuos libres. La cultura que vive de los úcases deja de ser cultura.