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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 15 de septiembre de 2026

EL GUSTO MANDA / por Jubilado viajero

'..El gusto, en los toros, tiene además la particularidad de que suele parecerle a cada espectador una cosa exclusivamente personal, cuando con frecuencia coincide con el de varios miles de personas que ocupan las localidades de al lado..'

EL GUSTO MANDA

Se dice que sobre gustos no hay nada escrito y mi percepción me dice que eso no es enteramente cierto. Sobre gustos hay muchísimo escrito, aunque casi nunca lo escriba nadie. En el ámbito taurino lo escriben los públicos con sus aplausos y los empresarios con sus carteles.

El gusto, en los toros, tiene además la particularidad de que suele parecerle a cada espectador una cosa exclusivamente personal, cuando con frecuencia coincide con el de varios miles de personas que ocupan las localidades de al lado.

Hay épocas en que un torero es del gusto de casi todo el mundo --fue el caso de Manuel Benítez “El Cordobés” en la década de los 60--. Esto no quiere decir que todo el mundo tenga buen gusto, sino que, durante un tiempo, el gusto de todo el mundo coincide.

El torero de moda tiene entonces una ventaja considerable, porque además de gustar, hace que guste.

Pero las modas taurinas son tan mudables como las demás. Lo que ayer parecía imprescindible mañana puede parecer innecesario, y lo que ayer sólo entusiasmaba a una minoría puede acabar hoy llenando las plazas --Morante de la Puebla es claro ejemplo de esto último--. En esto, el gusto se parece bastante a la historia, pues suele dar la razón a los que tuvieron paciencia.

Por lo demás, que un torero guste a la generalidad no demuestra que sea mejor que el que gusta a una minoría. Demuestra únicamente que ha conseguido reunir una mayoría. Y una mayoría, en materia de gustos, no es una prueba; es una estadística.

Lo verdaderamente interesante empieza cuando el aficionado sabe por qué le gusta lo que le gusta. Y más aún cuando comprende que otro aficionado puede saberlo también y, sin embargo, preferir exactamente lo contrario.

Una plaza donde todos pensasen lo mismo sería una plaza muy aburrida. En los toros, como en la vida, conviene que haya siempre alguien que diga que aquello ha sido una maravilla y otro que conteste que no ha visto nada. A ser posible, los dos con razón. Por eso es conveniente conservar alguna discrepancia. El aficionado que piensa exactamente como todos los demás corre el peligro de ser simplemente público.

Y en los toros, como en política, quizá lo más saludable sea que uno conserve siempre una pequeña minoría dentro de sí.

Jubilado viajero

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