'..¿Por qué las figuras del toreo no se miden a toros como los de ayer? puede que el asunto esté en esas embestidas que no dejan colocarse a gusto al matador, a esas cabezas con pitones afilados, a ese empuje del toro bravo (aunque luego sea manso en el caballo) que no deja pensar..'
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Domingo, 13 de septiembre de 2026. Primer desafío ganadero del mes de septiembre.
Encierro de toros de Valdellán (procedencia, encastes Santa Coloma y Graciliano y Alipio Pérez-Tabernero) y de Juan Luis Fraile (encaste Santa Coloma y Graciliano Pérez-Tabernero). Se coló un toro de El Montecillo (procedencia Juan Pedro Domecq) corrido como tercero al ser devuelto uno de los toros de Valdellán. Bien presentados. Dieron juego, ofreciendo una variada y emotiva corrida. Los toros de Valdellán, el primero, manso y encastado; el quinto, bravo. Los toros de Juan Luis Fraile, el segundo, manso y fiero; el cuarto, manso y manejable; el sexto, manso, noble y con transmisión. El toro de El Montecillo, manso, perita en dulce. Público, rozando el tercio del aforo. Tarde de verano septembrina.
Terna: Pérez Mota, de El Bosque (Cádiz); de azul marino y oro; diecinueve años de alternativa; un festejo en 2025, y ninguno en 2026; saludos y saludos. Alberto Lamelas, de Cortijos Nuevos (Jaén); de burdeos y azabache; diecisiete años de alternativa; un festejo en 2025 y tres en 2026; ovación tras un aviso y vuelta al ruedo. Juan Carlos Venegas, de Beas de Segura (Jaén), de grosella y oro, con cabos blancos; dieciséis años de alternativa; ningún festejo en 2025 y dos en 2026; silencio tras un aviso y silencio tras dos avisos.
Entre los tres matadores sumaban siete festejos en total a lo largo de las temporadas 2025 y 2026.
Suerte de varas: fueron puestos al caballo de manera muy desigual. Se les picó muy mal, no destacando ningún puyazo. Mucho metisaca y barrenado. Puyas caídas. Tarde aciaga de los varilargueros, que cumplirían órdenes. Como ejemplo del tono seguido en la tarde, describimos la suerte de varas del quinto toro de Valdellán que hizo pelea de bravo. La primera vara la tomó al relance, con el hierro trasero y caído, el toro empujó y salió al capote. En la segunda, sí fue puesto en suerte, se arrancó, volviéndole a caer el hierro trasero y caído, dándole metisaca del bueno el picador Luciano Briceño, que tapó la salida al toro mientras se encelaba, el ejemplar cinqueño de Valdellán, «Hechicero», salió al capote.
Buenos pares de banderillas de Iván García que saludó. Lidió bien con el capote al sexto, Raúl Ruiz.
Por PEPE CAMPOS
En los tiempos que nos está tocando vivir es costumbre ver de manera ineludible, en las corridas de toros, el mundo al revés (no dudamos que en tiempos anteriores la vida también se mostrara dura), así en una tarea heroica como la de matador de toros observamos que lo sencillo (lo chupado) le toca lidiarlo a los toreros que más experiencia tienen y se encuentran con la puesta a punto, no digamos si ese matador es máxima figura; mientras que lo duro (donde hay que tragar y ser verdaderamente héroe) le corresponde lidiarlo (sin que existan excepciones) a los toreros que cosechan escasos contratos en su devenir taurino y que cuando torean les toca bailar siempre con lo más feo. Se nos dirá que así es la vida y que siempre lo será de este modo. No hay vuelta de hoja. Lo curioso es que este fenómeno sucede en una labor que se tiene como excepcional, como extraordinaria, como referente social de lo que debe ser el valor humano a la hora de enfrentarse a los pormenores de la vida. Pues bien, encontramos que una faceta tan trascendente de la cultura humana, como es la de lidiar toros bravos para dominarlos con técnica y arte, no tiene nada de anómala, ni de ejemplarizante, ya que según estamos acostumbrados a ver en otros desempeños a los que se dedica el hombre, las situaciones difíciles y de mérito les toca pecharlas a aquellos que tienen menos bagaje, en tanto, las tesituras fáciles son acaparadas (reservadas) por quienes más vuelo poseen en la profesión, más fama y más poder. El mundo al revés. Pues si el mérito o alabanza reside en enfrentarse a lo complicado como demostración de sabiduría y valor una vez resuelto el escollo —más en una dimensión ética que se dice posee el toreo— nos encontramos con la sorpresa (no tanta, la picaresca existe) tarde tras tarde, festejo tras festejo, que lo duro le corresponde solucionarlo al pobre o desfavorecido y lo mollar al rico y «mandón». La tauromaquia es un territorio de obediencia y de jerarquía.
Ayer se lidió en Las Ventas una corrida a modo para que las denominadas figuras (esas que salen a hombros todas las tardes, en esas plazas de Dios, toreando chotas con algo más que la intervención de las bolitas en los pitones) tomaran auténtica fama. Todos los toros embistieron y de qué manera. Pues resulta que esos toros de ganaderías desdeñadas por las figuras del toreo, por poseer un comportamiento complicado a partir de su bravura, fueron lidiados por tres toreros que sumaban casi ningún festejo en las últimas temporadas.
Vimos a estos tres matadores de toros realizar un esfuerzo al borde de sus capacidades y preparación, un sacrificio que no les pudo aportar gloria porque su rodaje en la profesión taurina era insuficiente; aunque pelearon denodadamente por estar a la altura ante toros que vendieron cara su vida y con los que había que estar muy firme y mostrarse en sazón de competencia. Honor para estos tres matadores de toros que se las vieron ante una corrida de toros de verdad.
Un tipo de corrida que no ven esas figuras del toreo que están asociadas al monoencaste Domecq, sin atreverse a enfrentarse a otras procedencias. Ejemplo de ello es que lo que no es hoy Domecq, hay que denominarlo «minoritario» porque va siendo relegado hacia su desaparición. En el fondo se encuentra el modo de eludir la dificultad, de sustraerse al esfuerzo, fiel reflejo de los tiempos Logse que invaden lo social. ¿Por qué las figuras del toreo no se miden a toros como los de ayer? puede que el asunto esté en esas embestidas que no dejan colocarse a gusto al matador, a esas cabezas con pitones afilados, a ese empuje del toro bravo (aunque luego sea manso en el caballo) que no deja pensar. Etcétera. Por otra parte, ayer, como lección didáctica, se lidió un toro de la otra corriente, de la tendencia usual de lo comercial, nos referimos al ejemplar de la ganadería El Montecillo, lidiado como sobrero, que comparado con sus hermanos de festejo vino a ser como el tonto de turno, que se dejaba hacer y que pudo aportar un triunfo sonado a esa figura del toreo que no se hace presente nunca en Las Ventas ante toros de encastes bravos y embestidores.
El primer toro lidiado ayer correspondió a la ganadería de Valdellán, de buena cuerna, largo y proporcionado, cuatreño, mal picado por Pedro Iturralde, que aunque le cogió bien en el primer puyazo, lo barrenó. Aquí puede que apareciera ese terror que tienen los piqueros hacia los toros de los encastes «libres». Este y el siguiente puyazo trasero lo acusó el astado, que aún así llegó a la muleta con embestida potente, que de haberse conducido convenientemente hubiera aportado tandas de muletazos emocionantes. Pérez Mota hizo un esfuerzo, si bien por las afueras, con el mérito que el toro era de verdad y no de juguete. Puso por su parte todo el saber, mientras el toro le fue ganando la pelea. La faena fue planteada en terrenos del nueve. Lo mató de pinchazo caído en la suerte contraria y de estocada tendida en la suerte natural.
El segundo toro correspondió a la ganadería de Juan Luis Fraile, cuatreño, ofensivo de cuerna, cornivuelto, largo, fiero de comportamiento. Hacía tiempo que no se veía un toro de esas características, que fue manso y encastado. Muy mal picado, la primera vara, al relance, caída y pegándole, la segunda, al huir el astado, fue resuelta en el los terrenos del cuatro. Puede que le faltara una tercera vara y haberse proporcionado el castigo. El toro necesitaba sometimiento pues protestaba en las embestidas y se revolvía en un palmo de terreno. Alberto Lamelas le planteó gallarda pelea en terrenos del nueve y del diez mostrando valor seco. Las tandas por la derecha salieron con emoción y con el intento de Lamelas de embarcar al animal; la tercera tanda, meritoria, aguantando y conduciendo, y salvando el viaje de vuelta del ejemplar de Fraile. Con la izquierda el mismo tono. El torero se crece. Dos naturales realmente buenos. Vuelve a la derecha con pases largos y logrados. La última tanda, baja. Lo mata mal de un pinchazo bajo en la suerte contraria y pinchazo bajo perdiendo la muleta y con el toro persiguiéndole hacia terrenos de sol, donde lo finiquita tras cuatro descabellos.
El tercer toro de Valdellán de buena cuerna, ofensivo, cinqueño, fue devuelto, con cierta precipitación pues salió al capote crecido del segundo puyazo, si bien antes había perdido las manos. El sobrero de El Montecillo, cuatreño, salpicado, abierto de cuerna, alto, sin cuello, acarnerado. En el caballo mostró poca fijeza y escarbó mucho durante la lidia. A la muleta llegó de dulce, manejable y con embestida que ofrecía triunfo. Obediente y con deslizamiento por abajo. José Carlos Venegas le toreó en terrenos entre el ocho y el nueve. A las tandas por la derecha les faltó algo de resolución, de creérselo según iba pasando a «Carpetón». Al natural, Venegas, se colocó mejor y toreó con mayor reposo, algunos de los naturales largos y templados, bien rematados. Al alargar la faena fue decayendo el trasteo y ahogó al toro. Faena a menos, sin rematar. Lo mató en la suerte natural de tres pinchazos, dos de ellos bajos, y una estacada trasera.
El cuarto toro de Juan Luis Fraile, armado, bajo, largo, de 590 kilogramos bien proporcionados, casi cinqueño. Varas caídas. Desastre a la hora de banderillearlo con ocho entradas. El de Fraile tuvo embestidas nobles y manejables. Pérez Mota volvió al esfuerzo, en los terrenos del nueve, aunque en algún pasaje del trasteo (desigual, por las afueras) pareció faltarle confianza o fuelle. El toro iba y al torero le falto claridad pues los pases salían sin rematar y con enganchones. Lo mató en terrenos del ocho de pinchazo caído en la suerte contraria y de estocada en la suerte natural de la que salió prendido y zarandeado.
El quinto toro fue de Valdellán, cinqueño, proporcionado, de fuertes pitones. Bravo. Fue recibido a porta gayola por Lamelas que vio cómo el animal le pasaba a todo tren. Le dio verónicas corajudas de valía. Muy mal picado por Briceño. Lamelas se desdibujó a medida que avanzaba la faena en desigual trasteo, sin llegar a cogerle el punto, es decir, la distancia y el modo de conducir al astado. El toro desbordaba. El toreo no le bajaba la mano. Desfondado. Lo mató con prontitud de estocada desprendida.
El sexto toro, de Fraile, cinqueño, bajo, largo, buena cuerna, acucharado. Venegas lo lidia. Majado lo pica mal, caída la vara y metisaca. En la faena de muleta el toro iba largo y con emoción. Venegas acierta en la distancia. Le faltó convencimiento. Muletazos largos, templados, algo tumbado. La duda fue afianzándose en la tarea. Algún buen muletazo. Lo mató de pinchazos en la suerte contraria y en la natural hasta que el toro se echó.
ANDREW MOORE





















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