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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 19 de septiembre de 2026

Albacete, ¡qué feria! / por Paco Cañamero


'..La grandeza de Albacete es que ha seguido conservando su prestigio aún sin tener figuras, porque la última que tuvo fue Manuel Caballero, siempre con Dámaso presente..'

GRAN CICLO DE SEPTIEMBRE
Albacete, ¡qué feria!

Paco Cañamero 
Glorieta Digital / Salamanca, Septb. 2026
La Feria de Albacete ya enfila su final y, otro año más, los ojos taurinos de septiembre están pendientes de lo que ocurre en el coso de la capital de La Mancha. De una feria de máximo nivel en toda regla, gracias a respetar al abonado con los precios y la seriedad del toro, principal cóctel para mantener vivo el espectáculo, en las antípodas de tener que asomarse a los tendidos de un coso y cerrar los ojos con una media entrada, o menos aún en tantos casos. Además, sobre las arenas de la manchega Chata no vale el triunfalismo impuesto en la actualidad, ni los habituales banderilleros mendigando orejas, como tampoco el triste espectáculo de las mulillas cada vez más frecuente al ser obstaculizadas por peones para que dé tiempo a calentar a la gente y pedir más trofeos. Albacete mantiene ese punto de seriedad tan necesario y por tanto defiende la esencia del festejo.

Allí, alrededor de estos días festivos de septiembre en honor a la Virgen de los Llanos, se tira la casa por la ventana y la capital se llena de forasteros, la mayoría gente venida de todos los puntos de la provincia, además de los muchos miles albaceteños emigrados a Valencia, que fue el principal destino del éxodo de esa tierra. Y está abarrotada con la sinfonía, encanto y el ambiente que siempre definió a las ciudades en sus días grandes -y actualmente perdido en la mayoría-, desde animación callejera, alegría en la gente y lo mejor, la maravilla de esa llamada Sartén, que es un recinto fijo, cercano a la plaza de toros donde se asienta toda la feria, junto a casetas, barracas…

Es tan importante la feria de la Virgen de los Llanos que los feriantes afirman que si los meses del verano se le habían dado mal esperaban como el agua de mayo la llegada de Albacete para resarcirse de sus pérdidas y equilibrar la balanza, al vivirse con total intensidad y sin miramiento alguno a la hora de meterse en gasto. Porque el manchego es trabajador y ahorrativo, pero saben darle rumbo al dinero sin la tacañería del castellano en cuanto llega la feria.


Taurinamente sigue siendo un ejemplo y aunque en los últimos años haya bajado algo la exigencia del toro, lo cierto es que sigue estando un escalón por encima del de Salamanca, del de Valladolid o del de Murcia; también del de Logroño, que ahora es una pantomima de la gran feria que fue en tiempos de La Manzanera con Manolo Chopera al frente. En los últimos años las citadas bajaron el número de carteles a raíz de la deserción de aficionados que se fueron por la escasa raza del toro, el alto precio de las entradas, carteles sin interés… Sin embargo, la capital de La Mancha aguantó el tirón sabiendo qué quería el público.

Además, en Albacete, se mantienen esenciar que, en el resto de España son esencia de otros tiempos. Un ejemplo son los hoteles donde se cambian los toreros y en cuyas cafeterías los profesionales hablan de la temporada, de quién da guerra, de cómo pagan las empresas o… de la ruina que se viene encima. Lo hacen antes de irse a comer a El Callejón, unos de los restaurantes taurinos de más solera de España y que es todo un museo.

Con diez festejos programados en 2026, de los cuales siete son corridas de toros, dos novilladas y una de rejones con la mejor del escalafón, junto a los locales y donde, según se lee en las crónicas, hasta ahora ha sido quien ha apuntado más alto es Morante de la Puebla, quien dibujó con pincel fino el mejor toreo.

La grandeza de Albacete es que ha seguido conservando su prestigio aún sin tener figuras, porque la última que tuvo fue Manuel Caballero, siempre con Dámaso presente. Antes y después han surgido muchísimos toreros, pero la sombra de Dámaso sigue siendo muy alargada, al igual que en Salamanca la de Viti, Capea y Robles, pero supieron tocar las teclas y mantener el prestigio con la perfecta combinación de la seriedad del toro y precios normales, muy en las antípodas de la burrada de otros lugares, de ahí que la capital de La Mancha sea un modelo.

Además, de allí eran un montón de taurinos que contribuyeron a tanta grandeza y esos días no daban abasto a recibir forasteros, desde gente desparecida ya como El Gallo, el inconfundible Tomás Sánchez Cajo, el letrado don Trinidad Campos, el picador El Pimpi y su cuadra de caballos, los ganaderos capitaneados por Daniel Ruiz y su inconfundible puro caliqueño…

Y siempre la grandeza del resto de sus toreros con la imponente figura de Pedro Martínez Pedrés, figura en dos etapas, querido por todos y siempre un señor que se establecía en el Gran Hotel, donde cada año dejaba reservada la mejor habitación para la siguiente feria; también los Amador, los gitanos, con Manuel de patriarca, siempre gente seria y respetada que vivió por y para el toro, mientras que siempre era fácil encontrar a Dámaso González en cualquier lugar, aupado al pedestal de su grandeza, siendo leyenda y un símbolo que, tras su temprana muerte, es reverenciado en el monumento que lo homenajea junto a la plaza de toros.

Y es que Albacete es mucho Albacete.


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