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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 20 de septiembre de 2026

MÉXICO.- La Insurgencia de Aguascalientes rozó el triunfo en una noche de música, arte y gran ambiente. / Por JC Valadez


La Corrida de la Insurgencia volvió a demostrar en Aguascalientes que es una experiencia completamente diferente a una corrida de toros tradicional. Es una puesta en escena concebida hasta el último detalle, una experiencia en la que el toreo dialoga con la música, el arte y la identidad mexicana.

La Insurgencia rozó el triunfo en una noche de música, arte y gran ambiente

Por JC Valadez
La histórica Plaza San Marcos registró un lleno para celebrar el décimo aniversario de un festejo que nació en San Miguel de Allende y que ha encontrado en Aguascalientes una nueva casa. La expectación era enorme. También la belleza del escenario. Sin embargo, de los seis toros lidiados —tres de La Asunción y tres de Santa Inés— únicamente el primero y el sexto permitieron que la tarde-noche alcanzara el nivel esperado.

El Payo puso la clase; la espada negó el premio

Octavio García “El Payo” encontró en el toro que abrió plaza el material necesario para expresar el toreo que mejor lo define. El ejemplar de La Asunción, primero lidiado por la nueva divisa encabezada por Joselito Adame y Luis Morán, tuvo transmisión y calidad, virtudes reconocidas finalmente con un arrastre lento.


Desde el capote, El Payo entendió sus posibilidades. Hubo verónicas templadas, una media de cartel y, posteriormente, una faena construida desde la suavidad y la estética.

Con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes como acompañamiento, el queretano dejó algunos de los pasajes más clásicos y de buen corte del festejo. Toreó sin estridencias, Fue una faena de sensibilidad y personalidad que merecía otro final.

Pero la espada le dictó sentencia al Payo.

Los errores con el acero dejaron el premio en el aire y redujeron una actuación importante a las palmas del público.

Con el cuarto, de Santa Inés, la historia fue distinta. El toro, descastado, terminó refugiándose en las tablas y El Payo tuvo pocas opciones para recuperar lo perdido anteriormente.

Una noche amarga para Juan Pablo Sánchez

Juan Pablo Sánchez cargó con la parte más difícil del encierro.

Su primero tuvo escasas posibilidades y el hidrocálido trató de encontrar soluciones donde apenas las había. Lo mejor llegó precisamente en la suerte suprema, cuando consiguió acabar con el toro mediante una estocada eficaz en un terreno comprometido.

Mucho más accidentado resultó su encuentro con el quinto. Un manso de libro.

El toro de Santa Inés, de finas hechuras, mostró pronto su condición mansa y deslucida. Sánchez intentó sujetarlo y terminó pagando cara su insistencia. Primero fue prendido por una pierna y derribado; posteriormente volvió a sufrir otra fuerte voltereta cuando el animal lo alcanzó por la zona posterior del muslo y el glúteo.

El torero regresó a la cara y buscó hasta el final alguna posibilidad de construirle una faena, pero aquella batalla estaba perdida de antemano.

Fue una noche de esfuerzo, golpes y frustración para Juan Pablo Sánchez que estuvo en torero, pero sin material para alcanzar el triunfo.

Román encontró el toreo cuando la noche comenzaba a apagarse

Después de cuatro toros de escasa historia, la corrida necesitaba desesperadamente un levantón.

Y apareció el sexto.

El ejemplar de Santa Inés tuvo clase y permitió a Román cambiar el pulso de una noche que comenzaba a languidecer. El valenciano había pasado prácticamente inédito con el tercero, un toro que pronto comenzó a desentenderse de la muleta

Pero con el último del festejo todo cambió.

Tras unas chicuelinas de buen trazo, Román comenzóó la faena de muleta con estatuarios y posteriormente llevó al toro hacia los medios. Allí surgió el toreo en redondo, intenso y ligado, con el público completamente metido en la faena.

Entonces sonó Nessun dorma.

La célebre aria de Turandot, interpretada por el tenor Kassem Liévanos, envolvió la San Marcos mientras Román exprimía las embestidas del toro. Por unos minutos, música y tauromaquia encontraron esa comunión que constituye precisamente la esencia de La Insurgencia.

Fue el momento de mayor emoción de la noche.

Román tenía el triunfo en la mano.

Quizá por querer llevar la obra un poco más lejos, prolongó una faena que ya estaba hecha y cuando llegó la hora de matar, aparecieron los pinchazos.

Uno detrás de otro.

La puerta que parecía abierta para el español se cerró de golpe.


El público pasó de la ilusión a la impaciencia y Román terminó marchándose con el gesto serio, consciente de que había dejado escapar una de esas oportunidades que difícilmente regresan.

Una gran producción a la que le faltó el triunfo

La noche terminó entre el Huapango de José Pablo Moncayo y los fuegos artificiales sobre el cielo de Aguascalientes.

También hubo espacio para el piano, con Aarón Juárez interpretando un fragmento del concierto Emperador de Beethoven, además de la participación de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes dirigida por Román Revueltas.

Todo estuvo dispuesto para una gran celebración.

La escenografía, la música, el ambiente y una plaza de toros llena confirmaron nuevamente la enorme capacidad de producción de la Corrida de la Insurgencia. Pocos festejos taurinos en México y Europa poseen actualmente una identidad tan reconocible y una puesta en escena tan cuidada.

Pero la tauromaquia tiene una particularidad que ninguna producción puede controlar: depende del toro, del torero y de ese instante irrepetible en el que ambos coinciden.

Esta vez ocurrió solamente a ráfagas.

El primero de La Asunción permitió a El Payo enseñar su concepto; el sexto de Santa Inés puso en las manos de Román la posibilidad de cerrar la noche por todo lo alto. Ambos encontraron momentos de inspiración y ambos terminaron perdiendo el premio con la espada.

Por eso el décimo aniversario de La Insurgencia no será recordado por algún triunfo.

Será recordado por la gran producción y el gran ambiente que puso la afición de Aguascalientes que acudió a la plaza.

Ficha del festejo

Aguascalientes, Ags. Plaza de Toros San Marcos. Décima Corrida de la Insurgencia. Lleno m. Tres toros de La Asunción (1º, 2º y 3º) y tres de Santa Inés (4º, 5º y 6º), desiguales de presentación y juego. Destacó el primero, premiado con arrastre lento, y el sexto por su clase y movilidad.

Octavio García “El Payo”: Leves palmas y silencio.

Juan Pablo Sánchez: Silencio y pitos tras aviso.

Román: Silencio y división de opiniones.

Fotos: EMSA y México Lindo y Taurino

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