'..no son pocos los grandes alicientes que público y aficionado tienen ante sí para seguir disfrutando de un espectáculo que continúa creciendo y disponer de material para el recuerdo y debate durante la invernada..'
Cuando llega septiembre
Aunque aún quedan dos meses por delante, y todavía mucha tela por cortar y cosas que contar, parece que es con el noveno mes del año cuando se enfila la recta final de la temporada. El fin del verano, la vuelta a una normalidad en buena medida alterada por las vacaciones y sus trastornos, y el retorno a la rutina del día a día nos provoca esa sensación melancólica de fin de ciclo.
Atrás quedan, efectivamente, varias semanas de atracciones sin solución de continuidad que atraviesan nuestra piel de toro de norte a sur y de este a oeste. Desde aquellas ya parecen lejanas ferias de Alicante, Algeciras, Badajoz, Segovia, Ávila, Burgos, Zamora o León al bullicio de Pamplona; de la depauperada y olvidada de manera tan desconsiderada por el taurinismo Feria de Julio de Valencia al esplendoroso serial de las Colombinas.
Una campaña triunfal y brillante en El Puerto que enlaza en zigzag con las no menos triunfales y exitosas ferias de Huesca y Málaga y el esperanzador resplandor de Palma de Mallorca. Más al norte, Gijón, que resiste; San Sebastián, limitada a tres fechas; y Bilbao, que sí que no, empalman con Linares, siempre con Manolete en el recuerdo, Ciudad Real, Cuenca, Palencia y las celebraciones de los alrededores de Madrid: Colmenar, San Sebastián de los Reyes y Alcalá de Henares, entremezcladas con otros muchísimos festejos en plazas de segundo orden.
Y Las Ventas, que ha dado con la tecla de las nocturnas en julio y las corridas más o menos de oportunidad de agosto, que siguen siendo muy importantes.
Pero al cambiar de hoja en el calendario el panorama no cambia. Valladolid, Salamanca, Logroño... ya se ven como próximas citas marcadas en rojo para dar paso a las grandes ferias de novilladas, con Algemesí encabezando una lista en la que destacan Villaseca de la Sagra, Arganda, Moralzarzal, Calasparra, Arnedo y un, cada temporada, mayor número de certámenes basados y pensados para la novillería.
Pero antes, del 8 al 17, surge, inmensa y deslumbrante, la gran Feria de Albacete, un serial administrativamente de segunda pero que por extensión, abono, carteles, ganado y repercusión se sitúa por derecho propio entre las muy principales del año. Diez funciones, más otras varias menores, dan forma a este ciclo que en esta ocasión vuelve a contar con las primeras figuras, da mucha cancha a la numerosa torería local y cierra con el estrambote de una corrida concurso en la que se anuncian hierros de tanta prosapia y gancho como Miura, Cuadri, Samuel Flores, Baltasar Ibán, Fuente Ymbro o Pedraza de Yeltes. A ver quién da más.
Unos kilómetros más al sur, Ángel Bernal, uno de los empresarios más serios, consecuentes y razonables de la actual nómina de gestores de la cosa taurina, ha vuelto a dar muestras de ello y ha pergeñado en Murcia una feria de cabeza y sensatez con la que da un paso a más de cara a la recuperación de este serial como otro de los más importantes de este mes tan taurino. Estructurada en dos tramos, Morante y Roca Rey son los atractivos sobre los que pivota su cartelería, en la que tampoco falta gente de la tierra.
Cuando llega septiembre, con indefectiblemente la cancioncita de Vinton como sintonía de fondo —Sellado con un beso es, desde luego, la que mejor retrata las sensaciones que depara esta vuelta a la cruda realidad—, no son pocos los grandes alicientes que público y aficionado tienen ante sí para seguir disfrutando de un espectáculo que continúa creciendo y disponer de material para el recuerdo y debate durante la invernada.

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