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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 27 de septiembre de 2026

La Misericordia, una caja sin tejado / por Sergio Hueso


'..La plaza de toros de Zaragoza no pertenece a una empresa. Ni siquiera pertenece a los aficionados. Es patrimonio de la Diputación Provincial de Zaragoza, y precisamente por eso corresponde a la institución mantenerla en unas condiciones acordes con su importancia, independientemente de quién organice los festejos..'

La Misericordia, una caja sin tejado

Sergio Hueso 
A La Misericordia le salen las cuentas. Lo que no termina de salirle es la cubierta. Quizá resulte simplista expresarlo así, pero los números invitan, como mínimo, a hacerse preguntas. La Diputación Provincial de Zaragoza acaba de adjudicar el arrendamiento de la plaza por unas cantidades que difícilmente pueden pasar inadvertidas. Conphia Urbana abonará alrededor de 431.000 euros por los 61 días de utilización correspondientes a 2026 y más de 1,5 millones durante 2027. Cerca de dos millones de euros entre ambas anualidades.

Conviene hacer una precisión antes de seguir. El canon que paga la empresa adjudicataria no constituye, por sí mismo, una partida finalista destinada al mantenimiento de la plaza. Nadie puede exigir que cada euro que entra por el alquiler vuelva automáticamente al coso. Pero una cosa es la contabilidad administrativa y otra la lógica de conservación de un patrimonio público. Y ahí empiezan las preguntas. Porque mientras La Misericordia es capaz de generar semejantes ingresos para su propietaria, su cubierta móvil lleva años esperando una solución definitiva. No meses. Años.

La información adelantada por Carmelo Moya en El Periódico de Aragón sitúa ya en noviembre de 2017 una actuación urgente sobre el sistema, después de detectarse problemas en la recogida del tejido y desgarros provocados por el viento. Después llegaron contratos menores, reparaciones de motores, intervenciones sobre los hidráulicos y diferentes trabajos de mantenimiento. Se iba sosteniendo lo que había, pero sin resolver el deterioro global de la instalación.

En octubre de 2022 parecía llegar por fin la solución. La Diputación licitó un proyecto integral por 627.000 euros, que contemplaba sustituir la membrana móvil y renovar motores, sirgas, poleas, detectores y otros elementos del mecanismo. No apareció ninguna empresa dispuesta a ejecutar los trabajos en aquellas condiciones y el contrato quedó desierto.

Puede ocurrir. Un presupuesto puede quedarse corto, pueden dispararse los materiales y una licitación puede fracasar. Sería poco serio utilizar únicamente aquel concurso desierto para repartir responsabilidades. Lo difícil de explicar es lo que viene después.

Han pasado casi nueve años desde las primeras actuaciones de 2017 y cuatro desde aquel intento de renovación integral. Entretanto, se han realizado revisiones, modificaciones técnicas, mantenimientos y nuevas formulaciones del proyecto. Y en 2026 seguimos hablando de cuándo y cómo sustituir definitivamente una cubierta cuyo mal estado hace mucho tiempo que dejó de ser una novedad.

El contraste es todavía más llamativo después del último pliego. La Diputación optó finalmente por un modelo en el que la oferta económica adquirió todo el protagonismo. La empresa que más pagase por utilizar La Misericordia se llevaba la plaza. El resultado ha sido un canon muy superior al de salida y unas cifras millonarias para las arcas provinciales durante la vigencia del contrato. De acuerdo. Es legítimo que una administración obtenga el mayor rendimiento posible de su patrimonio.

Pero también es legítimo preguntarle qué hace para conservarlo. Porque cuando llega el momento de cobrar, La Misericordia parece tener perfectamente calculado hasta el último día de utilización. Cuando hablamos de reparar uno de sus elementos más característicos, entramos en una historia que se prolonga desde 2017 entre informes, reparaciones, pliegos y proyectos. Y eso debería preocupar bastante más que cualquier discusión taurina.

La plaza de toros de Zaragoza no pertenece a una empresa. Ni siquiera pertenece a los aficionados. Es patrimonio de la Diputación Provincial de Zaragoza, y precisamente por eso corresponde a la institución mantenerla en unas condiciones acordes con su importancia, independientemente de quién organice los festejos.

No se trata de reclamar obras faraónicas ni de exigir que mañana aparezca una cubierta nueva. Se trata de algo bastante más sencillo: que después de tantos años exista una planificación capaz de convertir los proyectos en realidades. Porque resulta difícil aceptar que un inmueble público pueda producir cerca de dos millones de euros en alquiler durante dos ejercicios y, al mismo tiempo, arrastre durante casi una década un problema conocido en una instalación esencial.

Seguramente habrá expedientes que lo expliquen. Presupuestos, procedimientos, informes técnicos y dificultades administrativas. Pero las plazas no se mantienen con expedientes. Se mantienen invirtiendo en ellas.

Y quizás haya llegado el momento de que La Misericordia deje de ser únicamente una buena cuenta de ingresos y vuelva a ser también una prioridad cuando toca gastar.

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