
El torero sevillano, un derroche de pundonor, fue el mejor librado de una corrida de Fuente Ymbro mansa, áspera y violenta.
Oreja a la entrega de Rafael Serna
Y Serna cumplió a la perfección con el protocolo. Peleó como mejor pudo contra un primer toro complicado, de feo estilo y brusco comportamiento; manso como toda la corrida, violento, que embestía muy desigual, cargado de dificultades, que tiraba tornillazos y llegó a desestabilizarlo. Pero no se arredró y recibió al quinto de rodillas en los medios con una larga cambiada que le obligó a tirarse al suelo; pudo, no obstante, trazar cuatro limpias verónicas, las únicas que se dibujaron en toda la tarde. Brindó a la concurrencia, se hincó de rodillas y de tal modo inició la faena de muleta a un toro de casta violenta, con genio, carácter y movilidad, pero ayuno de clase.
Así las cosas, a Serna solo le quedaba jugarse el tipo y demostrar que el valor no solo se le supone o tirar la toalla. Decidió asentar las zapatillas, aguantar las airadas embestidas de su desabrido oponente, y que sea lo que Dios quiera.
Lo que sucedió entonces es que toda su labor resultó embarullada, tan temperamental como falta de hondura, pero también un derroche de disposición, de entrega y pundonor. A quien lo da todo con honestidad no se le puede pedir más. Se dobló por bajo con torería antes de cobrar una estocada trasera que fue suficiente para que paseara una merecido oreja por una disposición de torero valiente.
La corrida de Fuente Ymbro, muy bien presentada, rompió las ilusiones de la joven terna por su mansedumbre, su violencia, su dureza y aspereza.
Con estos mimbres se encontró Álvaro Lorenzo, que pareció un torero resucitado (no hay nada como verse en el fondo del precipicio para reaccionar), y dio una lección de seguridad y firmeza ante un primer toro bruto y muy deslucido. Nunca le perdió la cara el torero, quien dejó claro que le adornan cualidades para seguir intentando ser alguien en el toreo.
Devolvieron allá por el tercio de banderillas al cuarto y en su lugar salió un sobrero de Murteira Grave que parecía que acusaba problemas en la vista, además de ser un toro manso, desabrido y descastado. Con tal material, Lorenzo no pudo mostrar un decidido esfuerzo por no desentonar.
Tampoco desentonó el albaceteño Molina, que se presentaba en La Maestranza. De rodillas en los medios recibió a su primero y pasó apuros, pero, al menos, quedó clara su disposición. Trazó un par de ajustadas chicuelinas, y poco más. El toro, manso como los demás, muy dolido en banderillas, soltaba la cara en sus embestidas y sin fijeza alguna se empeñó en deslucir las buenas intenciones del torero.
En el quinto de la tarde dibujó un quite por tafalleras que hilvanó con una vistosa revolera y levantó los olés del público, y en el suyo, el sexto, solo estuvo correcto y sin brillo. Se movió el animal en el último tercio, pero sin calidad alguna, de modo que, entre tornillazos y la cara por las nubes, se esfumaron las buenas intenciones de un torero que volverá a su tierra con la cabeza cargada de interrogantes.
F. Ymbro/Lorenzo, Serna, Molina
Toros de Fuente Ymbro, -el cuarto, devuelto-, bien presentados, mansos, bruscos, complicados, violentos y muy dificultosos. Destacó el quinto por su movilidad y casta en el tercio final. Sobrero de Murteira Grave, justo de presentación, manso, soso y descastado.
Álvaro Lorenzo: pinchazo, estocada trasera _aviso_ (ovación); pinchazo y estocada caída (silencio).
Rafael Serna: tres pinchazos _aviso_ y casi entera muy baja (silencio); estocada trasera (oreja).
Molina: estocada contraria (silencio); media tendida y atravesada, pinchazo y estocada _aviso_ (silencio).
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