
'..Una realidad tan clara como irrefutable. Sobre todo en estos últimos años, en los que han puesto en el "poder" a personajes de la talla moral y política de Biden, Trudeau, Scholz, Merz o Macron. O a nivel de las instituciones supranacionales, a Ursula von der Leyen, Kallas, Stoltenberg o Rutte..'
¿Quo vadis, Europa?
Por Luis Ibáñez
Madrid, 11/04/2026
Llevamos más de dos décadas contemplando impotentes el papel que viene desempeñando Europa en la escena internacional, totalmente vendida por una ristra de mediocres dirigentes cuya tónica común ha sido estar, de manera más o menos disimulada, al servicio del deep state que opera a sus anchas en Washington y la City. Un servilismo nauseabundo a las élites dominantes, verdaderas dueñas de nuestro destino, obediencia que prestan sin escrúpulo moral alguno en su traición a sus respectivos nacionales. Una realidad tan clara como irrefutable. Sobre todo en estos últimos años, en los que han puesto en el "poder" a personajes de la talla moral y política de Biden, Trudeau, Scholz, Merz o Macron. O a nivel de las instituciones supranacionales, a Ursula von der Leyen, Kallas, Stoltenberg o Rutte. Y es que saben que estamos tan hartos y saturados por la basura en la que se ha convertido la política, que ya no se molestan ni en disimular. Una de las pocas verdades que nos han contado estos días la presidenta de la Comisión Europea y el propio canciller Merz, tras el inicio de la ilegal agresión a Irán y Líbano por parte del lobby sionista, ha sido manifestar abiertamente que ya no hay reglas de derecho internacional.
El papelón que ha hecho Europa desde el inicio de la doble agresión a Irán y a Líbano ha sido de aurora boreal, sin atreverse a hacer una declaración institucional clara y contundente sobre esta temeraria guerra que puede, en el peor de los casos, ser el chispazo para desatar una tercera guerra mundial, pues no hace falta ser un estratega geopolítico de la Universidad de Salamanca para intuir que China y Rusia no van a permitir que se instale en Irán un gobierno títere de los que mandan en Occidente. Y, en el mejor de los casos, va a causar unos daños innegables a nuestras economías, muy dependientes del precio de la energía. Tanto mayores cuanto más se prorrogue el conflicto y se produzca un brutal encarecimiento en la cadena de suministros y la temida estanflación.
Por fortuna ha habido algunas excepciones en Europa al cómplice silencio inicial. Pedro Sánchez, sin entrar en si lo ha hecho por su propio interés o por un súbito sentido de Estado y de dignidad política (es obvia mi opinión al respecto), mostró desde el primer momento su desacuerdo con la agresión de los lacayos a sueldo del lobby sionista y, seguidamente, con agradable sorpresa para mí, lo hizo Giorgia Meloni que, a mayor abundamiento, ha apoyado a Sudáfrica en su querella por genocidio contra Netanyahu. Todo ello y el pulso de la opinión pública ha hecho que el resto de los líderes marcaran cierta distancia; hasta nuestro siempre inquietante Feijóo ha intentado tamizar su postura inicial de total alineamiento. Qué lástima que no sepan ver que la guerra de Ucrania es también una guerra proxy con un origen común a lo que ocurre en Oriente Medio. Cui prodest!.
En medio de este conflicto, un Trump desatado cuestiona a sus aliados y a la propia OTAN porque le han negado ayuda para liberar la navegación en el estrecho de Ormuz, amenazando con marcharse de la Organización. Otro farol. USA no renunciará a un instrumento de agresión a terceros y de control de sus países miembros. Pues eso es en lo que se ha convertido la OTAN tras la disolución de la URSS y del Pacto de Varsovia. Qué vergüenza siento como europeo cada vez que veo al servil Rutte lamerle las botas a un personaje tan zafio como Donald Trump.
Y como no quiero cansar a mis pacientes lectores, voy a terminar estas líneas marcando ilusoriamente los pasos que debería dar nuestra inútil y corrupta UE. Lo primero sería su propia refundación y una Comisión más representativa y elegida democráticamente por los ciudadanos. Al propio tiempo, una disminución drástica de sus órganos de gobierno y del elefantiásico número de políticos. Y después, elaborar un programa de gobierno independiente y realista acorde con los intereses de Europa y no gregario del tío Sam. Para empezar, una política de defensa común y autónoma, sin perjuicio de pactos bilaterales con países afines y, por supuesto, atraer a Rusia hacia Europa, que es su lugar por cultura y situación geográfica. Y, por último, reconocer que el mundo ha dejado de ser unipolar. Ha surgido, de forma imparable, un nuevo eje económico en el Indo-Pacífico, y hay que aprovechar sus oportunidades. China no es nuestra enemiga y su férreo régimen va avanzando lentamente hacia un mayor grado de libertad. Justo lo contrario del proceso que seguimos en Occidente.
Lo malo es que miro a mi alrededor y no veo a ningún Adenauer o de Gaulle. Aunque reconozco que me gusta Alice Weidel (por eso temo por su salud).
¡¡Dios salve a Europa!!
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