
'..El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español..'
El coro de plañideras y la prioridad nacional
Jorge Buxadé
Establecer el principio de Prioridad Nacional como guía de comportamiento en el acuerdo de gobierno entre VOX y el Partido Popular en Extremadura y oír al coro de plañideras ha sido todo uno. Sánchez y Bolaños, Moreno Bonilla y Ayuso, a la vez, tocando a rebato. El sistema se siente en peligro y lanza acusaciones groseras —inconstitucional, xenófobo, inhumano…— y amenazas directas.
Pero da igual porque en su lamento está su derrota. En sus lloros, quejas, aspavientos e intimidaciones. En su lastimosa reacción a un buen acuerdo para los extremeños está su derrota. Y es la primera de muchas. La Era del cachondeo, el robo, la injusticia y el expolio del pueblo español ha acabado. No hay nada en la Constitución que imponga al español un deber de someterse al foráneo, de ser arrinconado, de retroceder siempre, de no disfrutar de la solidaridad compartida, o hacerlo el último esperando en la cola de la dependencia si no mueres antes.
El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español. No de una parte. No de un territorio. Ni siquiera de una casta, clase o grupo. Pero el régimen del 78 lleva dentro de sí la semilla de la diferencia injusta, de la discriminación irrazonable. El entero sistema autonómico es una enmienda a la totalidad al interés nacional. Y esa es una de las labores históricas de VOX: liberar al pueblo español de los falsos consensos y de los políticos que tienen atenazada su libertad.
La imposición de la mentalidad globalista, de las «sociedades líquidas» y del multiculturalismo ramplón, que es rendición, ha agravado la situación. Quienes entregan el dinero de los contribuyentes españoles para financiar infraestructuras y mejoras en los regadíos de Marruecos y lo niegan a los agricultores de Jaén o Córdoba o Almería —a quienes expropian tierras para el negocio de las renovables— se oponen a la prioridad nacional. Quienes han traicionado las justas y legítimas reivindicaciones de España sobre Gibraltar y en todo caso sobre el «istmo, las aguas adyacentes y el espacio aéreo» usurpados a España, y condenan a las gentes del Campo de Gibraltar a una vida de miseria y sumisión al ilegítimo gobierno de la colonia ilegítima, se oponen a la prioridad nacional.
Pero España se dio a sí misma un Estado del bienestar. Lean bien. España. No Marruecos, ni Senegal ni Bangladesh, Ecuador o Perú. España se constituyó en eso para los españoles; proclamando la justicia como primer valor superior. Y justo es, desde Ulpiano, dar a cada uno lo que le pertenece. No es justo que en los servicios sanitarios pase primero el que más grita, o el que se avanza puestos en la cola mientras acusa a Occidente de crueldad sistémica contra su raza.
La soberanía —el poder como carga, según he explicado ya mil veces— es del pueblo español. Y si la carga es para el pueblo español también ha de serlo el beneficio o la ayuda que los españoles con posibles dan a los que padecen un mal momento, un desempleo transitorio, una enfermedad grave o una incapacidad real para el trabajo. Es de justicia. Y es de sentido común.
El principio de prioridad es un principio de gestión. El dinero de los contribuyentes es escaso; salvo para esos políticos que prometen y prometen, y compran votos con el dinero de todos y engañan, sobre todo engañan. A la hora de entregar los servicios o bienes ofrecidos al público como manifestación de solidaridad colectiva o de una determinada política social, hay que tomar decisiones y priorizar. Legítimo es que el gobernante que ha de tomar decisiones y gestionar bienes escasos de todos elija como criterio preferencial el de prioridad nacional. En la vivienda pública, que se paga con dinero de todos. En la sanidad pública, que se paga con dinero de todos.
Otros prefieren dar pisos a quien una oenegé pagada con el dinero de todos al servicio del gobierno declara «vulnerable». Otros prefieren dar hoteles de lujo a los ilegales y barracones inmundos a los españoles. Nosotros preferimos la Prioridad Nacional. Mientras un español no tenga pan, mientras un hogar carezca de lumbre, no puede sino alzarse el principio del sentido común.
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