
La Gran Vía
'..Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda..'
Segunda novillada en Madrid
El toro noble desrazado
Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Domingo, 19 de abril de 2026. Segunda novillada de la temporada. Novillos de Antonio Palla, todos nobles y descastados. Un tercio de entrada. Tarde primaveral que animó a la contemplación del mundo y a hablar entre amigos.
Novillos de Antonio Palla, de origen Jandilla (es decir Domecq), bien presentados, el primero corniveleto, bello, el resto de cuerna estándar. Todos nobles, mansos, flojos, descastados, lo que se podría denominar «nobles desrazados». Manejables; dejaron torear. Iban a los cites y cumplían en su desplazamiento. Obedientes.
Suerte de varas: como corresponde a tiempos de plena crisis —en esto de las varas— se picó trasero. Sólo Juan Melgar en el quinto novillo no abusó de esta querencia de los varilargueros actuales, aunque en su turno fueran picotazos y no varas.
Terna: El Mella, de Barcarrota (Badajoz); de salmón y oro, con cabos blancos; de veintidós años; ocho paseíllos en 2025; saludos con aviso y silencio con aviso. Cid de María, de Alcalá de Henares (Madrid); de blanco y oro; veintiún años; veinticuatro festejos en 2025; silencio y saludos. Tomás Bastos, de Villa Franca de Xira (Portugal); de blanco y azabache; veinte años; veintiséis paseíllos en 2025; saludos tras aviso y silencio.
Hablábamos el lunes pasado (sobre el anterior festejo dominical madrileño) de aquello de ir a los toros y encontrarse con novilleros que no tenían un plan a la hora de imponerse a los novillos que les tocaba en suerte. Así que en esta ocasión, en la novillada de ayer tarde, por si las cosas se presentaban de la misma manera, fuimos nosotros con el plan de pegar la hebra con los amigos que el destino nos pusiera cerca de nuestro asiento. Con este propósito y dado el devenir de la novillada de Antonio Palla, pudimos en tiempo récord ponernos a parlamentar de la vida y sus afanes con ese vecino que nos estaba esperando como agua de mayo.
En mi caso me correspondió pasar la novillada —y hablar de lo divino y de lo mundano— con mi amigo Juan Palette Cazajús, autor de una obra que quedará como señera en la historiografía taurómaca, y que recomiendo como lectura fundamental, Los toros, entre la reverencia y la ansiedad (2025), donde se aborda la problemática del hombre y su evolución, de la tauromaquia y de la vida. Es decir, un ensayo sobre todo aquello que nos mantiene firmes en el hecho de ir a ver toros sin falta, porque en la plaza de toros y en las lidias que se bosquejan y se producen siempre encontraremos razones para entender qué es esto del vivir. Un verdadero enigma este desde que el mundo fue creado, y que las corridas de toros, sobre todo si son aburridas dan ánimo para la meditación —que corra la imaginación— y para la charla y, con ello, llegar a desentrañar los avatares que la existencia nos trae, que no son pocos y, de este modo, mientras charlamos —y observamos las lidias— se nos va pasando la tarde y cualquiera preocupación, llegando a la conclusión que menos da una piedra.
Al margen de las ganas que los novilleros deben poner en sus compromisos mayores en Las Ventas, que entendemos debieran ser muchas y de contundente perseverancia, aunque no siempre es así, creemos que en el apartado del toro —ayer novillo— que se lidia hoy el camino que está tomando la tauromaquia da que pensar que no es el adecuado o correcto. Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda; si no que lo que vemos y sucede son acciones taurinas anodinas, plomizas, monótonas, sin relieve, sin significados de cierta valía. ¿Cómo explicar todo esto? Pues, mientras charlamos con nuestros amigos de localidad se nos fue abriendo el ingenio y fuimos avistando, y es que los novillos que se lidian —podría ampliarse al toro— no tienen raza, no poseen esa fuerza congénita —fiereza— que debería definirles y caracterizarles, sino que son bóvidos sin el nervio del toro de lidia, sin su genio, sin su acometividad, ni su pujanza. Son animales previsibles con embestidas planas, obedientes, bonancibles —ya alejadas incluso de lo que es la boyantía clásica—; sin interior. Nada de «no dejarse hacer». Ni atisbo de pedir el carnet de identidad a sus matadores. Un tipo de astado superfluo, aparente, sin gracia, como un funcionario del toreo. Es el toro noble desrazado. El toro fabricado en los tentaderos de la actualidad para las figuras, con el agravante de que si —a ese burel noble y sin casta— no lo torea Morante de la Puebla —pongamos como ejemplo—, todo se desmorona y se encamina hacia el sumidero.
Los novilleros actuales tienen que pechar con este condicionante contemporáneo, y poner ánimo y ganas ante novillos desvaídos, de buenas condiciones, distraídos, blandos y sin verdadera sangre. En fin, ante estos nuevos problemas no sabríamos dar nuevas soluciones, sino la tajante de eliminar todo lo que se está planificando —desde el horno de la tauromaquia— y empezar todo de nuevo. Volver a los principios. Por eso todos esperamos con verdaderos deseos renovadores la cita del próximo fin de semana en San Agustín del Guadalix.
A la hora de comentar lo realizado por la terna de ayer tarde, hay decir que la actuación de El Mella tuvo dos momentos, pues en su primer novillo se le vio con cierta conformidad y en su segundo quiso ponerse las pilas. Del primero sólo destacaron tres buenos pases por bajo ya iniciada su faena de muleta, luego no se acopló y se vio incluso desbordado. Mató de pinchazo y estocada caída en la suerte natural. En el cuarto de la tarde dio verónicas de rodillas animosas e inició la faena de muleta de la misma guisa, más adelante, con la franela volvió a tener carencias al correr la mano y con la distancia a la que torear. Mató de una estocada delantera y atravesada en la suerte contraria.
Cid de María, a su primer novillo le paró bien con el capote y cerró con una buena media. La faena de muleta la comenzó con estatuarios sin compás y toreo por fuera, sin cruzarse, muy despegado, sin temple. Mató de un pinchazo y un bajonazo en la suerte natural. En el quinto novillo estuvo mejor, mejoró en el comienzo de faena, toreó más templado, más limpio. En ocasiones dibuja el toreo y acto seguido lo emborrona. Tiene un margen amplio de mejora. Mató de un pinchazo y dos estocadas caídas en la suerte contraria.
A Tomás Bastos se le ve con muy buenas condiciones pero no llega a cuajar, puede que sea porque parece que quiere quemar etapas en su evolución como torero. Es decir, torea algo acelerado, buscando un triunfo que se encontraría en el buen hacer. En el tercer novillo estuvo desafortunado, no en los ayudados finales donde se le vieron sus posibilidades de buen torero. Mató de estocada perpendicular y contraria en la suerte natural, más un descabello. En el último novillo tuvo una actuación más entonada y pulcra. Aguantó al astado por el pintón izquierdo, el difícil. Realizó un ejercicio de autoafirmación con pasajes de cierto mérito en el toreo en redondo y al natural. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y una estocada caída y delantera, más un descabello.
Cary Grant con Manolete

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