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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 24 de agosto de 2026

Aquellos sesenta… (XXVI) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Portada libro, editorial Guadarrama.

'..Feria de Sevilla (junio13 de 1968) —presencio asombrado, embebido, embelesado la revelación de El Cordobés en una tarde no de padre y señor mío sino de a mí me pesa, pésame señor… dos faenas a dos toros de Carlos Núñez, bravos…, bien hechos, bien armados; con el trapío todavía exigido en La Maestranza. ¡Toros y torero!..' 

Aquellos sesenta… (XXVI)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro.com / Cali 24 VIII 2026
Aunque discreta la retirada de Clarito, el quizá más formidable crítico taurino de la historia, clausura la época. Se despidió a sí mismo con solo una irónica frase, última de sus memorias publicadas en 1972: “Aquí fina mi papel de Fray Gerónimo”

“Fray Gerónimo de Campazas, alias Zotes”, burlador de los excesos, la pedantería y el mal gusto de su tiempo. Personaje ficticio de la novela de Jose Francisco de Islas en 1758.

Cuando las escribió (Las memorias) Clarito había sido ya testigo y cronista de: La “Edad de oro”. La de “Plata”. La manoletista. Los tremendos cincuenta, y aquellos sesenta, dedicándole a estos los capítulos 16 al 19, últimos de su libro.

Lo hizo no sin antes barrer el piso con Hemingway, cobrándole las blasfemias contra su mandamiento: «El toreo está tan lleno de Manolete como los cielos y la tierra de la voluntad de Dios». Llamando al premio Nobel con argumentos; chiflado, escritor pobre de mal oído, y aurea mediocritas.

Después de tal ajuste de cuentas, acomete Clarito el recuento de su final década crítica, la que nos ocupa. La memoria del ilustre riojano hace cuerpo con mis recuerdos y los enriquece. Cómo esquivar sus conceptos, evaluaciones, frases que han trascendido, repetidos hasta la saciedad, hasta ser convertidos en adagios, en lugares comunes como sucede con todos los clásicos. Como no volver una y otra vez a su clarividente prosa. Como soslayarlo en esta o ninguna otra evocación. Así comienza:

“Antes de irse los años cincuenta dan a luz, para que sienten sus reales en la época venidera, tres toreros de alternativa –Mi pluma veterana se resiste a usar el viejo apelativo matador de toros-”. Diego Puerta, Curro Romero y Paco Camino.

Del primero dice: —Puertita— sume su alegre pinturería en un carácter volcánico. Su toreo, al rojo, eleva y realza su breve estatura. Lejos de salirle la sangre buena por las heridas, se levanta encorajinado, sobrándosele el valor por encima de la montera. Recrecido en vez de rebajado por el cruento rosario de cornadas, se la juega una y otra tarde con un toro y otro, sin distingos ni reparos. No existe en los anales de la torería de altura rastro ni huella de un valiente semejante…Puerta —casado, con hijos y una buena fortuna— continúa sostenido por su inmarcesible coraje y guiado por sí mismo, entre las primeras figuras de 1971…

Del bombeado arte de Curro Romero —para mi inédito aún, y nunca tendré ocasión de apreciarlo en todo su esplendor— me quedo ayuno y escasamente me es permitido juzgar sino figura y apariencias… Puesto a torear, los toros de larga embestida le hermosean el viaje y los remisos le atosigan. Pero muy bien compuesta la figura, el armonioso movimiento de los brazos, su ritmo su cadencia, consigue con los toros que colaboran al remate de las suertes lances y pases que le crean una fantástica personalidad y un sonoro romance…

Y el tercer hombre —primero en facundia y vena artística— de este fin de década, el otro camero, flor virtualmente abierta en 1960, al menos a mis ojos, se llama Paco Camino y es un garboso chaval andaluz, bien hecho, conformado en la talla justa, bien parecido, moreno y sevillano. Y sevillano su corte torero: un fino espécimen de la bella escuela… ¡Ah!, sí, fino artista, gran torero y perfecto matador que, cuando aquellos raramente tenidos hoy por virtuosos del estoque trucan la suerte, él alguna vez —varios San Isidros le anotan la estocada más pura—, perfilado en el centro de gravedad, la espada a su nivel canónico, la muleta discurriendo a ras del suelo, ejecuta clásicamente el volapié…

Y sigue: Cuando El Viti, matador de buenos modos toreros y prurito pro matar bien, vino a os toros me iba yo a casa. Pude contar poco de él. La afición, el mundo taurino y poco más o menos todo el mundo pendía de un novillero revolucionario, de El Cordobés.

El caso de El Cordobés —no inexplicable. Pero poco explicado— va a constituir en los anales del toreo todo un caso… adelantado de hippies y Beatles simboliza la época en perspectiva descocada y minifaldera… Quienes pregonan que ha levantado la fiesta, confunde la fiesta con el espectáculo, que a mi particularmente me crispa los nervios…

Sin embargo, Feria de Sevilla (junio13 de 1968) —presencio asombrado, embebido, embelesado la revelación de El Cordobés en una tarde no de padre y señor mío sino de a mí me pesa, pésame señor… dos faenas a dos toros de Carlos Núñez, bravos…, bien hechos, bien armados; con el trapío todavía exigido en La Maestranza. ¡Toros y torero! Arte serio y buen arte. Unidad de medida. Apertura reposo y mando. Ligazón y remate de los pases. Clasicismo y clase. ¡Santo Diós! Me revengo contrito—, yo estoy equivocado. ¡Es un artista! ¡Es un tío!

Antes de la frase final de sus memorias dejó otra lapidaria: “Triunfar sin peligro es triunfar sin gloria! Clarito murió en Madrid, trece años después. Vivió noventa y seis entre las épocas de “Guerrita” y “Espartaco”. Estuvo antes y después de Joselito, Belmonte, las plazas monumentales, el peto, la puya tricorte, la espada de juguete, la penicilina, el tremendismo, el toro “destremendizado”, los veedores, la selección del dócil, el utrero, el afeitado, la "bastarda simbiosis crítica-publicidad", y el “más festival que fiesta”.

Testigo secular, a regañadientes, de cómo, lidia, combate, arte, toro, toreros, públicos, plumas, modos, modas, normas, gustos... fueron supeditándose al mercado. Íntimo confidente del toreo, guardián de sus cánones, lo amó, lo pensó, lo defendió denunciando sus males, glorificando sus virtudes, y lo hizo citando, describiendo, relatando, probando más que predicando.

Cronista maestro, reverenciado y temido, jamás escribió para la gran prensa. No lo necesitó. Desde sus medios de menor tirada, “The Kon leche”, “Liberal” e “Informaciones” levantó su taurología. Ministro de la república española (Comunicaciones 1934). Preso político, dato que aparece minimizado en las biografías bajo su dimensión de crítico e historiador taurino.

Sus “Memorias”, texto grandioso y obligado a quienes pretendan afición y comprensión, deja que los hechos hagan la teoría...

Al bizarro “Pepete” glosando los quiebros del “Gordito”; “Tú jases títeres”.

O el joven Luís Miguel, abrumado por la espectacularidad, los efectos y los adornos de Arruza, preguntar al retirado Belmonte –¿Qué puedo hacer yo ante todas esas cosas?

Y al Pasmo responder –¡Pues torear! Que… que… es lo que no se ha hecho en toda la tarde.

César Jalón Aragón “Clarito”, pasó templada, larga y lentamente por la fiesta iluminándola. Cuando el bravo, el valor y el honor hayan sido extinguidos, podrán ser evocados en sus escrituras y el culto vivirá.

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